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Diciembre 20, 2007

Giuliani pierde gas

Reescribir la historia es decir poco. En este anuncio electoral, Giuliani sostiene que Irán liberó en 1981 a los rehenes de la embajada de EEUU en Teherán por el miedo que les inspiraba Ronald Reagan. "Miraron a los ojos a Reagan y a los dos minutos pusieron en libertad a los rehenes".

Si nos atenemos a los hechos, la afirmación, además de hilarante, es falsa. Dos años y medio después, esos iraníes tan 'asustados' subcontrataron a Hizbolá el atentado contra el cuartel de los marines en Beirut, donde murieron 241 marines norteamericanos.

Giuliani ha basado su campaña en reiterar la imagen de macho alfa de Bush contra los terroristas. El mismo lenguaje belicista del actual presidente (Bring them on!), sólo que con mejor sintaxis. Durante un tiempo, la jugada le ha salido rentable, aunque más por la indecisión de los sectores más conservadores del Partido Republicano que por otra cosa. Ante una nutrida presencia de candidatos, no encontraban a ninguno que les inspirara.

Hasta que de improviso apareció Mike Huckabee y Giuliani volvió a la realidad en cuestión de unas pocas semanas. Ni mucho menos tiene perdida la batalla, pero precisamente va a comenzar las primarias en su momento más vulnerable. A nivel nacional, el sondeo de NBC/WSJ le coloca con un 20%, empatado con Romney, y con Huckabee a sólo tres puntos. En las encuestas en Estados claves, ha perdido la ventaja con la que contaba sobre el ex gobernador de Arkansas. Y no hablamos del corazón del Bible Belt. En Florida, su 19% está lejos del 27% de Huckabee. En Illinois, le saca dos puntos (lo que es un empate técnico). En California, sí va por delante con un 25%, mientras Huckabee ha pasado de un 4% a un 17% en dos meses.

Las primarias son una carrera de eliminación. Según se vayan retirando los primeros fracasados, sus partidarios irán engrosando las filas de los que continúan en liza y eso beneficiará a unos candidatos más que a otros. Giuliani intentará jugar la baza de la experiencia, aunque el único cargo electo de relevancia nacional que ha ostentado es el de alcalde de Nueva York.

Los neocon periodísticos de bolsillo están escandalizados con la fama adquirida por Huckabee. No hacen más que recordar la inexistente experiencia en política exterior del ex gobernador, sus críticas a la política exterior de Bush en un artículo en Foreign Affairs y sus vagas apelaciones a las virtudes cristianas del diálogo para mejorar la imagen de EEUU en el mundo. Es difícil atacar a un candidato que utiliza uno de sus anuncios electorales en televisión para felicitar la navidad a los espectadores, y no para anunciar en tonos agoreros que el fin del mundo está cerca. Y si dice que no cree en la evolución, aún más después de tantos años de no plantar cara a los sectores cristianos más integristas.

Quizá lo que más nerviosos les pone es que en las primeras encuestas que enfrentan a Huckabee con cualquiera de los principales candidatos demócratas siempre sale perdiendo por diferencias abultadas. La más estrecha es la que dice que Hillary le ganaría por un margen de diez puntos.

De ahí que algunos digan que su elección como candidato republicano sería un suicidio para los conservadores.

Probablemente. Pero elegir a Giuliani es un crimen para el resto de habitantes del planeta.

Posted by Iñigo at Diciembre 20, 2007 09:21 PM

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Comments

Jaja, de eso se trata: Un sucidio de esta gente es lo único que nos puede salvar :)

Posted by: Neikos at Diciembre 21, 2007 02:23 PM

Parece que aquí solo interesa el "waterboarding" de la CIA, pero hay mas, mucho mas...
El testimonio del durangarra -que tiene previsto presentar denuncia judicial- comienza en el momento en que fue interceptado por la Guardia Civil en una carretera cercana a Berriz, el 6 de diciembre sobre las 18.00 o 18.30. «Iba caminando y me pararon dos Patrols. Me pidieron la documentación y, después de hacer comprobaciones durante cerca de una hora y al revisar la riñonera que llevaba, me detuvieron. Me tiraron al suelo y (...) me ataron las manos a la espalda. Me dieron muchas patadas. Uno decía a los otros que me soltasen, para que huyera y poder hacer dos a uno, con referencia a Capbreton (...)».

