La cadena perpetua y el valor de las líneas rojas del PSOE

Muchos políticos intentan reescribir su pasado, sus antiguas declaraciones o su origen, sin mucho éxito a menos que los periodistas estén dormidos. Un ejemplo conocido es el de John Kerry que, en 2013 cuando era secretario de Estado, afirmó en dos ocasiones que se había opuesto a la decisión de George Bush de invadir Irak, a pesar de que diez años antes había votado en el Senado a favor de la autorización al presidente para que empleara medios militares contra el régimen de Sadam Hussein. Había pasado algún tiempo, no tanto como para que los periodistas olvidaran lo que había ocurrido. Por esa distorsión de los hechos, la sección de Fact Checking de The Washington Post concedió cuatro Pinochos a Kerry (en una escala de cero a cuatro).

No sé cuántos Pinochos se podrían conceder a Pedro Sánchez por su decisión de firmar en La Moncloa el pacto antiterrorista que incluye una medida ante la que él dice que se opone con todas sus fuerzas. Lo que es seguro es que hemos sido testigos de algo que incluso está por encima del nivel de Kerry. Porque se ve pocas veces que alguien intente negar algo que acabamos de ver con nuestros propios ojos. En tiempo real.

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