El PNV pone la letra y la música, y los demás bailan

Hace mucho tiempo, Gary Lineker decía que el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y en el que siempre gana Alemania. Viene a ser lo mismo con las elecciones vascas. Juegan un montón de partidos diferentes, incluso ahora ha aparecido una candidatura más de peso, pero siempre gana el PNV. Y eso que la última legislatura no fue precisamente una sucesión de éxitos ni de grandes eventos.

El PNV –sobre todo, el PNV de Bizkaia– se llevó un susto de muerte cuando Ibarretxe llevó su proyecto soberanista a Madrid, fue derrotado y se arriesgaba a pasar ante los tribunales. Con la siguiente convocatoria electoral, cerraron la historia, dieron las gracias a Ibarretxe por todo y pusieron a Iñigo Urkullu al frente de la nave. No hay nada más anticarismático en el mundo conocido que el lehendakari, pero qué más da cuando encabezas la candidatura del PNV.

Mucho antes de que se hablara de transversalidad en España, el PNV ya estaba allí. Mucho antes de que los dirigentes de Podemos popularizaran el concepto de hegemonía tal y como lo explicó Gramsci, el PNV había extendido su idea de hegemonía en los campos político, cultural y social vascos sin necesidad de sacar mayorías absolutas.

Patxi López gobernó cuatro años en Ajuria Enea con el apoyo del PP y siempre pareció que estaba allí con un contrato temporal. El PNV es otra cosa.

Continúa en Zona Crítica.

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Dos semanas en Euskadi

La muy escasa actividad del blog en estas dos semanas se debe a que he estado en Euskadi cubriendo la campaña electoral vasca. Aquí paso algunos de los artículos que he escrito:

–Las claves de una campaña que el PNV necesita ganar dos veces, la segunda a partir del lunes. El partido de Urkullu ha conseguido extender su hegemonía con el control de las principales instituciones. Esa hegemonía no se mide en mayorías absolutas, sino en su capacidad de imponer un mensaje determinado en el ámbito político, cultural y social. Los demás partidos aceptan que superar al PNV en votos en unas autonómicas es imposible. Eso no quiere decir que se vayan a entregar en el Parlamento vasco, como quedó claro en la última legislatura.

–EH Bildu hizo una apuesta arriesgada por un tripartito con PNV y Elkarrekin Podemos que no tenía futuro. Se juega mucho porque volver a quedar por detrás de Podemos sería una trauma de los que obligan a muchas reflexiones. Bildu tiene un suelo alto, pero también techo, sobre todo en Bizkaia.

–Los votantes del PNV y Podemos se parecen bastante, lo que es toda una sorpresa. Al menos en sus respuestas sobre situación económica y autogobierno no están muy separados.

–El PNV ha rechazado por completo imitar el proceso catalán de ruptura inmediata con España. Ni frentismo ni desafíos unilaterales al Estado. El partido no salió muy convencido del fracaso del plan Ibarretxe, y Urkullu menos que nadie.

–El PP se lanzó otra vez contra la prestación social que desde hace décadas facilita un subsidio a las personas sin recursos. En realidad, sólo le molesta que se entregue a inmigrantes.

–La imagen de la campaña fue el momento en que Alfonso Alonso se quedó sin palabras ante Pili Zabala, hermana de un miembro de ETA asesinado por el terrorismo de Estado. Esta es la historia del secuestro y asesinato de Lasa y Zabala.

–Errejón apostó en la campaña por el discurso de combate contra los poderosos. Pero la campaña de Elkarrekin Podemos tuvo un cariz diferente a las campañas de Podemos en las elecciones generales, entre otras cosas por la personalidad de Pili Zabala.

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El apoyo de Cruz demuestra por qué Trump se ha acercado a Clinton

Cruz y Trump en las primarias, cuando se odiaban

Ted Cruz tuvo una intervención espectacular en la Convención republicana. Consiguió un puesto relevante en la tribuna de oradores sin haberse comprometido a apoyar a Donald Trump y luego en el discurso se dedicó a explicar de forma sutil por qué podía no ser una buena idea votar al aclamado candidato del partido. Pero fue en un desayuno con toda la representación del Estado de Texas donde Cruz clavó el cuchillo a Trump hasta lo más hondo:

“No tengo la costumbre de apoyar a gente que ataca a mi esposa y ataca a mi padre. Y esa promesa (de apoyar al candidato) no era un cheque en blanco que dice que si difamas y atacas a Heidi (su mujer), voy a comportarme como una mascota servil a pesar de eso”.

Moviendo la cola, la mascota, es decir, Ted Cruz ha anunciado el viernes su apoyo a la candidatura de Trump.

La airada reacción de Cruz en la convención le ganó el respeto de muchos izquierdistas que odian a Trump, y que hasta ese momento odiaban con más motivo a un reaccionario integrista como el senador de Texas. Otros comentaban que se estaba colocando en el sitio perfecto para afrontar las primarias para las elecciones de 2020, partiendo de la base de que Trump perdería con claridad y los republicanos que le hicieron frente se sentirían reivindicados.

