Los neonazis de la manifestación de Charlottesville desde muy cerca

Este reportaje de Vice News nos coloca lo más cerca posible de los sucesos ocurridos en Charlottesville este fin de semana. En especial porque la periodista Elle Reeve y el cámara acompañan a los neonazis que convocaron la concentración. No nos permite saber exactamente quiénes son, pero sí cuáles son sus ideas. En cuanto al peligro que suponen, lo mejor es la frase que pronuncia uno de los promotores, Christopher Cantwell (después de dejar sobre la cama de su habitación todas las armas que llevaba encima): “Creo que mucha más gente va a morir aquí, francamente, antes de que acabemos”.

También cuenta con imágenes de la noche anterior, de la marcha con antorchas en el parque donde está la estatua de Robert Lee, con gritos contra los judíos y el eslogan revelador de “Blood and soil” (sangre y tierra). Es decir, “Blut und Boden”, una invocación fundamental para los nazis alemanes en los años 30. Esa es la concentración que Trump defendió por oponerse a la retirada de la estatua de Lee, aprobada por el Ayuntamiento.

En el reportaje aparece el momento en que la gente de Charlottesville pone fin a una rueda de prensa del principal organizador de la manifestación ultra, Jason Kessler, que decidió hablar ante los periodistas ante el Ayuntamiento de la ciudad. Después de unas pocas palabras, tuvo que salir huyendo cuando algunos pensaron que la provocación había ido demasiado lejos. Hay mejores imágenes del momento en este vídeo.

Una de las conclusiones que se pueden sacar de las imágenes del reportaje de Vice News es que el desenlace pudo ser mucho peor. La pregunta es evidente: ¿dónde estaba la policía? Un principio básico de cualquier actuación policial cuando hay una manifestación y una contramanifestación es que no puedes dejar bajo ningún concepto que ambos lados se acerquen. Tienes que crear un perímetro y un cordón policial que impida que estén situados a muy pocos metros. La concentración de los ultraderechistas había sido autorizada por un juez. El Ayuntamiento y la Policía local no podían prohibirla. Eso no quiere decir que no pudieran legalmente hacer nada.

Tal y como se comporta la policía en EEUU –no hay que hacer mucho en una protesta en la calle para que te detengan–, su pasividad es difícil de creer. Tenían que haber controlado el parque mucho antes de la hora de comienzo del acto, las 12.00 hora local, para controlar la situación. Esperaron fuera de él hasta que el gobernador de Virginia declaró el estado de emergencia local, momento en que desalojaron el parque sin problemas. Pero lo que hacían a partir de ese instante era ocupar un parque vacío y el conflicto se había trasladado a otras zonas de la ciudad.

El gobernador destacó que muchos de los manifestantes ultraderechistas contaban con más armas que la policía. Eso no aparece en el reportaje de Vice News. El mismo sábado, vimos cómo un grupo de miembros de una milicia se presentó en Charlottesville con uniformes militares y armados con fusiles de asalto. La legislación sobre armas en Virginia permite este tipo de cosas. El jefe de policía local negó que sus fuerzas estuvieran intimidadas por esa demostración de fuerza. Pero el caso es que no aparecieron donde debían estar.

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Trump vuelve a su auténtico yo y defiende a los grupos neonazis que se manifestaron en Charlottesville

Donald Trump confirmó el martes que su anterior condena a grupos neonazis y racistas sólo fue una cesión inesperada a las presiones recibidas por sus asesores de la Casa Blanca y que en ningún caso representa sus ideas. En una rueda de prensa en Nueva York, el presidente de EEUU insistió en su primera interpretación de los violentos sucesos de Charlottesville: la violencia fue responsabilidad de ambos bandos enfrentados en la calle. Además, negó que todos los que respondieron a la convocatoria ultraderechista fueran neonazis y mostró su apoyo a los que se manifestaron la noche anterior contra la retirada de una estatua del general sudista Robert Lee.

La conferencia de prensa se convirtió en un duelo entre los periodistas que reclamaban una condena directa de los grupos racistas y un presidente que se dedicó a acusar a los antifascistas que les hicieron frente. Hasta llegó a decir que los primeros tenían permiso para manifestarse en la ciudad del Estado de Virginia –el Ayuntamiento había querido trasladar el acto a otra zona, pero un juez lo impidió–, pero los otros, no.

