El Gobierno decide sentarse sobre las bayonetas en Cataluña

Las detenciones de responsables políticos de la Generalitat por la organización del referéndum nos obliga a recordar una frase muy conocida, además de otra opinión que escuchamos ayer a la alcaldesa de Madrid. “Con las bayonetas, todo es posible. Menos sentarse encima”, es la frase que se adjudica a Talleyrand. Por bayonetas, también podemos entender en este caso la Guardia Civil.

En un programa de televisión, Manuela Carmena vino a decir algo también relevante, obviamente adaptado a la situación actual: “Pensar que eliminando papeletas se puede cambiar una situación social no es serio. El Derecho penal no cambia ideas”.

Los jueces cómplices de los planes políticos del Gobierno y los guardias civiles no cambian ideas. Los problemas políticos profundos, producto de errores contumaces que se remontan a años, no encuentran solución a través simplemente de liberar las nada pequeñas capacidades represivas de un Estado moderno.

El Gobierno estaba obligado a responder al desafío independentista y hacer todo lo posible para que no se celebre este referéndum, una consulta unilateral diseñada para que salga el . La incautación de papeletas y urnas era una medida obligada. De hecho, las imágenes de guardias civiles plantados durante horas ante imprentas sin obtener resultados comenzaba a rozar el ridículo.

La detención de políticos embarcados en tareas políticas, por contrarias que sean a las decisiones del Gobierno y el Tribunal Constitucional, es una línea roja que no se suele cruzar en democracia por razones obvias. No vale el argumento de que sólo se hace cuando se vulneran leyes. También las dictaduras tienen leyes. No vale enarbolar la hipérbole de que lo contrario sería la ley de la selva. El Estado tiene múltiples instrumentos coercitivos para imponer sus normas.

Crear mártires es una alternativa estúpida, sobre todo si te importa el día después. Que algo sea legal –y eso siempre admite múltiples interpretaciones diferentes– no significa que sea inteligente. Ideas extremistas como la suspensión de la autonomía catalana o la detención preventiva de cargos políticos antes de que se celebre el referéndum– ponen en peligro la legitimidad del Estado en Cataluña y terminarán por convertir en irreversible la separación de Cataluña. A menos que la única alternativa que nos presenten Rajoy y Rivera sea ampliar las cárceles en esa comunidad autónoma para ir llenándolas de políticos.

En ese momento, la alternativa pasa a manos de los independentistas. Quedarán convencidos de que todo depende de ellos, de su capacidad para convencer a sus seguidores de que deben asumir un riesgo personal para conseguir el objetivo de la independencia.

En ese momento, el Estado seguirá teniendo a la Guardia Civil, pero sólo le servirá para ir cumpliendo el papel que le asignen los que se atrevan a desobedecerle. Es decir, será cooperador necesario de la independencia de Cataluña.

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Las pruebas de la limpieza étnica de Myanmar contra los rohingya

“Llegaron los soldados. Dispararon a los hombres. Algunos pudieron escapar, pero muchos murieron. Luego, entraron en las casa. Golpearon sin parar a las mujeres. Cerraron las puertas y prendieron fuego a las casas”. Es el testimonio de Toyoba Begum, una refugiada rohingya que cuenta al programa de BBC Newsnight lo que ocurrió en su pueblo cuando llegaron los soldados birmanos. Siete miembros de su familia fueron asesinados, incluida su nieta. Ahora sólo le queda viva una hija. Sus otros hijos no sobrevivieron.

Son algunos de los cerca de 400.000 rohingya que han huido a Bangladesh en los últimos meses en una operación planificada por el Gobierno de Myanmar que dirige Aung San Suu Kyi, la premio Nobel de la Paz cuya reputación ha quedado destruida por estos crímenes de guerra contra un grupo étnico. Myanmar ha aprovechado los ataques realizados por un grupo insurgente rohingya para provocar el éxodo masivo de esta minoría musulmana.