Si esto último es así, la decisión de Cruz es un buen ejemplo, tan bueno como dos o tres encuestas, de que Trump está muy cerca de Hillary Clinton en los pronósticos de cara a las elecciones de noviembre. No es el favorito, pero ya se puede decir que ha compensado la mayor parte del daño sufrido en su horrible mes de agosto.

Cruz ha tragado lo que no está escrito antes de dar este paso. Recordemos que Trump no sólo se burló del aspecto físico de la esposa del texano, dando a entender, con dos fotos de Heidi Cruz y Melania Trump, que él sí que podía presumir de tía buena en su matrimonio. También sugirió que el padre de Cruz pudo tener algo que ver con el asesino de Kennedy, una acusación ridícula que obligó a los medios a tomarse un tiempo en comprobar que efectivamente era una acusación ridícula.

A pesar de todos los insultos que se dirigieron, era cuestión de tiempo que Cruz se bajara los pantalones aceptara la realidad y, conteniendo la respiración, escribiera un comunicado expresando su apoyo a Trump. Ya tras la convención, sufrió el repudio de grandes millonarios –es decir, grandes donantes a sus campañas–, que le acusaron de pasarse al enemigo y propiciar la victoria de la odiada Clinton. Lo mismo ha ocurrido con otros congresistas que han tenido que pasar por el mismo bochorno, después de todas las invectivas que lanzaron contra el magnate inmobiliario.

En 2018, Cruz afronta la reelección en Texas. Si Trump pierde por una escasa diferencia, el texano será uno de los presuntos culpables y podría tener un recorrido difícil en las primarias republicanas. Obviamente, si Cruz pierde en 2018, ya puede olvidarse de intentar ser presidente en 2020.

Durante muchos años, hemos leído que los dos grandes partidos norteamericanos no son como los europeos. Para empezar, no tienen ningún aparato –algo que se pueda resumir con las palabras Ferraz o Génova– que mantenga la disciplina e impida cualquier conato de disensión interna. Eso era antes. La combinación del poder republicano en el Congreso y la acción concertada de grupos de presión externos (think tanks, grupos de donantes, algunos medios de comunicación como Fox News…) forman una estructura menos definida que la habitual en un partido europeo, pero no menos poderosa.

Una parte de ese poder interno hizo lo posible por que Trump no fuera elegido, no con mucho éxito. Una vez que quedó frente a Clinton para el duelo decisivo, se acabaron las dudas. Desde la extrema derecha más racista hasta los patricios del Partido Republicano, con algunas excepciones, todos piden ahora el voto para Trump.

Algunos periódicos conservadores, como el Cincinnati Enquirer que llevaba un siglo apoyando a candidatos republicanos, ahora prefieren el mal menor de Clinton, pero, claro, ¿cuántos votantes republicanos leen la prensa a estas alturas?

Lo mismo se puede decir de la mayoría de los votantes habituales de ese partido, o al menos los suficientes como para que les haya entrado un sudor frío a todos los que pensaban que Trump no tenía ninguna posibilidad de ganar. O sea, a casi todos nosotros.

En agosto, Trump estaba en esa misma situación. Con menos votantes de raza blanca que Romney, en especial entre las mujeres y las personas con educación universitaria, y muchísimos menos votantes latinos o de raza negra, no podía ganar. Esos números han ido cambiando, como se aprecia en los estados importantes (Ohio, Florida, Carolina del Norte…) donde Clinton llevaba una ventaja pequeña o significativa.

Hay que dejar claro que Clinton podría ganar en varios de esos estados y obtener una victoria fácil, precisamente como es el caso de Ohio, Florida y Carolina del Norte, porque la media de encuestas no puede ser más igualada. Pero también podría perder en todos ellos.

Cruz llamó a Trump “mentiroso patológico”. Es muy posible que siga pensando lo mismo, pero está obligado a apoyar su campaña, aunque sólo sea con un comunicado. Muchos votantes republicanos estarán pensando algo parecido: el tipo es infumable, pero cualquier cosa es mejor que Clinton.


La foto es de un debate en las primarias republicanas en marzo.

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El mensaje xenófobo de los Trump y sus antecedentes nazis

Los refugiados son veneno para los Trump

“Los Skittles son dulces. Los refugiados son personas”, ha dicho el fabricante de ese producto tras ver el tuit del hijo mayor de Donald Trump. Gran error. El multimillonario comenzó su campaña en las primarias republicanas afirmando que los inmigrantes mexicanos que habían llegado a EEUU eran criminales, narcotraficantes y violadores, excepto algunos que quizá eran buenas personas. En cierto sentido, el tuit de Donald Trump Jr. es una mejora. Ahora los criminales son sólo tres sobre un número mucho mayor de refugiados.

