No huyáis a ese partido del que hablan todos pero que no me atrevo a mencionar

Pablo Casado tenía 23 años cuando el PP sufrió el trauma, inesperado para ellos, de perder las elecciones de 2004. Se había afiliado al Partido Popular un año antes. Y tenía 30 cuando el PP volvió al poder y gobernó condicionado por la recesión y la vigilancia de la Unión Europea. Ya metido en política hasta el fondo, vio cómo una moción de censura –también inesperada– se llevaba por delante al Gobierno de Rajoy. Así que es posible que Casado lleve toda su vida adulta resentido porque la vida es injusta con la derecha, cuando la izquierda representa el mal con todas sus letras.

En la intervención con la que clausuró la convención del PP, Casado soltó todo ese resentimiento y lanzó un discurso duro y violento mostrando todo su desprecio por la izquierda y los valores que defiende. A gritos, aunque antes había dicho que “la política no consiste en gritar muy fuerte”. No crispado, porque la posición de ataque le sale a Casado de forma natural. Sólo suena algo artificial cuando habla de pactar, como si tuviera que decirlo por compromiso.

En su último libro, José María Aznar decía que echaba de menos en Europa las guerras culturales tan habituales en EEUU, por aquello de refutar cada día eso que llama la “superioridad moral” con que se maneja la izquierda. Casado irá a esa guerra encantado, con una sonrisa en la cara, porque esa es una cruzada que cree que la derecha está perdiendo desde que él llegó a la edad adulta. Hay que sacar los dientes y morder.

Ese nivel de violencia verbal contra la izquierda llegó al límite cuando defendió la prisión permanente revisable con esta frase: “El PSOE y sus aliados quieren que los condenados por delitos monstruosos salgan a la calle”. Como en el anuncio de Willie Horton de la campaña de George H.W. Bush contra Dukakis, la izquierda es esa gente a la que encanta que los asesinos y violadores deambulen por la calle ocupándose de sus asuntos. Pasó después a referirse en este asunto al “síndrome de Estocolmo de la progresía española”. No se sabe por quién ha sido secuestrada. ¿Por los violadores?

Cada punto de su programa que Casado explicó incluía un ataque a la izquierda que cuestionaba su respeto a la libertad y los derechos. Fueron recibidas por la audiencia con una gran ovación de los asistentes en pie sus palabras sobre la educación. Pidió que los padres puedan elegir el colegio que quieran para sus hijos, no importa dónde esté, y también si es concertado. Con furia, Casado gritó: “¡Saquen las manos de la educación! ¡No adoctrinen a nuestros hijos!”.

No se refería a la asignatura de religión.

El miedo al partido que no debe ser nombrado

En el tramo inicial del discurso, Casado incidió en el asunto que más preocupa a los dirigentes del PP, como se vio el sábado en la intervención de Aznar. El atractivo que parece despertar Vox entre muchos votantes del PP es lo que de verdad les quita el sueño, no la izquierda diabólica. Casado mencionó la “fragmentación electoral” como nuevo eufemismo en relación a la primera vez en que el partido tiene una seria competencia electoral a su derecha.

El presidente del PP imploró a los votantes que han abandonado el partido o que se lo están pensando que no miren a otras formaciones. No criticó en ningún momento a Vox o sus ideas, ni las nombró. Se trataba sólo de una especie de cálculo político. “A España no le va mejor con menos PP. Menos PP está resultando en menos España, más populismo, más nacionalismo”, dijo.

Al decir que “aquellos que se fueron a buscar al PP fuera del PP no lo han encontrado ni lo van a encontrar”, estaba admitiendo que la irrupción de la extrema derecha se debe más a errores propios que a virtudes de otros. “Tenemos que volver a hacer popular este partido”, era también un reconocimiento de que ya no lo es y de que las encuestas con las que cuenta Génova lo confirman.

