Trump recicla votos de trabajadores en un Gobierno de multimillonarios

En las primarias republicanas, Donald Trump lanzó varios ataques contra su principal rival por sus supuestos lazos con Goldman Sachs. Dicho así, uno se queda muy corto. Trump acusó a Ted Cruz de estar controlado por el banco que es una de las mayores entidades financieras del mundo (ganó. 2.100 millones de dólares en el tercer trimestre de este año).

Todo porque Cruz no había hecho público tiempo atrás dos préstamos, uno de Goldman Sachs, concedidos a su campaña para senador por Texas, en la información que están obligados a facilitar los candidatos.

Trump también se ocupó de denunciar que Hillary Clinton estaba a las órdenes de Wall Street. Le fue muy útil la polémica por los discursos que Clinton pronunció contratada por ese mismo banco a cambio de honorarios inmensos cuando dejó el Departamento de Estado. En total, 675.000 dólares por tres discursos. Dinero fácil para Clinton gracias a una decisión que ni siquiera algunos de sus asesores posteriores entendieron por qué se produjo en una época en la que ella ya estaba preparando su candidatura presidencial.

En uno de sus últimos anuncios de la campaña de Trump, apareció una imagen del consejero delegado del banco, Lloyd Blankfeincomo uno de los símbolos de una “estructura de poder global” culpable de “haber robado a nuestra clase trabajadora”. El anuncio no pretendía ser sutil.

Su campaña antiestablishment le concedió los votos necesarios para vencer en tres estados que resultaron decisivos (Pennsylvania, Michigan y Wisconsin) donde los demócratas llevaban años ganando. No los hubiera conseguido sin el apoyo de la clase trabajadora de raza blanca, enfurecida por considerarse perjudicada por la alianza de los dos grandes partidos con las grandes corporaciones financieras y el abandono del Medio Oeste industrial de EEUU.

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Eso fue antes de que Trump tuviera que empezar a elegir su Gobierno. Primero dio a conocer el nombre de su principal consejero estratégico, Stephen Bannon, que trabajó casi una década en Goldman dedicado a fusiones y adquisiciones. Después vino el premio gordo. El futuro presidente eligió para el puesto más importante del área económica –como secretario del Tesoro– a Steven Mnuchin, que pasó 17 años en ese banco, donde su padre había estado décadas.

Aprendió mucho en Goldman. Gracias a las aportaciones de otros financieros millonarios como George Soros y John Paulson, Mnuchin compró IndyMac, un banco que se había hundido y que había tenido que ser nacionalizado. El Gobierno quería deshacerse de él cuanto antes y Mnuchin vio la oportunidad. Con él al frente, IndyMac se lanzó a ejecutar 36.000 desahucios. Luego, Mnuchin y sus inversores vendieron el banco para obtener grandes beneficios (unos 200 millones en el caso del futuro secretario del Tesoro).

Aún hay un puesto clave que puede caer en manos de otra persona relacionada con el banco relacionado por muchos con la voracidad de las instituciones financieras que desencadenó la crisis de 2008. No es otro que Gary Cohn –actual presidente de Goldman, en realidad, número dos del banco por detrás de Blankfein–, del que se habla que podría ser el director de la Oficina del Presupuesto, que en ocasiones ha sido el segundo cargo económico más importante de la Administración.

El autoproclamado defensor de la clase trabajadora de raza blanca lleva camino de subcontratar la política económica de su Gobierno a exdirectivos de Goldman Sachs en lo que es uno de los giros menos sorprendentes del proceso de formación del Gobierno. Trump ya prometió en campaña que acabará con la Ley Dodd-Frank de 2010, que incluye centenares de normas y controles que condicionan a los bancos para hacerlos más resistentes a futuras crisis financieras, obligándoles por ejemplo a aumentar sus reservas de capital.

Los inversores lo vieron venir muy pronto, y por eso las acciones en Wall Street, incluidas las de Goldman Sachs, comenzaron a subir muy poco después de su victoria en las urnas.

