Trump es la América furiosa que ajustará cuentas con el mundo

Donald Trump

Fue como volver a leer ‘The Plot Against America’, de Philip Roth. O ‘The Man in the High Castle’, de Philip K. Dick. El primer discurso de Donald Trump como presidente nos arroja a una realidad alternativa cuyo desenlace aún desconocemos.

Cierto, el Eje no ha ganado la Segunda Guerra Mundial, Charles Lindbergh no es presidente de EEUU y el antisemitismo y el fanatismo no se han apoderado del país. Dick imaginaba que las potencias fascistas habían ganado la guerra y sometido a EEUU. Roth sitúa a Lindbergh, heroe norteamericano por sus hazañas como aviador, como vencedor de las elecciones de 194o con un programa aislacionista contrario a la participación en la guerra.

Y sin embargo, los paralelismos no son rebuscados. Dos veces ha dicho Trump “America First”, el grito de guerra con el que los norteamericanos más reaccionarios se movilizaron en 1940 y 1941 para impedir que el Gobierno de Roosevelt declarara la guerra a la Alemania nazi. Es un eslogan de resonancias fascistas.

El portavoz más carismático de ese movimiento fue Charles Lindbergh y su mensaje, procedente de alguien que había admirado los logros de Hitler en Alemania, tenía tonos claramente antisemitas, pero entre las personas que lo apoyaron había también figuras de izquierda y pacifistas, republicanos y demócratas. Llegó a contar con 800.000 miembros y se disolvió días después del ataque a Pearl Harbor.

A pesar de la variedad política y sociológica de sus partidarios, el movimiento quedó impreso con la idea del nativismo y el aislacionismo. EEUU era el país más puro de la Tierra y no debía mezclarse con los conflictos de la vieja y decadente Europa.

La Segunda Guerra Mundial y la guerra fría hicieron que los conservadores se mantuvieran alejados de esas banderas. El orden mundial posterior a 1945 consagró el imperio norteamericano –la “república imperial”, en expresión de Raymond Aron– y los beneficios evidentes de un sistema político y económico instaurado por EEUU y sus aliados estaban a la vista de todos.

Donald Trump ha retrasado el reloj de la historia, ayudado por el contraataque contra la globalización de la forma en que la siente una buena parte de sus votantes. Muchos de ellos son republicanos de toda la vida que votan sin más al candidato que gana las primarias del partido. Otros –los más conservadores o los más convencidos contra toda evidencia de que los demás países estafan a EEUU– querían el Trump que ha pronunciado el discurso: ultranacionalista, nativista (es decir, no creen que las minorías sean auténticos estadounidenses) y aislacionista.

“Durante muchas décadas, hemos enriquecido a la industria extranjera a expensas de la industria americana”, ha dicho en su visión revisionista de la historia. “Hemos subvencionado los ejércitos de otros países mientras hemos permitido que el nuestro se quede tristemente sin medios. Hemos defendido las fronteras de otras naciones mientras nos hemos negado a defender las nuestras. Nos hemos gastado billones de dólares en el extranjero mientras las infraestructuras de América se han deteriorado y caído en la decadencia”.

La economía mundial se convierte así en una gran estafa en la que los buenos norteamericanos de raza blanca son los paganos de los que se aprovechan los negros, las mujeres, los homosexuales, los musulmanes y, sobre todo, los extranjeros. Es hora de que EEUU piense sólo en los suyos. Compra productos estadounidenses y contrata a estadounidenses (“Buy American and hire American”), ha dicho Trump a sus compatriotas, porque supuestamente esa será la misión de su Gobierno.

Como empresario, Trump invirtió en proyectos inmobiliarios en el extranjero, por ejemplo, torres de oficinas, hoteles y casinos. Puso en el mercado todo tipo de productos con su nombre, incluida ropa hecha en China (las gorras con la inscripción “Make America Great Again” que llevan muchos de sus partidarios están hechas en China, Vietnam y Bangladesh).

Ahora, como presidente, chantajea a las empresas de su país que invierten en México y amenaza con aranceles gigantescos a las compañías europeas que pretenden exportar sus productos a EEUU. No hay más plan económico que reducir al mínimo los impuestos a las empresas y a los más ricos, y confiar en que el dinero fluya hacia el país por las buenas o por las malas y abandone los lugares que se aprovechan de la generosidad de EEUU.

La consistencia ideológica no es uno de los puntos fuertes de Trump, pero hay una cosa innegable. Lo que se ha escuchado el viernes en la escalinata del Capitolio es el mensaje en el que el nuevo presidente ha centrado su discurso desde que se lanzó a las primarias republicanas. Son ideas que van contra el argumentario económico del Partido Republicano desde hace décadas, pero eso no le impidió ganar las primarias y las elecciones. En política exterior y en especial en las relaciones con Rusia, se va a encontrar con una dura oposición de algunos senadores republicanos, pero en política económica son los dirigentes del partido los que han cedido, no él.

No hay que dejarse engañar por los tuits delirantes, el maquillaje color naranja, el pelo imposible o la sintaxis confusa. El personaje tiene muchos elementos ridículos, una mina para cómicos y las viñetas de humor. Por debajo de esa fachada, late una idea siniestra.

La de Trump es la “América” furiosa dispuesta a ajustar cuentas con todos sus enemigos, reales o inventados. Sería entre ingenuo y ridículo pensar que los únicos que se verán perjudicados serán los norteamericanos que no le votaron.

Texto íntegro del discurso de Trump.