Ante una audiencia entregada, Casado se podía permitir soñar con unicornios y princesas encantadas: “Tenemos que volver a los diez millones de votos”. Es una meta fuera del alcance en estos momentos para el PP y para cualquier otro partido.

Primer aviso de Feijóo

El mensaje duro y descarnado de Casado, no muy centrista, contrastó con unas declaraciones de Núñez Feijóo en El Mundo. El presidente de la Xunta no había sido muy explícito en su discurso en la convención. El mensaje más claro lo reservó para la entrevista: “Ahora más que nunca, el PP debe abarcar desde la derecha hasta el centro más amplio”. Y un aviso claro contra las veleidades recentralizadores: “Nunca gobernaríamos España” si envían el mensaje de que “vamos en contra del Estado de las autonomías”.

Sea por las declaraciones de Feijóo o de otros, Casado no mencionó su propuesta anunciada en el Congreso de recuperar para el Gobierno central competencias autonómicas en educación, sanidad y justicia. Los barones del PP no entienden muy bien que haya que suscribir el desprecio de la extrema derecha por las autonomías.

De lo que no quedó ninguna duda es de que el Estado es el enemigo, para Casado. Habló del “intervencionismo orwelliano” de la izquierda y de que quiere hacer en el Gobierno “la mayor devolución de libertad” que se haya hecho nunca. Hay que reducir el papel del Estado en todos los órdenes, pero no en todos. Pretende reformar el Código Penal para “penalizar la convocatoria de referéndum ilegal”, e impedir los indultos para los delitos de rebelión y utilizar a discreción la Ley de Partidos contra los independentistas catalanes.

“Pondremos orden en Cataluña”, dijo en una frase que sonó un poco orwelliana o que podría haber dicho el general Primo de Rivera.

Los asistentes a la convención no salieron decepcionados porque este tipo de actos se montan para que los militantes se lleven un chute de adrenalina. A algunos no les terminará de sentar bien, pero eso quedará más claro cuando haya que ir a las urnas. Feijóo lo dejó claro en la entrevista en una pregunta sobre sus futuras intenciones en el partido.

“Los líderes se consolidan cuando ganan las elecciones”, dijo. Hasta entonces, caminan en una suerte de provisionalidad.

Es una frase que no se le ha debido de escapar a Casado.

Aznar le ve las orejas a Vox. 19 enero.

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La caída en el fanatismo a través de las recomendaciones de vídeos extremistas en YouTube

Un joven de 26 años llamó a la policía de Seattle el 6 de enero para comunicar que acababa de matar a su hermano. Dijo que pensaba que se había convertido en un reptil. “Dios me dijo que él era un reptil”, dijo, según el atestado policial. Buckey Wolfe fue acusado de asesinato. La Fiscalía afirmó que es un enfermo mental.

Una persona que examina las teorías de la conspiración, y en especial las llamadas QAnon, ha seguido el rastro que dejó el asesino en YouTube a través de sus ‘me gusta’. No son los únicos vídeos que vio en esa plataforma, pero está claro que sí vio esos vídeos señalados. En lo que se ha fijado es en la evolución de su interés.

Al principio, no había nada político en sus aficiones, que se limitaban a vídeos musicales y sobre estar en forma. Se inició en montajes conspiranoicos, primero de los autores más conocidos (Alex Jones y otros como él) y luego con producciones mucho más delirantes, incluidos vídeos sobre reptilianos.

YouTube abarca todo, desde lo más convencional hasta lo minoritario y extremista. Eso es lo que se ha entendido siempre, además de la dificultad de cribar esa inmensa cantidad de material audiovisual. Sin embargo, en el último año, han aparecido artículos que van más allá, que afirman que YouTube está primando los contenidos más extremistas y cuestionables, y entre ellos obviamente están teorías de la conspiración que cuentan con esa plataforma con una de sus principales herramientas de difusión.

