Un ataque contra Al Qaeda en Siria pudo acabar en una matanza de civiles

La campaña de bombardeos norteamericanos contra Al Qaeda en el norte de Siria iniciada en enero se dirigió el pasado jueves contra un objetivo tentador, un edificio en la localidad de Al Jinah, provincia de Alepo, donde el Pentágono creía que se estaba celebrando una reunión de dirigentes de Al Qaeda. Dos drones lanzaron su dotación de misiles Hellfire y después una bomba de 225 kilos. El edificio quedó totalmente destruido con decenas de víctimas en su interior. ¿Quiénes eran?

Las personas que intentaron rescatar a los heridos contaron a activistas locales que los muertos, 49 según el primer recuento, eran civiles. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos –un grupo con sede en Londres que hace un recuento de las víctimas de la guerra y que apoya a la oposición al Gobierno de Asad– lo calificó de “carnicería de civiles” en un complejo de edificios entre los que hay una mezquita.

El viernes, el Pentágono lo negó, sostuvo que las víctimas eran miembros de Al Qaeda y difundió una foto del lugar tomada cinco minutos después del ataque.

En la foto se ven cuatro edificios, contando el que quedó destruido (en el centro de la imagen; el de la derecha es otro). El Pentágono afirma que la imagen demuestra que la mezquita –el edificio pequeño de la izquierda– no fue alcanzado en el ataque. “La zona fue vigilada de forma intensiva antes del ataque para minimizar las bajas civiles. No atacamos la mezquita de forma intencionada”, dijo un portavoz del Pentágono.

Tras la publicación de la foto, los habitantes del pueblo explicaron en detalle la composición del lugar. Negaron que ningún grupo insurgente o político lo hubiera ocupado. Contaron que la mezquita y los otros edificios formaban parte de un complejo con la misma finalidad religiosa. La mezquita, de reducidas dimensiones, era el edificio más antiguo. Años atrás, se habían construido los otros para ampliar las zonas de rezo y tener un sitio donde cumplir otras funciones: dar clases a niños sobre religión, servir de centro para reuniones o para alojar a viajeros (o refugiados procedentes de Alepo en los últimos meses).

La periodista Jenan Moussa ha ofrecido más información en una serie de tuits tras hablar por teléfono con familiares de las víctimas y otras personas del pueblo. La mezquita antigua ya no se utilizaba como tal, sino sólo como escuela coránica. De los dos edificios grandes, el de la derecha se utilizaba como lugar para los rezos. Ambos están conectados.

El ataque sobre el de la izquierda se produjo a las siete de la tarde, hora local, después del último rezo del día. Las personas que estaban en el de la derecha salieron y vieron cómo algunas personas intentaban salir de entre los escombros. Es posible que supieran que podía ocurrir un segundo ataque en cualquier momento. Así ocurrió, y entre las nuevas víctimas hubo algunos que habían abandonado el edificio de la derecha que no estaban lo bastante lejos o que se habían acercado a ayudar.

Según los testigos contactados por la periodista, el edificio destruido se empleaba para reuniones, para hacer las abluciones y para dar comidas (contaba con una cocina). Cuentan que tres familias dormían allí (quizá se ocupaban de atender el complejo).

Moussa dice que le contaron que quien gestionaba el complejo era el grupo Ahel Al Dawa Wal Tabligh. Tabligh es un movimiento religioso islamista pero apolítico que se originó en el subcontinente indio en los años 20. Sus miembros operan como misioneros por así decirlo y no se inmiscuyen en política. Es cierto que personas que han formado parte de él se han pasado luego a grupos yihadistas en Europa, lo que hace que los gobiernos occidentales desconfíen de los tabligh. Pero nadie puede afirmar que formen parte de alguno de los grupos insurgentes que operan en Siria, mucho menos Al Qaeda.

Moussa confirmó los nombres de 15 fallecidos, 14 de ellos hombres, aunque sus fuentes locales afirman que la cifra final de muertos fue de 57. Un balance posterior identificó a 28 personas muertas y 26 heridos.

No es la primera vez ni será la última que un ataque norteamericano con drones mata a decenas de civiles en Siria, Afganistán o Yemen, ni la primera en que la primera versión indica que todas las víctimas eran terroristas o que se trató de un accidente. Es lo mismo que sucedió con el bombardeo de un hospital de Médicos sin Fronteras en Kunduz, Afganistán, en octubre de 2015.

