El Brexit impulsa la xenofobia y el racismo en el Reino Unido

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La campaña del Brexit tenía como uno de sus principios irrenunciables la idea de “recuperar el control de las fronteras”. El rechazo a la inmigración, –cuando no una xenofobia nada oculta– fue uno de los factores de movilización que más éxito tuvo en las urnas. Es posible que el sistema político se encuentre en un estado de parálisis sin tener muy claro qué hay que hacer a partir del referéndum, pero en la calle mucha gente tiene las ideas más claras. Es hora de expulsar a los extranjeros, sobre todo si tienen la piel más oscura.

Las denuncias presentadas en una página web oficial dedicada a ello fueron un 57% superiores entre el jueves y el domingo con respecto al mismo periodo del mes anterior. Este es uno de los incidentes, ocurrido en la mañana del martes en Manchester. Es uno de los más comentados sólo por el hecho de haber sido recogido en vídeo.

En otro incidente alguien lanzó un cóctel molotov contra una tienda halal en Walsall, al norte de Birmingham.

Crecidos por la victoria del Brexit, los ingleses de ideas racistas han dado rienda suelta a sus instintos. Las denuncias por ataques verbales se multiplican por todo el país. En la mayoría de los casos, no desembocan en incidentes graves –por tales me refiero a agresiones físicas–, pero la escalada resulta obvia. Gente que nunca en su vida había sido testigo de un acto obviamente racista ahora no da crédito a lo que ve. Dicen que creen haber despertado en un país que no conocían. Incluso delante de los colegios hay gente diciendo a los niños de origen extranjero que van a ser expulsados.

En el Parlamento, tanto David Cameron como los líderes de la oposición han mostrado su rechazo más absoluto a estas agresiones. Las personas que las protagonizan no estarán muy preocupadas por la forma en que se reciban en el mundo de la política. Están acostumbrados a repetir que el país está hundido en un agujero por culpa de las decisiones de los gobiernos, por permitir la entrada de tantos extranjeros, y sólo han encontrado consuelo en las páginas de los tabloides que desde hace años pintan a los inmigrantes como unos parásitos que –aunque sea algo contradictorio– dejan a los ingleses sin sus empleos y al mismo tiempo reciben generosos subsidios públicos.

La dieta xenófoba de tantos años y la euforia por el Brexit sólo podían tener este desenlace.

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Los jóvenes británicos han sido traicionados por ellos mismos

Son algunos de los testimonios más escuchados en las últimas 48 horas. Jóvenes airados, decepcionados por el resultado del referéndum, que denuncian que les han robado el futuro. Los que tienen entre 18 y 24 años votaron en un 75% en contra del Brexit, según el sondeo final de YouGov.

El dato llama la atención. Hubo otros en un tuit de los más compartidos en redes con el número de años que le restan por vivir a cada fracción del electorado por edad, el tiempo en que tendrán que soportar las consecuencias del Brexit en función de su esperanza de vida. Aquí hay algo de trampa, porque supone creer que el Reino Unido nunca volverá a la UE, lo que es mucho decir.

Pero faltan otros porcentajes que son los que de verdad marcan la diferencia. Obviamente, me refiero al dato de participación.

Se trata de una estimación a partir de una encuesta, no de datos oficiales. Quizá la cifra real no sea muy distinta. Desde luego, no es muy diferente al habitual en otros países europeos.

Los jóvenes votan muy poco. Si nos vamos hasta los treintaytantos, las cifras aumentan, pero nunca al nivel de los mayores de 55 años y mucho menos al de los jubilados.

Si no votas, alguien tomará la decisión por ti. Un consejo que sirve también para las elecciones de hoy en España. En realidad, sirve para todas.

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¿Cuántos británicos deberían arrepentirse del voto por el Brexit?

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Votar en unas elecciones o referéndum no significa saber exactamente cuáles serán las consecuencias. ¿Por qué? Porque es imposible, en especial cuando la cita en las urnas es de tanta importancia como la del Brexit. Es un error pensar que los ciudadanos son tan ignorantes como para que sea una locura preguntarles por asuntos complejos, porque para eso están los gobiernos y los partidos. ¿Acaso no tiene consecuencias muy serias elegir a un partido para que gobierne los próximos cuatros años?

