37 ejecuciones en un solo día en Arabia Saudí

El Gobierno saudí ha anunciado que este martes llevó a cabo la ejecución de 37 personas en un solo día y que todas ellas habían sido condenadas a la pena de muerte por delitos de terrorismo. Se produjeron de forma simultánea en seis localidades del país, incluida la capital, Riad.

Tres de las víctimas eran jóvenes que habían sido detenidos antes de la mayoría de edad o por hechos supuestamente cometidos antes de cumplir 18 años. La mayoría de los ejecutados son chiíes.

En 2018, se produjeron 149 ejecuciones en Arabia Saudí, el tercer país del mundo con mayor número por detrás de China e Irán. Este año, ya habido 104, según el recuento que hace Amnistía Internacional. A este ritmo, a final de año la cifra podría acercarse a los 300.

Abdulkarim al-Hawaj estaba acusado de participar en manifestaciones, incitación a la violencia a través de redes sociales y preparar pancartas con eslóganes contra el Estado. Fue torturado con electricidad, golpeado y encadenado al techo hasta que ‘confesó’ los delitos terroristas, según la organización de derechos humanos Reprieve.

Mujtaba al-Sweikat fue detenido cuando se disponía a viajar a EEUU para iniciar sus estudios en una universidad de Michigan. Recibió palizas, en especial golpes en la planta de los pies y fue condenado en base a su confesión conseguida bajo tortura.

Salman Qureish fue arrestado poco después de cumplir 18 años por hechos ocurridos cuando era menor.

Formaban parte de un grupo de 14 personas condenadas por participar en manifestaciones contra el Gobierno en la Provincia Oriental, habitada mayoritariamente por chiíes. Todos denunciaron haber sido torturados o maltratados.

Hubo otro grupo de ajusticiados, once, que habían sido condenados a muerte por formar parte supuestamente de una red de espionaje iraní.

Las sentencias del grupo de 14 habían sido confirmadas por el Tribunal Supremo saudí en julio de 2017 sin que se conozca por qué no se habían aplicado desde entonces o por qué se producen ahora. El asesinato del periodista Jamal Khashoggi y su repercusión internacional eran una buena razón para aplazarlas. Da la impresión de que la monarquía saudí cree haber pasado lo peor de esa crisis.

Hace unos días, el NYT publicó este artículo: Business Quietly Returns to Saudi Arabia After Khashoggi’s Murder.

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Qué pasaría si Fox News cubriera a Trump como hizo con Obama

Recordando lo que Fox News decía de Obama. Si hay una frase divertida es cuando Bill O’Reilly decía que “Obama estaba casi obsesionado” con los canales de noticias. O cuando otros le criticaban porque sólo gobernaba a golpe de decretos, le gustaba demasiado el golf, o criticaba por su nombre a su predecesor. Es decir, todo lo que hace ahora Donald Trump cada semana.

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Un actor para salvar a Ucrania, un país hundido por la corrupción y la guerra

Ucrania eligió este domingo a un nuevo presidente. Volodímir Zelenski, de 41 años, tiene experiencia en el cargo. Experiencia televisiva. Es un actor que interpretó en una serie a una persona corriente que se hace famosa por un vídeo viral contra la corrupción y que acaba convirtiéndose en presidente casi por casualidad. La serie duró tres temporadas. Su mandato real se prolongará durante cinco años.

Zelenski arrasó en las urnas al presidente Poroshenko con un 73% de los votos. Poroshenko, uno de los empresarios más ricos del país antes de entrar en política, hizo campaña con el eslogan “Ejército, idioma y fe”. Lo último por la religión ortodoxa. Durante su tiempo en el poder, tuvo índices de apoyo irrisorios en las encuestas con lo que era una presa fácil para cualquier adversario. Lo que no se esperaba es que fuera un cómico el que se aprovechara de esa debilidad.

El triunfador nunca dejó claro en campaña cuál es su programa político en un país que ha tenido que solicitar un préstamo al FMI para no caer en la bancarrota financiera. Si hay dos mensajes que le han hecho popular han sido sus discursos contra la corrupción y contra la guerra. Poroshenko intentó describirlo como el candidato favorecido por Moscú sin tener mucho éxito ni en las encuestas ni al final en las urnas.