Trump recibió los votos de la clase trabajadora blanca de Pennsylvania, pero para su Gobierno está eligiendo a los miembros de esa élite financiera que, según él, estaba destrozando la vida de los honrados contribuyentes norteamericanos y controlando a políticos como Ted Cruz y Hillary Clinton.

Steven Mnuchin tiene un patrimonio de centenares de millones de dólares, pero casi es de clase media comparado con otros futuros altos cargos. Wilbur Ross –secretario de Comercio– tiene una fortuna valorada por Forbes en 2.500 millones. Todd Ricketts –número dos de Comercio– vale 1.700 millones. La familia de Betsy DeVos –secretaria de Educación– se va a los 5.000 millones.

Según el WSJ, la lista de multimillonarios podría aumentar con Harold Hamm, un directivo del petróleo candidato a dirigir el Departamento de Energía (16.600 millones en activos). A su lado, Andy Puzder –posible secretario de Trabajo– tendría problemas para llegar a fin de mes. Este jefe de una cadena de ‘fast food’ ganó 4,4 millones en 2012. Pocos se sorprenderán al saber que Puzder está en contra de aumentar el salario mínimo.

Un senador demócrata ha acusado de Mnuchin de desplumar a las víctimas de préstamos depredadores. Esa era la idea cuando compró IndyMac. Pero hay otra faceta llamativa del futuro jefe del Tesoro. El cine está entre sus inversiones y ha sido productor de películas como ‘Suicide Squad’ y ‘Mad Max: Fury Road’. Sólo hay que confiar en que el paisaje de la segunda película no sea el que nos quede después de cuatro años de Gobierno de Trump. Lo que es probable es que algunos de sus votantes acabarán lamentando haber levantado un Gobierno de millonarios.

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Noam Chomsky: el rechazo de la izquierda a Clinton fue un error

Noam Chomsky no es un gran partidario de Partido Demócrata, pero está convencido de que los norteamericanos de izquierda que decidieron no votar a Hillary Clinton cometieron “un gran error”. En primer lugar, por una prioridad moral, para impedir un mal mayor, es decir, la victoria de Donald Trump. En segundo lugar, se refiere a la comparación entre ambos candidatos: “No me gusta nada Clinton, pero sus ideas son mejores que las de Trump en cualquier asunto”.

Le preguntan también por el comentario de Zizek, que dijo que una victoria de Trump provocaría un shock en el sistema y por tanto la posibilidad de cuestionar el status quo. “Un argumento horrible”, responde. “Es el mismo argumento que gente como él utilizó en relación a Hitler a principios de los años 30”.

Si Clinton hubiera ganado, la izquierda podría haberse movilizado para presionarla y que no renegara de las ideas más progresistas de su programa, explica Chomsky. Ahora sólo le queda proteger derechos ya ganados para impedir que sean destruidos, lo que supone un paso atrás.

Chomsky apoyó a Sanders durante las primarias demócratas, pero en enero dijo que si viviera en alguno de los estados decisivos en los que el resultado era incierto, votaría a Clinton.

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Trump orienta el tráfico informativo para que no se hable de lo que no le interesa

Un político que ha ganado las elecciones cuestiona la limpieza del proceso electoral. Ah, vamos, esas cosas no ocurren en el mundo real. Cierto, no ocurrían antes de Donald Trump.

Ahora es el momento de recordar con gran simpatía a todos aquellos que estaban seguros de que Trump moderaría su actitud y sus ideas después de ganar las elecciones. Hubo otros que pensaron que Trump iba a hacer una campaña diferente después de conseguir la candidatura republicana (se me puede incluir entre ellos sin problemas). En ambos casos, hay un error de concepto: no es habitual que un político abandone las ideas y estilo que le han concedido el triunfo.