Y sin embargo…

Si fuera un caso aislado, no habría que darle mayor importancia. Pero algunos periodistas británicos cuentan en Twitter que han encontrado muchas personas con opiniones similares tras la victoria del Brexit. Al saber lo que ha ocurrido, ahora votarían de forma diferente. Quizá sea el shock del primer día, las noticias sobre la caída de la Bolsa y de la libra (la primera se ha atenuado a lo largo de la jornada, pero en una economía volcada al exterior la segunda es mucho más importante), la dimisión en diferido de Cameron, la incertidumbre que puede encontrarse en todas las noticias y análisis.

Los votantes no siempre son conscientes de las repercusiones de estas decisiones. Por cierto, los periodistas y los políticos, tampoco.

Y sin embargo…

Una de las cosas que más llama la atención del resultado del referéndum es cómo muchas personas –y aquí no son casos aislados– han votado no olvidándose del bolsillo, sino contra sus intereses económicos más obvios. No hablo aquí de los intereses de la economía británica en su conjunto, ni de los de un grupo de empresas. Hablo de puestos de trabajo que dependen de la pertenencia del Reino Unido a la UE porque sus exportaciones van a esos países, de regiones que han prosperado en buena parte gracias a los fondos estructurales que gestiona Bruselas.

De media, cuanto más alto es el porcentaje de producción de una región orientada a la exportación a la UE, más alto es el porcentaje de votos a favor del Brexit, dice el FT, basándose en un estudio anterior que ahora se ha confirmado.

Entonces es cuando hay que pensar en la información que han recibido esos votantes, tanto desde los medios de comunicación como desde los partidos. Y no sólo en las últimas semanas, sino desde hace años.

La campaña a favor del Brexit insistió varias veces en un dato capaz de captar la atención de la gente: el Reino Unido aporta 350 millones de libras a la semana al presupuesto comunitario. Es falso. La cifra real está en torno a los 136 millones. Pero es más importante lo que supuestamente se podría hacer con ese dinero. La campaña oficial del Leave insistió en que ese dinero debería utilizarse específicamente en la financiación de la sanidad pública, que no recibe desde hace tiempo los fondos necesarios. ¿Quién puede oponerse a eso? Los británicos adoran el NHS, el servicio público de salud. Es el elemento del Estado del bienestar del que mejor opinión tienen los habitantes del país.

Y sin embargo…

En la mañana del viernes, ya con la victoria del Brexit en todos los titulares, preguntaron a Nigel Farage si podía garantizar que ese dinero extra, los famosos 350 millones, se destinarían al NHS. El líder de Ukip dijo que no y que esa promesa fue un error. La periodista no daba crédito: “Fue por eso por lo que les votaron”. Obviamente, Farage nunca dijo en la campaña que ese compromiso en favor de la sanidad pública no fuera a cumplirse.

No es posible entender el resultado del referéndum sin todos los años de desinformación y a veces simples mentiras que los medios de comunicación británicos han difundido sobre la UE y la pérdida de soberanía de las instituciones británicas. En muchas ocasiones, esas historias tenían que ver con el aumento de la inmigración, como he explicado aquí, también desde otros países de la UE gracias a la libre circulación de trabajadores.

Ese ha sido uno de los puntales de la campaña a favor del Brexit, la idea de “controlar las fronteras” para reducir la inmigración neta, alentada por múltiples portadas alarmistas de los tabloides desde hace años, que presentaban a los extranjeros como unos parásitos que se aprovechaban de la riqueza del país. Ya en la campaña de las elecciones de 2010 que le llevaron a Downing Street, Cameron prometió reducir esa cifra a una inferior a 100.000 al año. Fracasó, y de forma espectacular, porque a fin de cuentas un Gobierno no puede impedir que personas de otros estados de la UE se trasladen a tu país. Brexit significaba reducir esas cifras de forma drástica. El Reino Unido ya no estaría obligado a recibir polacos, búlgaros, españoles o italianos.

Y sin embargo…

Una vez garantizada la victoria, ¿qué tenía que decir Daniel Hannan, eurodiputado tory y una de las voces euroescépticas más presentes en los medios? Nunca dijimos que se iba a producir un descenso radical de la inmigración, respondió a un periodista.

Es fácil mentir en la campaña y admitirlo fríamente cuando el resultado es irreversible. Da que pensar sobre la validez de los referendos y la capacidad de algunas fuerzas políticas de mentir o manipular para conseguir el efecto deseado. Luego no puedes pedir que te devuelvan el voto.