Zelenski ha dicho que debe haber negociaciones entre los gobiernos de Kiev y Moscú para poner fin al estado de guerra entre ambos países, pero nunca al precio de poner en peligro la integridad territorial de Ucrania.

Antes de las elecciones del domingo, Vice News ofreció un amplio reportaje en el que pudo entrevistarle.

Si hay un asunto que despierta la sospecha sobre Zelenski es su relación con el empresario multimillonario Igor Kolomoiski, dueño de la cadena de televisión en la que el nuevo presidente se hizo famoso como actor cómico. Con una fortuna superior a los mil millones de dólares, es el segundo o tercer hombre más rico del país, según distintas versiones. Reside en Israel –recomendable para librarse de problemas con la justicia– y se encuentra inmerso en una batalla jurídica con el Estado ucraniano. En 2016, el Gobierno nacionalizó su banco PrivatBank y le inyectó 5.000 millones de dólares de fondos públicos por el riesgo de quiebra. Hace unos días, un tribunal de Kiev declaró ilegal la medida y ordenó que la propiedad del banco vuelva a manos del magnate, pero el caso aún no esta cerrado.

Como otros oligarcas, Kolomoiski ha financiado varias milicias paramilitares de ideología ultraderechista que combaten contra las fuerzas ucranianas prorrusas en el Este del país.

Ha negado haber financiado la campaña de Zelenski. El nuevo presidente ha desmentido ser un hombre de paja colocado por el millonario. Tendrá muy pronto la oportunidad de confirmarlo si quiere cumplir su promesa de limitar el poder de los grandes oligarcas en beneficio de los consumidores.

Una idea de Zelenski para otras campañas. Grabar un vídeo haciendo flexiones en una barra.

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La guerra de los nazis contra el expresionismo

Tres millones de personas en Alemania y Austria asistieron desde 1937 a la exposición con la que los nazis quisieron denunciar lo que llamaron “arte degenerado”. ‘Degenerate Art, 1993. The Nazis vs. Expressionism’ es un documental de David Grubun, producido en 1993, que cuenta con imágenes de esa exposición, así como de la que se realizó en 1992 para recordar la guerra de los nazis contra los nuevos movimientos vanguardistas, en especial el expresionismo.

El reportaje incluye testimonios de alemanes que asistieron a la muestra, incluidos algunos que creían que sería la última oportunidad que tendrían de ver esas obras de arte. Muchas de esas obras fueron después quemadas y las más valiosas, subastadas por los nazis en Suiza.

When the Nazis Declared War on Expressionist Art. Open Culture.
Degenerate art: Why Hitler hated modernism. BBC.
Imagen: ‘Tropas de asalto avanzan bajo el gas’. Otto Dix, 1924.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Viaje al fin de los tiempos.

–Las mejores escenas improvisadas en los rodajes.
–40 años después, ‘La vida de Brian’ sigue siendo perfecta para Semana Santa.
–Un ranking de todas las películas de Tim Burton.
–Tony Scott dio a ‘True Romance’ un final feliz.
–Muchos han subestimado a Keanu Reeves, pero a él no le importa.
–Un número de teléfono para los fans de ‘Juego de tronos’.
–La historia nos dice que ‘Juego de tronos’ no es tan violenta.
‘Salvator Mundi’, el cuadro de Leonardo más misterioso.
Un río de cemento de 105 toneladas en las alcantarillas de Londres.
Los tiburones blancos no se atreven con las orcas.
Los 50 mejores mates de la temporada de la NBA.
Los excrementos dejados por los astronautas en la Luna son un objeto interesante de investigación.