Lo que se puede decir del ataque de Al Jinah es que la mezquita que los norteamericanos dicen que no atacaron ya no lo era, con lo que no vale mucho como prueba de sus intenciones. Es posible que miembros de Al Qaeda, o del grupo Fateh Al Sham, se hayan reunido en ese u otros pueblos de la zona, que separa las provincias de Alepo e Idlib. De los testimonios recogidos por Moussa y varios medios, parece indudable que muchas de las víctimas eran civiles, si no todas.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Una lista con grandes diálogos en películas.

Jeff Bridges recupera a ‘The Dude’ para homenajear a su colega, John Goodman.
–Algunas de las mejores bandas sonoras de este siglo.
–No era fácil entrevistar a John Ford.
–Una entrevista a Michael Caine.
–Una lección de cine con Wes Anderson.
Todo está listo para la muerte de Isabel II.
Mary Beard: Women in Power.
Medir el Everest puede resultar complicado.
–¿Si sales desnuda en una foto, ya no eres feminista?
La revista ‘Playboy’ en la guerra de Vietnam (no sólo los desnudos, claro).
–Fotos de EEUU en la Gran Depresión de los años 30.
Patrick Leigh Fermor y su gran misión: secuestrar a un general nazi.
Cómo vender marihuana en Nueva York con clase.
–La revolución rusa en tiempo real cien años después.

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El efecto Trump en sanidad: 24 millones de asegurados menos en una década

Los expertos en sanidad del Instituto Brookings calcularon hace unos días que la contrarreforma sanitaria de los republicanos promovida por Donald Trump terminaría dejando a 15 millones de norteamericanos sin cobertura sanitaria al final de un periodo de diez años. En realidad, lo que decían en Brookings es que esa sería la cifra que saldría del informe del Congressional Budget Office (CBO) –un organismo independiente del Congreso que elabora estudios sobre la repercusión económica de los proyectos de ley–, basándose en anteriores estimaciones de ese departamento y del impacto de la nueva normativa.

Existían otras previsiones con cifras diferentes, pero que en cualquier caso alcanzaban a millones de personas. En Standard & Poor’s, calculaban que podría perjudicar en el peor de los casos a cerca de diez millones (entre dos y cuatro que perderían la cobertura al aumentar el precio de los seguros, y entre cuatro y seis que perderían su cobertura en Medicaid, el organismo que cubre en parte las necesidades sanitarias de los pobres).

Se quedaron cortos en Brookings. El informe del CBO estima que la cifra total será de 24 millones para el año 2026. A más corto plazo, 2018, la cifra será de 14 millones en lo que se llama el “mercado individual”. Ahí están las personas que no tienen un seguro sanitario dentro de la empresa en la que trabajan y que no se encontraban cubiertas por Medicare (para los jubilados) o Medicaid, y que estaban obligadas a suscribir uno con las ayudas pertinentes tras la reforma impulsada por Obama. Se calcula que el aumento de las pólizas podría estar entre el 15% y el 20%.

A partir de ahí, el descenso en el número de asegurados vendría sobre todo por la reducción del gasto público en Medicaid.

Toda previsión a largo plazo de una reforma de gran impacto social y económico es imprecisa por definición. No puede ser un cálculo exacto. Pero los congresistas utilizan con frecuencia los análisis de la CBO para conocer el impacto económico de las leyes que deben aprobar.

Los republicanos consiguen con este plan lo que querían, un inmenso recorte del gasto público en sanidad con el que financiar la reducción de impuestos que beneficiará sobre todo a las rentas más altas. El informe del CBO calcula que ese ahorro puede llegar a los 337.000 millones de dólares hasta 2026.

Varios senadores republicanos, entre ellos Ted Cruz que fue candidato en las últimas primarias, se habían mostrado contrarios al plan presentado en la Cámara de Representantes por no ser lo bastante radical en la eliminación de lo que ellos bautizaron como Obamacare. Pero también había otros senadores preocupados por el recorte en Medicaid por ser impopular entre sus votantes. Además, el primer impacto en la reducción del número de asegurados se producirá muy pronto, en 2018, cuando se celebran las elecciones legislativas de mitad de mandato.