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Las clases populares británicas y el Brexit: desinformación y desconfianza ante la inmigración

Artículo escrito unas horas antes del resultado del Brexit, pero que creo que aún sirve para explicar las razones del veredicto de las urnas.

La mayoría de declaraciones y comentarios en favor del Brexit proceden del campo de la derecha. La cuestión de la salida de la UE lleva dividiendo a los tories británicos desde hace décadas. UKIP es un partido ultranacionalista, aunque ya en las últimas elecciones avanzó posiciones en zonas del centro y norte de Inglaterra habitualmente favorables a los laboristas. Los tres grandes líderes de la campaña del Brexit han sido los conservadores Boris Johnson y Michael Gove y el UKIP Nigel Farage. El propio referéndum ha supuesto un factor de movilización para el nacionalismo inglés que en los últimos años se alimenta del rechazo a la inmigración.

Entre los diputados, está clara cuál es la opción de los diputados laboristas:

Sin embargo, el Brexit no podría ganar sólo con los votantes conservadores. Y algunas encuestas indican que cuenta con un apoyo significativo entre las clases populares que pueden o no votar a los laboristas, pero que tienen un nivel de renta inferior a la mayoría de los votantes favorables a Remain.

Los datos internos de algunas encuestas son reveladores. Con excepción de los euroescépticos de UKIP, en todos los partidos hay una tendencia: cuanto menor es el nivel de estudios del votante, más fácil es que vote a favor de la salida de la UE. Aquí hay otros factores:

El apoyo al Brexit es superior entre los mayores de 55 años, jubilados, residentes en viviendas sociales alquiladas o gente que no ha querido o podido tomar vacaciones en el extranjero en los últimos tres años. Y estos son los factores que más se repiten entre los votantes del Remain.

“En muchas comunidades de clase trabajadora, la gente se está preparando para votar a favor del Brexit no solo como una manera de decirle a la élite neoliberal que están hartos. También quieren incomodar a los trabajadores urbanos, liberales y con educación universitaria. Muchos de los que están involucrados sienten que esta es su primera decisión política efectiva”, ha escrito hace unos días Paul Mason –contrario al Brexit– en The Guardian.

Hay en Reino Unido, como en otros países europeos, una corriente antiestablishment que cuestiona los hechos asumidos por la clase dirigente, incluyo más allá de cuestiones ideológicas. El FMI, la OCDE, la OTAN y otros organismos internacionales han recomendado que el Reino Unido continúe en la UE. Pero también lo han hecho casi todos los dirigentes laboristas y sindicales, incluido Jeremy Corbyn o figuras de la izquierda como Owen Jones.

¿Cuál es el factor relevante? La inmigración y el rechazo que se ha creado a la presencia en el país de trabajadores extranjeros han permitido que el desenlace del referéndum haya estado en el aire durante tanto tiempo, aunque los sondeos en el final de campaña y los pronósticos de las casas de apuestas indicaban una clara derrota del Brexit.

Sin ese rechazo a la inmigración, incluida la de los ciudadanos de otros países de la UE que ejercen el derecho a la libre circulación, el resultado de la consulta no habría estado nunca en duda. Y eso a pesar de que son muy pocos los británicos que creen haberse visto perjudicados personalmente por la inmigración.

Ellos no se ven castigados pero creen que el país en su conjunto, sí. Nada de esto sería posible sin la cobertura de estos temas por los periódicos tabloides, que venden en su conjunto cada día millones de ejemplares. Esta selección de portadas del Daily Express es un buen ejemplo.

portadas express

El Express no está entre los tabloides más influyentes (vende una media de 415.000 ejemplares diarios) y sus titulares suelen ser cómicamente estúpidos. Mucho más importantes son el Daily Mail (1.576.121) y The Sun (1.739.206). El Mirror, por su tendencia prolaborista, suele tener un mensaje diferente. El Mail y el Sun han apoyado el Brexit con sus editoriales, pero esos artículos no tienen tanto peso como los titulares elegidos durante años.

