Las cloacas del Estado en ‘prime time’

“El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”, dicen que dijo hace muchos años Felipe González, precisamente cuando las alcantarillas echaban humo con los GAL. Este domingo, el programa Salvados nos ha ofrecido un ejemplo en prime time del funcionamiento de esas alcantarillas que no pertenecen únicamente a los primeros años de la Transición ni a los turbulentos años 80. La entrevista de Jordi Évole al comisario Villarejo ha tenido de todo: policías, espías, jueces, políticos, periodistas… A fin de cuentas, Villarejo se ha movido con varios gobiernos como pez en el agua en las cloacas prestando servicios a políticos y empresarios, repartiendo información a periodistas de confianza y jugando a ser espía para gran enfado de los que cobran por esa función a fin de mes.

La actividad profesional de Villarejo se acelera cuando vuelve a la policía en los años 90 tras una excedencia de diez años. A partir de entonces, trabaja para los gobiernos posteriores que siempre encontraron utilidad para un hombre como él. No hay ministro que deseche la idea de tener un informe en su despacho sobre asuntos confidenciales, no para presentar cargos en un tribunal –la función legal de la policía–, sino para saber más que sus adversarios o en ocasiones hacerles daño. A partir de ahí, la creatividad del comisario a la hora de interpretar las órdenes de sus jefes es lo que le mantuvo en activo durante tanto tiempo. Siempre es bueno contar con un sicario que convierte las insinuaciones en órdenes, que siempre va más lejos de lo que le han pedido.

La entrevista, a pesar de la larga sucesión de mentiras de Villarejo, nos concedió un asiento de primera fila en la representación de esas cloacas a las que se ha relacionado con la fabricación de pruebas contra los rivales políticos del PP en los últimos años. En ese sentido, fue un programa valiente y con una perfecta puesta en escena que nos convirtió en testigos de una parte del funcionamiento del Estado que raramente aparece en el horario televisivo de máxima audiencia.

El plural de cloacas es inevitable. ¿Cómo puede ser que un policía enfrentado desde hace años al CNI fuera reclutado por el Ministerio de Interior dirigido por Jorge Fernández Díaz para ocuparse de los temas de Cataluña, y de forma que fuera condecorado por ello? Los años de gobierno del PP nos han deparado espectáculos como este, cuando comisarios y periodistas se ocupaban de fabricar titulares contra Podemos y los independentistas catalanes, además de una guerra de comisarios en los niveles más altos en la que volaban los cuchillos. Tanto es así que es extraño que alguno de esos comisarios no haya sufrido un accidente de coche al quedarse sorprendentemente sin frenos.

Por ser fiel al testimonio, hay que decir en una versión resumida que Villarejo acusó al director del CNI de ser el mayor poder en la sombra de este país y haber amenazado a un antigua amante del exrey Juan Carlos, a la diputada socialista Margarita Robles de encargar un informe sobre la vida personal de Baltasar Garzón cuando era secretaria de Estado, al exdirector de la Policía Ignacio Cosidó de haber intentado torpedear la investigación sobre Bárcenas, y al periodista de El País Javier Ayuso de trabajar para el CNI.

Su enemistad con el CNI es conocida y se remonta a varios años. Los espías no querían un competidor en su esfera de negocio. Las andanzas de Juan Carlos de Borbón y Corinna son conocidas, y no es extraño que el CNI asumiera como misión impedir que perjudicaran –aún más– la reputación de la monarquía.

En la época de Margarita Robles fue cuando Villarejo perdió algunos de sus privilegios policiales y hay que recordar que el PSOE de Felipe González siempre acusó a Belloch y a Robles de no haber parado de alguna manera la investigación sobre los GAL. Pero resulta que, a pesar de ese intento por acabar con la reputación de Baltasar Garzón y relacionarlo con narcotraficantes, el exjuez mantiene una buena relación actualmente con Villarejo, lo que sólo puede sorprender a los inocentes que creen que su investigación sobre los GAL y su actividad de los últimos años sobre los crímenes del franquismo resumen toda su trayectoria.

La idea de que Cosidó pudo presionar a Villarejo en relación a Bárcenas es tan ridícula que me extraña que un cámara de la entrevista no se cayera de la risa al suelo y arruinara el plano. Cosidó, un diputado no especialmente brillante del PP, no era el ministro de Interior en la sombra ni se conocen grandes revelaciones sobre Bárcenas que tengan que ver con Villarejo. Su explicación de que Cosidó puenteaba al número dos de Interior para estar en contacto con la vicepresidenta del Gobierno no tiene sentido, porque ese secretario de Estado ya era del grupo de dirigentes del PP que lo deben todo a Sáenz de Santamaría.

Sobre Ayuso, francamente no necesita ser agente del CNI para defender a la Casa Real y al sistema político anterior a las elecciones de 2015 desde El País. Lo haría gratis, aunque lógicamente recibe un sueldo en el periódico por cumplir esa función.

Hay que decir algo bastante obvio. Villarejo hace todas esas acusaciones sin presentar pruebas. Ese ventilador es el que le delata. En una época no muy lejana, contaba con la protección del Ministerio de Interior, tenía una cohorte de periodistas que regurgitaban sus soplos y campañas de desprestigio –de ahí la mención a Inda y Urreiztieta en el programa, y no son los únicos– y en resumidas cuentas daba mucho miedo. El caso del acoso y agresión a la doctora Pinto es un buen ejemplo de las cosas por las que le tenían miedo.