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Todo lo que debemos a Chelsea Manning

Chelsea Manning ha salvado la vida. El soldado norteamericano que entregó a WikiLeaks centenares de miles de documentos sobre la guerra norteamericana en Irak y Afganistán ha visto conmutada su pena por Barack Obama para que salga de prisión el 17 de mayo cuando cumpla siete años entre rejas. Por sus circunstancias personales –intentó suicidarse en dos ocasiones– y las condiciones de su encarcelamiento, no es exagerado decir que no habría sobrevivido mucho tiempo a su condena a 35 años.

¿Qué debemos a Manning? Entregó a WikiLeaks vídeos de operaciones militares en Irak y Afganistán que demostraban la comisión de crímenes de guerra. El más conocido es el que WikiLeaks difundió con el título  Collateral Murder. Conviene detenerse en él porque es un buen ejemplo de lo que nos cuentan que ocurre en las guerras y lo que realmente sucede.

En las imágenes se ve a un helicóptero Apache disparar contra un grupo de personas al este de Bagdad. Entre los muertos, estaban dos empleados de la agencia Reuters, un fotógrafo y su conductor. La versión oficial indicaba que el helicóptero disparó contra un grupo de insurgentes que habían abierto fuego y se mantuvo después de que Reuters reclamara una investigación.

Continúa en Zona Crítica.

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¿Hasta dónde puede aguantar Arabia Saudí?

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Raif Badawi acaba de cumplir 33 años en prisión. El disidente saudí fue detenido en 2012 y acusado de “insultar al islam por medios electrónicos” (un blog) y de apostasía. Fue condenado a siete años de prisión y 600 latigazos, pena elevada a diez años y 1.000 latigazos en segunda instancia. Sufrió el primer castigo con 50 latigazos en enero de 2015. Desde entonces, no ha vuelto a pasar por ese tormento, porque probablemente lo mataría. Amnistía Internacional lo considera un preso de conciencia. En 2015, el Parlamento Europeo le concedió el Premio Sajarov.

Mientras en Arabia Saudí continúan imponiéndose estos castigos medievales, su Gobierno está embarcado en un ambicioso programa de modernización económica para intentar reducir su dependencia del petróleo. Riad provocó una caída abrupta del precio del crudo para intentar acabar con la competencia de la producción de EEUU y castigar a Irán, su enemigo tradicional. Todos los países exportadores pagaron un alto precio, pero también los saudíes. El Gobierno ha contratado a PwC para que le ayude a aplicar un recorte del gasto público de 20.000 millones de dólares en los ministerios de Sanidad, Educación, Vivienda y Transporte.

Los mercados financieros están atentos a otra medida mucho más rentable para ellos, la posible salida a Bolsa de una parte de las acciones de Aramco, la empresa pública dueña de los activos petrolíferos del país, en lo que se ha denominado la mayor OPV de la historia, aunque sus auténticas dimensiones aún son desconocidas.

No importa cuántos Bardawi permanezcan en las prisiones saudíes. El poder económico del país lo convierte en un socio irresistible para los gobiernos y empresas occidentales. Los negocios con países como Irán, Rusia o Venezuela son cuestionados por razones políticas o por denuncias de las violaciones de derechos humanos. Con los saudíes, no sólo no hay inconvenientes, sino que los más altos dirigentes se implican en satisfacer personalmente los deseos de esa monarquía.

Hollande condecoró al príncipe heredero, Mohamed bin Nayef, con la Legión de Honor. El rey Felipe VI viajó este fin de semana a Arabia Saudí para amarrar la venta de cinco corbetas y terminar de solucionar los problemas de las empresas españolas en el contrato del AVE La Meca-Medina.

La combinación entre un poder económico que intenta modernizarse y un sistema autoritario y teocrático sin derechos civiles aparece reflejada en múltiples estudios sobre Arabia Saudí. Acaba de aparecer en español un estudio muy completo sobre la evolución de ese país, la inestabilidad intrínseca de su sistema político y lo que se ha dado en llamar la “bomba de relojería” por sus condiciones sociales. Está firmado por Itxaso Domínguez de Olazábal y lo publica la Fundación Alternativas: Arabia Saudí: un gigante con pies de petróleo.

La tensión interna del país procede del enfrentamiento entre el wahabismo como religión de Estado –la versión más intransigente del islam– y la realidad de un país cuya evolución demográfica y tecnológica compite con esa visión rigorista: “Debe tenerse en cuenta en este sentido, que la población saudí es la más joven de todo el mundo árabe y que las nuevas tecnologías le permiten estar más informada e interconectada que las anteriores generaciones. Son, por lo tanto, más conscientes de la ausencia de derechos elementales y también más críticos con las lógicas autoritarias imperantes”, escribe Domínguez de Olazábal.

La ausencia de medios de comunicación libres hace muy difícil apreciar hasta qué punto la sociedad continúa aceptando la legitimidad de su Gobierno. Olazábal ofrece un análisis tanto de la dimensión interior de la inestabilidad inherente del régimen saudí como de su política exterior, que en los últimos años ha convertido a Arabia Saudí en el Estado más agresivo a la hora de defender sus intereses. El Gobierno ha adoptado una lógica de guerra que ya está teniendo consecuencias graves en toda la región.