Es una coincidencia muy lógica que uno de los grandes promotores del Brexit, el exalcalde de Londres, Boris Johnson, fuera en su inicial carrera periodística corresponsal en Bruselas, donde se ocupó de distorsionar las noticias de la UE para complacer la idea que el lector del Telegraph tiene de los asuntos comunitarios. Bruselas es siempre en estas informaciones un paraíso de la regulación donde se interfiere en la economía de libre mercado, un nido de burócratas mediocres que intenta microdirigir las vidas de los británicos y anular algunas de las gloriosas tradiciones del Reino Unido.

La desinformación ha sido una constante en esa cobertura, que ha terminado por alcanzar a otros medios de comunicación y ha sido especialmente efectiva en las clases populares de muchas zonas del país. Pero esa es sólo la mitad de la historia. La otra reside en la incapacidad de los que se oponen a la salida de la UE de extender un discurso favorable a la inmigración y compatible con la defensa de los derechos sociales, un mensaje que fuera efectivo entre los británicos que no leen el Financial Times.

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El Ministerio de Michael Corleone

“Joder, si tenéis algo, dádmelo. Dámelo”. “Lo ideal es: si eso está en el juzgado y sale, nadie va a sospechar que sale de la Policía ni de investigaciones policiales”. “Muchas veces, cuando lo publicas, generas una presión mediática que al final haces que cosas que interesan, lo tengan”. “Esto es un torpedo a la línea de flotación”.

Hay que imaginarse a Jorge Fernández Díaz salivando de emoción al escuchar al director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel De Alfonso, desgranando los indicios, nada concluyentes, con los que cuenta para empapelar a dirigentes independentistas catalanes. Ves al ministro frotándose los manos cuando oye a su agente doble en Cataluña explicar que tiene algunas pistas interesantes para luego lloriquear diciendo que no está del todo claro y que debe tener cuidado porque él está hasta el final con el ministro, pero, claro, tiene mujer e hijos, y ya sabemos que no se suele tener misericordia con los espías.

No es Mortadelo y Filemón. No es Anacleto, agente secreto. No es Austin Powers. No es nada divertido, incluso si por momentos puede sonar a chapuza.

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Las encuestas del Brexit se igualan

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Los titulares de alarma de hace unos días sobre un muy posible triunfo del ‘no’ a la UE en el referéndum británico han quedado antiguos. Los últimos sondeos revelan un cambio de tendencia en favor de la permanencia. Lo más relevante es que su trabajo de campo se hizo en su mayor parte antes del asesinato de la diputada laborista Jo Cox y de la polémica por la agresividad que había contaminado a la campaña. El efecto de esa tragedia está aún por definirse.

Las diferencias son escasas y no tiene sentido dar por hecho que el resultado esté decidido. La incógnita va a persistir hasta el final, aunque sólo sea por los errores de las encuestas en las últimas elecciones británicas y el referéndum de Escocia.

Según la explicación que dan en YouGov, la clave estaría en que son más las personas preocupadas por el impacto económico del Brexit. En la encuesta publicada por The Sunday Times, un 33% cree que estaría económicamente peor en caso de salida de la UE. Hace dos semanas, ese porcentaje era del 23%. Anthony Wells, de YouGov, comenta que esa tendencia se produjo también antes del referéndum escocés. Tras un largo periodo de tiempo sin grandes cambios, primero hubo una movilización del voto a favor de la independencia, detectada por los sondeos, y luego una corrección en sentido contrario cuando en la última semana los votantes prestaron más atención a las consecuencias económicas.

El mensaje desde el establishment era claro. Más allá de la defensa de ciertos valores sobre la identidad nacional, lo más efectivo fue hacer hincapié en las incertidumbres económicas, cuando no el pronóstico de la pérdida de prosperidad. Ahora ocurre lo mismo. En el terreno del corazón y de los sentimientos, los nacionalistas –antes escoceses, ahora ingleses– llevan ventaja. Cuando se acerca la hora de votar, toca pensar con la cabeza, y es lo que hacen los sectores de la opinión pública que hasta ese momento no estaban muy movilizados.

El “presupuesto de emergencia” al que se refiere el tuit fue el aviso/amenaza de George Osborne, ministro de Hacienda y contrario al Brexit, que dijo que en caso de victoria de sus rivales, habría que aprobar un presupuesto extraordinario que incluiría subidas de impuestos. Llamémosle ejercicio de crudo realismo (sería absurdo pretender que el referéndum no tendría consecuencias económicas inmediatas) o apelación evidente al voto del miedo, lo cierto es que la economía será un factor básico en la decisión de muchos votantes.