Es una constante en las afirmaciones racistas menos extremas mantener que no se tiene nada en contra de esas personas. Sólo se les quieren tener lejos, fuera de mi país, fuera de mi colegio, fuera de mi barrio, etcétera. Es una reclamación que hace Trump con frecuencia, cuando quiere no parecer un sociópata, pero las frases que le permitieron ganar la candidatura republicana han sido otras, más directas en la intención evidente de relacionar inmigración con criminalidad y terrorismo.

Un ejemplo es su costumbre de leer en mítines algunos versos de una canción –La serpiente–, basada en una fábula de Esopo, que cuenta cómo una mujer metió en su casa a una serpiente herida para acabar muerta tras ser mordida por el animal. Inmigrantes o refugiados son convertidos en animales peligrosos –a los que por aquello del antropomorfismo se tacha de traidores–, que no dudarán en morder la mano que les ha ayudado. Lo hemos escuchado mucho en Europa en el último año.

Comparar a los extranjeros o a las minorías del país con animales o insectos es una marca histórica de la propaganda fascista. Seres inmundos que se arrastran por el suelo, que contagian enfermedades y que son, también, traicioneros. No tienen por qué ser muchos ni aparentemente poderosos. Por debajo de la superficie, extenderán su poder y influencia maligna. Conspirarán. Las comparaciones con enfermedades, con virus y tumores, son también frecuentes. La única alternativa es la extirpación.

Veamos lo que dijo Trump hace unos días a cuenta del último atentado en Nueva York: “Están aquí. Y lo he estado diciendo (antes). Va a ser como un caballo de Troya. Estamos dejando a decenas de miles de personas que inunden este país, y en muchos casos forman un cáncer dentro” (del país). Y lo único que se puede hacer con un tumor es extirparlo.

Por eso, es tan apropiado que en The Intercept hayan recordado que la metáfora empleada por el hijo de Trump tiene una historia muy larga que se repite desde hace décadas en comentarios racistas. El origen puede encontrarse en un libro para niños escrito por Julius Streicher, el nazi que fundó el periódico Der Stürmer. En él, una madre explica a su hijo que con sólo un judío es posible acabar con un país: “Un solo judío puede destruir todo un pueblo, toda una ciudad, incluso toda una nación”.

Streicher fue ejecutado tras los juicios de Nuremberg.

Actualmente, en EEUU emplear esas metáforas no te lleva al patíbulo ni ante un tribunal. Te permite ser elegido candidato a la presidencia por el Partido Republicano y te coloca en las encuestas muy cerca de tu principal adversario.

¿Cómo es posible eso? Echar un vistazo a la historia te permite descubrir que en determinadas épocas ese tipo de actitudes xenófobas, racistas o a veces simplemente fascistas tienen buena salida en el mercado de la opinión pública.


Para los que sólo están interesados en la seguridad, en Vox han tirado de números a partir de estos dos datos. Las probabilidades de que un estadounidense muera en un atentado cometido por un refugiado son uno sobre 3.640 millones. La tasa de homicidios en EEUU es 163.800 veces más alta.

Se ve mucho mejor en el gráfico que acompaña al artículo.

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Obama on fire contra Trump

¿Me dejáis soltarme un poco?, dijo Obama en un mitin en Filadelfia. Le dejaron y se lanzó a un alegato contra Donald Trump que es de los más intensos y efectivos que se han visto en esta campaña. Tan bueno que casi deja en mal lugar a Clinton en la comparación. Con razón le ganó tan fácil en las primarias de 2008.

¿Transparencia? “Hay un candidato (por Clinton) que ha hecho públicas sus declaraciones fiscales de décadas atrás. El otro candidato es el primero en décadas que se niega a entregar un solo dato”. Luego pasa a las fundaciones. Sobre la Fundación Clinton, Obama dice que “ha salvado muchísimas vidas en todo el mundo” (un poco exagerado y obvia la polémica sobre el origen de esas donaciones, entre los que están regímenes autoritarios o dictaduras en la época en que Clinton era secretaria de Estado).

De la fundación de Trump, afirma que utilizó dinero de las donaciones para pagar un retrato suyo de 1,82 metros de altura (lo que es cierto). “Al menos, tuvo el buen gusto de no elegir la versión de tres metros”.

Obama sigue y sigue. Como un artista de la stand-up comedy, aprovecha las reacciones del público. La gente abuchea cuando oye el nombre de Trump y el presidente norteamericano les dice: “Nada de abucheos. Votad”.

Se hace llamar empresario, dice, y pasa a resumir su trayectoria, lo peor de ella, claro: las demandas en tribunales, trabajadores a los que no paga, gente estafada… “Siempre oigo esos análisis que dicen que es un tipo que defiende a los trabajadores. ¿En serio?”. “¿Él va a ser el campeón de los derechos de los trabajadores? ¿Seguro? No os iba a dejar entrar a ninguno a sus campos de golf”.