Hay serias dudas de que el contrato social existente en el país desde hace décadas sea sostenible en el futuro. “Un informe de Chatham House advertía en 2011 que, siguiendo el ritmo de extracción actual, el reino podría convertirse en un importador neto de petróleo en el año 2038”, dice el estudio de Olazábal. Los ciudadanos tienen acceso a numerosos subsidios en educación, vivienda y sanidad, además de créditos blandos y combustible barato, que el Estado está teniendo dificultades en sostener, explica Olazábal, aún más en la situación actual. Aún más delicado desde el punto de vista político es el asunto de la financiación de la familia real, que componen miles de personas: “Una parte considerable de los presupuestos estatales se destina a cubrir los elevados gastos de la familia real, apodada en algunos círculos ‘Al Saud Inc.’: alrededor de 13.000 príncipes y princesas reciben una asignación mensual que varía de un par de miles a más de 250.000 dólares al año”.

El Gobierno ha pretendido siempre solucionar sus problemas internos con dinero, pero la realidad oculta deja claro que esa política no puede prolongarse eternamente. El 20% de los saudíes vive bajo el umbral de la pobreza (480 dólares al mes). La educación es gratuita, pero de baja calidad. Las mujeres estudian, pero el sistema legal les impide acceder a puestos de trabajo. Los hombres jóvenes obtienen títulos que no tienen gran valor y sólo buscan empleos poco exigentes en una Administración inflada.

“De los 1,7 millones de puestos de trabajo ocupados por saudíes, 1,1 millones se enmarcaban dentro del sector público, donde los salarios son un 70% más altos que los pagados por empleadores privados”, destaca Olazábal. Pagar a los jóvenes muy generosamente para que en realidad no trabajen es inviable a largo plazo. El Gobierno ha intentado que los jóvenes saudíes se animen a buscar empleo en las empresas privadas, pero hasta ahora sin mucho éxito.

Eso es un problema serio en un país con un 70% de la población con menos de 30 años.

Cualquier disidencia ante un sistema de este tipo se castiga con dureza, como demuestra el caso de Badawi y la ejecución del clérigo chií Al-Nimr a principios de 2016. La llegada del nuevo rey Salmán reforzó la tendencia natural del régimen. El anterior monarca aumentó los subsidios en 2012 con las primeras protestas provocadas por la Primavera Árabe. Salmán optó por reforzar sus credenciales autoritarias –en dos años consecutivos se ha ejecutado a más de 150 personas, la mayor cifra en una década– para dejar patente que su autoridad no iba a ser cuestionada. “Uno de los primeros movimientos del Rey Salman tras la muerte de Abdullah fue reemplazar al líder del cuerpo que dirige la policía religiosa por una autoridad de la línea dura”, destaca el informe.

El estudio dedica un espacio a las cuestiones sucesorias de la dinastía, tema tocado con amplitud por los medios de comunicación internacionales, y que será especialmente interesante para el lector español.

Salmán ha colocado a su hijo al frente del Gobierno, con la excepción de los asuntos de seguridad interna que quedan bajo la responsabilidad del príncipe heredero, cuyo padre fue ministro de Interior durante 37 años. Mohamed bin Salmán ha puesto en marcha un programa de reformas económicas que toca asuntos tabúes hasta ahora en el país (la propiedad del sector petrolífero, la posible imposición de impuestos, la reducción de los subsidios sociales) sin que haya constancia, más bien al contrario, de que cuenta con el apoyo completo de los miembros más importantes de la familia real.

Olazábal describe por qué una apuesta tan insólita por su hijo de apenas 30 años en un sistema en que la sucesión de los monarcas se ha ido trasmitiendo a través de los ancianos hermanos del fundador de la dinastía supone un riesgo nunca antes visto en la historia saudí:

“Sin embargo, concentrar tanta responsabilidad en manos de una de las ramas de la familia, así como en tecnócratas ajenos a los clanes, no sólo corre el riesgo de acabar con el equilibrio de poder imperante hasta el momento, sino también de erosionar un sistema de reparto de poder intrafamiliar puesto en marcha cuando se fundó el Estado moderno. Un sistema que puso fin a décadas de luchas intestinas y ha ayudado a preservar la unidad de la familia. Los príncipes herederos lideraban sus propias cortes”.

La ofensiva general del Estado saudí contra Irán ha tenido efectos dramáticos en Yemen y Siria, y significativos, aunque menos violentos, en Egipto y Líbano. En ese campo, es improbable que se enfrente a una contestación interna tras años de propaganda sectaria que señala a los chiíes como principales enemigos del islam.

“La política exterior saudí ha adoptado tintes cada vez más sectarios en los últimos años. Lo que es esencialmente una lucha geopolítica se ha visto reducida a un enfrentamiento religioso entre suníes y chiíes, en una instrumentalización interesada de la religión destinada a movilizar a la población”.

Pero las aventuras militares exteriores, que en el caso de Yemen suponen un considerable gasto económico, pueden ser utilizadas como excusa para deslegitimar al hijo del rey. Los halcones tienen éxito cuando ganan las guerras, no cuando hunden al país en un conflicto sin fin previsible.


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Trump confirma en su primera rueda de prensa que hay que temerse lo peor

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Los medios de comunicación llevaban desde hace tiempo apuntando que Donald Trump no había dado una conferencia de prensa desde julio. La reclamación era aún más pertinente desde su victoria electoral de noviembre. Más allá de las dudas razonables sobre si ese mito periodístico –la rueda de prensa de toda la vida– sirve de algo para conseguir que los políticos cuenten lo que en realidad no quieren contar, es obvio que resultaba como mínimo llamativo que el presidente electo no quisiera explicar lo que hará a partir del 20 de enero. Es de suponer que sus votantes estarán interesados en saberlo.