Estas otras imágenes, también de BBC, proceden de un viaje para periodistas organizado por el Gobierno. Pudieron ver las casas ardiendo en los pueblos habitados por musulmanes y también a los autores del ataque, un grupo de civiles de la mayoría budista protegidos por los policías locales.

De los 471 pueblos seleccionados para las “operaciones de limpieza” por el Ejército birmano, 176 ya están vacíos (y sus habitantes expulsados) y 34 parcialmente abandonados, según cifras del Gobierno de Myanmar. La versión oficial es que los musulmanes están quemando sus propios pueblos.

Esta es una de las fotos vía satélite difundidas por Human Rights Watch que identifican los casas destruidas en varios pueblos de la región habitada por los rohingyas en la zona oeste del país.

En este reportaje aparecen los dirigentes de un grupo de monjes budistas de ideología ultranacionalista. Su jefe apoya a Suu Kyi y la defiende de las críticas recibidas a las que tacha de manipulación de la realidad.

El alto comisionado de Derechos Humanos de la ONU ha calificado las operaciones contra los rohingya como un “caso de manual de limpieza étnica”.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘Memento’: claridad a través de la confusión.

Guillermo del Toro recuerda ‘El espinazo del diablo’.
–Una historia oral de ‘Atracción fatal’.
–Hollywood echa la culpa de todo a la web de críticas más conocida.
–El 11S provocó algunos pequeños cambios en ‘Lilo & Stitch’.
–Edison contra Westinghouse.
–Fotos poco conocidas de la IIGM.
–Un accidente nuclear en EEUU en 1961.
–La India de Cartier-Bresson.
–La habitación de las 10.000 arañas.
Rembrandt en el garaje.
–La evolución de la palabra Dude.
–Cómo se hace una Leica.

Este hilo nos descubre la conexión entre los hobbits y el tráfico de drogas en la Tierra Media. Ya era hora de que alguien revelara el sentido oculto de ‘El señor de los anillos’.

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El referéndum que necesitan Catalunya y España

Los momentos históricos dejan mucho que desear cuando escuchas en tiempo real a sus protagonistas. Para defender las medidas de su Gobierno, Mariano Rajoy dijo: “Lo que no es legal, no es democrático”. Carles Puigdemont defendió su apuesta por la independencia así: “España no es un régimen democrático”. La idea que tienen ambos de legalidad y democracia es para salir corriendo o, mucho mejor, para hacer frente a sus ideas reaccionarias.

Pero quienes importan no son Rajoy y Puigdemont, personajes que están muy por debajo de las circunstancias que viven sus respectivas naciones. Su único discurso consiste en afirmar que los que están con el enemigo son los que quieren destruir España o, al otro lado, los que dicen que los rivales sólo son franquistas camuflados.

Esto no tiene nada que ver con la equidistancia. No hay que colocarse a mitad de camino entre ambos. Hay que estar muy cerca de ellos para poder atizarles en la cabeza y denunciar su patrioterismo anacrónico en el que las banderas y el orgullo nacional siempre tienen más peso que los derechos de los ciudadanos. Por algo, los primeros se han utilizado a lo largo de la historia para negar los segundos.

De todos los debates, hay uno que no admite discusión. Los independentistas han puesto sobre la mesa la cuestión de la independencia de Catalunya y han pedido a la sociedad que tome una decisión. Si su apuesta hubiera recibido el rechazo de los catalanes o un apoyo digamos del 20%-30%, no estaríamos en esta situación. En la calle se ha producido una movilización popular como no se ha visto otra en este país en más de una década. Negarla no es propio de ciegos, sino de imbéciles. La respuesta del PP ha sido ignorarla o despreciarla.