Los sucesos de Charlottesville concluyeron con un atropello intencionado por un joven de ideas neonazis a un grupo de antifascistas que mató a una joven e hirió a 20 personas. Trump reconoció que aún no ha llamado por teléfono a la familia de la joven asesinada.

de 2017
La táctica que utilizó fue negar que todos los manifestantes que llegaron a Charlottesville fueran fanáticos: “He condenado a los neonazis. He condenado a muchos grupos diferentes. No todos eran neonazis, créanme. No toda esa gente era supremacista blanca (término que en EEUU define a los racistas) de ningún modo”, dijo.

Trump se mostró radicalmente en contra de la retirada de la estatua de Robert Lee de Charlottesville. Varios ayuntamientos de EEUU están estudiando –algunos lo han hecho ya– retirar las estatuas de políticos y militares de la Confederación, el bando racista que se enfrentó al Gobierno de Washington en la guerra civil. La ciudad de Charlottesville pretende quitar de un parque la figura de Lee y venderla a quien esté interesado para que la coloque en otro sitio.

En su empeño por defender a Lee, lo comparó con otras figuras históricas de la nación, incluido el primer presidente: “Esta semana es Robert Lee y esta semana es Stonewall Jackson. ¿El próximo será George Washington? Hay que pensar en ello. ¿Dónde para todo esto?”. Para justificar meter a Washington en la disputa, que fue presidente 80 años antes de la guerra civil, comentó que él también había sido dueño de esclavos.

Trump volvió a su declaración del primer día, cuando dijo que “muchos lados” eran responsables de la confrontación violenta, tanto los grupos neonazis y racistas como aquellos que se les enfrentaron: “Tenían un grupo a un lado y el otro, y se enfrentaron con palos. Fue desagradable y horrible. Fue algo horrible de ver. Había otro lado. Había un grupo en ese lado, podrías llamarle la izquierda. Atacaron violentamente al otro grupo. Puedes decir lo que quieras, pero es lo que pasó.

Con esta declaración, el presidente se desmarcó de los políticos demócratas y republicanos que han reservado sus críticas a los grupos neonazis y sus símbolos por considerarlos un peligro para la democracia.

Los únicos que reaccionaron rápidamente el martes para elogiar a Trump fueron precisamente aquellos que se manifestaron en Charlottesville en favor de la supremacía de la raza blanca. “Estoy orgulloso de él por decir la verdad”, dijo el líder ultra Richard Spencer, uno de los oradores anunciados para el acto del sábado.

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La atracción de los ultras norteamericanos por Asad

No sólo en EEUU, también en Europa.

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Por qué los neonazis no parecen preocupados por la condena de Trump (y quizá tengan razón)

La presión de los políticos republicanos y demócratas, los medios de comunicación y no sabemos cuántos asesores de la Casa Blanca ha conseguido que Donald Trump ceda este lunes para obligarle a señalar directamente a grupos neonazis y racistas. En una declaración en la Casa Blanca ante las cámaras, Trump los ha nombrado en relación a los sucesos de Charlottesville: “El racismo es el mal y aquellos que causan violencia en su nombre son criminales y matones, incluyendo el KKK, los neonazis, los supremacistas blancos y otros grupos de odio que son repugnantes a todo lo que queremos en Estados Unidos”.

Pero como Trump es Trump, no es nada sorprendente que el domingo, cuando todo el mundo estaba hablando sobre lo sucedido en Charlottesville, decidiera dar una buena noticia a todos los grupos extremistas que comparten su rechazo visceral a la inmigración. Anunció en una entrevista, conocida el lunes, que está pensando seriamente en conceder un indulto a Joe Arpaio, que fue sheriff del condado de Maricopa, en Arizona.

Arpaio es toda una celebridad para los grupos ultraderechistas de EEUU y ha aparecido en numerosas ocasiones en los medios de comunicación. Fue derrotado en las últimas elecciones locales, en una campaña en que grupos progresistas y conservadores de todo el país contribuyeron con grandes cantidades de dinero, y posteriormente condenado en un juicio por malos tratos cometidos sobre los extranjeros sin papeles detenidos en su campaña contra la inmigración ilegal.

En Twitter, Trump casi ha confirmado que hizo esta declaración para calmar a las fieras (los periodistas), pero que es inútil intentarlo con esta gente.