Y por último está el impacto que pueda tener el asesinato de Jo Cox, un hecho tan dramático y tan cerca de la fecha de las urnas que nadie sabe con seguridad cómo puede influir. Pero supuso un parón de la campaña cuando los titulares de las encuestas indicaban una clara ventaja de los partidarios del Brexit y los políticos euroescépticos se las prometían muy felices. En el único sondeo cuyo trabajo de campo se hizo después del jueves, se ha producido un giro completo, aunque pocas conclusiones se pueden sacar de una sola encuesta.

Si el atentado cometido por un individuo de ideas ultraderechistas y por tanto enemigo de la UE provoca un aumento de la participación, no es descabellado pensar que el ‘no’ a la UE se vea perjudicado. Los partidarios de la salida de la UE llevan mucho tiempo movilizados y esperando que llegue el día. Un aumento repentino de la participación en la última semana puede favorecer a sus rivales.

Al menos según la encuesta de YouGov, entre los indecisos es más probable un voto a favor del Remain en una relación de dos a uno. El Gobierno de Cameron confía en que el miedo al futuro económico y la respuesta a la muerte de Cox desequilibren a su favor un resultado que todos dicen que estará muy ajustado.

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Miedo, asco y algo de risas en los mítines de Trump

Tres millones de visualizaciones después, está claro que el vídeo de Mike Diva es el mejor spot de la campaña norteamericana (y no, no es de una televisión japonesa, sino una parodia con un final glorioso que deja claras las intenciones del autor). Pero antes de que pensamos que esa mezcla de entretenimiento, culto a la personalidad e ideas extremas es lo que está detrás del éxito de Donald Trump, podemos echar un vistazo a los tuits con los que hace unos días un periodista resumió su experiencia en un mitin de Trump en Carolina del Norte. Aquí van algunos de ellos: Sigue leyendo

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El PSOE ha sido su peor enemigo

sanchez diaz

No hay campaña electoral sin declaraciones políticas que hacen reír (Rajoy, emocionado con un campo de alcachofas) y otras que hacen sonreír porque revelan hasta qué distancia un político está dispuesto a tirar las redes para conseguir votos. Pablo Iglesias lo ha demostrado esta semana con sus elogios a José Luis Rodríguez Zapatero, padre de la reforma del artículo 135 de la Constitución, socio del gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, en el desastre de las cajas de ahorro y autor de la primera entrega de recortes en la economía por imposición de la UE en mayo de 2010. Con esos antecedentes, ¿cómo no va a inspirar a los que quieren un cambio real en el sistema político y económico?

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El asesinato de Jo Cox obliga al Reino Unido a enfrentarse al discurso del odio

yorkshireLa campaña del referéndum británico del Brexit ha quedado suspendida tras el asesinato de la diputada laborista Jo Cox el jueves en la localidad inglesa de Birstall. No se sabe cuándo se reanudará, pero es seguro que cuando lo haga todo será muy diferente. El testimonio del esposo de Cox –al igual que el de muchos políticos– incide en algo de lo que también se ha hablado en EEUU tras la matanza de Orlando. Con independencia de que a esta hora sea difícil tener claras las auténticas motivaciones del asesino, está claro que se ha tratado de un acto de odio y que la mejor respuesta ante él no consiste en refugiarse en ese mismo odio.

Un testigo del asesinato de Cox ha dicho que su agresor gritó “Britain First”, que es también el nombre de un grupo de extrema derecha favorable al Brexit (y que ha condenado el atentado y negado cualquier relación con él). Ha surgido una relación antigua de ese hombre –Thomas Mair, de 52 años– con un grupo euroescéptico que había apoyado tiempo atrás al régimen surafricano del apartheid. Su familia, tan sorprendida como el resto de la gente, ha dicho que no le conocían ninguna actividad política.

Antes de llegar a la política, Jo Cox, de 41 años, había trabajado durante muchos años en las ONG, en Save the Children y Oxfam. Como directiva de Oxfam, había viajado a Gaza y ya como parlamentaria formaba parte del grupo laborista Labour Friends of Palestine. En los Comunes, se había distinguido por su defensa de los derechos de los refugiados sirios y había pedido que el país acogiera a más víctimas de la guerra de Siria.