Ahora parece que Villarejo aceptó dar este entrevista para enviar un mensaje a sus enemigos: estoy fuera de primera línea, pero aún puedo contar muchas cosas y llevarme a unos cuantos por delante.

Lo que queda de esa entrevista es la constatación de que desde 2011 el Ministerio de Interior fue con Fernández Díaz un pozo séptico de corrupción. El PP había aprendido la lección que le deparó el 11M y su derrota en las elecciones de 2004. No iba a dejar que una investigación policial no controlada por ellos les arruinara la vida. Utilizaron las alcantarillas para defender el Estado de derecho, que diría Felipe González, es decir, su visión del Estado que pasa por fabricar pruebas cuando es necesario si eso sirve para desprestigiar a los adversarios más peligrosos.

Hay por tanto una cierta continuidad con las guerras sucias de los 80, aunque en este caso no hayan dejado cadáveres a su paso. Pero también hay otra forma de verlo. En estos años los tribunales han enviado a prisión a políticos corruptos que gozaban hasta entonces de impunidad y han imputado a centenares de dirigentes del PP en investigaciones ejecutadas por la Policía y la Guardia Civil. Las cloacas no siempre pueden anegarlo todo.

La duda es saber cuántos villarejos quedan en nómina. No serán pocos.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘Reservoir Dogs’, 25 años después.

Scorsese escribe sobre el arte del cine, con énfasis en la primera palabra.
–Una lista de las mejores malas películas.
Ricky Gervais sobre comedia, religión y Trump.
Las ratas eran realmente grandes en las trincheras de la IGM.
–Cómo se hace una espada samurái.
Asesinos de las SS con doctorado.
–Fotos desconocidas de la protesta de Tiananmén.
–Los orcas han aprendido a robar a los pesqueros. Y de qué manera.
Elefantes al rescate.

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MbS culmina su asalto al poder en Arabia Saudí

La noticia de la ascensión del príncipe Mohamed bin Salmán al puesto de príncipe heredero saudí, y por tanto primero en la línea de sucesión, se entiende mucho mejor recordando lo ocurrido el 22 de abril. Ese día el rey Salmán publicó 40 decretos, y uno de ellos significaba mucho para los funcionarios. Restablecía los sueldos y derechos económicos de los funcionarios civiles y personal militar que habían sido recortados o eliminados sólo siete meses antes. En septiembre, los salarios se habían reducido en un 20% como parte del programa de recorte de gasto público aprobado por el Gobierno para encajar la espectacular caída del precio del petróleo.

La medida fue lógicamente impopular sin que el hecho de que se vendiera como parte de un programa de modernización y diversificación económicas surtiera mucho efecto. Era una decisión que partía del príncipe Salmán (MbS), que no sólo era el ministro de Defensa, sino también máximo responsable de la política económica, incluida la producción de petróleo.

La escasez de informaciones sobre los equilibrios de poder dentro de la familia real saudí no permitía otra cosa que especular sobre las razones del giro. Precisamente por ser medidas económicas difíciles, no tenía mucho sentido haberlas tenido en vigor durante menos de un año. Es posible que para entonces el rey y su hijo tuvieran ya decidido el anuncio conocido este miércoles: la desaparición del príncipe heredero, Mohamed bin Nayef, jubilado a los 57 años, y el ascenso de MbS, de 31 años, que controla ahora todos los resortes del Gobierno.

Había que preparar el camino ganándose el apoyo del personal de la Administración, el último peldaño que MbS tenía que subir para hacerse con todo el poder dejando fuera de cualquier opción a sus rivales dentro de la familia real en caso de una muerte repentina del monarca.

Siempre se ha dicho que los asuntos de la élite gobernante saudí se decidían por consenso entre las principales ramas de la familia, en función del poder que tuvieran cada uno de los hijos y descendientes de Abdul Aziz bin Saud, el creador del Estado saudí moderno. Fue así durante décadas, en especial en el largo periodo de tiempo en que el rey Fahd gobernó casi incapacitado por la enfermedad. No ha sido así con el actual monarca, de 81 años, que en dos años y medio se ha deshecho de dos príncipes herederos. Por último, ha cambiado la ley para que la sucesión se produzca de padre a hijo, algo prohibido. Hasta ahora, cada rey, hijo de Abdul Aziz, era sustituido a su muerte por un hermano.

Los cambios de abril no fueron sólo económicos. Se produjeron varios nombramientos en el área de seguridad del Gobierno en el único ámbito que controlaba el príncipe Nayef como ministro de Interior. Los puestos fueron para personas cercanas por edad y trayectoria a MbS. Su hermano pequeño, de 28 años (profesión: piloto de caza) recibió la embajada en EEUU, el puesto más importante de la diplomacia saudí. Un sobrino se convirtió en vicegobernador de la Provincia Oriental, de especial interés para los servicios de seguridad por la presencia de la mayor parte de los pozos petrolíferos y de una minoría chií enfrentada al Gobierno central (el gobernador era un hermano de Bin Nayef al que desde ese momento se le vigilaría de cerca y que ya no tiene mucho futuro en el puesto).

Hubo además una decisión institucional de calado: el fortalecimiento de un organismo algo secundario desde 2015, el Consejo de Seguridad Nacional, cuyo responsable sería alguien cercano a MbS, que disputaba así al Ministerio de Interior el control de la seguridad interior. Mohamed bin Salmán se convirtió en la práctica en el jefe del Gobierno.