Una vez trasladado al cuartel de La Salve en Bilbo, «me metieron en un cuarto (...) Me dieron una paliza. Sobre todo golpes en los testículos. Me empezaron a hacer preguntas sobre muchos temas, queriendo nombres. Entre continuos gritos y golpes, uno de ellos montó la pistola y me la puso en la cabeza (...)».

Tres horas más tarde, prosigue, le introdujeron en un coche rumbo a Madrid: «(...) El de mi izquierda me chillaba y golpeaba con la mano abierta. El de la derecha me puso una bolsa de plástico en la cabeza. Cada rato, la cerraba con las manos y me provocaba asfixia (...) Uno de ellos, que había estado celebrando el día de la Constitución y estaba borracho, me dijo que nadie sabía que estaba detenido y que me podía pegar un tiro (...)».

Siempre desnudo y con antifaz

Nada más llegar a la Dirección General de la Guardia Civil, «me llevaron a un cuarto, me desnudaron y me pusieron un antifaz, con el que estuve hasta ser trasladado al Juzgado (...) En día y medio me habían obligado a realizar miles de flexiones. A la vez me golpeaban en la cabeza con algo que podría ser un listín o con una porra de algún material como goma. Con los golpes, veía como luces. Me ponían una bolsa en la cabeza y me metían dentro de ella humo de tabaco. Me la cerraban hasta provocarme asfixia. Los interrogatorios eran continuos. Casi no pisé el calabozo el tiempo que estuve allí. Salvo unas horas el último día (...) Había momentos en los que contestaba a las preguntas con cosas incoherentes. Pienso que era por la falta de aire (...)».

Tras esas primeras 36 horas, en las que también le colocaban «una manta doblada sobre el cuerpo y me daban puñetazos a través de ella», comenzaron a aplicarle «la bañera, además de las cosas que ya me venían haciendo. Me ataron en un colchón de espuma, y me metieron la cabeza en agua helada. Luego empezaron a hacerme lo que ellos llamaban `aguapark'. Decían que se lo habían enseñado los israelitas. Consistía en que me tumbaban en un colchón, me sujetaban los pies, los brazos y la cabeza, y me echaban agua con una manguera, en la boca y en la nariz. Cuando ya no podía aguantar, me tiraban un balde de agua a la cara, y me ahogaba (...) Estando desnudo me obligaban a ponerme con los brazos abiertos. Me tiraban baldes de agua muy fría por encima. Como temblaba, decían que era el `ángel nervioso'».

«Aproximadamente cuando sería el segundo día y medio, entre hacerme el `aguapark' y el `ángel nervioso', me pusieron a cuatro patas en el suelo y trataron de meterme un palo por el culo. Como no pudieron hacerlo, me tumbaron en el suelo boca arriba, me sujetaron, me levantaron las piernas, y en esa posición me metieron el palo».

«En algún momento me pusieron atado en un colchón, me sujetaban un cable en el dedo gordo del pie izquierdo y otro en la mano derecha atado con celo. Oía el ruido de descargas eléctricas, pero no sentía nada».

Afirma que la médico forense le visitó todos los días, pero que no le contó nada sobre el trato por miedo. «(...) Cuando salía de la habitación, de nuevo me ponían el antifaz y me desnudaban. Me preguntaban qué había dicho a la médico mientas me daban porrazos (...) Como no quería comer, en una ocasión me metieron un sobado en la boca a la fuerza. Echaron Cola Cao al suelo y me obligaron a chuparlo. Me tiraron numerosas veces del pelo. Tanto de la cabeza como del pubis. Me arrancaron mucho pelo del lado izquierdo de la cabeza (...)».