¿Cómo han encajado los ultras la última intervención de Trump? No están muy afectados. Dan por hecho que el presidente se ha visto obligado a dar ese paso forzado por las circunstancias. Richard Spencer, uno de sus dirigentes más conocidos y que tenía previsto intervenir en el acto racista de Charlottesville, lo ha dejado claro.

Estas son algunas de sus frases en una rueda de prensa del lunes posterior a la intervención de Trump: “Es sólo una tontería. No creo que nadie lo tome en serio, incluido el presidente”. “Es como si todos tuviéramos que sacar una guitarra acústica y ponernos a cantar kumbaya. Es una total estupidez”.

“La derecha alternativa (alt-right, el término con el que se autodefinen muchos de estos grupos ultras en los últimos años) ha llegado muy lejos en los últimos dos años en cuanto a su exposición pública. ¿Es Trump una de las causas de eso? Desde luego”. “Trump no es derecha alternativa. Trump no es un identitario. Pero estamos conectados con Trump a un nivel psíquico (quizá quería dejar psicológico) porque es un nacionalista”.

Le preguntaron si hay alguien en la Casa Blanca con quien comparten ideas. Dijo que Bannon y Miller (consejeros de Trump) “están conectados con las ideas identitarias de una forma que el resto no comparte”.

Spencer confirmó que celebrarán otro acto similar en la Universidad A&M de Texas el 11 de septiembre.

Sobre el asesinato de la joven que fue embestida junto a otros manifestantes antifascistas por un coche conducido por una persona de ideas racistas, dijo: “No voy a condenar a ese joven en este momento”. De hecho, intentó exonerarle: “Realmente temía por su vida con todos esos delincuentes rodeando el coche y atacándole”.

Otro líder ultraderechista coincidió con este análisis sobre las palabras de Trump. “La última condena de Trump fue también correcta y apropiada al ser el máximo dirigente de todo el país”, dijo a TPM William Johnson en un email. “Compruebo que condenó todo racismo INCLUIDO el que procede del KKK y los neonazis. El uso de la palabra ‘incluido’ indica que cree que hay una fuente mayor y dominante más allá de los grupos mencionados” (mayúsculas en el original).

Es una interpretación que parece retorcida, pero no del todo. Viene a decir que existe un racismo antiblanco contra el que también se ha posicionado Trump, que es lo que los grupos neonazis y racistas sostienen desde hace mucho tiempo.

Da la impresión de que los grupos neonazis y racistas no han quedado muy impresionados por las declaraciones de Trump y que piensan que el presidente de alguna manera sigue estando con ellos. Es muy posible que no estén del todo equivocados.

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Por qué Donald Trump nunca ha criticado a neonazis y racistas

Donald Trump es un hombre de verbo suelto a la hora de atacar y despreciar a sus rivales. Educado en el mercado periodístico de Nueva York, siempre se ha mostrado dispuesto a producir todo tipo de invectivas contra sus enemigos, reales o ficticios. Y nunca se ha cortado al dar nombres.

En su versión más reciente como candidato y presidente, ese talento se ha multiplicado. ¿Hillary Clinton? Corrupta hasta la médula. ¿Jeb Bush? Perezoso, pusilánime. ¿Marco Rubio? Little Marco. ¿John McCain? Prefiero los héroes que no son hechos prisioneros? ¿Los periodistas? Fake news, mentirosos, la gente más deshonesta que te puedas encontrar. ¿CNN? Lo anterior multiplicado por diez. ¿El NYT? Failed NYT, sin futuro, ahogado por las pérdidas. ¿El exdirector del FBI Comey? Mentiroso, responsable de graves filtraciones.

La lista es larguísima. Incluye también miembros de su propio Gabinete, como el fiscal general Sessions, cuyo pecado fue no haberle comunicado antes del nombramiento que iba a recusarse en todas las investigaciones relacionadas con Rusia (cómo podía saber que iba a hacer eso es un misterio). O el líder de los republicanos en el Senado, por no haber conseguido este verano que se aprobara la contrarreforma sanitaria. Da igual que seas republicano o demócrata. si te cruzas en el camino de Trump, tendrás noticias de él.

Tanta incontinencia verbal tiene una línea roja que Trump no suele cruzar desde que se metió en política. Nunca ha criticado o denunciado de forma directa a los grupos ultraderechistas, neonazis o racistas (en EEUU el término ‘supremacista blanco’ es sinónimo de racista).