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Por qué EEUU persigue a Julian Assange (y no tiene que ver con la clave secreta de un ordenador)

Un helicóptero Apache sobrevuela una zona del este de Bagdad el 12 de julio de 2007. Hay informaciones de ataques de un grupo insurgente en las inmediaciones. Su tripulación pide permiso para atacar a un grupo de personas, porque cree que dos de ellas llevan armas. En concreto, dicen que tienen fusiles AK-47, aunque se trata de dos trabajadores de Reuters que llevan encima su material de trabajo. Son el fotógrafo Namir Noor-Eldeen, de 22 años, y el conductor Saeed Chmagh, de 40.

Nadie está disparando sobre el helicóptero, porque nadie lleva armas y nadie parece consciente de que estén siendo observados desde el aire. Nada de lo que se ve hace pensar en un ataque o emboscada. Como en otras zonas de Bagdad, pueden escucharse disparos a uno o dos kilómetros, pero las personas siguen haciendo su vida. Es la rutina violenta a la que se han acostumbrado en los últimos cuatro años.

El helicóptero, identificado con el nombre Crazy Horse 18, recibe permiso para disparar, a pesar de que las normas de combate del Ejército norteamericano impiden abrir fuego contra alguien que no esté atacando a las fuerzas propias. “No tenemos gente al este de nuestra posición, así que pueden disparar”, escucha la tripulación del aparato. No hay tropas norteamericanas en las cercanías. Después de recibir luz verde, un piloto cree ver a alguien con un RPG.

Varias descargas acaban rápidamente con los congregados en la calle, entre ellos los reporteros. Uno de ellos se arrastra herido por el suelo. El Apache pide permiso para eliminarlo, aunque ahora están esperando a que coja un arma para disparar. “Mira a esos cabrones”, se escucha en la transmisión. Los que ven las imágenes felicitan a los pilotos.

Instantes después, aparece una furgoneta para recoger a los heridos. Tampoco se ve ningún arma y el Apache no dice que haya detectado alguna. Sin embargo, vuelven a pedir permiso para abrir fuego (“Vamos, dejadnos disparar”). Lo obtienen y destrozan el vehículo y a las personas que han salido de él para recoger los cadáveres. Desde el aire, calculan que hay doce o quince cuerpos en la calle. La cifra final de muertos fue de doce.

Posteriormente, aparecen soldados norteamericanos en la zona y descubren que hay dos niños entre los heridos. En la transmisión, se oye: “Bueno, es culpa de ellos si llevan a niños a los combates”. “Exacto”, responde otro.

Durante dos años, la agencia Reuters intentó que el Pentágono diera a conocer los resultados de la investigación de los hechos y las imágenes que pudieran haberse tomado desde el helicóptero. El Departamento de Defensa se negó y se atuvo a la versión oficial, que decía que el Apache había respondido a un ataque de fuerzas insurgentes. Informaron que habían muerto nueve combatientes y dos civiles (los reporteros de Reuters).

“No hay ninguna duda de que las fuerzas de la coalición se estaban enfrentando en una operación de combate a una fuerza hostil”, dijo el teniente coronel Scott Bleichwehl, portavoz de las fuerzas militares en Bagdad, en el día del ataque.

Las imágenes –y por tanto, lo que realmente ocurrió– terminaron siendo conocidas gracias a Chelsea Manning y Wikileaks en abril de 2010. Manning, que era entonces un cabo destinado en una unidad de inteligencia, las facilitó a la organización que dirigía Julian Assange. También entregó los cables del Departamento de Estado que medios de comunicación de todo el mundo utilizaron, y siguen utilizando, en sus informaciones.

Wikileaks hizo públicas en abril de 2010 las imágenes de 38 minutos de duración, así como una versión editada de 17 a la que llamó “Collateral Murder”. Un probable crimen de guerra que había sido ocultado por el Pentágono fue conocido gracias a una pequeña organización que presumía de ser capaz de desvelar los secretos de los estados a partir de la información aportada por ciudadanos anónimos infiltrados en las estructuras del poder.

Chelsea Manning fue detenida en mayo de 2010 y condenada por un tribunal militar en 2013. Barack Obama le concedió un indulto parcial que permitió su puesta en libertad siete años después de entrar en prisión.