Abril fue por tanto el prólogo del ascenso definitivo de MbS que llegará algún día al trono de su país. Por más que la decisión del miércoles no puede sorprender, sería poco inteligente subestimar sus consecuencias, y varias de ellas no son muy alentadoras. Con anteriores monarcas, Arabia Saudí parecía absorbida por mantener la estabilidad interna y propagar su mensaje religioso –su lectura integrista del islam– por todo el mundo musulmán. Con el rey Salmán y su hijo, el régimen se ha embarcado en aventuras exteriores, cuya prioridad estratégica es combatir en todos los frentes militares a Irán y acabar políticamente con los Hermanos Musulmanes en todos los países de Oriente Medio afectados por los levantamientos de la ‘Primavera Árabe’.

En todas esas aventuras expansionistas, el nuevo príncipe heredero ha adoptado un perfil destacado, demostrando un carácter temerario que también ha sido definido como errático. Parece que no hay frente en el que los saudíes no quieran intervenir para cambiar las cosas a su gusto. Junto a los Emiratos, presionaron y apoyaron al Ejército egipcio para que derrocara con un golpe al Gobierno de los Hermanos Musulmanes. Intervinieron en el conflicto de Yemen para convertirlo en una guerra de aniquilación contra sus rivales chiíes al precio de destruir un país que ya era el más pobre de Oriente Medio. Recientemente, decretaron el bloqueo económico de Qatar por su molesta tendencia a tener su propia política exterior.

Ninguna de estas iniciativas se ha visto coronada por el éxito. Egipto fue fácil para ellos, porque sólo tenían que enviar ingentes cantidades de dinero, pero el tradicional funcionamiento caótico del Estado egipcio terminó por exasperarles. Han arrasado Yemen bombardeando hospitales, colegios y mezquitas, y no están más cerca de la victoria que hace dos años, porque no se atreven a enviar fuerzas de tierra para terminar con el trabajo de los bombardeos. Acaban de dinamitar el Consejo de Cooperación del Golfo con su ofensiva contra Qatar, y no parecen tener más respuesta que esperar a que la familia real qatarí preste lealtad a los saudíes, lo que no va a ocurrir. En Siria, han volcado el apoyo militar y económico sobre grupos insurgentes que no tienen ninguna capacidad de ganar por sí solos la guerra, y al mismo tiempo fueron incapaces de trazar una estrategia común con los grupos financiados por Qatar. De hecho, promovieron un pacto de sus grupos con el Frente Al Nusra, vinculado a Al Qaeda, enemigo mortal del Estado saudí. En Libia, los aviones de Emiratos, junto a los egipcios, han bombardeado a los rivales del general Haftar, y sólo han contribuido a hacer más difícil una solución política.

MbS ha defendido en público todas estas iniciativas dejando a muchos saudíes perplejos sobre el inexistente horizonte de victoria que les ofrecen desde el Gobierno. No son los únicos perplejos. En diciembre de 2015, los servicios de inteligencia alemanes no tuvieron reparo en filtrar el contenido de un informe sobre Arabia Saudí en el que destacaba que el país estaba llevando a cabo una política impulsiva de intervención exterior y que MbS parecía estar dispuesto a provocar la desestabilización de toda la región.

El secretismo que caracteriza a toda la política saudí se ha venido abajo hasta cierto punto con el intento de MbS de proyectarse como la imagen del futuro. Modernización, privatización, salida a bolsa de la empresa pública del petróleo, diversificación de inversiones, esos son los conceptos que se manejan en la prensa internacional al referirse al nuevo príncipe heredero. La campaña de relaciones públicas ha llegado a todos los medios, en especial los de EEUU, donde MbS cuenta con periodistas influyentes que han elogiado sin límite al futuro rey. Columnistas como Thomas Friedman, del NYT, y David Ignatius, del Washington Post, han recibido el máximo acceso para escribir artículos laudatorios sobre él hasta el límite de la hagiografía. Varios think tank, que reciben generosas aportaciones económicas de Arabia Saudí, lo venden como el líder que necesitaba el país. En esos casos, los civiles muertos de Yemen y la destrucción de Siria juegan un papel secundario. Lo que se destaca son los ordenadores, las inversiones, la diversificación económica o su entrevista en California con Mark Zuckerberg. Aunque en realidad la mayor aportación económica saudí a la economía estadounidense continúa siendo la ingente compra de armamento.

En Israel, la imagen de MbS es si no buena, muy favorable en la medida que reconocen que su enemistad visceral con Irán sólo puede beneficiarles. En público, el Gobierno se muestra cauteloso, excepto un ministro que ya ha dicho que su promoción es una buena noticia para Israel. Los expertos en las universidades son más expresivos al elogiar su intención de frenar la influencia iraní: “Israel se juega mucho en la operación de Yemen porque no puede permitir que una fuerza proiraní controle el estrecho de Bab al-Mandeb, que es una salida para los barcos israelíes en el golfo de Eilat”, ha dicho al Jerusalem Post Joshua Teitelbaum, del centro de estudios de defensa de la universidad de Bar-Ilan. “En esto, Israel y Arabia Saudí caminan en la misma dirección. En relación a Israel, (MbS) es el hijo de un rey que ha continuado una política de cooperación limitada y clandestina con Israel, y no hay razones para pensar que el hijo cambiará de dirección”.