Como ejemplo, este artículo del NYT, según el cual, después de los incidentes racistas de Chemnitz, YouTube recomendaba vídeos extremistas que difundían noticias falsas y mensajes racistas contra los inmigrantes. También este reportaje de The Guardian, que también confirma que el algoritmo de la empresa tiende a recomendar contenidos extremistas y conspiranoicos, y hasta violentos en el caso de YouTube Kids.

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Íñigo no es Manuela y a ti te encontré en la calle

No importa cuántos artículos escriban los politólogos sobre la muerte de los partidos ni de lo convincentes que suenen algunas de sus razones. Una de las grandes paradojas de nuestro tiempo es que cuanto más se habla de la crisis de los partidos como estructuras políticas tradicionales, más aparecen nuevas formaciones con un discurso diferente pero con una conducta muy similar a la de sus parientes de más edad.

¿Hiperliderazgo? ¿Escasa tolerancia con la disidencia interior? ¿Comportamiento endogámico? ¿Control total de las listas electorales? ¿Intrigas internas?

De todo eso hay de sobra en las nuevas formaciones surgidas en los últimos años en España, como Podemos y Ciudadanos. Lo mismo se puede decir del partido creado de la nada con el que Emmanuel Macron llegó a El Elíseo. Es muy fácil hablar de “superar la lógica de partidos” y dejar boquiabiertos a muchos periodistas, y es muy difícil inventar algo nuevo en el mundo real.

Íñigo Errejón negó tres veces a Pablo Iglesias, y a la tercera se produjo el divorcio. Primero, fue el desafío de los errejonistas a la dirección del partido en Madrid con una candidatura de la que Iglesias se enteró el día anterior. Luego, la ruptura se completó hasta llegar a lo personal en Vistalegre2 y quedó a la vista de todos sus votantes (no se incluye aquí las maniobras internas, las peleas a golpe de Telegram y las escaramuzas por persona interpuesta).

Finalmente, se ha producido el último desafío con el anuncio por Errejón de una candidatura a la Comunidad de Madrid hecha a través de una alianza con Manuela Carmena, y por tanto librándose del control de las listas por Podemos. “Hoy todo el mundo sabe que necesitamos un revulsivo”, dice la carta firmada por Carmena y Errejón, que destaca que “una buena parte de esa mayoría necesita un proyecto que renueve su ilusión y confianza en que las cosas se pueden hacer todavía mejor”.

Ergo, Podemos como instrumento político ha fracasado, porque no genera la ilusión y confianza necesarias. Es un poco duro escuchar eso del cofundador de Podemos, actual diputado en el Congreso y candidato designado a la Comunidad de Madrid y luego ratificado en primarias. Si él dice eso, ¿qué no dirán los adversarios de Podemos?

En la Navidad de 2016, la protesta pública de los errejonistas por el cese del portavoz del partido en la Asamblea de Madrid provocó una lluvia concertada de tuits de los dirigentes más cercanos a Iglesias contra Errejón. En esta ocasión, el sector oficial se mantuvo el jueves en silencio en Twitter. El desafío era tan grave que no se podía resolver con 280 caracteres. El líder máximo era el que tenía que responder.

Pablo Iglesias formalizó el divorcio horas más tarde con un mensaje grabado de cuatro minutos en el que colocaba a Errejón fuera del partido y le deseaba en plan sarcástico lo mejor en este “nuevo proyecto político personal”. Estaba claro que se sentía traicionado: “No doy crédito”, “tocado y triste”, “vuelvo a sentir vergüenza”, “este tipo de maniobras”…

Casi era como escuchar a Alaska y Dinarama cantar: “¿Cómo pudiste hacerte esto a mí. Yo, que te hubiese querido hasta el fin. Sé que te arrepentirás”.

Iglesias también tuvo munición contra la alcaldesa de Madrid. Dijo que “el nuevo proyecto de Manuela se parece muy poco al anterior”. Dio a entender que Podemos apoyará su reelección, aunque de una forma que no sólo no es muy apasionada, sino que certifica las críticas a Carmena desde la izquierda.