Pocas horas después de que el Gobierno de Ecuador entregara el jueves a Julian Assange a la policía británica y a la espera de si la Fiscalía sueca reiteraría la petición de entrega a través de la euroorden para que el australiano responda de una acusación de violación y otra de abusos sexuales, se supo que EEUU pretende extraditarle para someterle a juicio. Esa siempre había sido la razón por la que Assange recurrió sin éxito contra la aplicación de la euroorden en los tribunales británicos: el temor a que finalmente Suecia le entregaría a Washington, dadas las buenas relaciones que EEUU y Suecia habían tenido desde los tiempos de la Guerra Fría.

El Departamento de Justicia anunció la acusación por la que pide su extradición: conspiración para infiltrarse ilegalmente en ordenadores del Gobierno al ayudar a Manning a desvelar la clave secreta y entrar en un red militar que contenía información clasificada como secreta. La pena máxima por ese delito es de cinco años de prisión.

La noticia puso fin a años de especulaciones sobre si Washington se atrevería a reclamarlo –en el caso de que abandonara la embajada de Ecuador en Londres o le obligaran a hacerlo– por la presunta violación de la Ley de Espionaje de 1917, que permite imponer una larga condena de prisión o la pena de muerte.

En los años de Barack Obama, el Departamento de Justicia estudió esa posibilidad. Medios norteamericanos informaron que se descartó por el evidente impacto que tendría en el derecho a la libertad de expresión. Assange es ciudadano australiano y resulta legalmente muy discutible que EEUU pueda obligar a un extranjero a respetar sus leyes sobre secretos sin estar en tiempo de guerra.

En última instancia, el Gobierno era consciente de que si lo procesaba por los delitos más graves, “tendría que procesar también a The New York Times y a otros medios de comunicación y periodistas que publicaron material clasificado (como secreto), incluidos The Washington Post y The Guardian”, según explicaron en 2013 fuentes anónimas del Gobierno al Post.

La acusación concreta ahora esgrimida está mucho más restringida, pero no se puede descartar que se intente ampliar. Eso es algo más que complicado si no se obtiene el permiso del país que concede la extradición.

Varios periodistas estadounidenses se apresuraron esta semana a negar que un periodista tenga derecho a recurrir a las actividades de las que se acusa a Assange. Además, utilizaron contra él su intervención en la difusión del resultado del hackeo de los ordenadores de la campaña de Hillary Clinton bajo la premisa, nunca demostrada, de que fue un factor decisivo en su derrota ante Donald Trump en 2016.

Es paradójico que eso no impidiera a los grandes medios de EEUU, Francia, Reino Unido, Alemania, España y otros muchos países a informar de las revelaciones conseguidas gracias a la actividad de Wikileaks, incluidos los emails de la campaña de Clinton.

Está por ver qué pruebas en concreto tiene la Fiscalía de Virginia para acusar a Assange y que los tribunales británicos están obligados a analizar. En su juicio, Chelsea Manning negó que Wikileaks fuera responsable de los delitos por los que la acusaban: “Nadie asociado a la organización Wikileaks me presionó para que les diera más información”.

“Los críticos de Assange pueden alegrarse, pero este es un momento oscuro para la libertad de expresión”, ha dicho Edward Snowden, que pagó un precio –el exilio en Rusia– por contar a sus compatriotas lo que el Gobierno no quería que se supiera sobre las actividades de la NSA y sus efectos en el derecho a la privacidad.

Snowden sabe que es imposible no violar alguna ley cuando tus convicciones democráticas te obligan a desvelar la información de los crímenes cometidos en nombre del Estado o las mentiras con que se engaña a los ciudadanos.

Nick Davies, periodista entonces de The Guardian, trabajó con Assange para sacar en el periódico la información filtrada por Wikileaks. No acabaron bien. Davies, un veterano reportero especializado en periodismo de investigación, y el hacker libertario Assange eran demasiado diferentes para congeniar. Además, el primero acusó al segundo de haberle engañado en alguna ocasión. Las relaciones del australiano con los grandes medios de comunicación de EEUU y Reino Unido siempre fueron tormentosas y no tuvieron un final feliz.