El PP tenía derecho a estar en contra del intento de reforma del Estatut. Cuando decidió pedir firmas en la calle contra ese proyecto, y dijo –probablemente mintiendo– que había recogido cuatro millones de ellas, lo que intentaba era enfrentar a los catalanes con el resto de españoles. Tuvo bastante éxito en ambos lados, porque es un ejemplo de inocencia pensar que los partidos extremistas salen perdiendo cuando apuestan por el odio. Los partidos nacionalistas tomaron nota. Se abría un camino que hasta entonces sólo los más románticos de entre ellos podían pensar que existía.

La gestión política del inmenso movimiento popular por la independencia de Catalunya no estuvo a la altura de lo que se vio en las calles. Ha consistido en un constante giro de los acontecimientos en que las alternativas se iban sucediendo para responder a las necesidades personales de sus responsables, a sus dudas o a los obstáculos que se presentaban. Hubo un tiempo para las llamadas elecciones plebiscitarias, otro para la declaración unilateral de independencia y finalmente fueron a por el referéndum. Un sistema de prueba y error en el que se decidió no continuar con la movilización, excepto una vez al año, por razones que ellos conocen.

A día de hoy, las elecciones “plebiscitarias” son las que tienen más valor porque es el que ya pasó por las urnas. Los partidos independentistas obtuvieron cerca del 48% de los votos con un mensaje decidido y nada ambiguo. Fue un gran éxito y una derrota al mismo tiempo. Les dio la mayoría en el Parlament y les permitió seguir llevando la iniciativa política en la medida de sus posibilidades, como se vio con el accidentado relevo de Artur Mas.

Fue también una derrota porque el plebiscito no superó el 50% de apoyo, pero una poderosa llamada de atención que obviaron aquellos que llevaban tiempo ignorando la realidad. La alta participación eliminó cualquier apelación a la fantasmal “mayoría silenciosa” con la que se apelaba desde Madrid. La idea de formar parte de una misma comunidad junto al resto de los españoles, con los derechos y obligaciones subsiguientes, ya no convencía a (casi) la mitad de los catalanes. Debería haber hecho pensar a mucha gente, pero ese no fue el caso.

A finales de 2015, escribí que esas elecciones autonómicas abrían un paréntesis de un año para la duda y la esperanza, quizá más. Todo dependía en buena parte de lo que ocurriera en las elecciones generales, que luego fueron dos. Si no se hacía nada, a partir de ahí la confrontación sería completa y llevaría ventaja aquel que tuviera un proyecto nuevo e ilusionante. El bando de más lo mismo lo tendría muy complicado para evitar el desastre, aunque tuviera de su lado a la Policía, la Guardia Civil, el Tribunal Constitucional y la cabra de la Legión.

Excepto la cabra, todos los demás se han movilizado. Como las cartas están sobre la mesa y ya no hay vuelta atrás, el Gobierno central tiene la ventaja de que muchos que consideran que su estrategia ha sido deleznable se sienten obligados a ponerse de su lado, a menos que quieran apoyar la independencia de Cataluña. Tienen que aceptar la idea extremista de Rajoy de que en una democracia no se puede luchar para cambiar la ley cuando es injusta. Por cierto, fue por eso que aprobaron la ley mordaza, para castigar económicamente con dureza, porque no lo estaban haciendo los tribunales, a aquellos que cuestionaban un sistema político en decadencia.

En el Parlament, hemos visto en los dos últimos días un espectáculo clásico de mayorías imponiéndose a las minorías ignorando sus propias leyes. Sin urnas –y la legitimidad que confiere al que gana unas elecciones–, no hay democracia, pero sólo con urnas no tienes una democracia. El PP ha sido un gran maestro a la hora de impartir lecciones con sus mayorías absolutas en las Cortes en las artes oscuras de la política, consistentes en ignorar las leyes que les interesan cuando les conviene.