El líder de Podemos tuvo después la oportunidad de clavar aún más el cuchillo al explicar por qué el partido se presentará a las elecciones autonómicas, por tanto contra Errejón, pero no a las municipales contra Carmena: “Íñigo no es Manuela”.

Lo cierto es que las diferencias existen. Errejón no es alcalde de Madrid ni aspira a una reelección amenazada por la triple alianza de la derecha. No tiene 74 años como Carmena, que ha estado toda su vida fuera de la política de partidos, de los que desconfía, y no va a cambiar de opinión a estas alturas. Errejón sí está en Podemos desde el primer día y ha participado ya en las primarias del partido para estas elecciones. Los inscritos de Podemos confiaron en él para encabezar la lista del partido. Ahora les dice que no, gracias. Su proyecto es otro.

La gran diferencia es que Más Madrid –el proyecto de Carmena al que se suma Errejón– era un intento para no dejar que la dirección de Podemos le hiciera la nueva candidatura electoral con el general retirado Julio Rodríguez de número dos y los actuales concejales que cuentan con la confianza de Carmena relegados a puestos secundarios. La realidad es que Más Madrid se creó para marcar distancias con Podemos. Iglesias podía tolerar eso a Carmena, porque no le quedaba más remedio, pero no a Errejón, después del enfrentamiento personal que puso fin a una gran amistad.

Podemos siempre ha sido el partido de las medidas audaces, no siempre con buenos resultados, el que buscaba sorprender a sus rivales y a los medios de comunicación, el que no quería ser previsible, porque si no saben por dónde vas a aparecer, lo tienen más difícil para controlarte. Ha terminado siendo el partido en que los dirigentes se sorprenden entre ellos con iniciativas inesperadas que pillan a los demás de improviso y terminan minando las relaciones entre ellos.

Y en los nuevos partidos que superan los esquemas tradicionales, las relaciones personales importan. Siempre importan. No es un gran descubrimiento.

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Caos, confusión y descrédito: el regalo de los tories a los británicos con el Brexit

Una broma recurrente en Twitter cuando se habla del Brexit consiste en recuperar cada cierto tiempo el célebre tuit de David Cameron del 4 de mayo de 2015. En la campaña de las elecciones de ese año, que Cameron y los tories ganaron por mayoría absoluta, el primer ministro se infló de arrogancia y escribió: “Gran Bretaña se enfrenta a una elección simple e ineludible: estabilidad y un Gobierno fuerte conmigo o el caos con Ed Miliband”.

Tres años y medio después, caos es una palabra que define sin hipérbole la situación política del Reino Unido 73 días antes de la fecha en que el país iba a abandonar la Unión Europea para siempre. Cameron convocó el referéndum que su partido necesitaba, lo perdió y ahora Theresa May se ha visto enterrada por sus consecuencias tras ser incapaz de frenar un coche que se dirigía al precipicio con la dirección bloqueada por la división del Partido Conservador.

La derrota de Theresa May al votarse el acuerdo al que llegó con Bruselas –432 votos en contra, 202 a favor– fue tan brutal que casi borró varias de las alternativas, no muy sólidas, que pudieran existir. Se decía que si un centenar de diputados conservadores votaba contra su líder, la situación sería insostenible. Una diferencia menor quizá permitiera volver a votar en unas semanas un plan B que fuera como el plan A con unas ligeras modificaciones, o volver a suplicar a la UE unas condiciones diferentes.

Fue aun peor para May. 118 tories repudiaron el texto. Además, May se arriesgaba a que hubiera que remontarse a los años 20 para ver una derrota tan clara de un partido en el Gobierno (Ramsay McDonald, 1924, con una diferencia en contra de 166 votos). Fueron 230 votos los que separaron a May de la victoria. No hay precedentes en la historia moderna del país de una derrota de tales proporciones. Y se produce ahora en un asunto que marcará a Reino Unido durante varias generaciones.