Mientras el escrutinio del voto popular avanza ya sin ninguna influencia en el resultado electoral –el miércoles, Clinton superó la barrera de dos millones de votos de ventaja sobre su rival–, Trump continúa con su trabajo de construir su nueva Administración, ya con menos confusión que los primeros días. Pero alguien como él no deja de leer periódicos –no usa ordenador y, dado que le imprimen los emails que debe revisar, es posible que hagan lo mismo con artículos de medios digitales– y está atento a lo que se dice de él. En una época en que los jefes de Gobierno sólo leen resúmenes confeccionados por sus asesores, Trump sigue confiando en algunas fuentes originales, aunque sólo sea para preparar el contraataque.

El contenido del tuit no deja lugar a la interpretación. Trump cree que más de dos millones de votos fueron fraudulentos en las elecciones y que sin ellos habría ganado también el voto popular. Evidentemente, todo ese inmenso fraude electoral benefició a su adversaria. Esa declaración coloca a EEUU, que presume de ser la democracia más vieja del mundo a la altura de eso que se llama de forma despectiva república bananera. Viniendo de alguien cuyos votantes creen que su nación es la mayor demostración de perfección en la historia de la humanidad, alguien podría creer que el futuro presidente se ha vuelto loco o dedica los domingos a emborracharse y tuitear (eso tampoco; Trump no prueba el alcohol).

No tan rápido.

Los medios se han lanzado a dar la noticia con ese tuit de exactamente 140 caracteres. Al titular, muchos ni se han molestado en apuntar que Trump no aporta ni una sola prueba. En cualquier caso, es difícil ignorar una acusación tan grave viniendo del que será el presidente a partir del 20 de enero. Pero todas esas polémicas que han generado minutos de televisión y artículos no impidieron que fuera elegido, con lo que es razonable pensar que Trump cree que no le van a generar un daño inmediato.

Es muy posible que haya llegado a la conclusión de que le benefician. La mayoría de sus votantes están convencidos de que los medios de comunicación mienten y manipulan contra los republicanos. Lo importante no es que tengan razón en esto, sino que se lo crean.

Los medios cuentan con un espacio delimitado para incluir noticias. Al menos, sólo una noticia puede abrir un informativo de televisión. No es el principio de los vasos comunicantes, pero se le parece. Nuevas informaciones desplazan a otras. Lo último tiene preferencia sobre lo anterior. Lo escandaloso, lo que se sale de lo habitual, tiene preferencia sobre todo lo demás. No es un principio que aplican todos y cada uno de los medios, pero sí un número muy importante de ellos.

Este domingo, el New York Times –el periódico que, junto al New York Post, lee cada día después de levantarse a las cinco de la mañana– ofrecía una nueva historia sobre los conflictos de intereses del nuevo presidente a causa de sus intereses empresariales, esta vez en relación a sus inversiones fuera de EEUU. Esa es una historia que puede perjudicarle no sólo en los medios, sino también frente a su electorado.

Aún no se sabe exactamente cómo va a solucionar ese problema, pero ya ha dado a entender que no piensa tomar las medidas adoptadas por anteriores presidentes, que no llegaron a la Casa Blanca con su fortuna. Lo único que se sabe es que serán sus hijos quienes se ocuparán de la gestión de sus empresas, los mismos con los que pretende contar como asesores informales para lo que sea necesario. La idea de que vaya a vender su imperio empresarial parece estar descartada.

El WSJ pidió que Trump elimine cualquier sospecha de conflicto de intereses con medidas drásticas. El consejero para asuntos de ética de la Administración de George Bush denunció que los planes conocidos de Trump vulneraban todas las normas y costumbres conocidas.

La respuesta de Trump fue decir que la ley que rige a los empleados de la Administración federal en cuanto a conflictos de intereses no afecta al presidente, lo que parece ser cierto. Pero anteriores presidentes tomaron medidas para que no hubiera ninguna duda de que sus intereses económicos personales no iban a dañar la credibilidad de las decisiones del Gobierno: la venta de activos o confinarlos en un ‘blind trust’ gestionado por otras personas con las que supuestamente no tenían ningún contacto (por lo que cuentan los testimonios de la época, eso no era cierto en el caso de Lyndon Johnson).