Como ministro de Interior, Mohamed bin Nayef era un gran aliado de Washington en la guerra contra ISIS y Al Qaeda. Sufrió uno de los atentados más extraños que uno pueda imaginarse cuando un yihadista detonó cerca de él una bomba que llevaba escondido en el recto. El lugar elegido para guardar la bomba fue efectivo para superar los controles de seguridad, pero no tanto para matar a Nayef, que sólo resultó herido.

Ahora, EEUU ya no le echará de menos. Todo es distinto con Donald Trump. El presidente volvió de su visita a Arabia Saudí derrochando elogios al rey saudí. Agradeció la compra de armamento con un apoyo decidido a las denuncias contra Qatar. Es cierto que el Pentágono y el Departamento de Estado hicieron como si Trump no hubiera dicho nada, pero las relaciones del presidente con los gobernantes saudíes parecen excelentes. La familia Trump, con el inevitable yerno Jared Kushner al frente, y la familia Salmán están condenadas a entenderse. El nombramiento de un piloto de 28 años como embajador saudí en EEUU sólo porque es hermano de MbS, confirma que por ambos lados la perspectiva es que estas dos dinastías familiares pretenden establecer relaciones personales que estén por encima de los intereses de ambos países.

MbS, con su nombre con iniciales como si fuera un ejemplo de modernidad, es el símbolo de la disposición saudí a llevar la guerra contra Irán a todos los conflictos de Oriente Medio, una garantía segura de años o décadas de sangre y violencia.

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Murieron por ser pobres

El programa de reportajes Panorama, de BBC, dedicó su espacio del lunes a la tragedia de la torre Grenfell (‘Building of Flames: Britain’s Shame’). Comienza con las historias de aquellos que se salvaron de la muerte, historias de heroísmo y de dolor, porque algunos perdieron allí a sus seres queridos. Después, intenta explicar cómo fue posible que el incendio se extendiera a todas las plantas y devorara el edificio.

Los bomberos llegaron a controlar el foco del fuego en la cuarta planta, pero eso no les sirvió de nada porque las llamas se propagaron hacia arriba con gran rapidez gracias al revestimiento, elegido en su momento porque era más barato que otras variantes existentes en el mercado. Este domingo, el ministro de Hacienda, Philip Hammond, dijo que creía que ese tipo de revestimiento estaba prohibido en el Reino Unido, al igual que en Alemania. No es cierto, según Panorama. El programa cuenta que la regulación no está clara y que por tanto todavía puede usarse.

En 2013, el Gobierno prometió al Parlamento que procedería a una revisión de las medidas de seguridad exigibles a los edificios de gran altura, después de recibir numerosas peticiones de los diputados. A día de hoy, esa revisión, con el correspondiente cambio normativo, aún no se ha producido, explican en Panorama. Fue un desastre anunciado a causa de la pasividad de las autoridades nacionales y locales.

En una de las comunicaciones al Gobierno en 2014, de las que hubo varias, los diputados escribieron: “Dado que se calcula que hay 4.000 antiguas torres de viviendas en Reino Unido sin protección automática de rociadores de agua, ¿podemos permitirnos que ocurra otra tragedia antes de arreglar esta vulnerabilidad?”.

Cuatro ministros y viceministros recibieron esos avisos. Uno de ellos respondió: “No he visto ni oído nada que indique que estos potenciales cambios específicos (sic) sean urgentes y no estoy dispuesto a alterar el trabajo de este departamento para pedirle que proceda con estos asuntos”.

Los residentes de la torre Grenfell llevaban años reclamando reformas en el edificio y la aplicación de nuevas medidas de seguridad. El consejo local de Kensington y Chelsea, cuyo presidente es entrevistado en el programa, se negó a hacerles caso. Su prioridad era el recorte del gasto para poder hacer devoluciones a sus habitantes, la mayoría de ellos ricos. No mostraron la misma disposición en los días posteriores al incendio, como reconoció la primera ministra, y tuvieron que ser los vecinos y los voluntarios los que se movilizaron para ayudar a los que se habían quedado sin nada.

En el reportaje se puede apreciar quiénes han sido las víctimas del incendio. En su mayoría, miembros de minorías étnicas y de origen extranjero, que vivían en un enclave de gente de bajos ingresos rodeados de zonas con uno de los niveles de renta más altos del país.

Murieron por ser pobres.

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Israel ayuda a grupos insurgentes sirios para ampliar su dominio sobre el Golán

Israel lleva años entregando ayuda a grupos insurgentes sirios presentes en el sur del país. En una estrategia que recuerda a lo que hizo en el sur de Líbano durante décadas, los israelíes han buscado crear una zona cercana a la frontera controlada por un grupo que dependa de su ayuda. Durante años, al menos desde 2014, la versión oficial decía que sólo se prestaba ayuda humanitaria con el tratamiento sanitario de combatientes y civiles sirios. Un artículo del WSJ acaba de informar que esta relación va mucho más lejos:

“El Ejército israelí mantiene comunicaciones regulares con grupos rebeldes (sirios) y su ayuda incluye pagos no revelados a sus jefes con los que pagan los salarios de sus combatientes y compran armas y municiones. (…) Israel ha puesto en marcha una unidad militar que organiza ese apoyo en Siria –un país con el que está en estado de guerra desde hace décadas– y asigna un presupuesto específico para la ayuda. (…) Entrevistas con media docena de rebeldes y tres fuentes que conocen la estrategia israelí revelan que su implicación es más profunda y coordinada de lo anteriormente conocido e incluye la financiación directa de combatientes de la oposición cerca de la frontera durante años”.