El Brexit, una página en blanco

El referéndum arrojó una diferencia de votos no muy grande, pero significativa en favor de la salida de la UE. Obviamente, al plantear sólo un  o un no, no podía servir para tener claro cómo abandonaría el país la Unión Europea, ni qué precio debería pagar Reino Unido ni qué podía ofrecer Bruselas.

Era una página en blanco que los políticos británicos debían rellenar, y no han sido capaces de hacerlo.

Sabemos lo que los parlamentarios británicos no quieren en distinta medida. Rechazan el acuerdo ofrecido por May. Rechazan salir de la UE sin ningún acuerdo, por las bravas (el No Deal Brexit) por su impacto económico quizá catastrófico. Rechazan un escenario en que el país continúe formando parte de alguna manera de la unión aduanera. Rechazan mantener la libertad de movimientos, porque el Brexit consistía también en cerrar la puerta a la presencia libre de extranjeros que resultaban ser ciudadanos de países de la UE.

Lo que nadie sabe es qué tipo de Brexit quiere el Parlamento británico. No se sabe porque no existe una mayoría de votos en favor de un modelo de decir adiós a la UE que sea viable, es decir, aceptable para la Comisión y los gobiernos europeos y para el propio legislativo. Tampoco existe una mayoría en favor de dar el portazo y al diablo con las consecuencias. Nunca ha existido y por eso Theresa May ha sufrido una hemorragia de ministros en su mandato y ha acabado lanzando una propuesta de acuerdo que ha sido derrotada con estrépito.

Después de la votación, Jeremy Corbyn anunció la presentación de una moción de censura que se votará este mismo miércoles. Tiene muy pocas posibilidades de éxito o ninguna, porque ni los tories ni los unionistas del Ulster la apoyarán. Por sus propias razones, que no tienen que ver con las de los conservadores, Corbyn no está en contra de abandonar la UE. Eso es un problema en un partido en el que más del 60% de sus votantes votó en contra del Brexit en 2016, así como la inmensa mayoría de sus diputados.

Pedir una prórroga antes del fin del partido

Hay un cierto consenso de que el día después obliga a Londres a solicitar a Bruselas una prórroga del periodo que debía culminar en marzo con la salida de la UE tras la aplicación del artículo 50. Es una forma humillante de reconocer el fracaso, que por lo demás está en la línea de la forma de hacer política en Bruselas: lanzar el problema hacia delante a ver si se nos ocurre algo.

La Comisión será comprensiva, pero el tiempo extra deberá ser aprobado por todos los gobiernos europeos. Por ello, se debería exigir a Londres saber por cuánto tiempo y para qué. Es cierto que Bruselas también teme el No Deal y no quiere resignarse a ese desenlace.

La actitud receptiva de la UE no solucionará el problema de partida. Para entonces, es probable que cobre fuerza la idea de un segundo referéndum, esta vez no como una especulación o una reacción despechada de los partidarios del Remain, sino como la última solución factible tras descartarse todas las anteriores.

Sería la segunda admisión del fracaso por parte de toda la clase política y la constatación de que nunca hubo una idea clara y realista sobre la forma de salir de la UE. Un trago ciertamente duro de aceptar.

“Winter is coming”, dijo el ministro tory Michael Gove unas pocas horas antes de la votación. Él fue uno de los pesos pesados del partido con más influencia en la campaña del referéndum a favor del Brexit. Gove y otros como él trajeron el invierno a la política británica y ahora descubren horrorizados que hace mucho frío. Demasiado tarde para sus compatriotas.

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Cómo se vota en el Parlamento británico

En este vídeo, Carl Dinnen, de ITV News, nos explica cómo se vota en la Cámara de los Comunes en una ocasión como la de esta noche cuando los diputados deben dar su veredicto –se supone que definitivo, pero quién sabe– sobre el acuerdo del Brexit al que llegó Theresa May con la Comisión Europea.