Trump no está nada interesado en que se hable de eso, en especial si no tiene la intención de vender sus propiedades, algo muy difícil de realizar en un corto espacio de tiempo en el caso de los activos inmobiliarios. Sus votantes no leen el NYT, pero siempre es posible que se enteren de ciertas informaciones a través de lo que sale en televisión.

Montar polémicas escandalosas a través de Twitter genera titulares que desplazan a otros. Eso es algo que Trump conoce muy bien. Puede que sea el presidente de EEUU que llega al puesto con menos experiencia política de todos los tiempos, pero nadie puede negarle que conoce cómo funcionan los medios de comunicación.

Ese tuit es un buen ejemplo de esa ‘sabiduría’.

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La CIA contra Fidel Castro

Fidel Castro y Richard Nixon

Pocos meses después de llegar al poder, Fidel Castro sorprende al Gobierno norteamericano con el anuncio de que quiere visitar EEUU. El revolucionario cubano es un enigma para Washington, pero no alguien completamente desconocido para la CIA. En un informe, la agencia de inteligencia llega a la conclusión de que el viaje puede ser decisivo para el futuro del Gobierno cubano: “A menos que reciba una clara ayuda de EEUU, muchos observadores creen que su régimen sufrirá un colapso en cuestión de meses”.

Es un ejemplo de los muchos análisis realizados por la CIA sobre Fidel Castro que se vieron desmentidos por la realidad. Desde el mismo 1959, sus informes, y los de otros organismos, pasan del desconocimiento sobre si Castro es o no comunista hasta la preparación de operaciones militares y de inteligencia para intentar acabar con él. Menos de un año después de su triunfo, ya circulan planes para derrocarlo.

No es exagerado decir que la CIA tuvo a Castro en el punto de mira desde muy pronto. Esa obsesión tuvo como desenlace el intento fracasado de invasión de Bahía de Cochinos promovido por EEUU.

En 2005, un profesor universitario descubrió una parte de la historia oficial del desastre de Bahía de Cochinos, escrita por un miembro de los servicios de inteligencia, y lo subió a la web de la Universidad de Villanova: The Official History of the Bay of Pigs Operation, volume III: Evolution of CIA’s Anti-Castro Policies, 1951-January 1961.

Esta clase de revisiones de acontecimientos pasados para consumo interno no suelen difundirse al público e incluyen documentos secretos o confidenciales. Como en el texto hay referencias a la política oficial de EEUU sobre el asesinato de líderes extranjeros, al parecer fue incluido entre los documentos desclasificados a raíz de la investigación del asesinato de JFK.

En total, son 295 páginas escritas en los años setenta que nos permiten contemplar la evolución de la política norteamericana en relación a Cuba en los primeros años de la revolución castrista.

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Rafael Hernando, el símbolo del juego sucio

Todos los partidos tienen gente para el trabajo sucio. Algunos lo aceptan porque alguien tiene que hacerlo. Otros han nacido para ello. No sé en qué categoría hay que colocar a Rafael Hernando, pero lo que es seguro es que nadie como él define la arrogancia y la chulería en la política española. Lo único extraño en el portavoz del grupo parlamentario del PP es que no lleve un palillo en la boca.

Ese tipo de políticos se retratan a sí mismos con facilidad. No hay límites para embadurnar de lodo a sus adversarios y de beneficiar a su clan. Incluso cuando es su banda la que ha creado el caos y la vergüenza. En esos momentos tan complicados es cuando se aprecia su valía.

Después de ser idolatrada durante años, Rita Barberá había terminado por caer en la telaraña de las investigaciones de la corrupción del PP valenciano que había diezmado antes las filas del partido en esa comunidad. En la aplicación de la doctrina oficial del partido sobre corrupción, la habían defendido como si fuera una santa impoluta hasta que, al ser llamada a declarar como imputada por el Tribunal Supremo, fue necesario cortar amarras e impedir que la peste llegara hasta su gran valedor, Mariano Rajoy.