Este gráfico, que muestra el número de personas sin seguro médico, puede ser una buena bandera para los demócratas en algunos estados. Pero para eso deberían ser capaces de controlar los términos del debate. En muchas zonas del país, los republicanos consiguieron que muchas personas definieran la reforma de Obama como un gigantesco aumento del gasto público y de la deuda. En términos de ganar la batalla del lenguaje y hacerlo además de forma despiadada, los republicanos suelen demostrar más destreza que sus rivales.

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Sánchez levanta el puño y el PSOE se echa a temblar

El trío del PSOE ya está en la pista de baile. Susana Díaz no ha dado los primeros pasos, pero ya ha dado una fecha para su entrada en escena. Eso ya es un alivio para los barones regionales del partido que lo han dado todo por ella y que estaban empezando a ponerse nerviosos. Se cargaron a Pedro Sánchez, pero el muerto ha resultado estar muy vivo. Ahora ya tienen la seguridad de que Díaz será candidata, pero siguen estando nerviosos. Como un flan.

Sánchez estuvo este fin de semana en Cádiz –no exactamente un feudo de Díaz–, donde consiguió otro gran recibimiento. El exsecretario general del PSOE ahora es el líder de un movimiento insurgente sin apoyo de los líderes regionales y con el único sustento de los fondos de un crowfunding que resultó ser bastante más dinero del que sus rivales pensaban que podían recaudar.

Más motivos para ponerse nerviosos. El control del aparato te da avales, decenas de miles de ellos, pero nunca puedes estar seguro de que te dé los votos necesarios. Que se lo pregunten a Almunia.

¿Hasta dónde llega la resurrección de Pedro Sánchez? El joven elegido por Susana Díaz para frenar a Eduardo Madina cuando Rubalcaba se rindió a la evidencia y aún era demasiado pronto para la presidenta andaluza no era entonces alguien que se caracterizara por unos determinados valores ideológicos. Era sólo otro joven dirigente con poco presente y mucho futuro, no tanto como para estar en condiciones de impedir el advenimiento de Susana Díaz.

Un radical, no era. Eligió a Jordi Sevilla como su principal asesor económico. Sevilla había sido jefe de gabinete de Pedro Solbes durante cinco años. No, su asesor no era tampoco un radical.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

La batalla del abismo de Helm es un buen ejemplo de cómo rodar una batalla épica, gigantesca.

Samuel L. Jackson responde a preguntas.
–La vida rápida de Fassbinder.
–Homenaje a Bill Paxton.
–Cómo se hizo ‘The Crying Game’.
–La evolución de King Kong.
Alec Baldwin, sobre su imitación de Donald Trump.
–Estrellas de cine leen tuits insultantes.
–Un Honest Trailers para ‘Doctor Strange’ por lo mala que era.
–Volando sobre Marte.
Futura, la tipografía que ya conoces.
–Lo que comían los Neanderthales.
–Los millonarios llevan un siglo invirtiendo en Monet.
–Dentro de poco, no quedarán muchos atunes.
Los elefantes duermen realmente poco.
–Por qué los aviones no vuelan más rápido.

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Todos los casos de presiones y amenazas a periodistas que sorprenderían a la APM

“Esther L. Palomera no cae bien en La Moncloa”. Era el titular de un breve artículo aparecido en febrero de 2014 en una página web de escasa difusión pero muy cercana al PP, el tipo de medio digital donde aparecen comentarios de fuentes anónimas para enviar mensajes a medios de comunicación o empresas. La razón de ese enfado eran los comentarios en tertulias televisivas y radiofónicas de la periodista sobre la corrupción en el PP, no sus artículos en el periódico La Razón, donde trabajaba desde hace tiempo.

La última frase del artículo era el aviso definitivo: “En definitiva, en el Gobierno consideran que son demasiadas las críticas que reciben de la periodista”. Tradúzcase “demasiadas” por: hasta aquí hemos llegado. El origen de esos comentarios también aparecía en el texto: la Secretaría de Estado de Comunicación. Más que una noticia, era un veredicto.