El vídeo es del 10 de diciembre, y por tanto las referencias concretas tienen que ver con esa fecha. Entonces, era cuando se iba a votar, pero May decidió trasladar la votación a enero con la esperanza de tener mejores opciones, lo que finalmente no ha ocurrido.

Como vemos en las imágenes de la zona que raramente se ve en televisión, los diputados se encaminan a dos salas (más bien un pasillo bastante ancho) situadas detrás de la posición que ocupa el presidente de la Cámara. Los del sí a una y los del no a la otra. Al salir de ella por el otro lado, comunican su nombre a las personas que se ocupan de contabilizar los votos.

La Cámara de los Comunes continúa haciendo las cosas a la manera tradicional.

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Hebrón, un ejemplo perfecto de apartheid

Hay pocos lugares en los que los palestinos de Cisjordania viven en una situación más cercana al apartheid que en la ciudad de Hebrón. Este reportaje de AJ+ hace un breve resumen de las condiciones de vida en una localidad de más de 200.000 habitantes cuyos derechos, incluida la simple capacidad de trasladarse de un lugar a otro, están limitados, en ocasiones anulados, por la presencia de 850 colonos israelíes.

A lo largo de décadas, los colonos han obtenido permiso para extender sus dominios, llevar armas en todo momento y protagonizar incidentes violentos contra los palestinos que no son investigados.

En el reportaje aparece Yehuda Shaul, de la ONG israelí Breaking the Silence, que explica cuál es la función del Ejército. La podríamos denominar acoso estructural. Se dedican por ejemplo a entrar en los domicilios particulares para hacer notar su presencia de forma constante y supuestamente servir de efecto disuasorio para impedir ataques violentos. La intervención militar está pensada para preservar una situación en la que se sólo se protegen los derechos de una pequeña minoría sobre la inmensa mayoría de los habitantes. Forman un grupo que representa además al sector más fanático y ultrarreligioso entre los colonos judíos que viven en territorio palestino.

Breaking the Silence tiene publicado un informe de 70 páginas con testimonios de soldados israelíes que pasaron por esa ciudad entre 2011 y 2017. “La misión allí no es mantener el orden. La misión es imponer la supremacía judía en la ciudad de Hebrón. No es que los soldados estemos entre la espada y la pared, sino que nosotros somos la espada que los colonos lanzan a los palestinos”, dice uno de ellos.

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Un ataque con un dron ‘suicida’ en Yemen contra una base militar

Las milicias huzíes han lanzado un ataque con un dron sobre una base de la Fuerza Aérea yemení precisamente en el momento en que se celebraba un desfile con la presencia de las principales autoridades militares del Gobierno. La base aérea de Al-Anad se encuentra a 60 kilómetros al norte de Aden. Seis militares han muerto, según medios locales, y entre los heridos está el número dos del Ejército.

El ataque revela hasta qué punto el débil Gobierno local y sus patrocinadores en Arabia Saudí y Emiratos Árabes están lejos de eliminar a sus adversarios, a pesar de su completa superioridad aérea y de la campaña de bombardeos masivos que se prolonga desde hace más de tres años. Ni siquiera son capaces de proteger una de las instalaciones militares más importantes.

Por otro lado, también demuestra que los drones pueden suponer en el futuro una forma eficaz de enfrentarse a un enemigo muy superior. Se sospecha que el dron utilizado es de fabricación iraní, no de los que disparan misiles, sino un modelo cargado de explosivos y metralla que se lanza directamente contra el objetivo.

En el vídeo (segundo 35), se puede ver cómo no pasa casi tiempo desde que el orador se detiene un momento al escuchar el ruido del dron y gira la cabeza a su izquierda antes de que se produce la explosión. Después de que se vacíe la tribuna, las imágenes muestran un cadáver en el suelo y un charco de sangre junto a las sillones reservados a las autoridades.

No es fácil abatir un dron a tiros. Guerra Eterna, 7 enero.