Esa interpretación torticera del reglamento parlamentario se ha repetido ahora en Barcelona para aprobar las leyes más importantes que nunca haya estudiado un Parlamento catalán con la misma celeridad con que se quitarían de encima un decreto sobre ayudas a la ganadería y barriendo debajo de la alfombra al Consell de Garanties Estatutàries de Catalunya, ya que el proceso era legal e ilegal al mismo tiempo. Se buscaba el artículo perfecto del reglamento para aplicar el rodillo de los votos y se despreciaba a una institución catalana porque tiene que ver con el Estatut, que es algo que ya se ha quedado antiguo.

Ha sido una “parodia de legalidad” que hasta muchos de sus partidarios han contemplado simulando que se duermen o como un molesto requisito, porque hubieran preferido una declaración de independencia por decreto o una insurrección en las calles. De lo segundo no hay noticias. Cómo va a haberlas si los electos del PdCat y ERC siguen cobrando su sueldo del Senado.

El espectáculo ha sido tragicómico, pero las consecuencias no lo son. Estamos igual que en septiembre de 2015 y las alternativas continúan siendo las mismas. Por haber creído que el “pacto constitucional” tenía tanta fuerza como las tablas de Moisés, por ignorar que la corrupción ha restado legitimidad al sistema político y por negar que habían aparecido dos Cataluñas –una división que han propiciado los independentistas, pero que no han inventado ellos–, nos encontramos ya ante la confrontación total.

Es posible que se pueda inhabilitar a ese político o encarcelar al otro por una ruptura real de la ley. Da igual. Ya son prescindibles. Pero no puedes inhabilitar a la mitad de los ciudadanos ni mucho menos encarcelarles, aunque te inventes una ley en las Cortes que te permita hacerlo o que te sirva para acabar con la autonomía catalana.

Ese pacto constitucional se ha hecho pedazos en Cataluña y no se va a poder recomponer juntando las piezas que han caído al suelo. La estrategia del miedo ha fracasado. Cuando los ciudadanos dejaron de ser súbditos, la soberanía nacional dejó de ser una imposición de las élites sobre los de abajo. O debería haber dejado de serlo. De la misma forma que es ridículo que una de las zonas con más alto nivel de renta de Europa se sienta sometida por un imperio, es también absurdo creer que pertenecer a un Estado en Europa Occidental es como estar en una prisión de la que no puedes salir.

El referéndum no era la cita ineludible para España y Cataluña hace cuatro o cinco años. Los errores cometidos desde entonces lo han convertido en inevitable. La consulta del 1 de octubre no será el momento decisivo si sólo vota la mitad de los catalanes. Pero después vendrá el 2 de octubre, y muchos meses y años más en que la estrategia no puede consistir en exigir al enemigo que se rinda.

Si los políticos han sido incapaces de encontrar una solución que no pase por amordazar a los otros, habrá llegado el momento de los ciudadanos, que tendrán que tomar una decisión que renueve el pacto social ahora roto. La actual correlación de fuerzas en el Parlamento y en la sociedad catalana lo han convertido en imprescindible, aunque no si se impone de la forma que hemos visto estos días. No puede ser un referéndum impulsado de madrugada y diseñado para que sólo voten los tuyos.

Es un referéndum que los independentistas pueden ganar, y que también se puede ganar en favor de la permanencia de Cataluña en España sin apelaciones al pasado y con una propuesta convincente para el futuro. Porque eso es de lo que los políticos no quieren hablar ahora, y si lo hacen es apostando por la estrategia del miedo o por cuentos de hadas. Del futuro que a día de hoy resulta sólo un lienzo oscuro porque los que tenían que ser valientes resultaron ser unos cobardes.

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Saqueadores o supervivientes

El paso del huracán Harvey por Houston y otras zonas de Texas ofreció, al igual que ocurrió con el Katrina en Nueva Orleans, otro ejemplo de la discusión sobre cómo llamar a los robos en tiendas o supermercados en las zonas anegadas por las inundaciones. En lugares en que las personas que han quedado aisladas no pueden ser rescatadas, a veces durante varios días, y se quedan sin comida. Un periodista alertó a la policía de que en una zona de la ciudad se estaba produciendo un robo. No estaba contando una historia de la que había sido testigo, sino presumiendo de estar colaborando con las autoridades. Muchos de los que le respondieron preguntaban cómo se puede llamar saqueadores a gente que busca algo de comer para su familia.