Las relaciones de Palomera, subdirectora en el periódico, con su jefe, Francisco Marhuenda, ya eran entonces muy difíciles. La periodista se puso en contacto con la entonces presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), Carmen del Riego, para solicitar algún tipo de apoyo de la organización ante lo que suponía que se le venía encima. La respuesta que recibió es que no era posible intervenir sobre ese artículo, porque se trataba de un asunto de libertad de expresión. 

Palomera fue despedida poco más de un mes después. Madrid es uno de esos sitios donde la “libertad de expresión” ejercida por el Gobierno acaba con periodistas represaliados. 

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Cómo explicar el apartheid en cinco minutos en una televisión israelí

Ha tenido que ser un presentador de un programa satírico del Canal 10 de Israel el que explique a sus compatriotas en qué consiste el apartheid. Qué está haciendo su país a los que viven al otro lado de la llamada Línea Verde, ya inexistente, donde viven los palestinos, y por qué son responsables de esa situación.

Algunos extractos de su intervención de cinco minutos (con subtítulos en inglés).

“Desde que la derecha llegó al poder, se oyen más y más voces que nos avisan sobre el apartheid. ¿Es una broma? El apartheid está aquí desde hace muchísimo tiempo. Muchísimo (“Apartheid has been here for ages. Ages”). Llevamos años cometiendo abusos contra los palestinos cada día. Les negamos sus derechos básicos. En Judea y Samaria (lo que en España llamamos Cisjordania, los territorios palestinos), les quitamos las tierras. Hace tiempo, usábamos el Fondo Nacional Judío para recaudar dinero y comprar sus tierras. ¿Ahora? Acabamos de aprobar una ley para coger sus tierras y ya está. Los soldados disparan a los que lanzan piedras porque son una amenaza, pero si en Israel alguien tira piedras ni siquiera le llevan a juicio”.

“Durante años, hemos fomentado el odio”, dice Assaf Harel, que sigue destacando la inmensa capacidad de los israelíes de ignorar lo que ocurre cada día a unos pocos kilómetros de sus casas. Hay todo un pueblo que es “transparente”. “Como si no existiera”.

Harel pasa a hablar del tema que probablemente ha originado su intervención: las ONG (cita a Breaking the Silence, B’Tselem y Yesh Din) que se dedican precisamente a recordar a los israelíes lo que sus gobiernos hacen en su nombre. ¿Qué reciben a cambio? Que les llamen extremistas o traidores, denuncia. El Gobierno y sus partidarios intentan presentarlos como el lado contrario de aquellos que han asesinado a palestinos, como Baruch Goldstein o los que mataron a la familia Dawabshe.

“Las organizaciones de derechos humanos son lo más legítimo y sano que hay hoy en la sociedad israelí”, explica. “Intentan despertar a una sociedad dormida y neutralizada”.

Por eso, Netanyahu y sus ministros pretenden deslegitimarlas, torpedearlas y acabar con la financiación que les llega del extranjero. Es el precio por contar la verdad de lo que ocurre en los territorios palestinos.

Harel espera que no sea necesaria otra guerra para despertar al pueblo israelí.

En realidad, no hay ningún proceso colectivo de amnesia. A lo largo de varias elecciones, los votantes han premiado a los partidos que quieren apropiarse para siempre de los territorios palestinos. Sólo cambian las políticas para consolidar ese objetivo, las prioridades, la importancia que se da a las relaciones con EEUU, la necesidad de continuar con la ficción de las negociaciones de paz o, por otro lado, de poner fin a ese escenario y pasar directamente a la anexión de lo que ellos llaman Judea y Samaria. Hay diferencias pero las fuerzas políticas que controlan los gobiernos de Netanyahu tienen claro su objetivo final.

Lo que Assaf Harel llama el apartheid, que se remonta a muchas décadas atrás, es un precio que esos partidos están dispuestos a pagar, por mucho que se escandalicen al oír esa palabra.

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Trump reacciona ante el último revés con más teorías de la conspiración

Donald Trump no perdona sus fines de semana en su residencia turística de Mar-a-Lago, en Florida. Con el actual habrá pasado 14 días allí, lo que viene a ser el 31% del tiempo que lleva en la Casa Blanca. De ahí que le llame la “Casa Blanca de invierno” o la “Casa Blanca del Sur”.