La secuencia siempre es la misma. Primero, se niega todo. Luego, se acusa a la oposición y los medios de comunicación de montar una campaña sin base. Al iniciarse el proceso judicial, se moviliza a los Trillos (ejem, los abogados) para que obstaculicen las investigaciones (hacer de defensores de los imputados cuando representan a la acusación es una de sus grandes aportaciones al Derecho español). Cuando un juez descubre que hay indicios sólidos de que se ha cometido un delito y alguien es señalado, hay que apartarse de esa persona como si fuera un leproso en la Edad Media para que nadie pueda exigir responsabilidades políticas al presidente del Gobierno.

Continúa en Zona Crítica.

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Trump lleva tiempo buscando una solución sobre Siria que tenga el apoyo de Rusia

Una noticia en el WSJ da algunos datos sobre lo que puede ser la próxima política de Donald Trump en relación a la guerra de Siria. Su hijo mayor, Donald Trump Jr., asistió en octubre, es decir, antes de las elecciones, a una reunión privada en París cuyo objetivo era “buscar formas de cooperar con Rusia para acabar con la guerra de Siria”.

“Treinta personas, incluido Donald Trump Jr., asistieron a un acto el 11 de octubre en el Ritz de París organizado por un think tank francés. El fundador del think tank, Fabien Baussart, y su esposa Randa Kassis han trabajado con Rusia para intentar acabar con el conflicto. Kassis, nacida en Siria, dirige un grupo sirio apoyado por el Kremlin. Ese grupo busca conseguir una transición política en Siria pero con la cooperación del presidente Bashar al Asad, un aliado de Rusia”.

Kassis ha hablado con el WSJ: “Tenemos que ser realistas. ¿Quién está sobre el terreno en Siria? No EEUU ni Francia. Sin Rusia, no podemos tener una solución en Siria”. Sobre el hijo de Trump, dijo: “Creo que es muy pragmático y flexible”.

El contacto con personas partidarias de pactar con Rusia, desde hace un año el mejor aliado militar de Asad, no es una completa sorpresa. A pesar de sus vagas ideas sobre política exterior y defensa, Trump sí dijo en campaña que cree necesario implicar a Moscú en cualquier salida política al conflicto. Y dejó claro que la prioridad es acabar con ISIS. “No me gusta Asad en absoluto, pero Asad está matando a ISIS”, dijo en uno de los debates de la campaña.

Trump tiene algunas ideas al respecto, pero aún no las conocemos. En su reunión con periodistas del NYT, le preguntaron por Siria y pidió que su respuesta fuera off the record.

Donald Trump Jr. tiene 38 años y es vicepresidente ejecutivo de la empresa de Trump. No tiene experiencia en asuntos militares o de política exterior. Su presencia en ese acto confirma que los asesores más cercanos del nuevo presidente de EEUU van a ser sus hijos incluso en campos en los que no tienen formación.

Eso no es una sorpresa después de ver la foto de una reunión de Trump con el primer ministro japonés la semana pasada. Estaban con ellos los traductores e Ivanka Trump, su hija. Al encuentro también asistió Jared Kushner, esposo de Ivanka.

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Trump Organization es una empresa familiar y esa compañía es la que va a dirigir la Casa Blanca.

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La América nazi canta victoria en Washington

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“Hail Trump, Hail our people. Hail victory”. Son las últimas palabras de Richard Spencer en su discurso de la reunión del National Institute Policy celebrada en Washington el sábado. Spencer es la figura más conocida de la denominada alt-right en los medios norteamericanos. El sobrenombre es engañoso, casi un eufemismo. No es una derecha alternativa, sino la extrema derecha con una conexión ADSL a Internet y orgullosa de su supuesta superioridad racial, sin la parafernalia acostumbrada cuando se piensa en los neonazis norteamericanos.

No acudieron a Washington con chupas de cuero o botas militares. Es un movimiento político que escapa de una definición simple (aquí hay una buena descripción) al que algunos niegan esa condición porque lo ven como una coalición de intereses y orígenes muy diversos. Pero hay algo que les une y es la convicción de que la “América blanca” ha sido maltratada en las últimas décadas por los derechos civiles y el multiculturalismo.