La campaña sobre la salida de la UE está siendo virulenta y dramática. No es extraño si tenemos en cuenta lo que se juega el país. A diferencia de unas elecciones, cuyos resultados pueden cambiar cuatro años después, como muy tarde, un referéndum divide a una sociedad en dos bandos y su desenlace suele ser irreversible.

Hemos visto a los partidarios del , sobre todo en el sector del Gobierno de Cameron contrario al Brexit, incluido su primer ministro, anunciar todo tipo de tragedias económicas si el país abandona la UE. Es el voto del miedo que de una forma u otra funciona en todas las citas electorales.

Pero el discurso de los partidarios del no es distinto. También se refieren a cuestiones económicas, pero el nudo central de sus mensajes están íntimamente relacionado con la identidad nacional y, de forma nada velada, con la amenaza exterior que supone la inmigración (y eso incluye a los ciudadanos de otros países de la UE que viven en el Reino Unido gracias a la libre circulación de personas en territorio comunitario). Para ellos, la patria está en peligro y el estilo de vida británico –más allá de lo que pueda significar eso- puede desaparecer por la llegada masiva de extranjeros.

Si había alguna duda, Nigel Farage la despejó en la mañana del jueves con un acto de la campaña.

La imagen es una cola inmensa de refugiados en Europa Central que se utiliza de forma demagógica para dar a entender que el Reino Unido ha perdido el control de sus fronteras, lo que es falso, y que puede sufrir una invasión si el país continúa dentro de la UE. El cartel de UKIP, el partido de Farage, dice que “debemos recuperar el control de nuestras fronteras”.

Está claro que sus partidarios lo entenderán como una acusación a aquellos que se oponen al Brexit y que por tanto están poniendo en peligro la integridad del país.

Uno de los artículos más citados en las últimas horas ha sido el escrito por Alex Massie en la web de The Spectator.

“Nigel Farage no es responsable del asesinato de Jo Cox. Ni lo es la campaña de Leave (en favor del Brexit). Pero son responsables de la forma en que han presentado sus razones. No podían saber que algo así podía pasar, desde luego, y estarán tan impresionados y horrorizados como todos los demás.

Pero, aun así. Vean. Cuando fomentas la rabia, no puedes fingir sorpresa cuando la gente se enfurece. No puedes girarte y decir: ‘Amigo, no deberías habértelo tomado ‘tan en serio’. Sólo es un juego, un truco, una estrategia para ganar votos.

Cuando gritas BREAKING POINT (el lema del cartel presentado por Farage) una y otra vez, no deberías sorprenderte cuando alguien estalla. Cuando presentas la política como un asunto de vida o muerte, como una cuestión de supervivencia nacional, no te sorprendas si alguien te toma la palabra. No le obligaste a que lo hiciera, no, pero no hiciste mucho para pararle”.

Ese sentimiento de alarma nacional, de aviso a un país –uno de los más ricos del planeta– que está a punto de ser arrollado por una marea de extranjeros, ha estado constantemente en los mensajes de los partidarios del Brexit. ¿La posibilidad de la violencia? Veamos lo que dijo Nigel Farage en mayo:

Esto es lo que dice Farage: “Creo que es legítimo decir que si la gente tiene la sensación de haber perdido por completo el control de nuestras fronteras como miembros de la UE, si la gente cree que votar no cambia nada, entonces la violencia es el siguiente paso. No estoy… (le corta el periodista: “¿Incluso en este país? ¿En la pacífica Gran Bretaña?”). Creo que es difícil contemplar algo así aquí, pero no hay nada imposible”.

La mayoría de los británicos hubiera dicho hasta ayer que era imposible que una diputada fuera asesinada a tiros después de uno de los encuentros regulares con votantes de su circunscripción. La muerte de Jo Cox les descubre que el país en el que viven ya no es como ellos pensaban. Ya no es la pacífica y pragmática Gran Bretaña que acogió durante siglos a los perseguidos políticos del resto del planeta. La campaña del Brexit ha sacado a la luz una sociedad más agresiva e intolerante, y tendrán que convivir con ella.

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Stephen Colbert contra Trump a su estilo

Este es el momento de la pizarra y aquí se puede ver la intervención completa.

Tanto Colbert como John Oliver tienen difícil competir contra Trump en términos de humor. El candidato tiene un repertorio inagotable.

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