Trump llegó a Florida enfurecido. No le había gustado que su fiscal general, Jeff Sessions, anunciara que se recusaba de cualquier investigación sobre la pasada campaña electoral. El viernes, Trump comunicó a sus asesores que esa decisión era un error que sólo favorecía a sus enemigos. Y estaba tan molesto que se cayeron del vuelo a Florida sus dos principales consejeros, Reince Priebus y Stephen Bannon, que se quedaron en Washington para solucionar el problema.

“Deberíamos haber tenido una buena semana. Deberíamos haber tenido un buen fin de semana. Pero una vez más, estamos otra vez con Rusia”, dijo a ABC News una fuente de la Casa Blanca. Y aún estaba por llegar el sábado.

Por la mañana, Trump se fue a jugar al golf. Antes, a las seis y media de la mañana, ya tenía el móvil en la mano y empezó a atacar con una serie de tuits en los que acusaba a Obama de haber pinchado sus teléfonos durante la campaña. Evidentemente, sin pruebas. Pero esta vez hay una pista de titulares que ayudan a entender la furia del presidente.

En primer lugar, The Washington Post y The New York Times dieron el sábado donde más le duele. El Post con el titular en primera página “Russian contacts haunt Trump”. También en portada el NYT con “Washington with Moscow on its mind” (y el subtítulo “Scrutiny over growing list of Trump ties”).

Esos fueron los artículos que le molestaron, pero la materia prima de sus tuits estaba en un artículo aparecido en su medio de cabecera, la web Breitbart News, que era un resumen de una larga intervención en su programa de radio de un muy conocido abogado y activista ultraconservador llamado Mark Levin. Breitbart y programas de radio como el de Levin forman parte de la dieta informativa básica de Trump. A veces fuera del radar de los grandes medios de comunicación, estos programas de radio son muy influyentes entre los votantes más conservadores. Al de Levin le adjudican una audiencia nacional superior a siete millones de personas.

Levin argumenta que se está produciendo un “golpe silencioso” contra Trump que es lo que deberían investigar los tribunales, no las supuestas relaciones de gente del entorno del presidente con el Gobierno ruso. Se remonta a julio de 2016 para afirmar que la Administración de Obama obtuvo autorización judicial a través del tribunal FISA para utilizar técnicas propias de un “Estado policial” con el fin de vigilar la campaña de Trump y filtrar información negativa sobre él incluso después de su llegada al poder. Es una mezcla de informaciones aparecidas en varios medios, algunas desmentidas, siempre basadas en fuentes anónimas, y colocadas de forma que parezca que estamos ante una gran conspiración contra las actuales instituciones del Estado con la complicidad de los grandes medios.

No todo lo que aparece en el artículo es falso. También se refiere al conocido informe de los servicios de inteligencia norteamericanos que acusó a Rusia de intentar interferir en la campaña electoral. Es una mezcla hábil de hechos, suposiciones y sobreentendidos que forman los ingredientes básicos de cualquier teoría de la conspiración que merezca ese nombre.

Trump dijo que “se acababa de enterar” en la mañana del sábado de la existencia de esa trama, por lo que hay que suponer que su única fuente es el artículo publicado por Breitbart. Suficiente para comparar a Obama con Nixon y el Watergate.

Un presidente no puede ordenar a un juez federal que pinche los teléfonos de un rival político. Podría hacerlo el Departamento de Justicia si convence a un juez de que se está cometiendo un delito o si alguien está trabajando en favor de los servicios de inteligencia de un país extranjero (de ahí la posible relación con el tribunal FISA). Que Trump plantee esta posibilidad, aunque sea sin pruebas, no parece muy inteligente, ya que sería como aceptar que un tribunal encontró indicios de que en la campaña de Trump alguien estaba trabajando en favor de Rusia, una idea que obviamente él ha negado por completo.

Lo cierto es que varios medios, en especial el NYT, informaron en 2016 de una investigación de FBI a varias personas cercanas a Trump (como Paul Manafort, Carter Page y Roger Stone) por sus relaciones con Rusia. Si bien eso permitió la publicación de numerosos artículos sobre esas conexiones y no menos especulaciones, nunca ha salido nada de eso que confirme las sospechas. Nadie ha sido imputado ni citado ante un gran jurado.

En cierto sentido, los tuits de Trump son una conspiración sobre otra conspiración en el delirante juego de acusaciones mutuas en que se ha visto inmersa la política norteamericana.