El artículo cita a un portavoz del grupo Fursan al-Joulan como receptor de las ayudas: “No habríamos sobrevivido sin la ayuda de Israel”. Se trata de una facción del FSA, el grupo que más ayuda ha recibido de EEUU, pero que se ha visto obligado a llegar a alianzas con grupos islamistas y yihadistas en otras zonas del país a causa de sus fracasos militares. El líder del grupo cuenta al WSJ que reciben 5.000 dólares al mes desde Israel, una cantidad poco creíble y ridículamente baja incluso en el caso de un grupo con no muchos efectivos (unos 400 en la zona siria del Golán). Hay otras cuatro milicias armadas que también reciben ayuda israelí.

El objetivo de esta colaboración es supuestamente impedir que fuerzas hostiles a Israel, como Hizbolá o milicias iraníes se acerquen a la frontera. Por otro lado, esos combatientes cuentan con otras prioridades en muchas otras zonas del país para defender al Gobierno sirio como para empezar otra guerra. Pero los israelíes no pueden escapar a la tentación de extender unos kilómetros más su frontera con Siria, como hicieron en Líbano. Y hasta ahora no les ha costado más que algo de dinero y el traslado de heridos a sus hospitales.

Desde el principio de la guerra de Siria, los políticos y militares israelíes han mantenido que no tenían ningún favorito en esa contienda. Llegaron a decir que estaban preocupados por la desintegración de Siria y la posibilidad de que el régimen de Asad, un rival al que conocen desde hace décadas, fuera sustituido por un enemigo más peligroso. Al final, convencidos de que esa guerra está encallada en un empate estratégico y que si acaso el Gobierno de Asad lleva ventaja, decidieron aprovechar la situación para ajustar cuentas con sus enemigos de siempre, en especial todos aquellos lugares o convoyes que relacionaban con la capacidad militar de Hizbolá y de los aliados iraníes de Asad.

A mediados de 2014, varios grupos insurgentes tomaron el control del paso de Quneitra junto a la línea divisoria con el Golán ocupado por Israel. Entre esos grupos estaba el Frente Al Nusra, vinculado a Al Qaeda. La aparición de los yihadistas no cambió los planes de Israel, como tampoco la presencia cercana de unidades del ISIS. Ninguna de esas fuerzas atacó el Golán controlado por Israel, con lo que dejaron de ser una preocupación inmediata. Los intercambios de lanzamientos de mortero de los que hubo varios ejemplos en 2016 nunca supusieron una gran amenaza. Fuentes de Gobierno sirio han acusado a Israel de haber realizado ataques de artillería a sus posiciones para dar cobertura a ataques de grupos insurgentes.

El artículo del WSJ no es el único ejemplo reciente de la ayuda israelí a grupos sirios. Sólo unos días antes, este artículo describía esa intervención con algunos datos más específicos. Esa zona de seguridad instaurada por Israel tiene una superficie de 10 kilómetros de ancho y unos 20 de largo con la que mantener a distancia a las fuerzas sirias y a sus aliados iraníes y libaneses. Cita un informe de las fuerzas de la ONU en el Golán que informa del “incremento significativo de la interacción” del Ejército israelí con fuerzas de las zonas “controladas por la oposición”. Lo que quiere decir que los primeros entregan a los segundos suministros de naturaleza desconocida para la ONU.

Aprovechando la situación de Siria, el objetivo israelí es aumentar su zona de operaciones, en la que hay 17 pueblos, hasta alcanzar “Quneitra, el sur de Dará y parte de Sweida”. Al igual que se hizo en Líbano, se trata de aumentar la presencia civil (con hospitales para atender a la población civil que ya no cuenta con asistencia de un Estado que ha desaparecido) y militar (entrenando y armando a fuerzas locales que hagan las funciones policiales al servicio de los intereses de Israel).

Según una fuente local citada por el artículo, los grupos insurgentes locales reciben en torno a 50.000 dólares al mes y armas ligeras, lo suficiente para hacer de guardias fronterizos y realizar patrullas.

La apuesta israelí es a largo plazo partiendo de la idea de que pasarán muchos años antes de que un Gobierno sirio pueda extender su autoridad hasta la frontera sur. Para entonces, toda la población del Golán, incluida la parte siria, dependerá de los israelíes y habrá una milicia local armada y financiada por Tel Aviv que se ocupará de vigilar la frontera.

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El cadáver de Theresa May sufre una recaída

Se le empezó llamándole el Katrina de Theresa May. Hay una definición más local para definir la reacción de la primera ministra británica a la tragedia de la Torre Grenfell: su momento ‘poll tax’ por la polémica sobre el impuesto local que contribuyó a provocar el fin de Margaret Thatcher al dejar clara su incapacidad absoluta para entender los problemas de los ciudadanos. “Es desolador. Las cosas están cambiando muy rápidamente. Hay que suponer que a Theresa May le quedan semanas o meses. William Hague definió el Partido Conservador como una autocracia moderada por el regicidio. Creo que si te fijas en los últimos 150 años, es exactamente así”, ha dicho un diputado tory a The Guardian.