Trump concedió este miércoles su primera rueda de prensa como presidente electo a una semana de tomar posesión. Los periodistas descubrieron lo que ya deberían saber. Trump sigue siendo Trump. Ni ha cambiado las ideas que le dieron la victoria en las urnas, ni siente ningún respeto por las instituciones, usos y costumbres de la política norteamericanas y tampoco va a desligar por completo su imperio empresarial de sus nuevas responsabilidades. Lo tomas o lo dejas.

¿Hackers rusos?

“As far as hacking, I think it was Russia”. Ahí dio una noticia. Nunca antes había concedido credibilidad a las acusaciones del Gobierno de Obama, los servicios de inteligencia y la mayoría de los medios de comunicación sobre la responsabilidad rusa en el ataque informático al Partido Demócrata y la campaña de Clinton. Es cierto que poco después dijo que “podrían haber sido otros”.

Esa es una constante en las intervenciones públicas del futuro presidente. Puede decir una cosa y unos minutos después, la contraria. Puede desmentir sin pestañear algo que dijo días, meses o años después, incluso cuando hay grabaciones que lo demuestran. Siempre le queda el recurso de sostener que los medios de comunicación manipulan sus declaraciones. Lo cierto es que la mayoría de sus votantes le creen a él, no a los medios. Eso le da licencia para mentir, un activo que suele ser peligroso en manos de políticos.

Putin y yo

“If Putin likes Donald Trump, guess what, folks: That is called an asset, not a liability”. Es preocupante que un político se refiera a sí mismo en tercera persona, pero no vamos a hacer un mundo de eso. No es el primero. El autor del libro autobiográfico ‘The Art of the Deal’ sigue empeñado en creer que las relaciones internacionales no son muy diferentes a la compleja negociación de un proyecto inmobiliario. Una vez, llegó a decir que la histórica rivalidad entre turcos y kurdos se podía solucionar sin problemas hablando. Con él dirigiendo las negociaciones, claro.

Es alentador que un político no crea que las disputas políticas internacionales sólo pueden resolverse a cañonazos, pero su optimismo está muy alejado de la realidad. Cree que las buenas relaciones personales pueden hacer que países importantes lleguen a acuerdos sobre conflictos difíciles. Hay algo de razón de eso. No en el sentido en que él lo explica.

Ese es un error que también cometió George Bush en su relación con Putin. “Miré al hombre a los ojos. Vi que hablaba con claridad y que se podía confiar en él. Tuvimos una buena conversación. Pude captar lo que hay en su interior (“to get a sense of his soul”), un hombre profundamente comprometido con su país y con los intereses de su país”, dijo en 2001.

Los países defienden intereses nacionales que a veces entran en disputa con los de otros estados. Trump no va a negociar con Putin la construcción de un casino en Moscú que pueda beneficiar a ambas partes. EEUU debería tener como prioridad tener las mejores relaciones posibles con Rusia, pero también depende de sus relaciones con otros países en Europa y Oriente Medio, que pueden tener conflictos pendientes con Moscú. No puedes satisfacer a todos.

Esa habitación de un hotel ruso

“I’m also very much of a germophobe, believe me”. Trump no resistió la tentación de hacer un chiste –malo, pero divertido– sobre el informe anónimo que cuenta la historia de su estancia en un hotel de Moscú donde se dice que pagó a prostitutas para que mearan en una cama en la que Obama supuestamente había pasado la noche tiempo atrás. Como es una especie de Howard Hughes, no iba a permitir tal guarrería alguien al que no le suele gustar dar la mano a extraños.

Por lo demás, Trump hizo bien en no entrar en más detalles. Se trata de un informe que no incluye ninguna prueba que confirme su contenido y cuyo autor es desconocido. Ningún político cometería el error de darle credibilidad o bajar a discutir hechos concretos. Salvo si es Trump y quiere hacer una gracia.

La familia

Cada día está más claro que no es un político el que ha ganado las elecciones norteamericanas, sino una empresa familiar. Uno de sus principales consejeros será su hija. Otro, el marido de su hija. Sus otros dos hijos se ocuparán de la empresa. ¿Conflicto de intereses? En absoluto.

Las leyes norteamericanas establecen límites muy estrictos para  altos cargos y funcionarios sobre su implicación en compañías privadas, pero es cierto que no dicen nada concreto sobre el presidente. Obviamente, la costumbre durante décadas ha sido que los presidentes no podían tener intereses privados porque sólo sirven a los ciudadanos. Eso no quiere decir que se cumpliera a rajatabla, al menos, por lo que se sabe ahora, en el caso de Lyndon Johnson.

Trump ni siquiera se molestará por guardar las apariencias. Entrega los mandos de la empresa a sus hijos y se supone que debemos confiar en que no seguirá dirigiéndola ni aconsejando a sus nuevos responsables sobre futuros negocios. Los únicos vetados serán los del extranjero, pero los existentes fuera de EEUU continuarán.

“No se puede esperar que el presidente electo Trump destruya la compañía que fundó”, dijo en la rueda de prensa una de sus abogadas, refiriéndose a una venta apresurada y en malas condiciones de todos esos activos. Pero debemos creer que si la empresa va mal, él se quedará tranquilamente en el Despacho Oval viendo cómo se viene abajo y preguntándose por qué sus hijos no son tan listos como él.