En las últimas semanas, alguien recuperó imágenes de dos escenas ocurridos en los días del Katrina. En ambas, el agua llegaba a esas personas a la altura del pecho.
En la foto en la que el protagonista era de raza negra, el pie de foto se refería a un robo. Otra foto –esta vez quienes salían eran blancos– era descrita de forma diferente. Esas personas sólo buscaban comida en una situación realmente desesperada.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘Thriller’ sin música, sólo con la voz de Michael Jackson y los efectos de sonido. Más terrorífico con la aparición de los zombis, un poco cómico al final. El vídeo original, aquí.

–Cómo se concluyó en LA ‘Exile on Main St.’, de los Rolling Stones.
–Egos en colisión: guerras de directores de cine.
–Un crítico francés vio la película del Holocausto de Jerry Lewis. Y le gustó.
‘Terminator 2’ cambió el cine de ‘blockbusters’.
–El desarrollo económico de Poniente deja bastante que desear.
–Por qué los aviones suelen estar pintados de blanco.
–La ‘huelga’ de los astronautas del Skylab 4 en 1973.
–El Londres medieval era un sitio bastante violento.
Sombras pintadas en una calle de California.
–Los molestas avispas tienen una labor importante que hacer.
–Así funciona el sexismo en Silicon Valley.
Los buques de guerra se diseñan para que no se les vea. Eso es un problema.

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Algunos están jugando con fuego y lo pagaremos en el siguiente atentado

El desprestigio por razones políticas de las fuerzas de seguridad tras un atentado terrorista se paga caro. Una vez que se entierra a los muertos y que finaliza lo que podríamos llamar el duelo civil (aunque en España no es costumbre esperar tanto), es el momento de revisar procedimientos, asignación de recursos y niveles de coordinación entre los diversos cuerpos policiales, y también de investigar los errores cometidos, si los ha habido. Hay que hacerse preguntas siempre que se tenga claro que no encontraremos respuestas a todas.

Ayudará bastante saber que no todos los atentados se pueden impedir. Ayudará aún más conseguir que las luchas políticas previas y posteriores a la matanza no pongan en peligro la seguridad de todos los españoles. Porque no nos engañemos. Un atentado similar al de Barcelona volverá a producirse, no necesariamente con las mismas consecuencias.

El aviso de que las fuerzas policiales españolas y catalanas recibieron en mayo desde EEUU sobre un posible atentado se ha convertido en el último motivo de discordia. Su texto revela la escasa información que contenía y el carácter nada preciso de su contenido. “Información sin concretar de veracidad desconocida”. “Atentados terroristas sin especificar” que están siendo preparados por el ISIS. A pesar de esto último, sí hay un objetivo específico señalado como posible: la Rambla de Barcelona.

Por lo que sabemos, tanto el Gobierno central como la Generalitat no le dieron mucho valor al no aportar información sobre la que se pudiera actuar. Blindar la Rambla como si fuera una calle de Bagdad en 2007 no era una opción razonable. En el caso de que hubiera un atentado en marcha, los terroristas habrían elegido otro objetivo. No se puede convertir una arteria central de Madrid o Barcelona en el equivalente a una terminal de pasajeros de un aeropuerto durante meses. A menos que queramos que cunda el pánico.

Ahora sabemos que el plan de los terroristas –está en el auto del juez que instruye el caso en la Audiencia Nacional– no era atentar en la Rambla de la forma que se hizo. Eso fue una acción desesperada, y desgraciadamente letal, decidida después de que la explosión de Alcanar acabara con su líder y los artefactos explosivos que estaban preparando. Supongamos que sí pretendían atentar en la Rambla, una larga avenida con tráfico de vehículos y zona peatonal, con una furgoneta cargada de explosivos. Todos los bolardos del mundo no habrían impedido una matanza.