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Nuevas lecciones de Derecho Constitucional del legionario Pablo Casado

Mientras en las fechas navideñas los españoles se daban a los encuentros familiares, las grandes comidas y los regalos, Pablo Casado tenía una misión que no podía esperar: visitar Ceuta y Melilla por tercera vez desde que fue elegido líder del PP. La intención era mantener caliente el tema de la inmigración precisamente cuando Génova –que no el PP andaluz– está dirigiendo la negociación con Vox para conseguir la investidura de Juanma Moreno.

En un acto relacionado con la memoria histórica que sí le interesa y hasta le conmueve, Casado acudió al Panteón Militar de Melilla para rendir homenaje a los militares muertos en el Desastre de Annual donde cayeron 10.000 hombres en uno de los episodios más lamentables de negligencia militar de la historia contemporánea de España, como certificó el informe del general Picasso.

“Creo que muchos de los que estamos aquí compartimos muchos de los valores y principios no sólo de la Legión, que el año que viene cumplirá 100 años desde su creación, sino en definitiva de las Fuerzas Armadas”, dijo Casado con el convencimiento de que los símbolos de españolidad tan gratos para las autoridades de las dos ciudades africanas de España son igualmente compartidos en el resto del país.

En la visita anterior en julio, el presidente del PP había dado la cifra falsa de un millón de inmigrantes que están en Libia a punto de dar el salto a Europa, es decir, a España. Sembrar la alarma continúa siendo un elemento fundamental de su estrategia.

Casado no ha desperdiciado ninguna oportunidad para hacer ver a los votantes de Vox en Andalucía que las ideas que les llevaron a votar a ese partido de extrema derecha son también las suyas y las del Partido Popular. En varias comunidades autónomas hay dirigentes del PP que empiezan a preguntarse por qué su líder está dignificando con tanta intensidad el mensaje de un partido cuya función es quitarle votos.

Donde no tiene piedad Pablo Casado es con el Gobierno de Pedro Sánchez. Una oposición dura del primer partido de la oposición a un Gobierno sin mayoría absoluta entra dentro del manual habitual en política. Lo que no es corriente es que se decida negar al partido del Gobierno la mínima legitimidad democrática. Es lo que hizo Casado en diciembre cuando acusó a Sánchez de “gobernar contra la Constitución” por no aplicar el artículo 155 a Catalunya. De Podemos ya ni hablamos. “Lleva años fuera de la Constitución”, dijo. A la izquierda de Casado, sólo está el horror. A su derecha, todo es menos peligroso.

Vox, el alumno aplicado

Casado puso el listón constitucional tan alto que inevitablemente tenía que dejar fuera a Vox, un partido que por ejemplo quiere acabar con el Estado autonómico tal y como lo conocemos. “El Estado de la autonomías está acabando con la igualdad, la libertad y la prosperidad de los españoles”, llegó a decir Santiago Abascal.

Sin embargo y a pesar de estas declaraciones y de todo lo que prometió la ultraderecha en la campaña andaluza, Vox obtiene como mínimo un aprobado en el examen de la asignatura de Derecho Constitucional impartida por Casado. “Lo que está diciendo Vox en Andalucía está dentro de la Constitución”, dijo el martes en una entrevista en Onda Cero. Queda la duda de si se refiere al desmantelamiento del Estado autonómico, la islamofobia, la xenofobia o la negativa a reconocer la lucha contra la violencia contra las mujeres.

Sólo tuvieron que pasar unas horas para que el PP descubriera los riesgos sanitarios de irse a la cama con Vox. El partido de Abascal difundió su documento de exigencias para las negociaciones con el PP en Andalucía. No hay sorpresas para cualquiera que haya seguido su campaña en las elecciones autonómicas. Reclama desmantelar en Andalucía la red de protección social a las mujeres que sufren violencia machista y niega que exista la discriminación de la mujer en España desde hace décadas. Quiere obligar a la Junta a que delate a los inmigrantes sin papeles para que sean deportados por decenas de miles. Pretende acabar con las competencias en sanidad y educación de la Junta, que se enviarían de vuelta a Madrid.