Trump insiste en que su empresa tiene un “muy bajo nivel de deudas” con los bancos, algo que es falso y manifiestamente imposible en los grandes proyectos inmobiliarios en que está metida. Sus compañías tienen pendientes de devolver créditos por valor de 650 millones de dólares, según el NYT. El periódico explicó que un edificio de oficinas en la Avenida de las Américas en Manhattan, del que Trump es copropietario, soporta un crédito de 950 millones. Uno de los bancos que lo concedió es el Bank of China. Otro, Goldman Sachs. Son instituciones que evidentemente se verán influidas por las decisiones que tome Trump, como presidente de EEUU.

Centenares de millones en créditos de las empresas de Trump y de sus inversiones inmobiliarias, algunos de ellos avalados por Trump y su patrimonio, han sido convertidos en bonos y vendidos a inversores en los últimos cinco años, según el WSJ. Esas inversiones estaban al final respaldadas por el imperio de Trump y la experiencia de su fundador.

Trump nos quiere hacer creer que eso no supone ningún conflicto de intereses. Que no hará nada por favorecer a la dinastía familiar que mantiene el control de sus activos. En este campo, EEUU se pone al mismo nivel que por ejemplo Ucrania, donde su presidente prometió desligarse de sus multimillonarios activos empresariales sin que lo haya hecho de forma creíble. O de todos aquellos países del Tercer Mundo, donde los hijos del presidente hacen rentables negocios gracias a su parentesco.

Junto al atril de la rueda de prensa, había decenas de carpetas sobre una mesa donde estaban los acuerdos firmados para entregar el control de las empresas a los hijos de Trump. No es extraño que los periodistas no tuvieran la oportunidad de examinarlos. Estaban ahí para la foto.

Trump vs. los periodistas

En la rueda de prensa, Trump se negó a dar la palabra a un periodista de CNN (CNN dio la primera noticia sobre el informe que cuenta que los rusos tienen pruebas que pueden utilizar contra Trump, pero no el contenido del informe; fue BuzzFeed quien lo difundió poco después). “You are fake news”, le dijo.

El incidente fue la típica represalia que se repetirá en muchas ocasiones, y en situaciones mucho más graves que una rueda de prensa. No es la primera vez que Trump anuncia que los medios que le ataquen (él lo llama publicar noticias falsas, aunque no lo sean) pagarán las consecuencias.

Como empresario, se encargaba de amenazar con demandas y presentarlas en muchos casos, lo que no impresionaba mucho a los grandes medios de comunicación. No es una exageración decir que ahora como presidente tendrá mucho más poder.

Esto es lo que dijo después el presentador de Fox News, Shepard Smith, en una respuesta poco frecuente de una de las principales caras de la cadena conservadora a un presidente republicano que acaba de ser elegido.

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Reverte y la ignorancia cipotuda

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A estas alturas, parece un poco previsible rectificar a Arturo Pérez-Reverte (ya lo hice una vez ante un prodigioso ejemplo de ignorancia, y con eso ya debía de ser suficiente). Pero tampoco sería muy inteligente dejar pasar la contaminación de ideas propias del discurso tradicional de la extrema derecha europea, ¿no?

Pregunta. Por sus artículos, lo que ve más negro es la amenaza del terrorismo islámico.

Respuesta: Es que van a ganar. Los derrotarán en Irak o en Siria pero van a triunfar, porque son jóvenes, tienen hambre, un rencor histórico acumulado y absolutamente comprensible, cuentas que ajustar, desesperación, cojones, fuerza demográfica… Occidente y Europa en cambio son viejos, cobardes, caducos y no se atreven a defenderse. Cuando hay lobos y hay ovejas no hay duda de quién va a ganar. Estamos teniendo el resultado de nuestra pasividad, de nuestro confort, de nuestra demagogia. Ellos no tienen esos obstáculos. Como dijo uno de los imanes, “usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia”. Está perfectamente definido. Europa es vieja e indefensa.

Los yihadistas tienen cojones; nosotros, no. Los yihadistas no tienen escrúpulos para matar a civiles; nosotros, no. Los yihadistas atacan; nosotros no nos atrevemos ni a defendernos. Los yihadistas usan nuestra democracia para destruirla. Aparentemente, nosotros la protegemos y eso es una muestra de “nuestra pasividad, de nuestro confort, de nuestra demagogia”.

En el universo medieval de Reverte, los yihadistas saben que todo consiste en matar, matar y matar. Y nosotros no matamos lo suficiente.

Como se trata de un escritor de inmenso éxito, los medios le entrevistan con frecuencia, lo que es enteramente lógico, pero reflejan sin pestañear sus ideas políticas sin reparar en que se trata del mismo mensaje que en Francia extiende el Frente Nacional de Le Pen y otros políticos menos ultras en momentos en que atentados terroristas masivos ponen a prueba nuestras convicciones democráticas. Pero Reverte no aparece reflejado en los medios como el Le Pen de las letras españolas, sino “el Mick Jagger de nuestra literatura”.

O el Sarkozy de la literatura cipotuda, por seguir con las definiciones frívolas. Ya dijo el expresidente francés que debíamos afrontar una “guerra total”. Manuel Valls también dijo que estamos ante una “guerra mundial”.