Richard Spencer es su líder más carismático. Breitbart News –el medio dirigido por Stephen Bannon, el principal consejero de Trump en la Casa Blanca– ha sido una de sus fuentes informativas de inspiración. La campaña de Trump fue el momento en que se vieron reivindicados por el discurso del candidato del Partido Republicano. La victoria en las urnas les ha hecho creer que están en el camino hacia la victoria.

Varios medios han informado de la reunión de este fin de semana. El cónclave se celebró muy cerca de la Casa Blanca en un edificio federal de Washington que, por ley, no puede negarse a que alguien lo alquile para celebrar un acto político.

The Atlantic ha publicado fragmentos del discurso de Spencer (se pueden ver aquí). Estas son algunas de sus frases:

“Para nosotros, es conquistar o morir”.

“Los grandes medios de comunicación (…) no es que algunos sean realmente estúpidos. De hecho, uno se pregunta si estas personas son realmente personas, o sólo un golem sin alma, alentados por cierta oscura cobardía a repetir las órdenes recibidas por John Oliver la noche anterior”.

“Ser blanco es ser un luchador, un cruzado, un explorador y un conquistador. (…) Nosotros reconocemos una mentira fundamental en las relaciones raciales de América. No explotamos a otros grupos. No ganamos nada por su presencia. Ellos nos necesitan a nosotros, no al revés”.

“Es la gran lucha a la que estamos convocados. No hemos nacido para vivir avergonzados, débiles y deshonrados. No buscamos el reconocimiento moral de algunas de las criaturas más despreciables que hayan poblado nunca el planeta. Nacimos para dominarles a todos ellos, porque eso es lo natural, lo normal en nosotros”.

“La prensa está claramente decidida a apostarlo todo en la guerra contra la legitimidad de Trump y la existencia de la América blanca. Pero están abriéndonos la puerta a nosotros”.

“América era hasta esta última generación un país blanco, pensado para nosotros y nuestra posteridad. Es una creación nuestra, es nuestra herencia y nos pertenece a nosotros”.

No cabe apelar a la ambigüedad en la interpretación de las palabras de Spencer. Es el viejo mensaje neonazi sobre la superioridad de la raza blanca, en este caso en EEUU, que debe imponerse sobre otros grupos étnicos o los traidores de su propia raza para que el país alcance su auténtica grandeza. Eso sólo puede pasar por que esa raza blanca recupere su antiguo destino, el de dominar a los que no son como ellos, los que son moral y étnicamente inferiores.

Stephen Bannon sostiene que dentro del movimiento alt-right hay grupos extremistas que terminarán siendo irrelevantes. No acepta que se le defina como “nacionalista blanco” (otro término empleado para definir a esta nueva extrema derecha) y se considera sólo un “nacionalista económico”.

Los convocados por Spencer este fin de semana en Washington no están preocupados por estas discusiones terminológicas. Ven en la victoria de Trump un despertar de sus ideas después de décadas de estar fuera del discurso político convencional, del llamado “mainstream”. Ahora aparecen en los grandes medios de comunicación y tienen la oportunidad de difundir sus ideas. Es un momento de victoria para ellos.

Son sólo palabras, dirán algunos. “El Holocausto no comenzó con asesinatos. Comenzó con palabras”, ha recordado el Museo del Holocausto, de Washington.



11.50

Anoche hubo un breve comunicado del equipo de transición de Trump a las preguntas de los medios sobre el acto de Washington:

“El presidente electo Trump ha continuado denunciando el racismo de cualquier tipo y fue elegido porque quiere representar a todos los norteamericanos. Pensar de otra manera supone falsear un movimiento que unió a norteamericanos de orígenes muy diferentes”.

No hay una condena o rechazo específicos al discurso de Spencer más allá de un rechazo genérico al “racismo de cualquier tipo”, cuando se le estaba preguntando por uno muy concreto, el de los supremacistas blancos. Trump ha dedicado varios mensajes en su cuenta de Twitter a la absurda polémica con el reparto de la obra teatral ‘Hamilton’, pero no al apoyo recibido por grupos de extrema derecha. Es una posición coherente con la que mantuvo en la campaña electoral.