Tirando del pene hasta sangrar

Explica que hizo tres declaraciones policiales que «estaban preparadas (...) Cuando terminé la tercera, me llevaron al calabozo y me dijeron que me iban a dejar descansar». Fueron unos pocos minutos: «Me llevaron de nuevo a un cuarto donde estaba alguien que no había intervenido en los interrogatorios de los días anteriores. Lo noté por su voz. Me dijo que él tenía una función, que era sacarme algo que no hubiera dicho con anterioridad. Me empezó a dar bofetadas en la cara, y me provocó muchas llagas en el interior de la boca. Me ató los testículos y el pene con una cuerda, y se puso a estirar. También me estiraba con la mano. En un momento empecé a sangrar del pene (...)».

«Todo esto fue poco antes de ir a la Audiencia (...) El instructor de las diligencias policiales me dijo que tenía que decir al juez lo mismo que había dicho allí. Que de lo contrario me iba a enterar. Me limpiaron, sobre todo la cabeza, y me vistieron. Cuando llegué a la Audiencia me hicieron declarar con abogado de oficio. Me negué a declarar ante el juez, y le conté los malos tratos recibidos (...)».
Este tio ha sido juzgado y declarado inocente 3 veces por la audiencia nacional...

Posted by: Gari at Diciembre 22, 2007 11:51 AM

La lectura del estremecedor relato de Gorka Lupiañez, en el que narra su estancia durante cinco días en manos de la Guardia Civil, vuelve a traer a un primer plano de la actualidad un tema tan alarmante como recurrente: la práctica de la tortura en los centros de detención españoles. La denuncia del joven durangarra, tras otros siete días de incomunicación a los que fue sometido por el juez a su ingreso en prisión, resulta especialmente dura y apunta a la persistencia de una práctica sistemática como instrumento para lograr confesiones que conlleven una apariencia de eficacia policial y, a su vez, política. Amnistía Internacional, el propio Relator Especial contra la Tortura de las Naciones Unidas y múltiples colectivos han dejado en evidencia los malos tratos y torturas en el Estado español y exigido medidas para su erradicación. Sin embargo, los responsables del Estado prefieren que perduren las que ya son más que serias dudas antes que adoptar esas medidas. La pregunta que ello plantea es tan sencilla como terrible la respuesta que se intuye. ¿Por qué la incomunicación, situación que propicia esa práctica, resulta un instrumento irrenunciable para el sistema judicial español?

La tortura no sería posible si se limitara a quienes la aplican directamente, y las actitud de políticos, jueces, y medios de comunicación tienen mucho que ver en la falta de esclarecimiento de todos y cada uno de los casos en los que se denuncian malos tratos. Es difícil entender la credibilidad que les merecen a esos medios las filtraciones de las declaraciones de los detenidos en sede policial y el desprecio, cuando no ocultamiento, de las realizadas por los detenidos, incluso ya en libertad.

Ayer personas de diversos ámbitos de la vida cultural o deportiva daban noticia de la iniciativa «Jare!» en denuncia de la situación en que se encuentran los presos políticos vascos y a modo de llamamiento para actuar contra la tortura. Recordaron que han pasado 30 años desde la que denominaron «falsa amnistía», 30 años repletos de detenidos, presos y de persistentes testimonios de torturas.

Por un mínimo de decencia democrática, y un mínimo ética, es exigible una investigación inmediata y a fondo de los hechos denunciado por Gorka Lupiañez, así como la inmediata aplicación de todos los protocolos necesarios para evitar algo que, si verdaderamente no ocurriera, no daría lugar a denuncia alguna.

Posted by: Gari at Diciembre 22, 2007 11:59 AM