May era un cadáver político en el fin de semana posterior a las elecciones. Recuperó algo de energía en la semana siguiente gracias a que los tories asumieron que un regicidio poco después de perder la mayoría absoluta les condenaría a la derrota en las próximas elecciones. El incendio de Kensington ha vuelto a enviarla al ataúd y sus constantes vitales muestran un aspecto terrible.

Las portadas de los periódicos del sábado fueron terribles para ella. May aparecía rodeada de policías tras reunirse con algunos familiares de las víctimas en una iglesia cercana (vídeo de su salida). En The Times, una foto similar iba acompañada del titular “May takes cover”. The Sun puso la palabra ‘asesinato’ en portada y las cosas no podían ir peor.

Intentó después arreglarlo con una entrevista en BBC (aquí completa), pero el remedio fue letal.

May estaba obligada a dar explicaciones, pero era incapaz de asumir en la entrevista la responsabilidad por los errores cometidos. La imagen robótica y superada por los acontecimientos le ha acompañado desde el día de los comicios, pero ahora todo cobra un aire macabro por los 58 muertos confirmados en un incendio que pudo evitarse si el consejo local de Kensington y Chelsea, controlado por el partido de May, no hubiera ahorrado un puñado de libras. Un consejo municipal que tenía como prioridad reducir costes a cualquier precio para poder hacer devoluciones a sus ricos residentes, como demuestra esta carta enviada por un habitante del distrito.

Y sobre el riesgo de incendio en torres como esa, no es que los políticos –una vez más, del partido de May– no estuvieran avisados.

El sábado, el editorial de The Times era demoledor con May y los tories. Con las dramáticas referencias históricas que tanto gustan a los periodistas británicos, describía a un país y un Gobierno que han perdido el rumbo. Desde Munich (sí, ese Munich), un Gobierno británico no se había refugiado de esta manera en el autoengaño, decía. El artículo no pedía la dimisión de May, pero el subtítulo no era precisamente ambiguo: “En un momento decisivo en la historia de Gran Bretaña, la primera ministra carece de la capacidad de liderar (el país). Su partido será responsable de las consecuencias”.

Su columnista habitual Matthew Parris, diputado tory hasta 1986, fue directo a la yugular. May tiene que irse, y cuanto antes. De lo contrario, la derrota de los conservadores en las próximas elecciones será parecida a la de 1997.

Downing Street reaccionó en la tarde del sábado con un retraso de varios días. Después de otra reunión con representantes de los damnificados, un comunicado firmado por May admitió que las víctimas no habían recibido en las horas posteriores a la tragedia la ayuda e información necesarias. Peleando obviamente por su supervivencia política, la primera ministra hizo todo tipo de promesas, incluida la de que el Gobierno financiará la representación legal de las víctimas en la comisión de investigación de la catástrofe.

El Sunday Times abre este domingo con un titular que dice que los tories han avisado que May tiene diez días para tomar las riendas. Los va a necesitar todos.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

El director Neill Blomkamp, el de ‘Distrito 9’, comienza con este corto de ciencia-ficción una nueva productora. Y sale Sigourney Weaver.

–Cuando la ABC quería editar (censurar) ‘Monty Python’s Flying Circus’ en EEUU.
–Lo que aporta el sonido a las películas.
–¿Salvó el montaje a ‘Star Wars’?
–El trabajo de adaptación de ‘Arrival’.
–Las muertes de ‘Juego de tronos’, dibujadas.
Los seres vivos más viejos del planeta.
–Los sorprendentes hábitos sociales de los cuervos.
Plagas de langostas en Rusia.
–Un viaje por Saturno.
–La vida en Benarés (Varanasi).
–Cómo se fabrica el sexo en los realities de televisión.
–La economía está detrás de los aburridos play-off de la NBA.

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Corbyn adelanta a May en los sondeos y la deja en evidencia tras el incendio de Kensington

El incendio de la torre Grenfell ha ofrecido otro momento que ha distinguido a Theresa May de Jeremy Corbyn, una imagen que se suma al desenlace de las recientes elecciones generales. Ambos visitaron el jueves el lugar donde se produjo el incendio que acabó con la vida de 17 personas. La impresión que han dejado sus apariciones no ha podido ser más diferente. May se reunió con los responsables de los servicios de emergencia, incluidos los bomberos. Corbyn estuvo con las víctimas y les escuchó cuando contaron su situación.

Cada uno tiene responsabilidades diferentes, pero la impresión que dejaron no pasó desapercibida. May prefirió no verse con los damnificados. Sus asesores ya sabían que años atrás los vecinos habían exigido mejoras en los sistemas de seguridad del edificio que fueron ignoradas por la empresa encargada de su gestión y por el consejo local de Kensington y Chelsea, dominado por los conservadores por sus victorias en las elecciones locales. Reclamaron una revisión independiente de las condiciones de seguridad, pero su petición fue rechazada.

May optó por una visita segura y lo que consiguió fue la confirmación del descalabro de su imagen que había quedado patente con el resultado de las elecciones. Además de reunirse con las familias, Corbyn exigió que se instalen rociadores de agua en todos los edificios que lo necesiten, una medida que el Gobierno conservador de Cameron se negó a convertir en obligatoria. Su argumento era que podía perjudicar la construcción de casas, se supone que al hacerlas menos rentables para el promotor.