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La victoria inútil de Clinton

16.15

Los datos del escrutinio actualizados al domingo han vuelto a aumentar la ventaja de Clinton, que ahora se sitúa en 1.720.053 votos. 63.620.704 votos frente a 61.900.651 de Trump (48%-46,7%). Esa diferencia a favor de un candidato perdedor en colegio electoral es la mayor desde 1876.

En uno de los estados decisivos, Michigan, la ventaja de Trump sigue siendo de tres décimas. En votos, 11.612. Es el ejemplo más extremo de las diferencias mínimas que se produjeron en varios estados decisivos.

Los asteriscos de la tabla enlazada indican que se trata de resultados oficiales ya certificados por las autoridades del Estado. Es el caso de Florida, que ofrece estos datos. Trump: 4.617.886 votos (49%). Clinton: 4.504.975 (47,8%).

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Mientras Donald Trump continúa entrevistándose con los posibles miembros de su futuro Gabinete, el recuento definitivo de los votos en las elecciones de EEUU aumenta la ya amplia ventaja en favor de… Hillary Clinton. El último dato que publica Associated Press concede a Clinton 63.390.669 votos y a Trump 61.820.845. La diferencia en favor de Clinton es 1.569.824.

Poco después de las elecciones, varias estimaciones calculaban que la distancia podría llegar a 1,8 millones al quedar por contabilizar varios millones de votos en la Costa Oeste, sobre todo de California. Todo indica que el resultado final se acercará a esa cifra, y puede que incluso la supere.

En el apartado de votos desperdiciados por Clinton, podríamos incluir los de Texas, donde obtuvo al menos medio millón de votos más que Obama en 2012. Eso no impidió su derrota. En California, Trump obtuvo peores resultados que Mitt Romney, casi cinco puntos menos. Clinton mejoró los de Obama. Es otro dato irrelevante para el desenlace final.

California y Texas cayeron en el bando de siempre. Quienes no lo hicieron fueron los estados del Medio Oeste. Hubieran dado la victoria a Clinton en el colegio electoral, pero cayeron del otro lado.

Dos de las últimas cinco elecciones presidenciales en EEUU han arrojado un resultado diferente en el voto popular y en el voto del colegio electoral. La anterior fue en el año 2000. Para otros precedentes, hay que remontarse al siglo XIX (1824, 1876 y 1888).

El método de elección está establecido en el artículo segundo de la Constitución de EEUU. Para cualquier reforma constitucional, se exige una mayoría de dos tercios en ambas cámaras y la ratificación por tres cuartas partes de las cámaras de los estados. Es decir, no habrá reforma del sistema de elección.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Quentin Tarantino y John Carpenter. ‘The Thing’ y ‘The Hateful Eight’.

–La habilidad narrativa de ‘Regreso al futuro’.
–Películas que predijeron el futuro sin equivocarse.
–La evolución de Tom Cruise.
‘South Park’ contra la censura.
–No creo que necesitáramos un remake de King Kong con esteroides.
Peter Jackson, coleccionista de cine.
–Apolo 17, el último viaje a la Luna.
–La vida en la Estación Espacial Internacional.
El detector de mentiras no detecta las mentiras.
–No, no mueren seis personas por cada kilo de cocaína, como dicen en ‘Narcos’.
–Dos Nissan, uno construido en EEUU, otro en México. Las diferencias en un choque frontal.

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Trump se va hacia la extrema derecha para sus primeros nombramientos

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Los que decían que Donald Trump se iba a moderar después de ganar las elecciones no deberían comprobar el currículum de sus primeros nombramientos, sobre todo de los conocidos este viernes, para no llevarse un susto.

Jeff Sessions, senador de Alabama desde 1997, será el próximo fiscal general, y por tanto dirigirá el Departamento de Justicia. En 2007, una revista conservadora lo llamó el quinto senador más conservador de la Cámara. En la época de Reagan, fue nombrado para un puesto de juez, pero no fue ratificado por el Senado al conocerse que había hecho antes unas cuantas declaraciones racistas.