Pero Davies es capaz de distinguir las diferencias personales de los principios en juego. “Decenas de periodistas trabajaron con Julian Assange para publicar los secretos filtrados. EEUU no intentó detenernos a ninguno de nosotros. El ataque contra Julián simula ser legal, pero es simplemente un acto de venganza de EEUU”, ha escrito Davies.

“Parte de la conspiración consistió en que Assange y Manning tomaron medidas para ocultar que Manning era la fuente de la entrega de documentos clasificados a Wikileaks, incluida la eliminación de nombres de usuario en la información desvelada y el borrado de logs de chats entre Assange y Manning”, dice el auto de la Fiscalía de Virginia.

Esta frase revela que el intento de procesar a Assange supone un grave precedente para el trabajo periodístico. Actividades habituales entre periodistas para no desvelar la identidad de una fuente anónima –borrar los metadatos y chats de los contactos o animar a esas fuentes a aportar más documentos que prueben las alegaciones– podrían convertirse en el futuro en materia prima de acusaciones de conspiración.

Crear un sistema para la filtración de documentos de forma anónima, como el que existe en España con Fíltrala, podría ser considerado como una forma de promover –en términos legales, conspirar– que personas que trabajan en la Administración comuniquen hechos denunciables violando en el proceso las leyes sobre secretos oficiales.

Los documentos aportados por Wikileaks forman parte ya de la historia de las guerras de Irak y Afganistán. Aportan pruebas sobre la existencia de crímenes de guerra. Prueban que las fuerzas iraquíes aliadas de EEUU utilizaron la tortura de forma sistemática. Demuestran que el Ejército estadounidense mentía cuando sostenía que no estaba realizando un recuento de los civiles muertos en la guerra de Irak. Los telegramas diplomáticos difundidos gracias a Manning son un elemento básico para entender la diplomacia norteamericana de las últimas décadas.

El Gobierno de EEUU quiere procesar a Assange para impedir que algo así vuelva a ocurrir.

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Efectos del cambio climático

Animación de The Weather Channel sobre los efectos del cambio climático, por ejemplo para mostrar cómo estaría Charleston, en Carolina del Norte (109.000 habitantes), en el año 2100, permanente cubierta de agua. Y lo que ha ocurrido en el último siglo y medio con el glaciar de Jakobshavn en Groenlandia.

Aquí, otra animación de la retirada del glaciar desde 2000. Imágenes de desprendimientos del glaciar en 2014. Un último estudio de la NASA revela que el ritmo de pérdida de masa se ha detenido y que vuelve a crecer, aunque aún pierde más hielo en el océano que el que acumula previamente.

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Israel cree que ya ha ganado y por eso sigue confiando en Netanyahu

Las elecciones israelíes que podían haber puesto fin a la carrera de un Binyamín Netanyahu acosado por las investigaciones de corrupción han arrojado el mismo resultado de siempre, sólo que corregido y aumentado en favor del primer ministro. Se confirma que el político que trajo a Israel el ‘trumpismo’ mucho antes de la aparición de Donald Trump ha dominado a placer la política de su país en los últimos diez años y seguirá haciéndolo durante otra legislatura, a menos que los tribunales estimen lo contrario. Y ni aun así, porque se especula con que prepara una reforma legislativa que le conceda inmunidad al menos durante el tiempo que siga en el poder.

El exgeneral Benny Gantz ha reconocido su derrota, por los demás bastante obvia a la luz del escrutinio, que está al 97% a la espera de sumar los votos de militares, policías, diplomáticos y personal médico (en otros comicios, han sido unos 200.000). El Likud obtuvo el 26,2% y 35 escaños, cinco más que en 2015. La coalición construida en torno a Gantz se quedó muy cerca con el 25,9% (14.000 votos menos) y los mismos escaños. Contaba con la presencia de tres exgenerales y el partido centrista Yesh Atid (que tuvo 11 escaños en 2015).

Netanyahu puede armar una coalición de partidos de derecha y extrema derecha que llegue hasta 65 escaños en un Parlamento de 120.