Tras lo ocurrido en Charlottesville, tuvimos otro ejemplo de esta reserva. En su declaración inicial en Twitter y en unas breves palabras ante los medios de comunicación, condenó la violencia en términos genéricos adjudicando la responsabilidad a “los dos lados”. En la tarde del domingo, la Casa Blanca envió por email un comunicado con el que explicaba que también se refería a “supremacistas blancos, el KKK, neonazis y todos los grupos extremistas”. Pero el comunicado no estaba escrito en su nombre.

El mensaje nacionalista, aislacionista y xenófobo de Trump desde los inicios de su campaña encontró un apoyo rotundo en grupos de la extrema derecha habitualmente alejados del Partido Republicano (no tanto en algunas zonas del Sur). Resultó inmensamente efectivo para los intereses de Trump, una persona que no ha votado en varias ocasiones a lo largo de su vida, en especial entre los muy conservadores votantes de religión evangélica –un sector de votantes mucho más numeroso que los neonazis–, a los que no les preocupó la escasa moralidad personal del candidato en su vida matrimonial.

Pero los ultraderechistas resultaban mucho más útiles en las trincheras de la campaña, produciendo material favorable a Trump y adaptando su mensaje racista de siempre a las prioridades marcadas por el millonario. La idea de que los programas de discriminación positiva en favor de las minorías –que nunca gustaron a los republicanos– habían terminado perjudicando a los blancos, ahora supuestamente una minoría amenazada. El rechazo al feminismo y la victimización del hombre blanco. Los ataques a lo que llaman “políticamente correcto” como coartada para seguir abusando de las minorías que, por no ser blancos, no son auténticamente estadounidenses. El odio a la inmigración, sobre todo si viene de México.

Todos esos prejuicios o ideas extremistas fueron recogidas por Trump en su campaña, de la forma caótica que le caracteriza, pero también sin dejar lugar a dudas. Empleaba el lenguaje que los más fanáticos llevaban tiempo usando sin tener hasta entonces ningún candidato de los dos grandes partidos que lo simbolizara de forma satisfactoria para sus intereses.

Ese sentimiento de excitación ante los progresos de Trump en las primarias republicanas, y la euforia tras su victoria en noviembre, quedan bien resumidas en las palabras de Rocky Suhayda, presidente del Partido Nazi Americano (las mayúsculas en el original): “Tenemos una fantástica OPORTUNIDAD aquí, amigos, que quizá nunca se repita. Las declaraciones de la campaña de Donald Trump, nos MUESTRAN que ‘nuestras ideas’ NO son tan ‘impopulares’ como la gente de la Corrección Política ha contado a todos”.

Trump estaba blanqueando las ideas de la extrema derecha y convirtiéndolas en respetables en la medida de que resumían el mensaje del que podía ser, y lo fue, el candidato de los republicanos.

A los elogios a Trump se sumó en las primarias David Duke, exlíder nacional del Ku Klux Klan que alcanzó cierta notoriedad en los 90 al conseguir ser el candidato republicano al cargo de gobernador de Luisiana. Duke afirmó en su programa de radio que “votar contra Trump es traicionar tu herencia cultural” y animó a sus oyentes a convertirse en voluntarios de su campaña.

Cuando preguntaron a Trump si aceptaba ese apoyo, el entonces candidato se hizo el loco y no le dio importancia. Dos días después le insistieron sobre lo mismo en CNN, y dijo no conocer a Duke: “No sé nada sobre David Duke. No sé nada sobre supremacistas blancos”. Era falso. En el año 2000, en uno de sus tanteos sobre si se presentaba o no a las elecciones, sabía muy bien quién era Duke y que era un racista.

Trump sabía que su mensaje conectaba con ciertos sectores fanáticos muy activos en Internet. No era sólo el candidato que se enfrentaba a la odiada Hillary Clinton. Era además el que simbolizaba sus ideas y que mostraba una actitud ambivalente hacia la violencia en los mítines, como cuando añoraba la época en que cualquiera que intentaba reventar un acto político, como muchos lo hicieron en sus mítines, se llevaba una buena tunda antes de que lo echaran del local.