La predilección de Trump por las teorías de la conspiración es bien conocida y muy anterior a su entrada en la política. Estuvo en primera línea en el intento de probar que Obama no había nacido en EEUU. En la campaña, las empleó en varias ocasiones sin importarle que los medios le recordaran que se basaba en información falsa.

Ahora, como antes, le acarreará todo tipo de críticas, también desde posiciones conservadoras. A él le da igual porque también cree que le beneficia. No le impidió ganar las elecciones y ahora le sirve para denunciar la existencia de una oscura confabulación de sus enemigos. Su único objetivo es que le crean las 63 millones de personas que le votaron.

Por cierto, algo menos de dos horas después de sus tuits contra Obama, Trump pasó a arremeter contra Arnold Schwarzenegger. Esto último no tiene repercusiones políticas. Sólo revela su estado mental.

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La conexión rusa persigue a Trump hasta su Gobierno

El Gobierno de Trump no deja pasar un día sin generar noticias con pocos precedentes. La última tiene que ver con el fiscal general, Jeff Sessions, que acaba de llegar a su puesto al frente del Departamento de Justicia. Es alguien de la máxima confianza de Donald Trump. Como senador, fue el único que le apoyó sin reservas desde el inicio de su entrada en las primarias republicanas. Y la razón de esa comunión es que ambos comparten su rechazo total a la inmigración en EEUU.

A Sessions le han pillado en una mentira o en eso tan frecuente en muchos políticos, esas frases que comienzan con un ‘no me consta que’ y que revelan fallos de memoria difíciles de creer. En su comparecencia ante el Senado para su ratificación en el puesto, dijo que no se había reunido con representantes del Gobierno ruso. Estos días, se ha sabido que hubo dos ocasiones que desmienten esa declaración.

La primera no es muy relevante. Un discurso de Sessions en un acto al que asistió un grupo de embajadores extranjeros en su calidad de senador y miembro del Comité de Servicios Armados de la Cámara. Si habló con el embajador Kislyak después en privado, no se sabe, pero es poco probable. Muy diferente es una reunión entre ambos en el despacho de Sessions en el Senado en septiembre.

Por entonces, el actual fiscal general ya estaba metido en la campaña de Trump y habían aparecido las primeras informaciones sobre la presunta implicación rusa en la filtraciones de mensajes internos de los demócratas. Sessions no recuerda si hablaron sobre Trump o la campaña electoral. Si no lo hicieron, la profesionalidad del diplomático quedaría un poco en duda. La versión oficial es que hablaron sobre las relaciones entre ambos países. Suena bastante lógico, ¿pero hay algo en esas relaciones que no se vería condicionado por las elecciones que se iban a celebrar dos meses después?

Después de que en la tarde del jueves, dos importantes congresistas republicanos dijeran que lo más apropiado sería que Sessions renunciara a intervenir en cualquier investigación sobre la supuesta intervención rusa, el fiscal general dio por recibido el mensaje. En una rueda de prensa, anunció precisamente eso. Si el FBI continúa sus investigaciones y reclama la intervención del Departamento de Justicia, Sessions no intervendrá en un sentido u otro.

Lo mismo en el caso de que la Administración tenga que decidir si nombra a un fiscal especial para ocuparse del caso por la presión de los demócratas o los medios de comunicación. Y como bien quedó claro en los años de Bill Clinton, se sabe cómo empiezan esas investigaciones, pero no cómo terminan. Recordemos que una investigación sobre un posible tráfico de influencias en la compra de terrenos por los Clinton en Arkansas acabó con una petición de destitución (impeachment) por las relaciones sexuales del presidente con una becaria en la Casa Blanca años después.

El jueves antes de la rueda  de prensa de Sessions, preguntaron a Trump si creía que este había dicho la verdad en su comparecencia en el Senado. “Probablemente”, respondió. También dijo que no creía que él debía recusarse sobre las investigaciones aludidas. Pero con la Administración de Trump, un par de horas es mucho tiempo en Washington.

La ‘conexión rusa’, por llamarla de alguna manera, ya provocó la dimisión del consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn. Da la impresión de que la historia –que incluye hechos contrastados, sospechas sólidas y teorías de la conspiración– va a seguir persiguiendo a Trump durante mucho tiempo.