Si hay que fijarse en la respuesta occidental de los últimos años, ejemplo de pasividad e indefensión para el escritor, mejor recupero lo que escribí hace algo más un año: “Desde 2001, los países occidentales han invadido Afganistán e Irak. Han lanzando sus drones sobre Pakistán, Yemen y Somalia en una campaña permanente que nunca tendrá fin. Han impuesto en Libia una zona de exclusión aérea que propició el derrocamiento de Gadafi. Han tolerado la invasión saudí de Yemen. Han reconstruido ejércitos como el iraquí que se han revelado como una banda mediocre y corrompida. Han anunciado que el régimen sirio debía desaparecer, ayudado a algunos grupos insurgentes y tolerado que saudíes y turcos armen a los más peligrosos de los enemigos de Asad. Han lanzado una campaña de bombardeos contra ISIS que lleva ya 8.125 ataques aéreos hasta el 12 de noviembre (con un coste de 5.000 millones de dólares, una media de 11 millones diarios), a la que ahora se ha sumado Rusia”.

A esa descripción hecha a finales de 2015 le falta lo ocurrido en 2016, la continuación de esas operaciones militares en todos esos países, y en el caso de Yemen habría que añadir la cuantiosa ayuda militar proporcionada a Arabia Saudí para destruir el país. Por dejarlo en cifras, que lógicamente se quedan cortas al tratarse de una estimación, este es el número de bombas lanzadas por EEUU en el año que acaba de terminar.

Como especifica después el autor en otros tuits, estos números no incluyen los ataques de Arabia Saudí sobre Yemen ni los de Rusia en Siria, como tampoco los de Francia y Reino Unido contra ISIS en Irak o Siria.

Pues eso,  nos faltan cojones. Bombas tenemos muchas, pero de cojones estamos escasos.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

A veces ocurren cosas geniales después del The End de las películas. Puede suceder que hasta la película continúe, como en ‘Wall-E’.

‘Hijos de los hombres’ fracasó en taquilla, pero era una película fantástica.
–En las películas, también se bebe leche.
–Prolongar el tiempo con la cámara lenta.
Stoyboard en ‘El imperio contraataca’.
–Traedme la cabeza de Charlie Brown.
Martin Scorsese habla de Trump y de otras cosas.
–Parece que quieren hacer algo horrible con ‘Watchmen’.
–El hombre que se ocupa de todo después del accidente de un avión.
–La historia de un hombre sin memoria y sin pasado.
–Esperemos que no hayan muerto todos los extraterrestres.
–Qué debe tener una buena fotografía.
–Este no es el típico anuncio de coches.

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La CIA se toma la molestia de no contarnos nada

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Los servicios de inteligencia norteamericanos han difundido una versión resumida de su análisis de los intentos del Gobierno ruso de interferir en las elecciones de EEUU que dieron la victoria a Donald Trump. Por ser más precisos, la CIA, la NSA y el FBI ofrecen una versión desclasificada del informe que entregaron a la Casa Blanca y que ha fundamentado las acusaciones del Gobierno norteamericano conocidas en los últimos meses.

La primera conclusión que se puede sacar de la lectura de sus 25 páginas: es una forma de recomendar a la gente que siga los medios de comunicación, porque la mayor parte del análisis ha aparecido antes publicado. Un momento, ¿he dicho 25 páginas? Será contando portada, contraportada, páginas en blanco y anexos. El informe en términos estrictos sobre el tema que nos ocupa tiene cinco páginas y se compone de conclusiones sin ninguna prueba, ni conocida ni por conocer. Es muy posible que la versión secreta del informe incluya pruebas concretas. No está al alcance del ciudadano medio.

El informe ahora conocido establece que Putin decidió interferir en la campaña electoral para perjudicar a Hillary Clinton y favorecer la victoria de Trump. Sus intenciones fundamentales eran “socavar el orden democrático y liberal dirigido por EEUU”, y denigrar a Clinton y perjudicarla en su carrera electoral. Dice que “desarrolló una clara preferencia por el presidente electo Trump”.

En un párrafo posterior, se da un paso más para explicar que Putin aspiraba a hacer posible la victoria de Trump desacreditando a Clinton y comparándola en términos desfavorables con Trump. Un detalle importante: la CIA y el FBI están convencidos de que eso ocurrió así. La NSA, no tanto: “CIA and FBI have high confidence in this judgment; NSA has moderate confidence”.

Una de las principales funciones de la NSA es interceptar comunicaciones. No parece que tenga pruebas por esa vía de lo ocurrido.

¿Cómo hizo todo eso Rusia? Los servicios de inteligencia realizaron “ciberoperaciones” contra objetivos relacionados con la campaña. Esa información se difundió a través de un supuesto hacker llamado Guccifer 2.0 y de la web DCLeaks.com y terminó llegando a manos de WikiLeaks. ¿Pruebas? Ninguna. Las referencias a Guccifer 2.0 y a sus posibles conexiones con Rusia han aparecido en muchos medios de comunicación. No es ninguna novedad.

Al menos, el informe precisa que esa infiltración no afectó en absoluto al recuento de los votos, una teoría de la conspiración sin base sostenida por algunos partidarios de Clinton y todos aquellos que han querido presentar la victoria de Trump como ilegítima o que hasta han definido a Trump como un “activo” del espionaje ruso.

Hay referencias a antecedentes de los tiempos de la URSS con un dato que no sé si es conocido: “En los años 70, el KGB reclutó a un activista del Partido Demócrata para que entregara información sobre la campaña del entonces candidato Jimmy Carter y sus planes de política exterior”. En cualquier caso, supongo que no es un gran revelación saber ahora que el KGB se dedicaba al espionaje. Pero incluir detalles de la URSS, un país que no existe desde 1991, siempre atrae la atención de los norteamericanos si alguien les quiere meter miedo con la amenaza exterior.