Además, Trump sí tenía un pasado racista. Como promotor inmobiliario, fue demandado por el Departamento de Justicia en 1973 por su política para impedir que hubiera inquilinos de raza negra en los edificios que gestionaba en Nueva York. Con ocasión de un crimen especialmente salvaje –la violación múltiple de una mujer blanca mientras corría en Central Park–, pidió la pena de muerte para los acusados, la mayoría negros, en un anuncio a toda página en el NYT. Cuando se demostró que eran inocentes, insistió en su culpabilidad. Su padre había sido detenido en 1927 en un enfrentamiento de centenares de simpatizantes del KKK con policías de Nueva York, aunque al final no se presentaron cargos contra él.

Si había alguna duda, Trump la despejó en el discurso de su toma de posesión el 20 de enero. Enarboló la bandera del “America First”, la expresión que movilizó a los aislacionistas de extrema derecha para oponerse a la entrada de EEUU en la Segunda Guerra Mundial contra los estados fascistas. Música para los oídos de los ultras. Trump siempre ha sido SU candidato y el presidente ha devuelto el favor con creces.

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178 razones para rechazar la extradición a Turquía del periodista Hamza Yalçin

Un juez de la Audiencia Nacional y el Gobierno español tienen en su mano conceder la extradición a Turquía del periodista turco Hamza Yalçin, detenido en el aeropuerto de Barcelona cuando se disponía a viajar a Londres. El Gobierno de Ankara consiguió que su nombre apareciera en la lista de Interpol con una acusación de insultar al presidente, Recep Tayip Erdogan, adornada con su supuesta vinculación a un grupo terrorista de extrema izquierda. Yalçin vive en Suecia desde hace muchos años y tiene la nacionalidad sueca.

La Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa decidió hace tres meses colocar a Turquía en un régimen de vigilancia por las numerosas violaciones de los derechos humanos ocurridas en ese país desde el golpe de Estado frustrado. Muchas de esas vulneraciones han tenido a los periodistas como víctimas. El caso de Yalçin es uno más de una larga lista.

178 periodistas se encuentran encarcelados en Turquía en estos momentos, aunque la cifra varía constantemente. Algunos de ellos obtienen la libertad condicional, sin que las causas penales contra ellos desaparezcan, pero otros son detenidos en redadas contra el personal de los medios de comunicación.

La última operación contra periodistas tienen que ver con una aplicación de teléfono móvil. Sólo eso puede hacer que acabes en prisión en Turquía. Un tribunal ha emitido 35 órdenes de detención contra trabajadores de medios, incluidos periodistas, por tener en su móvil la app ByLock que sirve para encriptar llamadas o recibir comunicaciones de personas que cuentan con ella. Nueve de ellos fueron detenidos en la mañana del jueves. Los fiscales parten de la teoría de que cualquier persona que tenga esa aplicación en su móvil es sospechoso de pertenecer a la red gulenista, la organización religiosa a la que el Gobierno acusó de organizar el golpe. Miles de personas han sido detenidas o despedidas de sus trabajos en la Administración por recibir llamadas de personas que tenían ByLock en sus móviles.

Muchos de los periodistas detenidos en las últimas semanas trabajaban en medios propiedad de los gulenistas o cercanos a ellos. No son los únicos. Entre los arrestados está Burak Ekici, director de la web del periódico izquierdista BirGun, que ha criticado tanto a Erdogan como a Gülen. Eso no impide que Ekici esté acusado de pertenecer a una “organización terrorista”.

Todas las causas contra periodistas incluyen referencias a grupos terroristas. La ley permite entablar acciones legales contra periodistas por apoyar a los terroristas en sus artículos, aunque no sean miembros de esas organizaciones. Afirmar que no se pertenece a estos grupos no sirve de nada a los abogados de los periodistas. Es suficiente con haber escrito un artículo contra Erdogan para entrar en esa categoría legal. El Ministerio de Interior es quien toma la decisión y la fiscalía obedece órdenes.

En julio comenzó el juicio contra 17 periodistas y directivos del periódico Cumhuriyet, el más antiguo del país, también por la acusación de colaborar con grupos terroristas. El Gobierno se lanzó contra el diario por calificar de “caza de brujas” la represión producida después del golpe. También ayudó en la persecución la información del periódico que contaba cómo los servicios de inteligencia turcos entregaron armas en 2014 a grupos insurgentes sirios camufladas como ayuda humanitaria. El director y el jefe de la delegación de Ankara ya estaban procesados por ese artículo.

Siete de esos periodistas fueron puestos en libertad condicional al poco de comenzar la vista, que se reanudará en septiembre.

