Jeff Bezos dice que le hemos pagado el viaje al espacio y no le falta razón

Jeff Bezos pasó cerca de once minutos a bordo del New Shepard en su viaje al punto en el que comienza el espacio exterior, a unos 100 kilómetros de altura. Durante ese breve recorrido, su fortuna aumentó en 1.569.634 dólares, tomando como referencia los 75.000 millones de dólares que disfrutó en 2020. El hombre más rico del mundo se permitió un viaje de placer hasta el punto al que no había llegado antes ningún turista, y recibió una cobertura máxima de los principales medios de comunicación del planeta.

La nave, con un diseño exterior que bien podría ser un homenaje a la película ‘Austin Powers’, es un proyecto de su empresa Blue Origin con la que se pretende ampliar los viajes al espacio a cualquiera con el dinero necesario para costearse el billete. El público  potencial no necesitará contar con una fortuna como la de Bezos, pero deberá estar inscrito en la categoría de millonario. El trayecto costará no menos de 250.000 dólares.

Además, es el punto de partida para convertir a la compañía en un rival a la altura de SpaceX, dirigida por Elon Musk, en el negocio del espacio. SpaceX ya ha desplegado 1.500 satélites en la órbita terrestre y ha llevado a cabo varios viajes hasta la Estación Espacial Internacional para transportar astronautas y carga.

En un mundo acechado por la certidumbre del cambio climático y sus consecuencias para los habitantes del planeta, el viaje del New Shepard es una especie de aperitivo de un escenario que conocemos gracias a las películas de ciencia-ficción. Llegará un momento en que el planeta escasamente sea habitable y los millonarios emplearán su fortuna para encontrar un lugar diferente en el que vivir. Es una visión catastrofista que no tiene por qué cumplirse, pero también se corresponde con un elemento evidente de la realidad. Los muy ricos cuentan con amplias posibilidades de evadirse de los problemas que aquejan a las personas corrientes. La pandemia ya ha ofrecido algunos ejemplos de ello.

Blue Origin definió en sus mensajes a Bezos y sus tres compañeros de partida como «astronautas», lo que está muy lejos de la realidad. Los astronautas son personas de un alto nivel de cualificación profesional que tienen que pasar por un duro y largo entrenamiento. Los pasajeros del New Shepard sólo necesitaron llegar al punto de lanzamiento unos días antes para recibir la (escasa) información que necesitaban saber sobre las condiciones del vuelo.

Después de su regreso a la superficie, Bezos agradeció en una rueda de prensa a «todos los empleados de Amazon y a todos los clientes de Amazon, porque, tíos, vosotros habéis pagado todo esto». Hubo risas y Bezos repitió la frase para resaltar que lo decía en serio.

Muchos de los empleados de Amazon lo considerarán como mínimo un sarcasmo. Han protestado en varios países del mundo por las durísimas condiciones de trabajo, el estrés que sufren para alcanzar las cuotas exigidas y los riesgos que asumieron durante la pandemia. La empresa ha hecho todo lo posible para impedir que los trabajadores formen comités de empresa en los centros de trabajo, también en España. Varios de los que se han distinguido en esa lucha han sido despedidos.

De la misma forma, es imposible disociar el éxito de Amazon, con el que Bezos ha financiado Blue Origin, de su capacidad para pagar pocos o ningún impuesto por los beneficios que obtiene en EEUU y el resto del mundo. En ese sentido, se quedó corto al decir que trabajadores y clientes de Amazon habían pagado el viaje. Sólo habría que sumar a los gobiernos que han permitido la elusión fiscal de la que disfruta su imperio.

«Ahora que ya hemos visto la reentrada del gigantesco falo volador de Bezos, ¿podemos hablar en serio sobre la oligarquía americana?», se pregunta un columnista del Financial Times.

Quizá la cobertura periodística del miniviaje espacial de Jeff Bezos sea un ejemplo de la obsesión contemporánea por la vida de los millonarios. También se puede presentar como un símbolo del mundo en que vivimos, cuyas desigualdades han aumentado durante la pandemia, eso que decían que afectaba a todos por igual. Los activos netos de las 500 personas más ricas del mundo se incrementaron en una tercera parte en 2020, el mayor aumento registrado en el Bloomberg Billionaires Index en los ocho años que lleva realizándose.

Así que está claro que tienen dinero de sobra para subirse a un cohete espacial. Lo que resulta menos evidente es que debamos montar un gran espectáculo cada vez que lo hagan.

Por último, el humor. Jon Stewart dedica una promo de su futuro programa a una parodia de los planes espaciales de Bezos, Musk y Branson. Todo a cuenta de la silueta de la nave de Bezos.

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