Hasta ahí los hechos básicos conocidos. Ahora empieza el espectáculo. El ruedo de acusaciones políticas se ha reanudado estaba semana. La Generalitat desmintió en su momento de forma tajante la noticia de El Periódico que informó sobre el aviso de mayo el mismo día del atentado. El Gobierno central no desmintió en este punto al catalán. Nadie en Madrid dijo que ellos sí habían dado credibilidad al aviso. Las policías reciben cada año decenas de esas advertencias genéricas procedentes de servicios extranjeros. Si no aportan datos concretos sobre los que se puede trabajar, son descartadas.

Hay que quedarse con ese dato, por lo demás ya conocido. Madrid y Barcelona, es decir, sus respectivas fuerzas policiales, recibieron el aviso en mayo. Le dieron la misma valoración.

La polémica suscitada en Barcelona por el nuevo artículo de El Periódico de este jueves con la transcripción del aviso (no el documento original, algo que el diario ocultó a sus lectores hasta que se apuntaron algunas inconsistencias ortográficas) provocó horas después un nuevo desmentido de la Generalitat, este más virulento que las declaraciones anteriores, y en el que se implicó directamente en la respuesta al jefe de los Mossos, el mayor Josep Lluís Trapero, en una rueda de prensa.

El conseller de Interior, Joaquim Forn, lo calificó de una “campaña de desprestigio contra los Mossos con intencionalidad política”. Las acusaciones, también procedentes de Trapero, alcanzaron directamente al director de El Periódico con insinuaciones.

Forn y Trapero sí admitieron que en mayo recibieron una alerta sobre la Rambla “de baja credibilidad”, pero no de la CIA.

La referencia a la CIA ha adquirido un carácter simbólico absurdo, también en las declaraciones de los gobernantes catalanes. Da la impresión de que se han metido ellos solos en un agujero para disfrute de sus enemigos. Como si los espías norteamericanos no pudieran estar equivocados, y por lo tanto su mención dejara sin argumentos a quien la negara. Venga de la CIA, Francia o el Reino Unido, el aviso era el que era. No servía, y en esto coincidían Madrid y Barcelona.

Las referencias de Forn a una “campaña” –¿hay algo en política que no forme parte de una campaña?– confirman que el desmentido inicial y el del jueves tenían también intencionalidades políticas, el interés en vender toda la polémica sobre un informe vago e impreciso como un ataque a las instituciones catalanas. Esta línea argumental la conocemos de sobra. A veces se ha hecho con fundamento, el caso de la Operación Cataluña urdida en el Ministerio de Interior de Fernández Díaz; otras sin él.

A última hora del jueves, El Periódico publicó un documento posterior al atentado, este sí íntegro, no una transcripción chapucera, cuya fecha y destinatario son los únicos elementos novedosos, y en cierto sentido alarmantes. El remitente es el mismo y el contenido, también. Los servicios de inteligencia norteamericanos vuelven a enviar el mismo aviso que trasladaron en mayo, y que no sirvió de mucho.

¿Para qué reiterar lo que ya se conoce? Para guardarse las espaldas, no. Nadie había acusado en España a EEUU o la CIA de no haber hecho lo suficiente para impedir el atentado. Ahí es donde entran la fecha y el destinatario. Se envía el 21 de agosto, cuatro días después del ataque de la Rambla. El destinatario es un organismo del Ministerio de Interior, el CITCO (Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado), que obviamente tenía que haber recibido copia del informe de mayo, al igual que la Policía, la Guardia Civil y los Mossos.

Un detalle más. En el asunto del mensaje, figura: “Texto de la nota enviada a los Mossos el 25 de mayo de 2017”, una referencia que vuelve a aparecer en el texto antes de copiar el mensaje de mayo. No hay referencias a los otros cuerpos policiales que recibieron el primer aviso. En el encabezamiento aparece descrito como “secreto” y en cuanto a la preferencia de envío se marca como “prioritario”.