Esa no es la única lectura política que se puede hacer y que puede perjudicar a los tories. No fue una catástrofe natural imposible de prever, sino un desastre que podía ocurrir, como había sucedido en años anteriores, a causa de la falta de medidas de seguridad en muchas de estas torres de viviendas sociales en las que viven gente pobre o de clase media baja. El distrito de Kensington y Chelsea es uno de los más ricos de Gran Bretaña, pero en su zonas oeste y norte, donde se produjo el incendio, viven personas con los índices de renta más bajos de Inglaterra. La desigualdad de las condiciones sociales y económicas en este distrito donde viven unas 157.000 personas son extremas.

Tampoco se puede obviar el efecto de los años de austeridad en los presupuestos de las autoridades locales y de los servicios de emergencia. Hay 7.000 bomberos menos en Inglaterra desde hace cinco años, según cifras oficiales. “Míralo así, se supone que tienes que trabajar en un fuego un máximo de cuatro horas. Nosotros hemos estado aquí doce horas”, dijo un bombero que estuvo trabajando en la torre.

El gasto extra que hubiera supuesto utilizar material no combustible en el revestimiento de ese edificio habría sido de 5.000 libras, según cuenta el viernes The Times. Un precio muy escaso para impedir la muerte de 17 personas y la destrucción de todo el patrimonio de centenares de vecinos.

La crisis provocada por la tragedia se une a la situación política creada tras las elecciones. Las tornas se han cambiado de una forma que pocas veces se ve en política. Según la última encuesta de YouGov, May se encuentra en los mismos niveles de popularidad –en este caso, habría que decir impopularidad– que tenía Corbyn en noviembre de 2016. En abril, May estaba en un +10, en la diferencia entre los que tenían una opinión favorable de ella y los que la tenían desfavorable. Ahora está en un -34. Corbyn ha pasado de estar hundido con un -42 a pasar a cero, es decir, están empatados los que tienen una opinión favorable o desfavorable de él.

En abril, los votantes tories apoyaban a May en un 85%. Ahora en un 57%. Corbyn ha pasado entre los votantes laboristas de un 40% a un 75%. La victoria en las urnas suele obrar milagros en la reputación de los políticos, pero en este caso no hay que olvidar que May ganó las elecciones, aunque sin mayoría absoluta. Corbyn perdió, pero subió en diez puntos el porcentaje de votos de su partido.

Al comenzar la campaña, May superaba a Corbyn en 39 puntos en la pregunta sobre quién sería el mejor primer ministro. Esa diferencia se ha reducido a cero.

Los números, aun siendo tan llamativos, no son tan importantes como la impresión general, inevitablemente subjetiva, extendida entre políticos y periodistas británicos. El programa electoral tory fue un desastre que los propios diputados conservadores criticaron con dureza tras el 8 de junio, algunos con el argumento de que había sido demasiado “honesto”.

El programa electoral laborista se centraba en reivindicaciones muy apoyadas por la opinión pública y no era en absoluto el programa de la campaña de 1984 caracterizado entonces por su izquierdismo como una larga nota de suicidio. La mayoría de los medios de comunicación lo despreciaron el día antes de su presentación como símbolo de la ruina electoral que se avecinaba para los laboristas. Sus capacidades de análisis y pronóstico no resultaron muy buenas.

Se dijo antes de las elecciones que la única opción de los laboristas eran un gran aumento de la participación entre los votantes más jóvenes, hasta 24 años. Era una perspectiva no muy alentadora para ellos, porque en las elecciones de 2015 su presencia en las urnas no había llegado al 50%. La realidad desmintió esa impresión, no porque los más jóvenes no votaran a Corbyn, sino porque el apoyo que recibió dio un gran salto también entre la gente de más edad.

Un sondeo de YouGov con una muestra de 52.000 encuestados, el mayor hecho nunca después de unas elecciones, reveló que Corbyn ganó en todos los tramos de edad hasta los 49 años. La participación aumenta según el votante es mayor, lo que favoreció a los tories. Aun así, los laboristas mejoraron de forma sustancial entre la gente de edad mediana. En los 20 distritos en los que los laboristas ampliaron sus votos de forma más clara, el grupo de edad dominante era el que va de 30 a 44 años, no los más jóvenes. Es decir, aquellos más vulnerables en los temas sociales destacados por el programa de Corbyn: votantes con hijos en colegios o a punto de entrar en la universidad, que han sufrido un descenso en los salarios reales, con grandes pagos en hipotecas o alquileres, o parientes ancianos a los que cuidar. Aparentemente, gente que creyó que el programa laborista se centraba en sus problemas.

Otro factor relevante fue el nivel de educación. Cuanta más formación tenga el votante, más probable es que vote a laboristas. Eso se corresponde con la edad media de sus partidarios. Hay más licenciados entre la gente de menos de 50 años que entre los jubilados, que se han convertido en la única cantera segura de voto de los conservadores. Un 63% de ellos votó a los tories (un 24% a los laboristas). Entre los que trabajan a tiempo completo ganaron los laboristas, 45%-39%. Entre los parados, también, 54%-28%.

El ambiente de euforia que reina ahora entre los laboristas ha tenido consecuencias en su número de militantes. En los cuatro días posteriores a las elecciones, recibieron a 35.000 militantes más, lo que lleva su cifra total a 552.000. Antes de que Corbyn fuera elegido líder del partido, eran 200.000.

Los militantes son importantes, pero se llega al Gobierno con los votantes. Lógicamente, los tories no quieren saber nada de elecciones, pero la debilidad de su líder hace que muchos piensen que será difícil impedir una repetición electoral antes de que acabe el año. Hay 28 escaños tories en los que la diferencia de los conservadores sobre los laboristas es de menos de 2.000 votos. Ese dato permite llegar a la conclusión de que Corbyn puede ganar las próximas elecciones.