A última hora del martes, el PP se vio obligado a corregir la nota del examen hecho por Casado. “Varios de los puntos son un auténtico despropósito que el PP no puede respaldar”, dijeron fuentes del partido, que aparentemente acaban de descubrir la realidad de la extrema derecha en Europa. No han debido de leer las noticias que han aparecido en los medios en los últimos años.

Algunos sí son más conscientes del peligro. Un líder autonómico del PP resumió al periodista Pablo Montesinos la situación presentada por el documento de Vox: “Derogar la ley de apoyo a las personas LGTBi y aprobar una de apoyo a la caza. Ya está todo dicho. Es el peligro de alimentar monstruos”.

Casado ha decidido que Moncloa bien vale una misa de Vox por muchos monstruos que aparezcan en la ceremonia. Por eso, no puede entender el mensaje de los liberales de Emmanuel Macron. “Para mí, no puede haber ningún compromiso con un partido de extrema derecha con valores opuestos a los nuestros”, dijo el martes la ministra francesa Nathalie Loiseau.

Los valores no aportan créditos en las clases de Derecho Constitucional de Pablo Casado.

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No es fácil abatir un dron a tiros

Disparar a un dron que pueda ser una amenaza para unos soldados no es tan fácil como pueda parecer. El incidente ocurrido en el aeropuerto de Gatwick –aunque al final no está claro que existieran esos drones que obligaron a detener el tráfico aéreo– llevó a mucha gente a preguntarse por qué los tiradores de la policía o el ejército no pudieron derribarlos.

El periodista de BBC Quentin Sommerville explica con una serie de vídeos cómo los esfuerzos de los soldados iraquíes por deshacerse con sus fusiles de los peligrosos drones lanzados por el ISIS en el campo de batalla en Mosul no tuvieron mucho éxito. Al menos con los modelos pequeños de drones, modelos civiles comprados en el extranjero y adaptados para tomar imágenes o lanzar granadas, lanzar una lluvia de balas no resultó una solución muy efectiva.

La conclusión final es que la única manera de asegurarse de acabar con ellos es matar al operador del dron.

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El naufragio de la Freedonia catalana

De todos los obstáculos que el proceso independentista en Catalunya ha afrontado, hay uno en el que quizá no habíamos reparado. “Si no fuera porque en Cataluña hay más de 200.000 funcionarios que no están dispuestos a renunciar unos meses a sus sueldos, ya podríamos ser independientes”, dijo en una ocasión un conseller. Todo es más fácil si la gente acepta prescindir de comer.

Lo cuenta Lola García –periodista y directora adjunta de La Vanguardia– en el libro ‘El naufragio. La deconstrucción del sueño independentista’ (Ediciones Península). A estas alturas, el número de libros originados por el procés no ha superado la cifra de autos judiciales, pero está cerca, por lo que el lector puede sentir la tentación de dejarlo pasar. Aun así, este libro es uno de los mejores relatos periodísticos disponibles sobre la mayor crisis sufrida por el sistema político español desde 1977, una crisis con varios escenarios que hacen que es difícil que un solo libro pueda captar todos los matices.

El procés ha sido muchas cosas, pero hay una que destaca sobre las otras. Ha supuesto la mayor movilización popular en un país de Europa occidental en la última década, y además de forma continuada a lo largo de varios años. La mitad de la sociedad catalana multiplicó sus aspiraciones identitarias y las contrastó con lo que percibían como un Estado en decadencia, el español, aquejado por una profunda recesión económica, como el resto de Europa. A partir de ahí, los partidarios de la independencia entregaron el testigo a los políticos, porque a fin de cuentas no se obtiene la secesión con una manifestación al año, por masiva que sea. Ese fue el momento en que comenzaron sus problemas.

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