¿Por qué los servicios norteamericanos envían en agosto el aviso que ya habían enviado en mayo a un organismo que también lo había recibido en mayo? Por hacerle un favor a El Periódico, seguramente no. Los espías de EEUU no tienen tanta consideración por los periodistas. ¿Los servicios de inteligencia de EEUU suelen enviar sus avisos dos veces, siendo ya inútil la segunda vez? No creo que quieran provocar a los destinatarios. ¿Lo pidió el CITCO que dirige el comisario José Luis Olivera, implicado en algunas de esas operaciones policiales sospechosas con marcado acento político? ¿Necesitaba alguien que apareciera la palabra “Mossos” en una reproducción del aviso de mayo? ¿O era sólo para el archivo?

Cada uno puede responder a esas preguntas como quiera, pero hay algo que no deberíamos olvidar. Habrá otro atentado o intento de realizarlo y no querremos entonces que la bronca de costumbre de la política de este país haga que las fuerzas policiales que deban intervenir estén vigilándose mutuamente, no tengan entre ellas la confianza necesaria o estén siendo utilizadas en operaciones políticas originadas en Madrid, Barcelona o donde sea.

El precio de esa irresponsabilidad sería demasiado alto. Sería jugar con fuego.

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YouTube elimina vídeos que pueden servir de pruebas de crímenes de guerra

Durante años, YouTube ha sido acusada de promover el terrorismo por los miles de vídeos que alberga que incluyen imágenes de guerras, atentados terroristas o contenido propagandista subido por grupos yihadistas. La empresa, propiedad de Google desde 2006, comenzó a borrar de forma masiva en agosto contenido que considera “extremista” y que vulnera las condiciones de uso de la plataforma. El resultado fue que desaparecieron vídeos publicados durante años por todo tipo de organizaciones que documentan crímenes de guerra ocurridos en Siria y otros países y cuya intención no era obviamente hacer propaganda de esos actos de violencia.

Todo se hizo de forma automática. El 1 de agosto, YouTube ya había anunciado que había mejorado su capacidad de controlar los contenidos gracias a los avances tecnológicos en la identificación automática de imágenes. “Cutting-edge machine learning technology” significaba que la inteligencia artificial iba a llegar donde el ser humano no podía. De ahí que alardeara de que en el caso del 75% de los vídeos identificados como “extremismo violento” que ya habían sido borrados no se había necesitado que un usuario los denunciara.

Una semana después, se dio la voz de alarma. Grupos de derechos humanos o activistas que denuncian crímenes de guerra descubrieron que parte de su trabajo de años de documentar atrocidades de todo tipo había desaparecido. En algunos casos, la reclamación surtió efecto, aunque de forma parcial (los vídeos volvieron, pero no las ‘playlist’ que agrupaban varias imágenes y que servían para dar la mayor información posible de forma relacionada). En otros casos, una respuesta automática rechazaba el recurso.

“Hay probablemente unas 200 organizaciones de la sociedad civil que funcionan sólo en Siria. Algunos han arriesgado sus vidas, otros las han perdido para documentar atrocidades y violaciones de derechos humanos”, dijo al NYT Keith Hiatt, de la ONG Benetech.

“Con tal volumen masivo de vídeos (400 por minuto, según un cálculo de la empresa), a veces tomamos la decisión equivocada”, explicó un portavoz en un comunicado. “Cuando nos notifican  que un vídeo o canal ha sido eliminado por error, actuamos rápidamente para devolverlo”.

Tuve la ocasión de comprobar que no era así, es cierto que por un caso no muy grave. El 24 de julio, antes de que salieran las primeras noticias sobre los vídeos borrados en todo el mundo, recibí una notificación de YouTube que me comunicaba que se había eliminado de mi cuenta un vídeo de 2006 en el que aparecía Al Zarqaui, líder de Al Qaeda en Irak. Las imágenes habían sido hechas públicas por el Ejército norteamericano con la intención de burlarse de él, de presentarlo como un patán que no estaba a la altura de la imagen de combatiente con la que se presentaba.