Y ya está. Ahí se acaba todo. El informe cuenta con ocho páginas más dedicadas al aparato de propaganda del Kremlin. Una vez más, nada que sea desconocido. Se dedica un amplio espacio a RT, cuya función como medio gubernamental obviamente siempre ha sido la de defender los intereses del Gobierno ruso. Algunos de los ejemplos que da sólo sirven para ridiculizar a los autores del informe. ¿Necesitamos a la CIA, el FBI y la NSA para que nos cuente lo que ya sabemos? ¿Qué tipo de prueba supone que RT emitiera un documental sobre Occupy Wall Street en noviembre?

Como otro ejemplo de las intenciones de RT, se dice que emite programas “antifracking” (“destacando los asuntos relacionados con el medio ambiente y el impacto en la salud pública”). Y lo hace, dicen, por la preocupación de Moscú por la competencia que supone el fracking en la producción propia de gas y petróleo. La conspiración, una vez más.

Cualquiera que haya visto algún programa de RT sobre EEUU habrá visto que no desaprovechan ninguna oportunidad de reflejar los problemas políticos y económicos de la sociedad norteamericana. Eso da lugar a algunos contenidos interesantes y de valor, y a otros de pura intención propagandística.

Ese no es el tema. La relación entre EEUU y Rusia no se encuentra en una situación crítica ni la victoria de Trump se ha producido porque Moscú haya utilizado los mismos métodos de EEUU: es decir, influir en los resultados electorales de otros países favoreciendo por medios políticos a unos candidatos sobre otros y difundir informativa negativa sobre los hostiles a los intereses de tu país. O si la cosa es más seria, empleando los mismos métodos que la NSA. Hackear las redes informáticas de un partido es un asunto muy distinto. Sobre eso no sabemos nada gracias a este informe.

Su difusión entra dentro del terreno de la propaganda, el mismo negocio al que se dedica RT con gran dedicación.

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Quedan tres días para la decapitación y no sé qué ponerme

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Un solo sketch sobre ISIS en un programa de humor de la BBC da para unos cuantos titulares. Bastante previsibles. ‘The Real Housewives of ISIS’ son escenas protagonizadas por las esposas de los miembros del ISIS, lo que equivale a unir situaciones de vida cotidiana con cosas horribles; lo que se viene a llamar humor negro.

“Me he casado seis veces. He enviudado cinco veces (suena una explosión). Seis veces”.

“No deja de hablar de las 40 vírgenes. ¿Por qué no puede ser feliz conmigo?”.

Aparece una de ellas vestida con un chaleco con explosivos. “¿Qué os parece? Ahmed me sorprendió con esto ayer”. “Me encanta, estás maravillosa”. “Vas a necesitar mucho Semtex para superar eso”.

Inevitablemente, ha sido acusado de insensible, de mal gusto, de burlarse de las mujeres que son sometidas por los yihadistas (si bien la mayoría de ellas que viaja a Siria o Irak lo hace de forma voluntaria), de burlarse de las víctimas del ISIS, de trivializar la violencia fanática. lo de costumbre. También hubo gente que recordó que la televisión británica, incluida la BBC, tiene una larga de tradición satírica de mofarse de líderes políticos, propios y ajenos, o de los enemigos en tiempos de guerra. Y está un tal Charlie Chaplin y su película ‘El gran dictador’. O Ernst Lubitsch y ‘To Be or Not to Be’ (“what he did to Shakespeare we are now doing to Poland”).

La página de Facebook del programa se llenó de comentarios en ambos sentidos. Hay uno que recuerda que en estos casos los responsables de la sátira siempre salen perdiendo por una razón u otra: “Si los cómicos no hacen chistes (sobre algo), les acusan de cobardía o de evitar asuntos delicados. Si hacen chistes, les acusan de tomarse a la ligera una situación grave. Nunca pueden ganar”.

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Rusia descubre las ventajas de los grupos “moderados” de la insurgencia siria

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El Gobierno ruso ha descubierto de improviso a los “grupos moderados” de la insurgencia siria. Suele ocurrir cuando intentas negociar un alto el fuego con los enemigos de tu aliado. Si sólo aceptas a los grupos menos fanáticos en una guerra civil, terminas hablando sólo con los irrelevantes.

Así describía esos contactos el ministro de Defensa, Sergei Shoigu, en una reunión con Putin, según la transcripción aparecida en la web de la presidencia rusa el 29 de diciembre.

“Señor presidente, actuando según sus instrucciones, el Ministerio de Defensa, con Turquía actuando de intermediario, negoció durante dos meses con los líderes de los grupos que forman la oposición moderada siria. Estos grupos controlan la mayor parte de las zonas central y norte de Siria que no están bajo el control del Gobierno de Damasco. Cuentan con más de 60.000 combatientes. Los jefes más influyentes de siete grupos de la oposición tomaron parte en las conversaciones”.

Putin pregunta a su ministro a quién representan esos grupos. Shoigu le da el ejemplo de Ahrar al-Sham, que cuenta con “80 grupos en territorio sirio”, además de tanques T-55 y T-72 y artillería. Putin le pregunta si estos grupos, con los que se ha firmado el acuerdo, son “el núcleo” de los enemigos de Asad, “las principales fuerzas de la oposición armada”. Shoigu lo confirma.