¿Cómo desaprovechar los elogios de Trump a Putin? “Yo tengo que hacer negocios con Rusia, pero no voy por ahí diciendo que (Putin) es un modelo a imitar”. Trump sólo busca dividir y atemorizar, afirma, “y cree que si asusta al número suficiente de personas, tendrá los votos para ganar las elecciones”.

Y también hay tiempo para sacudir al Partido Republicano.

Como siempre con los buenos discursos políticos, el truco está en apelar a lo mejor de sus compatriotas y olvidarse de lo peor. Al final, se trata de una campaña electoral y hay que acariciar al votante. Se le puede estimular apelando a los resentimientos y al odio al diferente, como hace Trump, y en el tono en que lo hace Obama, que incluye también el ingrediente fundamental en las campañas: ridiculizar al rival.

Obama ya no puede presentarse a la reelección, así que los norteamericanos que no soporten a Trump deberán conformarse con Clinton.

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La falta de credibilidad de Clinton no se cura con antibióticos

Escribí hace unos días que la cobertura de una campaña en EEUU puede cambiar por completo si los medios deciden por alguna razón que un candidato es más vulnerable que la semana anterior. Abandonar antes de tiempo el homenaje del 11S, caminar con paso inseguro hasta el coche, estar a punto de desvanecerse y ser agarrada por los brazos por los escoltas… sí, ese tipo de cosas te hace parecer más vulnerable.

Segundo revés para Hillary Clinton: su campaña dijo después que ella se encontraba bien. Clinton abandonó después del susto el piso de su hija y salió a la calle sonriente y saludando. Todo bien hasta que unas horas más tarde se supo que el viernes un médico le había comunicado que tenía neumonía.

Primero, se comprobó que tenía dañada la salud. Más tarde, fue la credibilidad la que sufrió un duro golpe. Suficiente para alimentar a los medios de comunicación durante varios días como mínimo.

Clinton no se va a morir y se recuperará con antibióticos y descanso. Lo malo es que cuando su campaña lo anuncie, habrá muchos que no le crean. El tradicional secretismo de Clinton y su aversión a los periodistas forman una mala combinación a menos de dos meses de las elecciones. Por contraproducente para tus propios intereses, pero los políticos que no se fían de los periodistas siempre terminan llegando a la conclusión de que ante la duda, mejor no contar nada. Eso incluye a los votantes, una decisión nada inteligente si se acerca la cita con las urnas.

En una contienda entre dos candidatos de edad avanzada (Clinton, 68 años; Trump, 70), su estado de salud es motivo del máximo interés para los ciudadanos. Tienen derecho a saber si su edad o salud influirá en la forma en que ejerzan el cargo. Ambos han presentado a la opinión pública mucha menos información que candidatos anteriores sobre su condición física. En el caso de Trump, casi no ha contado nada, excepto una nota de cuatro párrafos escrita en cinco minutos por un médico de aspecto bastante singular.

Nadie espera nada diferente de alguien como Trump, que se ha negado a hacer pública su declaración de impuestos, como es tradición allí. Pero a Clinton le conviene no continuar confirmando su fama de política poco honesta y no muy creíble para conservar el mayor número de votos de la coalición de electores que dio dos victorias a Obama.

Hay otra forma de ver la actitud de Clinton y su decisión de seguir haciendo la campaña después de que le avisaran que estaba enferma. Es desgraciadamente una costumbre “muy americana”. Una cuarta parte de los trabajadores de ese país confiesan que se presentan a trabajar cuando están enfermos. Sobre todo, porque no tienen elección, no se pueden permitir el sueldo que perderán por ausentarse aunque sea con motivo, o porque creen que es lo que se espera de ellos. En especial, en el sector servicios y entre los empleos con menores sueldos, los trabajadores norteamericanos no tienen derecho a ponerse enfermos.

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La pregunta más sencilla: ¿qué es Alepo?

Gary Johnson no sabe lo que es Alepo

Un candidato a la presidencia de EEUU que nunca será presidente de EEUU reconoce en una entrevista que no sabe lo que es Alepo. Es aún peor. El periodista le pregunta por la ciudad siria, escenario desde hace meses de las escenas más terribles de la guerra en ese país, y Gary Johnson pone cara de no saber de lo que le están hablando. “It’s just a mess”, acierta a decir después de que le den una pista. ¿Puede ser peor? Sí. Luego dijo que pensaba que se trataba de un acrónimo.

Johnson, que fue gobernador durante ocho años del Estado de Nuevo México, es el candidato del Partido Libertario. La presencia de Donald Trump le ha servido para aparecer en algunos sondeos nacionales con porcentajes algo más que simbólicos, incluso cercanos al 10%. No llegará tan lejos en noviembre.

Tras la entrevista, intentó dar explicaciones sobre su error y casi fue peor. Al menos, no lloró, aunque intentó dar un ejemplo sobre algo que le había pasado con una pregunta que le hicieron cuando era gobernador y la cosa no mejoró mucho.