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Trump con piel de cordero enfurecido

Acostumbrados a ataques, desprecios e insultos, los medios norteamericanos han llegado a la conclusión de que Donald Trump quiso ser “presidencial” en su primer discurso ante las dos cámaras (no se le llama del Estado de la Unión cuando es el primero del mandato). O “disciplinado”, porque esta vez leyó el texto en un teleprompter. O dio un “aire moderado” a sus radicales promesas de campaña, como dice The Washington Post.

Es difícil llegar a ese conclusión tras escuchar lo que dijo a cuenta de uno de los temas más polémicos de su presidencia: la inmigración. “Mientras hablamos, estamos expulsando a miembros de las bandas, narcotraficantes y criminales que amenazan a nuestras comunidades. Gente mala se está yendo mientras hablo esta noche, tal y como había prometido”, dijo en el discurso.

Es el mismo lenguaje de la campaña: presentar la inmigración como una amenaza a la seguridad y anunciar que su prioridad es expulsar a los sin papeles más violentos. Por eso, entre los invitados a seguir el discurso en la Cámara junto a Melania Trump estaban tres familiares de personas asesinadas por inmigrantes indocumentados. La realidad es que su Gobierno ha ampliado los requisitos para que un sin papeles sea deportado y que aquellos con antecedentes penales o condenas ya eran expulsados del país con el Gobierno anterior.

Trump anunció la creación de una oficina dentro del Departamento de Seguridad Interior –llamada Voice– para apoyar a las víctimas de crímenes. ¿A cuáles? Voice viene de “Victims of Immigration Crime Engagement”. “Vamos a dar voz a los que son ignorados por los medios y silenciados por los intereses especiales”. Es falso en ambos casos. No hay una conspiración en EEUU en favor de los autores delitos violentos.

En esa línea de criminalizar la inmigración, Trump dijo que “según datos del Departamento de Justicia, la inmensa mayoría de individuos condenados por delitos relacionados con el terrorismo desde el 11S llegaron aquí desde fuera del país”. No es cierto o, como mínimo, es una forma tramposa de presentar los datos. Incluso si se incluyen los “ataques no letales”, la mayoría eran ciudadanos estadounidenses o residentes legales. La idea de que terroristas o gente violenta entraron en EEUU específicamente para cometer delitos es falsa.

Para sus votantes que relacionan la violencia con lo que ocurre fuera de su país, les dio la frase perfecta: “No podemos permitir que se forme una cabeza de playa del terrorismo dentro de América”.

Lo que es indudable es que los congresistas republicanos respiraron en general aliviados por la intervención. No hubo diatribas inconexas ni declaraciones de guerra a jueces o periodistas. Dijo que está dispuesto a trabajar con el Congreso (es inevitable, ya que es el Congreso quien aprueba los presupuestos), que es hora de poner fin a las “peleas triviales” (él, que incluso usa Twitter para comentar programas de televisión o la estupenda línea de ropa de su hija), y que una de sus prioridades es acabar con la reforma sanitaria de Obama, sin dar muchos detalles sobre qué cambios defiende.

Como es habitual en estos discursos, el estilo habitualmente sombrío de Trump en sus intervenciones sobre la situación del país dio paso a una visión más optimista: “Todo lo que está roto en nuestro país puede arreglarse. Todos los problemas se pueden resolver. Y cada familia con problemas puede encontrar la solución y la esperanza”. Una fantasía en forma de frases que sabe que serían destacadas en los informativos de Fox News.

La clave era mantener el apoyo de los republicanos, incluidos los más escépticos con su estilo de gobierno. Por eso, no habló de Rusia, cuyo Gobierno no cuenta con muchos partidarios en su partido. De creer al presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, el objetivo se consiguió. “It was a home run”, dijo después.

Muchos demócratas no tardaron mucho tiempo en levantarse para abandonar el hemiciclo cuando los republicanos aún seguían aplaudiendo (las congresistas fueron vestidas de blanco en apoyo a los derechos de las mujeres). Ellos no eran los destinatarios naturales del discurso, sólo los figurantes. Lo que escucharon fue al Trump de siempre, sólo que con mejor dicción y corrección sintáctica.

Transcripción íntegra del discurso.

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