El hundimiento de la economía occidental


«How the West Went Bust» es una serie de dos reportajes emitidos por la BBC hace unas semanas sobre la crisis financiera internacional. Robert Peston, jefe de economía de la BBC, describe en paralelo los avances de la economía occidental y china en los últimos 30 años a partir de dos hechos fundamentales: la revolución conservadora de Reagan y Thatcher (y su progresiva desregularización de los mercados financieros) y la decisión de Deng Xiaoping de abandonar el comunismo y embarcar a China en la apertura al sistema económico occidental.

La revolución financiera desarrollada en Occidente ha sido en realidad, dice el reportaje, una «revolución de la deuda». La segunda pata del crecimiento ha venido gracias al impulso que la importación masiva de productos de bajo precio importados de China ha supuesto para el sector servicios. La buburja inmobiliaria (más evidente en países como EEUU, el Reino Unido y España que en otros como Alemania) ha supuesto el principal factor desestabilizador de las economías occidentales, aunque no es el único.

Mientras los chinos ahorraban porque en su país no existe un Estado del bienestar que se ocupe de los jubilados y parados, en Occidente ciudadanos y empresas se endeudaban al máximo ayudados por la era de los tipos de intereses bajos o casi inexistentes. Si esos tipos volvieran a niveles considerados normales en otras épocas, la carga de la deuda sería insostenible.

El economista Joseph Stiglitz destaca que el sistema financiero global arrastra las consecuencias de una paradoja de difícil solución. Durante la pasada década de prosperidad, EEUU debería por ejemplo haber tenido superávit en sus cuentas públicas (con el que financiar por ejemplo periodos de crisis posteriores) y China debería haber tenido déficit (para poder financiar una estrategia de crecimiento que exigía crear decenas de millones de empleos cada año para absorber a la gente que entraba en el mercado de trabajo). Y lo que ocurrió fue justamente lo contrario.

El presidente del Royal Bank of Scotland, también entrevistado en el reportaje, apunta que la idea que no funcionó es que todos pensaban que los mercados tenderían a corregir sus excesos o desequilibrios de forma natural, y eso es lo que no ocurrió.

La segunda parte del reportaje se puede ver aquí.

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