Sería un error consolarse con el hecho de que Johnson no puede ganar las elecciones. El problema es que gente que supuestamente sabe mucho más sobre Siria que él demostró después un nivel de ignorancia similar. Robert McKey lo explica muy bien en The Intercept. Un exembajador de EEUU en Irak, alguien a quien se le suponen mayores conocimientos en política y geografía, dijo que Alepo era “la capital del ISIS”, confundiéndola con Raqqa que es una ciudad que ha aparecido con frecuencia en los medios de comunicación norteamericanos y que EEUU y Rusia llevan bombardeando desde hace mucho tiempo.

Para terminar de quedar como un idiota, el embajador Christopher Hill se mostró condescendiente y muy pagado de sí mismo cuando comentó el error de Johnson. Es más ignorante aquel que presume de lo que no sabe que el que reconoce que no sabe mucho.

Un exportavoz de EEUU en la ONU incidió en la misma equivocación en Twitter –dando a entender que se trata de la ciudad controlada por ISIS–, un detalle que no debería llamarnos la atención a menos que recordáramos que este hombre aparece con frecuencia en los canales de noticias como experto en asuntos internacionales para afirmar que Hillary Clinton no sabe nada de política exterior. ISIS no está “creciendo” en Alepo, como dice, por la pasividad de Obama, porque los yihadistas no están presentes en la ciudad, y sólo en algunas zonas de la provincia del mismo nombre, y sin ninguna posibilidad de penetrar en la ciudad.

Era el día de los ineptos. La primera noticia que salió en el NYT sobre el error de Johnson cometió el mismo error y al corregirlo insistió en el patinazo al llamar a Alepo la capital de Siria.

Cualquier persona que lea de vez en cuando las noticias de Siria, pongamos una vez a la semana, sabe qué es Alepo. Incluso si ve algunos informativos de televisión en EEUU habrá visto imágenes de la ciudad. AJ+ ha sacado algunos vídeos para refrescar los conocimientos de los ignorantes.

Channel 4 tiene varios reportajes sobre lo que está ocurriendo en esa ciudad.

Alepo ha estado presente en las noticias de Siria casi desde el inicio de la guerra. A mediados de 2015, los combates se recrudecieron con constantes bombardeos del Gobierno sobre las zonas controladas por los insurgentes y la respuesta de estos con ataques con morteros y artillería sobre el otro lado de la ciudad. En ambos casos, la población civil es quien recibe el mayor castigo. La imagen de un niño herido estuvo en todas las portadas y pantallas hace tan sólo unas semanas. Podríamos decir que no en las suficientes.

Parece que en Alepo no han sufrido lo suficiente como para que algunos presten atención.

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Cinco claves de la campaña electoral de EEUU que acaba de comenzar

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El lunes 5 fue el Día del Trabajo en EEUU, el día en que se suele decir que comienza de verdad la campaña electoral en ese país. Todo el proceso interminable y agotador que comienza en enero con las primarias (y que para todos los candidatos empezó mucho tiempo antes) tiene un nuevo punto de partida ese día por una sencilla razón: a estas alturas nadie puede estar seguro por completo del nombre del ganador.

Para pensar eso, deberíamos hacer un borrado del cerebro y poner entre paréntesis todo lo ocurrido en estos últimos meses, incluido un agosto que ha sido particularmente terrible para Donald Trump. Evidentemente, eso es imposible y no podemos obviar los unánimes comentarios de los medios norteamericanos que han llegado a una sola conclusión: con los números actuales, Trump no puede ganar estas elecciones. Ese pronóstico no es absurdo, más allá de que la mayoría de políticos y periodistas están convencidos de que la elección del millonario de Queens sería el equivalente al sonido de la primera trompeta del Apocalipsis, pero es una apuesta algo más que arriesgada. Siempre lo es a dos meses de la votación. ¿Por qué?

Las encuestas no suelen ser muy rápidas para detectar cambios bruscos de la opinión pública, y si lo hacen se topan con el escepticismo general. Las campañas de los candidatos, dirigidas por profesionales de amplia experiencia y engrasadas por decenas de millones de dólares a partir de ahora, cometen errores de principiante. Los candidatos arrastran un considerable cansancio mental y sienten la obligación de atenerse al guión que les ha colocado en esa posición: si necesitan cambiarlo, puede que lo hagan tarde y mal. Los votantes no son muy distintos allí a los demás países occidentales (votan en función de sus ideas e intereses, en decir, sobre cuestiones de política nacional), pero pueden verse condicionados por hechos catastróficos ocurridos fuera de sus fronteras y por la lectura interesada que hagan de ellos las élites políticas y periodísticas. Los medios de comunicación son capaces de cambiar, digamos, su ‘discurso oficial’ si creen que un candidato está más o menos débil que una semana antes. Nada les gusta más que anunciar que nada está decidido y que cualquiera puede ganar. La gente presta más interés si cree que el resultado se decidirá en la última curva.