También porque en los 80 en Alabama, procesó sin motivo a unas personas que se ocupaban de intentar aumentar el número de personas de raza negra registradas para votar. Sessions les acusó de fraude electoral, nada menos. Fueron absueltas.

Sessions llamó “una desgracia para su raza” a un abogado de raza blanca experto en derechos civiles. Una desgracia por defender a negros.

No es extraño que conocidas figuras de la extrema derecha norteamericana hayan mostrado su entusiasmo con la elección de Sessions.

El congresista de Kansas Mike Pompeo será el nuevo director de la CIA. Pompeo llamó “traidor” a Edward Snowden y dijo que debería ser traído de vuelta de Rusia, y ser juzgado y condenado a la pena de muerte. Esta misma semana, ha dicho que está deseando poner fin al “desastroso” acuerdo nuclear firmado con Irán, “el mayor Estado patrocinador del terrorismo”. Apoyó el programa de interrogatorios de la CIA y todos los métodos de vigilancia de la NSA revelados por Snowden.

Tras el atentado de Boston de 2013, Pompeo dijo que los líderes religiosos musulmanes en EEUU eran cómplices de los terroristas por no denunciar esa violencia (lo que sí hicieron en su mayoría). Su nombramiento deja patente la influencia del vicepresidente electo, Mike Pence, en el proceso de transición.

El personaje más singular es Michael Flynn, teniente general retirado y exdirector de la DIA (la agencia de inteligencia del Pentágono). Será el consejero de Seguridad Nacional y tendrá un papel fundamental en la política exterior de Trump. En función de quién sea el secretario de Estado, podría ser el consejero más importante en esos asuntos.

Flynn fue el jefe de inteligencia de las fuerzas militares norteamericanas en Afganistán. En esa época, no sólo no hizo gala de las ideas extremistas por las que es conocido ahora, sino que adoptó una actitud muy diferente. Entonces, rechazaba la idea de que la lucha contra la insurgencia talibán era una empresa puramente militar con el objetivo de matar al mayor número posible de enemigos. Dio a conocer sus ideas en una publicación académica, cuando aún estaba destinado allí, para dejar claro que la guerra exigía un enfoque mucho más sofisticado: “Matar simplemente a los insurgentes suele servir para multiplicar el número de enemigos, en vez de para reducirlo”.

De ahí pasó a dirigir la DIA, pero al ser destituido dos años después se convirtió en un guerrero reaccionario para el que la raíz de todos los problemas no era ya los yihadistas, sino la religión islámica en sí misma.

Hace unos meses, hizo este llamamiento desde Twitter para ordenar a los dirigentes árabes y persas (iraníes) a que abjuraran de su religión y procedieran a cambiarla por completo. Para Flynn, que ya entonces era un partidario convencido de Trump, la amenaza es el Islam. De hecho, no lo considera una religión.

Flynn sí es un gran partidario de los dictadores y personajes autoritarios del mundo islámico. Ha elogiado al egipcio Sisi. Su empresa de consultores ha hecho labores de lobby para un empresario turco con lazos directos con el partido de Erdogan. En un artículo, reclamó que el líder religioso Fethullah Gulen fuera extraditado a Turquía, como exige Erdogan por su supuesta participación en el golpe. Está a favor de una alianza con Rusia para colaborar en la lucha contra el terrorismo.

Una persona que le conoce de su época de Afganistán ha dicho al NYT: “Si le escuchas, en 10 minutos le oirás contradecirse dos o tres veces”.

Al igual que su jefe, no se cortó al difundir información falsa sobre Hillary Clinton en la campaña:

Quizá todavía podamos decir que la política exterior de Trump es un enigma, pero los nombramientos de Pompeo y Flynn empiezan a despejar las dudas.

El periodista británico Mehdi Hasan entrevistó en mayo a Michael Flynn.

Foto: Michael Flynn en su toma de posesión como director de la DIA. Flickr de Ash Carter.

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