El periodista francés Loup Bureau está encarcelado a la espera de juicio porque la policía encontró en su cámara al entrar en Turquía desde Irak imágenes de miembros de las milicias del YPG, que luchan en Siria contra el ISIS. Como Turquía considera a YPG un grupo terrorista, el francés está acusado de colaborar con esa organización.

El periodista turco-alemán Deniz Yucel está encarcelado desde febrero. El colaborador del diario Die Welt está acusado de colaborar con dos grupos tan diferentes como el PKK kurdo y el ISIS. Erdogan le ha acusado en público de ser un espía.

Un diario proErdogan –en realidad, ahora lo son casi todos– ha acusado también al periodista alemán Frank Nordhausen, corresponsal en Estambul, de trabajar para el espionaje de su país. Aún no está detenido.

No son sólo periodistas los que pueden acabar arrestados por delitos de opinión. 157 personas fueron detenidas en la primera semana de agosto por comentarios escritos en redes sociales. Supuestamente por difundir propaganda en favor de la red Gülen, el PKK kurdo o el ISIS. La policía estaba rastreando a 2.696 usuarios de redes por sus opiniones, consiguió identificar a 196 y ha detenido a 157.

Turquía está en el puesto 155º en la lista de Reporteros sin Fronteras sobre libertad de expresión en la que hay 180 países. En ese país, los periodistas son detenidos, encarcelados y procesados por delitos de opinión, básicamente por criticar al Gobierno, con acusaciones que siempre terminan siendo por pertenencia o apoyo a grupos terroristas.

El caso de Hamza Yalçin no es muy diferente al de esos 178 periodistas encarcelados.

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Trump y Kim hacen una mezcla muy peligrosa

Con las declaraciones de Donald Trump, uno puede pasar con bastante rapidez de la risa al horror. La sonrisa se convierte al poco tiempo en una mueca un tanto horrible cuando te das cuenta de las repercusiones de sus palabras. ¿Y si esta vez va en serio? ¿Y si no es algo que ha escuchado en televisión, preferiblemente en Fox News, y que se limita a repetir como haría cualquier tuitero de guardia? ¿Nos levantaremos un día de la cama y descubriremos que el presidente de EEUU ha anunciado en Twitter que hemos pasado a DEFCON2? (aparentemente ahora estamos en DEFCON5, es decir, ante todo, mucha calma).

Fuego, furia y poder “como nunca se ha visto antes”. Fue la amenaza que lanzó Trump a Corea del Norte en un breve contacto con periodistas en mitad de un acto dedicado a la lucha contra las drogas que nada tenía que ver con defensa o relaciones internacionales. Todo por las últimas pruebas de misiles norcoreanos y la sospecha no confirmada que indica que ese Gobierno ha conseguido reducir el tamaño de las cabezas nucleares para su instalación en un misil de largo alcance.

La retórica es no sólo trumpiana, sino también bastante habitual en los comunicados del Gobierno de Pyongyang. La amenaza de provocar “océanos de fuego” apareció recientemente, y de ha hecho ha salido en otros comunicados en los últimos años. Nunca se ha tomado al pie de la letra, pero nadie se confunde sobre las posibles repercusiones de un conflicto bélico. Incluso si no se utilizaran armas nucleares, los análisis más extendidos sobre una guerra en la península coreana prevén que podrían morir decenas de miles de personas, aunque el conflicto no durara mucho tiempo. El desenlace sería espantoso desde cualquier punto de vista.

En los diez primeros días de cada agosto, se conmemora el lanzamiento de las dos bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki en la Segunda Guerra Mundial. En relación a Corea, hay que recordar que Harry Truman no descartó utilizar armas nucleares en la guerra iniciada en 1950. También es cierto que Truman era muy consciente del impacto de esas bombas (él mismo había ordenado su uso contra Japón) y que nunca pareció considerarlas en privado como una opción realista. Aún se discute si el general MacArthur solicitó tener la opción de emplearlas en la guerra contra el Ejército chino, lo que la Casa Blanca no estaba dispuesta a aceptar, aunque en una entrevista publicada después de su muerte el militar que fue destituido por Truman sí reveló que tenía un plan para derrotar a China que pasaba por el lanzamiento de bombas nucleares, y no en un número pequeño.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, se apresuró a indicar que los norteamericanos “podían dormir tranquilos”. La Administración de Trump no ha adoptado una política específica para responder a los últimos avances militares del régimen de Kim Jong-un al existir diferentes puntos de vista entre los altos cargos y consejeros de la Casa Blanca. Eso no es ninguna novedad.