El primer ministro, de 69 años, conoce perfectamente al electorado de su país. A pesar de su dominio incontestable de la política israelí, incluida la dosis necesaria de trucos sucios, aún consigue presentarse como un ‘outsider’ frente a la élite política y económica a la que asocia con una mentalidad liberal preocupada por la imagen exterior del país. Es una pura ficción, pero el votante de las clases populares está convencido de que es real y que sólo con alguien como Netanyahu el país está seguro y, lo más importante, sin necesidad de tomar ninguna decisión dramática para conseguir la paz con los palestinos. Es la idea de que ‘ya hemos ganado y es mejor que no cambie nada’ la que asegura el caudal de votos necesario en cada elección.

La victoria de Netanyahu no se puede entender sin el crecimiento de la economía israelí de los últimos años. El índice de desempleo está en mínimos históricos. El precio de ese impulso ha sido un aumento de la desigualdad y los precios, así como una grave carestía en sectores como el de la vivienda. Como en otros países, ese no ha sido un factor que haya preocupado a una mayoría del electorado.

Sólo una cosa podría poner en peligro la supremacía de Netanyahu. Una guerra que pusiera en peligro la seguridad de sus ciudadanos. Una guerra como la de 2006 contra Hizbolá en la que la incompetencia del Gobierno y la fortaleza del enemigo demostrara sin dudas que el Estado les había engañado. Por eso, el actual primer ministro siempre se ha preocupado por no provocar una guerra frente a Hizbolá, un conflicto que al movimiento chií libanés tampoco le interesa.

En estas elecciones, los manejos del Likud por debajo de la mesa también le han beneficiado. Netanyahu promovió una coalición de partidos ultraderechistas para intentar frenar el impulso del nuevo partido formado por su ministro de Educación en el Gobierno saliente, Naftali Bennett, y la ministra de Justicia, Ayelet Shaked (conocida por el anuncio irónico del perfume ‘Fascismo’). Se han quedado fuera del Parlamento con el 3,1%, aunque podrían conseguir entrar cuando se contabilice el jueves el voto de militares y soldados que están en el servicio militar. En ese caso, pasarían de cero a cuatro escaños, lo que alteraría el reparto general. Pero la idea de que Bennett y Shaked, y su mensaje racista, eran el futuro de la derecha israelí ha quedado muy tocada en estas elecciones. Por el contrario, la coalición de ultras fomentada por Netanyahu ha sacado cinco escaños. Todo le ha salido bien.

En el apartado de trucos sucios, el Likud también ha hecho los deberes. Miembros del partido emplearon 1.200 cámaras ocultas para espiar en los colegios electorales de zonas árabes, incluso dentro de los colegios, lo que es ilegal en Israel. Se supo muy pronto, porque esa era la idea: intimidar a los votantes.

El descenso de participación entre la comunidad israelí tuvo probablemente otras razones. En las anteriores elecciones, una novedosa coalición de partidos de la comunidad se convirtió en tercera fuerza política con once escaños. El experimento no duró mucho y ahora se partió por la mitad. Hay otra razón de fondo. Los votantes saben que el apoyo que reciban esos partidos es irrelevante. Viven dentro de una especie de cordón sanitario, porque ningún partido que se identifique como sionista –es decir, todos los demás– quiere o se atreve a pactar con ellos. La idea de que no merece la pena votar está muy arraigada entre ellos.

La tasa de participación en las elecciones fue del 67,8%. En las zonas árabes, escasamente superó el 50%.

Frente al argumento, ampliamente extendido en Europa y en una minoría de Israel, de que el sistema político está condenado a a instaurar un apartheid de facto (es decir, un territorio donde millones de habitantes viven bajo el control militar y sin gozar de derechos políticos), Netanyahu ha convencido a los votantes de que no tienen nada de lo que disculparse y que podrán seguir así hasta el fin de los tiempos. La democracia liberal es sólo una herramienta más del sistema, pero no la más importante.

