Cuando la aberración en Israel es producto de un sistema

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El periodista israelí Ron Ben-Yishai no esconde su indignación por el asesinato de un bebé palestino en el pueblo de Duma, en Cisjordania. Sus autores no son diferentes al ISIS, dice, y están embarcados en una «yihad judía» que hay que parar a cualquier precio. Reprocha a los gobiernos que no hayan tratado estos ejemplos de «terrorismo judío» con la necesaria dureza a lo largo de años.

En concreto, se lamenta que estos criminales no hayan sido encarcelados durante años con la pena de «detención administrativa», «al igual que se hace con los terroristas árabes cuando no hay pruebas suficientes para condenarlos».

La «detención administrativa» permite al Gobierno encarcelar sin pruebas durante tiempo indefinido –pueden ser semanas, meses o años– a alguien de quien se sospecha que forma parte de un grupo armado, pero del que no hay pruebas que le relacionen con un delito específico.

La reacción de Ron Ben-Yishai no es muy diferente de la de muchos políticos y periodistas israelíes, horrorizados por las consecuencias de este atentado (no por la muerte de centenares de menores de Gaza en la última operación de castigo), pero incapaces de sacar las lecciones políticas que hagan imposibles estos actos de violencia. Afirma que estos criminales son sólo un puñado, una aberración en la sociedad israelí. Se preocupa por no relacionar esa violencia con la existencia de los asentamientos –poblados por fanáticos religiosos en muchos lugares de Cisjordania– y la protección que reciben del Ejército.

Mantiene la fantasía de que con castigos duros se podría conjurar esa amenaza. Es la misma posición del Gobierno de Netanyahu, que en su reunión del domingo aprobó la imposición de la detención administrativa para estos delitos cometidos por judíos y formó una comisión presidida por el ministro de Defensa para concretar las demás medidas necesarias.

Lo que no se encontrará en las decisiones del Gobierno ni en la mayoría de las opiniones de los periodistas es la aceptación de que el sistema colonial impuesto en los territorios palestinos está en la base de esa violencia. No van a impugnar su propia ideología. El Gobierno, el Ejército y los tribunales hacen posible, cada uno a su nivel, la incautación de las tierras palestinas para la formación de los asentamientos y la protección de la población judía trasladada allí desde 1967.

Como explica otro periodista, Noam Sheizaf, la violencia que sufren los palestinos –tanto la ‘institucional’ aplicada por el Ejército como la ‘irregular’ realizada por los colonos más radicales– es una forma de control político que sirve para mantener y ampliar la supremacía judía en Cisjordania.

Ni los autores del atentado de Duma ni los muchos colonos que han protagonizado durante décadas actos de violencia son una parte marginal de la sociedad israelí, como plantea Ron Ben-Yishai. Muchas encuestas han demostrado lo contrario. Una muy reciente hecha entre jóvenes indica que sólo el 28% de los estudiantes judíos condena los ataques de venganza llevados a cabo por colonos de los asentamientos contra la población palestina.  No todos los demás estarán a favor matar a niños, pero han crecido en una sociedad que ha aceptado la colonización de Cisjordania y que está convencida de que sólo con violencia extrema se puede responder a los intentos de los palestinos de poner fin a esa sumisión.

Foto: la pintada con la palabra «venganza» que dejaron los autores del ataque a la vivienda de Duma.

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