Al Zarqaui aparecía probando una ametralladora ligera M249 en una zona desértica al sur de Bagdad. Se le encasquillaba y uno de sus hombres tenía que ayudarle para que pudiera seguir disparando (la escena puede verse aquí). El vídeo tenía una cabecera que lo identificaba como difundido por los militares de EEUU.

Como táctica propagandística para ridiculizar a Al Zarqaui, era discutible. CJ Chivers contó que se trataba de un arma norteamericana que no sería fácil de manejar para alguien acostumbrado a usar el sencillo y resistente AK47. Por lo demás, si era una M249, se trataba de un arma que militares de EEUU habían dejado que cayera en manos de Al Qaeda. Nada de lo que enorgullecerse demasiado.

La notificación de YouTube informaba que el vídeo violaba las condiciones de uso e invitaba a presentar una reclamación, aunque con un texto no muy largo, pero que al menos permitía contar el origen de las imágenes y lo que se veía en ellas.

Dos días después, otra notificación automática indicaba que la reclamación había sido rechazada, lo que suponía una suspensión de la cuenta durante tres meses.

La pérdida de ese vídeo no es ninguna tragedia. No ocurre lo mismo con todos las imágenes relacionadas con violaciones de derechos humanos que algún día podrían ser utilizadas en una acusación de crímenes de guerra. Este mes, el Tribunal Penal Internacional emitió una orden de detención contra Mahmud al-Werfalli, jefe de una unidad de la milicia que dirige en Libia el general Khalifa Haftar. La acusación es por la presunta ejecución de decenas de prisioneros. La prueba más evidente son los vídeos que aparecieron en redes sociales en los que un grupo de presos, miembros del ISIS, a los que vistieron con monos naranjas, eran asesinados a sangre fría.

Al Werfalli aparece en este vídeo disparando a tres hombres arrodillados con un AK47 y ordenando la ejecución de otros presos. Este último vídeo está alojado en YouTube y es una prueba evidente de la comisión de crímenes de guerra por parte de un grupo armado que cuenta con el apoyo de los gobiernos de Egipto y de los Emiratos. Hay que confiar en que no incurra en el rechazo automático de la inteligencia artificial de YouTube.

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Este mapa define la realidad política de África

Son catorce gobernantes africanos (más el angoleño Dos Santos que acaba de abandonar el poder tras 39 años en el poder) que han convertido su presidencia casi en vitalicia. Los más jóvenes, Nkurunziza, de Burundi, y Gnassingbe, de Togo, sólo llevan doce años en el puesto. Les queda mucho tiempo por delante.

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Las imágenes que demuestran la pasividad de la policía en Charlottesville

El NYT selecciona varios imágenes de los incidentes ocurridos en la ciudad de Charlottesville, Virginia, el 12 de agosto, anteriores al momento en que un coche conducido por un joven de ideas neonazis arrollara a un grupo de manifestantes antifascistas y matara a una joven. El periódico dice que la respuesta fue “lenta”, lo que es una valoración muy caritativa. Lo que reflejan estas escenas es una pasividad manifiesta de las fuerzas policiales durante esa mañana.

Otro vídeo refleja un incidente más grave (se puede ver aquí) en que un neonazi saca la pistola y dispara al suelo cerca de las personas que le increpan. La policía dice que ningún agente escuchó el disparo en ese momento. Según el NYT, hay una persona detenida por ese suceso.

A pesar de todos los incidentes violentos, la policía sólo hizo ocho detenciones ese día. Es un número anormalmente bajo en un país en que la policía pone las esposas a cualquiera que muestre un comportamiento violento, o sencillamente demasiado agresivo en una concentración.

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