La coyuntura exterior de los últimos años ha favorecido a Netanyahu. Los israelíes ven que dirigentes como Trump, Putin, Xi, Erdogan o Modi dirigen sus países con el mismo estilo de Netanyahu y nada valoran más que los hombres fuertes que imponen su voluntad sobre otros partidos, los tribunales de justicia y los medios de comunicación. El anuncio del traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén y el reconocimiento de la anexión del Golán por Trump les confirma a los votantes del Likud que su posición internacional es sólida. No necesitan muchos aliados, sólo los importantes.

Resultados al 97% del escrutinio.

Likud: 35 escaños.
Azul y Blanco (coalición de Gantz): 35.
Shas (ultraortodoxos sefardíes): 8.
Partido de la Torá Unida (ultraortodoxos askenazis): 8.
Hadash-Ta’al (mayoritariamente árabe): 6.
Laboristas: 6.
Yisrael Beitenu (ultranacionalista): 5
URWP (ultranacionalista): 5.
Meretz (izquierdista): 4.
Kulanu (derecha): 4.
Ra’am Balad (árabe): 4

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Nunca hubo tantas oportunidades para completar el apartheid en Israel

Gideon Levy calcula que los partidos que apoyan la imposición del apartheid en Israel pueden conseguir cien de los 120 escaños de las elecciones del martes: “Con tal mayoría, será posible que el próximo Parlamento declare oficialmente a Israel como un Estado de apartheid. Con tal apoyo para el apartheid y teniendo en cuenta la capacidad de la ocupación de prolongarse en el tiempo, ninguna propaganda podrá refutar la verdad más simple: casi todos los israelíes quieren que continúe el apartheid. En el colmo del descaro, lo llamarán democracia, a pesar de que cuatro millones de personas que viven al lado y bajo su control no tienen derecho a votar en las elecciones”.

En las elecciones de 2015, Netanyahu sufrió un amago de pánico al anunciar a los israelíes el mismo día de la votación que los árabes (es decir, los que llaman allí ‘palestinos israelíes’ con derecho a voto) se dirigían a los colegios “en oleadas” para votar en favor de la oposición. Ahora no quiso esperar al último momento y en los últimos días de campaña prometió que si es elegido dará los pasos legales para la anexión de los asentamientos existentes en territorio palestino con lo que todas esas zonas pasarán a formar parte oficialmente del Estado de Israel.

Cuando Levy hacía ese cálculo del centenar de diputados a favor del apartheid, incluía a los principales partidos de la oposición, la coalición que encabeza el exgeneral Benny Gantz y los laboristas. Es cierto que estos grupos no apoyan en principio la anexión de los asentamientos, pero no cuestionan otras medidas que hacen imposible cualquier acuerdo de paz. Gantz sólo afirma que está a favor de reiniciar negociaciones, pero plantea condiciones que los ultranacionalistas aceptarían sin dudar. “No queremos controlar a otro pueblo. No hay nada para nosotros en la casbah de Nablus. Pero no podemos entregar nuestra seguridad. Y no estamos dispuestos a entregar Jerusalén. Nadie se va a retirar a las líneas de 1967 y el bloque de asentamientos continuará en nuestro lado”, dijo en una entrevista hace unos días.

Gantz, que podría conseguir el mayor número de escaños, pero que lo tiene difícil para construir una coalición de gobierno, es el rostro presuntamente razonable de Israel. Netanyahu es el rostro real.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘White Savior’: todas esas películas sobre el racismo en las que un blanco salva a un negro y el mérito, claro, es del blanco. Incluida la última ganadora de los Oscar.

–El diseño de producción: cómo crear un universo en cada escena de una película.
–El plano final de ‘Thelma y Louise’.
Buster Keaton, ‘anarquitecto’.
Buenas escenas de películas muy malas.
–Sólo faltaba Jim Jarmusch para hacer una película de zombis.
–Fotos del rodaje de ‘Juego de tronos’.
El intervalo del diablo. Música para meter miedo.
–Steve Nash y la ciencia nos dan clases sobre los tiros libres.
–Los instrumentos musicales de ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco.

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