Según el NYT, las palabras de Trump fueron improvisadas. No estaban preparadas en un documento dispuesto para su lectura por el presidente. El papel que tenía delante tenía que ver con el tema de la reunión. Después, Trump procedió a dar algo de contexto a sus amenazas a través de su canal habitual.

En el primer tuit ya coló una falsedad. Existe un plan de modernización del arsenal nuclear norteamericano –por un valor de decenas de miles de millones de dólares aún no presupuestados y con un plan de ejecución de 30 años– que procede de la presidencia de Obama y que no ha sido aprobado por completo. Por eso, no es ahora “más fuerte y poderoso” que antes, como dice.

Cualquier cosa es posible con esta Casa Blanca. Hace unos días, uno de los consejeros de Trump, el ultraconservador Sebastian Gorka, respondió así a la pregunta de qué instrumentos tenía EEUU para presionar a China y obligarla a que meta en vereda a Kim.

“Tenemos el Twitter del presidente, el hombre más poderoso del mundo”, dijo Gorka, que argumentó que China está en condiciones de controlar a Corea del Norte, lo que no es cierto, según la mayoría de los expertos en la región.

El Twitter como arma definitiva contra el arsenal norcoreano y el poder de China. Eso sí que es reescribir ‘El arte de la guerra’.

Ya hay una reacción de la agencia oficial norcoreana a las palabras de Trump. Afirma que no es posible la negociación con alguien que carece de sentido racional y que la única respuesta posible es la fuerza. En 2013, escribí que EEUU y Corea del Norte no están condenados a la guerra. Con Trump y Kim compitiendo en amenazas y arrogancia, ese es un análisis que conviene revisar, por mucho que el nivel de DEFCON sea ahora muy bajo. Y ya sabemos quién tiene el acceso exclusivo a los códigos nucleares en la Casa Blanca.

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Los ciudadanos españoles como figurantes de un parque temático turístico

La polémica sobre el turismo en España se ha convertido en un excelente test de Rorschach sobre el interés que despierta el problema de la vivienda en partidos políticos y medios de comunicación. Y quien dice vivienda, dice también por extensión la sostenibilidad de la vida en las ciudades, eso que se suele denominar calidad de vida.

La constatación de la invasión de los pisos turísticos en varias ciudades de España llevaba tiempo apareciendo en algunos medios como el típico problema en el que sólo unos pocos se habían percatado hasta ahora y que comenzaba a tener dimensiones preocupantes. Se enfrentaba al silencio oficial de la mayoría de las instituciones que cuentan con competencias, porque en España las comunidades autónomas se dividen en dos en relación al turismo: las que quieren promocionarse como destino turístico y recibir más turistas, y las que ya reciben muchísimos y no creen que pueda haber un límite: quieren más.

De vez en cuando, se escuchan voces que piden buscar un turista con más poder adquisitivo, pero lo hacen con la boca pequeña y para aparentar. Ante la duda, más turistas, no importa cómo, de dónde y a qué precio.

Continúa en Zona Crítica.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Cómo no hacer una adaptación en el cine: el caso de ‘Ghost in the Shell’.

–Todo está coreografiado en las escenas de violación en el cine.
El tono de Shepard en las películas de Christopher Nolan.
Woody Harrelson con orejas postizas para hacer de Lyndon Johnson.
–Batalles navales en ‘Juego de tronos’ (spoilers).
–El ántrax que está matando a los chimpancés de Costa de Marfil.
–Qué es lo que no hay que hacer en una catástrofe.
–Una misteriosa estación de radio rusa y su origen en la guerra fría.
–Persiguiendo tormentas.
–Buscando al oso polar en el Ártico.
–¿Puede un pulpo cazar en tierra?
Curiosity, cinco años trabajando duro en Marte.

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¿Quién necesita cobertura sanitaria cuando tienes a Jesús contigo?

La Casa Blanca y el Partido Republicano han fracasado en su intento de acabar con la reforma de Obama que había permitido a decenas de millones de personas contar con cobertura sanitaria por primera vez. Es casi seguro que volverán a intentarlo. Por otro lado, ¿quién necesita tratamiento médico cuando tienes a Jesús contigo?

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