Ohio es nuestro Aragón (por dar la vuelta al título del libro de Piedras de Papel)

Los aviones que llevaban a Hillary Clinton y Donald Trump coincidieron el lunes en las pistas del aeropuerto internacional de Cleveland. Parecían que nos querían recordar uno de los lugares comunes más citados sobre las elecciones de EEUU: atentos a lo que pase en Ohio. Allí, la media de sondeos de RCP da a Clinton una ventaja de 3,3 puntos. Ahora mismo, al igual que en otros estados, ese dato no dice mucho. En agosto se hacen en muchos sitios menos encuestas –eso cambiará a partir de ahora–, al ser un mes de menor actividad. Eso era antes, claro, porque con Trump cada día es un viaje a lo desconocido, y en agosto ha viajado a todos los destinos imaginables.

Un dato que hay que recordar cada vez que salga Ohio. Clinton puede ganar sin vencer en Ohio. Trump, no. Cada Estado es diferente, pero hay muchos que comparten factores sociales, políticos y económicos. Si Trump no está en condiciones de ganar en Ohio por una cierta distancia, no tiene muchas posibilidades en lugares cercanos como Wisconsin y Pennsylvania. En ese caso, está muerto porque obviamente para ganar tiene que arrebatar a Clinton estados que Obama ganó en 2008 y 2012. El camino hacia una victoria de Trump existe, pero aún está muy lejano para él: tiene que ganar en Florida y en los estados más poblados del Medio Oeste, incluido Ohio, donde la mayor participación en las urnas (en relación a las legislativas) suele beneficiar a los candidatos demócratas.

Sólo hay un Trump

Olvídense del supuesto giro moderado de Trump en materia de inmigración con el que se ha especulado en algunos medios norteamericanos. No den importancia a su viaje a México, aunque el único que salió perdiendo fuera Peña Nieto. No se pueden quitar las manchas a un leopardo. Trump ha fundamentado su aparición fulgurante en la política de su país en la apelación constante al supuesto maltrato que sufre la población de raza blanca a manos de Washington, las grandes empresas y los privilegios que disfrutan las minorías y los inmigrantes sin papeles. Desde el principio en las primarias republicanas, los votantes más preocupados por la inmigración fueron los que mostraban un apoyo más claro a Trump.

Este mismo lunes, el candidato republicano insistió en que está en contra de cualquier regularización masiva de los 11 millones de trabajadores extranjeros, no importa cuánto tiempo lleven en EEUU. Sólo ofreció, y a largo plazo, la opción de siempre: “Tienes que salir (del país) y ponerte a la cola”. Es lo que sus votantes republicanos quieren escuchar. Además, a estas alturas, cambiar de registró no le garantizaría muchos votantes nuevos y sólo decepcionaría a los que ya tiene asegurados.

Clinton y sus millonarios

Agosto es la época en que los candidatos llenan la bolsa de dinero. Y de qué manera. El titular del NYT era bastante revelador: “¿Dónde ha estado Hillary Clinton? Pregunte a los ultraricos”. Incluidos los ultraricos famosos: Calvin Klein, Harvey Weinstein, Justin Timberlake, Jon Bon Jovi o Paul McCartney. Con estos dos últimos, cantó ‘Hey Jude’ en uno de los momentos más horribles y privados de esta campaña. Clinton recaudó 143 millones de dólares en agosto, su récord en esta campaña. En las dos últimas semanas, unos 50 millones en 22 actos, lo que viene a ser 150.000 dólares la hora, según un cálculo del NYT.

Evidentemente, Clinton ha anunciado en campaña que su corazón reserva un amplio y generoso espacio a esa clase media que ha visto congelados sus salarios reales desde hace no ya años, sino décadas. ¿Y qué hay de los que están por debajo de la clase media y que cobran salarios de miseria en el sector servicios?

Bernie Sanders dio un considerable empuje a la campaña nacional por un salario mínimo de 15 dólares la hora (el actual está en unos miserables 7,25$). Clinton se vio obligado a hacer una promesa concreta –las únicas que valen– y dijo que estaba a favor de subirlo a 12 dólares. La ley aprobada en el Estado de Nueva York vino en su ayuda: subirlo a 15 en la ciudad de NY y municipios cercanos y dejarlo en 12 en el resto del Estado, en zonas de menor empuje económico.

Es un avance, pero la propia Clinton se refiere a la necesidad de revisar las circunstancias económicas para que ese incremento no provoque la pérdida de empleos. Es la típica excusa, constantemente utilizada y desmentida por varios estudios económicos de la última década, según la cual un aumento del salario mínimo puede hacer que los empresarios contraten a menos gente. Es el argumento etiquetado como pragmático que conocerán muy bien los estadounidenses que vivieron bajo la Administración de su marido en los 90 y que permite siempre no hacer nada que cambie las condiciones económicas básicas del mercado laboral.