La reunión se celebró para revisar el acuerdo promovido por Rusia para poner en marcha un alto el fuego en la guerra siria que entró en vigor en la medianoche del 30 de diciembre.

Definir a Ahrar al-Sham como un grupo “moderado” exige un esfuerzo de imaginación parecido al que los medios de comunicación norteamericanos realizan cuando tachan de moderados a grupos que escasamente cumplen esa definición o que han estado aliados con Al Qaeda (es decir, el Frente Al Nusra, ahora llamado Fateh al-Sham) en algunas operaciones militares. Ese es el caso de Ahrar al-Sham (al que en otro tiempo denominaba como “grupo terrorista”).

Ahrar al-Sham es un grupo salafista que tiene más que ver con Al Nusra que con las milicias que han recibido apoyo de EEUU. Ha recibido un gran apoyo financiero y militar de Turquía y Qatar en los últimos años. El dinero recibido es un factor básico, porque a la hora de lanzar grandes ofensivas ha estado en condiciones de pagar sueldos a combatientes de grupos más pequeños que se han unido a su causa. Y a pesar de esos cuantiosos fondos, nunca ha podido extenderse más allá de la zona norte y convertirse en un grupo auténticamente nacional.

Sobre su ‘moderación’, hay que recordar que se les ha llamado los “talibanes sirios” –enviaron un mensaje de condolencia a los dirigentes talibanes afganos por la muerte del mulá Omar– y su lenguaje de odio sectario dirigido contra chiíes, alauitas y cristianos.

Como otros grupos sirios, no es fácil asignarle una ideología coherente, porque si bien se le puede definir como salafista, también cuenta con dirigentes de corte islamista, es decir, conservadores dispuestos a llegar a pactos con otros grupos y a limitar su lucha a Siria. Intentar distinguir ambas etiquetas es crucial para entender a estos grupos, que en muchos casos son más una coalición fomentada desde los países que mantienen viva la guerra.

Ese es el otro factor que impide definirlos, el hecho de que muchos grupos insurgentes sirios dependen por completo de la ayuda exterior hasta el punto de que no es exagerado decir que reciben órdenes de fuera para emprender operaciones militares. Dicho de otra manera, son sus apoyos exteriores los que dan las órdenes de las decisiones más importantes en función de sus intereses.

Por eso, se da por hecho que fue Turquía quien vetó las negociaciones que mantuvieron en su momento Ahrar al-Sham y Al Nusra para unirse en una sola organización. Ankara temía que el grupo más fuerte, Al Nusra, fuera quien se hiciera con el control y la suma resultante dejara de defender los intereses turcos.

Eso no impidió que cuando los insurgentes se lanzaran a la conquista de la provincia de Idlib en el primer semestre de 2015 lo hicieran con una coalición de grupos en la que Al Nusra era el más fuerte y después aparecía Ahrar al-Sham. Esa fue una decisión que sí promovió Turquía con la intención de dar un golpe decisivo al régimen de Asad. También los saudíes aceptaron en ese momento ayudar a este grupo y a sus aliados.

Ahora el Gobierno ruso mira para otro lado, hace como si Al Nusra no existiera y concede a Ahrar al-Sham la condición de la fuerza decisiva en el norte, además de moderada. Y como tal aparece en el listado de grupos que firmaron el alto el fuego de finales de diciembre que figura en la web del Ministerio ruso de Defensa.

Para terminar de dejar claro lo difícil que es construir una solución política que pueda poner fin a la guerra, dirigentes de Ahrar al-Sham negaron al día siguiente del anuncio de la tregua haber firmado ningún compromiso por no estar de acuerdo con algunos de sus puntos.

El paso dado por Moscú es el precio a pagar para llegar a un pacto con Turquía, que acepta el protagonismo ruso conseguido en los últimos meses, pero que al mismo tiempo pretende proteger a los grupos que patrocina para un futuro que nadie sabe cuál puede ser.

Ahrar al-Sham es la baza (si supera sus constantes divisiones internas) con que cuentan algunos países para intentar reducir el poder de Al Nusra dentro de la insurgencia siria. Por mucho que Al Nusra haya supuestamente cortado sus lazos con Al Qaeda, ni rusos ni norteamericanos quieren tener nada que ver con ellos. Ahrar al-Sham es la alternativa para continuar la guerra –esta vez con un apoyo más decidido de EEUU– o para negociar algún tipo de salida política, como pretende Putin para poder declarar la victoria cuanto antes y reducir de forma sustancial la intervención militar rusa.

Unos tuits interesantes a cuenta de un programa de televisión en el que aparece uno de los portavoces habituales del FSA (siglas del Ejército Libre de Siria), el grupo insurgente que más ayuda ha recibido de EEUU. Es posible que esas opiniones procedan del resentimiento causado por la derrota. El FSA era al principio de la guerra el grupo insurgente que más partido podía sacar del apoyo de EEUU. Pero en la guerra no siempre tener más dinero te garantiza victorias en el campo de la batalla. Lo que es indudable es que una de las razones, no la única, que ha permitido a Asad no ser derrotado es la división de sus enemigos entre grupos que en muchas ocasiones han pasado más tiempo peleándose entre ellos.

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2016, según Charlie Brooker

Como es ya habitual en estas fechas, Charlie Brooker (Mr. Black Mirror) ofrece en la BBC el resumen del año que acaba de terminar. Obviamente, muy volcado a lo que ocurrió en Gran Bretaña y siempre dispuesto a resaltar el discurso absurdo de los políticos que compone el menú de los medios de comunicación.

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