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Guinea Ecuatorial

Human Rights Watch publica un informe sobre Guinea Ecuatorial: ‘Manna From Heaven’?: How Health and Education Pay the Price for Self-Dealing in Equatorial Guinea. Los últimos datos disponibles (los presupuestos de 2008 y 2011) indican que el Gobierno gastó sólo el 3% de su presupuesto en sanidad y educación. La mayor parte de los fondos obtenidos con la exportación de petróleo se gastó en grandes proyectos de infraestructuras, muchos de escasa utilidad social, y en llenar los bolsillos de la élite política del país, en especial la familia del presidente Obiang.

Guinea Ecuatorial tiene la mayor renta per cápita de África, pero la mitad de la población no tiene acceso a agua potable.

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Theresa May obtiene una prórroga de duración incierta

El cadáver de Downing Street ha recuperado algo de color en la cara y de movimiento en sus extremidades. Ha tardado cuatro días en mostrar signos de recuperación, pero nadie se hace ilusiones. Theresa May continuará siendo primera ministra. No por tiempo indefinido. La mayoría de los tories ha perdido la confianza en ella, pero hay algo a lo que le tienen pavor: unas nuevas elecciones o una pelea interna para elegir a un nuevo líder que haría pedazos su credibilidad. En los últimos dos años, los británicos han tenido dos elecciones generales y un referéndum. Repetir la jugada a lo largo de este año concedería opciones claras a los laboristas, esta vez sí, de convertirse en el primer partido del país.

Para conseguir la prórroga, May ha tenido que pasar por el trago de reconocer sus errores en una reunión del Comité 1922, que agrupa a los ‘backbenchers’, diputados conservadores sin cargos en la Administración, aunque en esta ocasión también a muchos de los que sí lo tienen. “Se mostró muy preocupada por la gente que ha perdido sus escaños. El partido va a ayudarles. Algunos están en una situación económica muy difícil. Dijo que lo sentía, varias veces. Pidió disculpas a los compañeros que perdieron sus escaños y por tomar la decisión de adelantar las elecciones”, dijo un diputado presente en la reunión a The Guardian.

Varios periodistas coinciden en destacar una frase pronunciada por May. “Os serviré tanto tiempo como queráis”, dijo, se supone que refiriéndose a su posición como líder del partido, y por tanto primera ministra. Prometió también un estilo de gobernar más colegiado en el que se tengan en cuenta otras opiniones, marcando distancias con el estilo arrogante que le ha caracterizado hasta ahora, a ella y a sus dos asesores más directos que este fin de semana se vieron forzados a presentar la dimisión.

May sabía que tenía que ser humilde para salvar la cabeza y no se puede negar que se aplicó en la tarea: “Yo os he metido a todos en este lío y yo os voy a sacar de él”.

Los diputados del Comité 1922 no se suelen cortar mucho en sus intervenciones, en especial cuando las cosas van mal para el partido (en su funcionamiento interno, los tories no son como el Partido Popular). En esta ocasión, le reprocharon las medidas del programa electoral más impopulares que contribuyeron de forma decisiva a la pérdida de la mayoría absoluta. Se puede sospechar que esas medidas nunca llegarán a ver la luz.

Antes de que le preguntaran por ello, May prometió que el pacto con los unionistas del DUP no afectará a las leyes sobre igualdad, en referencia por ejemplo a la ley que legalizó el matrimonio gay (que por lo demás no se aplica en Irlanda del Norte, y sí en Inglaterra, Escocia y Gales).

¿Cuánto tiempo durará la prórroga? Nadie lo sabe con seguridad, y de entrada depende de las negociaciones del Brexit. Más tarde o más temprano, el Gobierno –esta vez no sólo May– tendrá que olvidarse de fantasías y elegir qué tipo de Brexit quiere y hasta dónde está dispuesto a hacer concesiones a Bruselas. En el Partido Conservador, no hay un consenso claro sobre esas conversaciones y cualquier línea roja traspasada, real o ficticia, puede provocar fuertes divisiones en el grupo parlamentario.

La líder de los tories escoceses, Ruth Davidson, ha dicho que un acuerdo de libre comercio con la UE debe estar en el centro de cualquier negociación. Eso supondría a buen seguro pagar algún tipo de precio en relación a la libertad de movimiento de trabajadores, algo de lo que muchos diputados conservadores no quieren ni oír hablar.

Los tories perdonan –cuando temen nuevas elecciones–, pero no olvidan. En política, unos pocos meses es un plazo de tiempo considerable. En un año, con el tema del Brexit de por medio, es casi una era geológica. Los diputados que consiguieron la reelección, algunos por diferencias inesperadamente escasas, no quieren imaginarse a sí mismos en la situación en que han quedado los que perdieron el escaño. No olvidan que la presencia de May en las circunscripciones que visitó en la campaña fue irrelevante, cuando no negativa.

La primera ministra pasó por 43 distritos de los llamados “marginal”, aquellos con distancias reducidas entre el primer y segundo partido, no más de 2.000 votos en general. De esas 43 circunscripciones visitadas por May, los conservadores sólo ganaron en cinco.

Los tories quieren líderes que les ayuden a ganar las elecciones. Es poco probable que consideren a May dentro de esa categoría.

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