Un referéndum sobre Trump

Una de las razones que explican la superioridad de Clinton en los sondeos es que la campaña ha sido una especie de referéndum sobre Trump. En condiciones normales, acaparar la atención de los medios es una ventaja obvia, y eso es lo que ocurrió en las primarias republicanas. Los rivales de Trump se quedaron sin respuesta a la obsesión mediática por el candidato más estrafalario de la carrera. Los hubo como Marco Rubio que no quisieron atacarle al principio y cuando se decidieron a pasar a la ofensiva hicieron el ridículo.

Eso hizo que algunos medios realizaran el cálculo de la publicidad gratuita que suponía para Trump esa atención periodística. Le estaban haciendo la campaña sin que él tuviera que gastarse un dólar, decían. Cuando empezó el duelo contra Clinton, se vio que esa frase de ‘que hablen de mí, aunque sea mal’, no siempre funciona en política. Y además una campaña nacional no es lo mismo que unas primarias de partido. El escrutinio de los negocios empresariales de Trump y de sus propuestas ideológicas –algunas por demasiado derechistas, otras por simplemente ridículas– le hundieron en las encuestas.

Gracias a la permanente colaboración de Trump, los medios descubrieron una mina inagotable. La tradicional equidistancia de algunos de ellos cuando llegan las elecciones saltó por los aires. Trump las 24 horas del día significaba hablar de sus maniobras en el mercado inmobiliario de Nueva York destinadas a no permitir que los negros entraran como inquilinos en sus viviendas, sus relaciones con personajes del crimen organizado de la ciudad, sus estafas nada ocultas en un proyecto de seudouniversidad, su opinión sobre las mujeres como objetos sexuales, su campaña pésimamente organizada o sus ideas económicas muy alejadas de los dirigentes republicanos en materia de comercio, por no hablar de su ya muy conocida e inviable propuesta de expulsar a millones de extranjeros.

Ese tipo de cosas que no contribuyen a generar confianza entre los votantes que no están vendidos en cuerpo y alma a cada partido.

Por eso, muchos de los anuncios de la campaña de Clinton se basan fundamentalmente en utilizar las palabras de su rival. Trump como munición para atacar a Trump. Hasta ahora le ha ido bien a Clinton.

La candidata que se quedó esperando la victoria

Clinton ya probó el sabor de la derrota por creer que las primarias demócratas de 2008 iban a ser una coronación. Ahora podría cometer el mismo error, porque la realidad es que la mayor parte del electorado no comparte la elevada opinión que ella tiene sobre sí misma.

Por muy horrible que sea Trump, al final es de suponer que recogerá la mayor parte de los votantes republicanos en unas presidenciales. Quizá en estados como Nueva York o California, los republicanos prefieran quedarse en casa, pero eso da igual porque allí no tiene ninguna posibilidad. Sí es cierto que ha demostrado ser vulnerable en estados donde los republicanos ganan de calle, pero si al final gana por unos escuálidos cinco puntos en por ejemplo Texas, no tendrá mayor importancia. Habrá ganado los 38 votos electorales de ese Estado.

¿Qué defiende Clinton? ¿Cuáles son sus ideas? ¿Entusiasma a los votantes demócratas más progresistas? ¿Puede quedarse con los votantes republicanos más moderados asustados por Trump? La respuesta a estas dos últimas preguntas podría ser no, y en ese momento empezarían los problemas para la exsenadora de Nueva York.

La gente que la conoce sabe que no va a cambiar. Pocos políticos cambian a los 68 años. Da imagen de competente y trabajadora –su imagen en EEUU mejoró en su etapa de secretaria de Estado, a pesar de que todo el mundo sabía que no coincidía en asuntos clave con Obama–, y al mismo tiempo de fría y calculadora, la clase de político que puede olvidarse de lo que ha prometido al poco de llegar al poder. Si comparamos el rechazo que generan ambos candidatos en las encuestas cuando se pregunta al votante si confía en alguno de ellos, los números de Clinton no son muy diferentes a los de Trump. Es una competición en la que ganará el menos malo.

Los tres debates con Trump serán mucho más importante de lo que parecía hasta hace unas semanas. La gente estará interesada en saber qué es lo que puede ofrecer Clinton a unos votantes que no sienten haberse beneficiado en nada de la recuperación económica de los últimos cuatro años. Todo el mundo da por hecho que su presidencia no sería mala para esos amigos multimillonarios que han regado de dinero a la Fundación Clinton y a su campaña electoral.

Sólo con esa montaña de dólares no se ganan unas elecciones.

