Mónica García, anestesista en el quirófano y todo lo contrario en el escaño

Se suele decir que la política es como un maratón y que los que corren muy rápido se arriesgan a acabar reventados en los primeros kilómetros. Eso y todas las comparaciones nada inteligentes que se hacen con las lecciones que dan las grandes estrellas del deporte, como si gobernar un país fuera como disputar la final de Roland Garros o jugar un Mundial de fútbol. El ‘coaching’, repleto de estos símiles, es lo más parecido a la venta ambulante de remedios milagrosos que aparecían en la prensa del siglo XIX. Aun así, la candidata de Más Madrid en las elecciones, Mónica García, ha demostrado en el último año que a veces también conviene correr rápido si la ocasión lo exige. Eso ha causado una situación bastante poco habitual en política, donde las jerarquías son sólo un poco menos rígidas que en la Iglesia católica.

García ocupó el puesto 26º en la lista de Podemos en las elecciones autonómicas de 2015 –ahí salió elegida por los pelos– y el décimo en la de Más Madrid en 2019. Digamos que estaba en la clase media de la representación parlamentaria, al menos teniendo en cuenta la posición de la que salió tras las primarias. Luego llegó la pandemia y su perfil profesional resultó muy apropiado para hacer oposición al Gobierno de Madrid. Es médica anestesista y participó hace una década en las movilizaciones de la Marea Blanca en favor de la sanidad pública.

En la legislatura que acaba de concluir, totalmente condicionada por la pandemia, ha sido la portavoz más incisiva y eficaz contra Isabel Díaz Ayuso. No es que haya que ser médico para hablar de sanidad en un Parlamento. A lo largo de todo el 2020, los medios de comunicación ofrecieron una amplísima información, en ocasiones agotadora, sobre lo que estaba ocurriendo en el sistema de salud. Es sólo que se nota cuando alguien sabe de un tema.

Más Madrid aprovechó la oportunidad que le daba esta carrera fulgurante de Mónica García y la presentó al frente de su candidatura. Y ahora que se encuentra en esa tesitura no oculta el rubor de alguien que no esperaba enfrentarse a este desafío. Cuando los asistentes a un mitin en Madrid el domingo aplaudían y gritaban «presidenta, presidenta», se reía y decía: «Este momentito, hay que pasarlo». Un poco de vergüencita, sí que le daba.

A Díaz Ayuso no se le ha oído mucho hablar de García en este inicio de campaña. Prefiere mencionar a Pedro Sánchez o Pablo Iglesias para pintarlos con tonos demoníacos, y un poco a Ángel Gabilondo para burlarse de él. Pero el vídeo de propaganda de la presidenta trotando por medio Madrid sí le dio la oportunidad de lanzarle un reto que es poco probable que se lleve a la práctica. «Este vídeo representa la cultura del esfuerzo», comentó al presentarlo. Del esfuerzo que le había supuesto pasar la mañana corriendo en el rodaje.

García había criticado la forma de correr de Ayuso sugiriendo que ahí había algo de impostura: «Ayuso hace el running de alguien que nunca ha hecho running. Yo le habría recomendado una bicicleta, ya que se disimula mejor si no la has usado nunca». La verdad es que la presidenta corre un poco como un pato, aunque lo importante de estas cosas es hacer ejercicio, no mostrar estampa de atleta. «Lo que le voy a decir a la candidata de Más Madrid es que a lo mejor no le gusta como visto, a mí no me gusta como piensa. Si quiere, nos vamos un día a correr las dos y le demuestro que esto (el anuncio) es verdad», dijo Ayuso.

Lo importante del spot no era el estilo de la zancada, sino los lugares por los que pasaba corriendo. Comercios, mercados y bares abiertos, el hospital Zendal y la llegada a la Puerta del Sol. Estos son mis dominios, parecía decir. La carrera era una forma de simbolizar la energía de la candidata. Hasta metían tres planos para el momento en que salta dos escalones.

García, que compitió en su juventud en varias especialidades de atletismo y disputó las semifinales de 100 metros vallas de un campeonato de España, vio su oportunidad: «Señora Ayuso, llevo corriendo desde los diez años. He hecho 400 metros vallas. He hecho cross. He saltado altura. He saltado longitud». Cómo son los deportistas. Como para cuestionarles su currículum.

Más Madrid compite contra sí misma. Llegar a los 20 escaños que alcanzó con Íñigo Errejón hace dos años y, como segunda parte, sumar una mayoría absoluta con los otros dos partidos de izquierda. Sin lo primero, es difícil conseguir lo segundo. El primer reto está dentro de sus posibilidades, e incluso podría superarlo, sin que aparentemente le haya afectado la aparición de Pablo Iglesias al frente de Unidas Podemos. El segundo es más complicado.

En el mitin, García y Errejón defendieron los valores que creen ausentes de la trayectoria de Ayuso. «Tenemos empatía, que es lo contrario de la sociopatía. La empatía es revolucionaria», dijo García. Preocuparse por los demás es la esencia de los servicios públicos que Más Madrid dice defender, y de ahí que se presente en nombre de «millones de Davides frente a un Goliath».

Son las frases que se suelen escuchar en los mítines. Diferenciarse del adversario y reafirmar los valores propios. El menú de costumbre. Es posible que a García le vaya mejor si recupera su estilo de oposición en la Asamblea de Madrid y repite en los mítines la radiografía que hizo del estado de la sanidad madrileña. En el mitin se refirió a «los borrachos que hemos traído en vuelos chárter de Europa». No va a ser por ahí por donde puede desequilibrar la balanza en estas elecciones ni esa es la causa de los sufrimientos de la pandemia. Cuando denunció con hechos concretos desde el escaño lo que estaba pasando en hospitales y centros de atención primaria, se erigió en alternativa a Ayuso. Ese es el reto que tiene en esta campaña.

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