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Pegó dos tiros a un periodista de The Times en Siria y ahora es uno de los “moderados”

the times ciaEl periodista de The Times Anthony Loyd encontró en agosto a un viejo conocido en un vídeo en el que se veía a un grupo de insurgentes trasladado por el Ejército turco al norte de Siria para expulsar al ISIS de esa zona fronteriza y –mucho más importante– hacer lo mismo con las milicias kurdas del YPG. No era precisamente un viejo amigo, porque Hakim Abu Jamal fue quien le disparó dos veces:

“Fue con una cierta sorpresa al ver un vídeo de los rebeldes victoriosos y apoyados por Occidente con que descubrí el rostro del último aliado de EEUU en la guerra contra ISIS en Siria. Era el rostro del hombre a quien vi por última vez en mayo de 2014 cuando se inclinó sobre mí para dispararme dos veces en el tobillo izquierdo casi a quemarropa mientras yo tenía las manos atadas. Era el castigo por haber intentado escapar de su banda de secuestradores que esperaba venderme (a otro grupo sirio).

Me disparó ante una multitud de curiosos, después de recibir una brutal paliza, denunciándome como ‘espía de la CIA’. Ahora, según parece, trabaja para ellos”.

Hakim Abu Jamal es otro de los muchos criminales empleados por los distintos bandos que combaten en Siria. En 2014 ayudaba a algunos periodistas occidentales y de hecho invitó a su casa a Anthony Loyd y a su compañero Jack Hill. Al día siguiente, los secuestró para conseguir dinero con el que comprar armas. La forma más rápida de obtener fondos no hubiera sido pedir rescate al periódico de esos reporteros o a su Gobierno, sino a otro grupo insurgente con mayor capacidad para retenerlos durante más tiempo (y por tanto, para poder exigir un rescate mayor).

the times loyd

Abu Jamal forma parte de al-Fawj al-Awwal, un grupo que opera en la provincia de Alepo y que Anthony Loyd identifica como uno de los que están controlados o financiados por la CIA. La iniciativa de la ofensiva turca sobre el norte de Siria ha partido del Gobierno de Erdogan, no de EEUU, para eliminar cualquier posibilidad de que los kurdos sirios puedan reunir las ciudades que han conseguido arrebatar al ISIS para establecer un embrión de Estado o zona controlada por ellos a lo largo del norte del país. Y en esta última invasión turca, aviones norteamericanos han cubierto con ataques aéreos el avance de los grupos sirios que los acompañan. Así, EEUU consigue apoyar a dos bandos enfrentados, porque en el último año ha hecho lo mismo con las milicias kurdas que han combatido contra ISIS.

Además, varios de los grupos sirios que colaboran ahora con Turquía han recibido apoyo de la CIA, en forma de dinero y armamento.

Entre esos grupos, también está el que asesinó en Alepo a un niño palestino de 12 años en julio porque su padre formaba parte de una milicia aliada con el Gobierno sirio. No sólo lo decapitaron, sino que lo grabaron en vídeo.

En ambos casos, esos grupos son definidos como “moderados” sencillamente por no ser ISIS o el Frente Al Nusra, ahora con un nuevo nombre con el que poner fin supuestamente a su relación con Al Qaeda. Son bandas que han cometido crímenes de guerra, según una denuncia reciente de Amnistía Internacional. En el caso de Abu Jamal, el testimonio del periodista de The Times lo confirma sin ningún género de dudas. Y Loyd no es el único que conoce sus antecedentes:

“Algunos activistas sirios que conocen la historia de Hakim Anza (otro de los nombres que usa Abu Jamal) estaban furiosos al verle en Facebook y Twitter alardeando de sus triunfos. ‘Es inaudito’, me dijo uno con la condición de que no diera su nombre, alguien que conocía a Hakim y que confirmó su identidad al verlo en el vídeo. “Cómo puede ser que un hombre como Hakim con un conocido pasado criminal como el suyo sea presentado por EEUU como una especie de héroe, recibiendo dinero y apoyo aéreo, mientras la gente honrada de Tal Rafat vive refugiada en Turquía sin recibir ninguna ayuda exterior”.

Norteamericanos y turcos tienen otras prioridades y en ellas un criminal como Abu Jamal cuenta con un papel protagonista.

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Pagafantas Rivera

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Hay días en que es duro ser Albert Rivera. No muchos, pero está claro que el viernes ha sido uno de ellos. Para ser más exactos, justo después de que se conociera la derrota de Rajoy en la segunda votación de su investidura y, pocos minutos después, cuando los medios de comunicación informaron de la decisión del Gobierno de proporcionar un retiro dorado a José Manuel Soria en el Banco Mundial.

Tan dorado como lo puedan ser 226.000 euros al año. Libres de impuestos. Esto último es un detalle importante para alguien como Soria si recordamos los negocios de sus empresas en paraísos fiscales.

Sólo hace unos días, Rivera creía estar en la cresta de la ola, surfeando este convulso momento político como si estuviera en las playas de California. Al anunciar el acuerdo con el PP, el líder de Ciudadanos no paraba de presumir: “El nuevo centro político arrastra a la vieja izquierda y a la vieja derecha a una etapa de regeneración y reformas”. Y con durísimas medidas anticorrupción, según decía. ¿Para qué, si no, sirve ese concepto tan querido por su partido como es la regeneración?

Continúa en Zona Crítica.

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