Noviembre 18, 2009

Otra guerra del fútbol

15.000 policías sudaneses vigilan hoy que el partido entre las selecciones de Egipto y Argelia no acabe en un enfrentamiento violento. Los dos equipos se juegan una plaza en el Mundial de fútbol y todos los precedentes hacen temer lo peor. Acabaron empatados en la fase de grupos gracias a un gol en el tiempo de descuento del encuentro celebrado en El Cairo hace unos días. Al final, ganó Egipto por 2-0 lo que obligó a este partido decisivo que se juega en terreno neutral, en Jartum.

Es cierto que 15.000 agentes son muchos. Casi tantos como aficionados egipcios y argelinos. Se entregó 9.000 entradas a cada federación. La rivalidad se remonta a un partido también de clasificación para el Mundial en 1989 y es muy violenta. En el partido de El Cairo, el autobús de la selección argelina fue apedreado. Tres jugadores resultaron heridos y dos de ellos saltaron al campo con vendajes en la cabeza. Hubo más de 30 heridos. Al día siguiente, las oficinas de la empresa egipcia Orascom y de EgyptAir fueron asaltadas en Argel.

La FIFA, siempre impermeable al sentido común, debería haber impuesto que el partido se celebrara en Europa o en algún lugar aún más lejano y prohibir la presencia de aficionados de alguna de las dos naciones. Prefirió respetar las normas y sortear entre ambos la elección de la sede. Ganaron los egipcios que decidieron que el partido se juegue en Sudán. Curiosamente, por la rivalidad futbolística entre Egipto y Sudán, las crónicas dicen que la mayoría de los sudaneses animarán a Argelia.
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Aquí están las imágenes del partido que ganó Egipto por 2-0 y que propició el desempate. El segundo gol llegó en el minuto 49 de la segunda parte. Atentos a los exuberantes comentarios en dos canales diferentes.
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21.30
Argelia se clasificó para el Mundial al ganar por 1-0. De momento, sin incidentes graves en el parte de sucesos.

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Diciembre 12, 2007

Un lugar prometedor para Osama bin Laden

Si, como es habitual en el caso de Al Qaeda, hablamos de franquicias, la organización terrorista no podría haber buscado un lugar mejor para asentarse que Argelia. A diferencia de otros países de Oriente Próximo y el Magreb –donde la sumisión de la población a los regímenes autoritarios es total–, en Argelia persiste una corriente de opinión radical e indomable dispuesta a matar y morir hasta su total aniquilación.

La única esperanza residía en que, por razones culturales o tácticas, los salafistas argelinos hubieran decidido que la de Al Qaeda no era su lucha. Eso parecía en un principio cuando algunos de sus sectores no estaban de acuerdo con prestar el juramento de lealtad a Bin Laden. Aparentemente, esas reticencias desaparecieron y la organización terrorista consiguió un nuevo frente de batalla que quizá en el futuro sea tan sangriento como el iraquí.

Los militares argelinos lo tienen ahora más difícil que en el pasado para acabar con este nuevo adversario. La guerra sucia de los años noventa fue muy eficaz, entre otras cosas por la complicidad manifiesta de los países europeos, pero las reglas son ya diferentes. La elección de los atentados de ayer no puede ser más reveladora: una de las zonas más protegidas de Argel y con mayor presencia de extranjeros y de sedes de organizaciones internacionales. A Al Qaeda no le preocupa que haya una represión brutal. De hecho, la está deseando.
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La franquicia de Al Qaeda en el Magreb demuestra su fuerza. Público.

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Octubre 28, 2007

Testigo de la guerra sucia de Argelia

Lo ha pedido la Interpol y la Policía española ha cumplido. Lo malo es que el detenido es Mohamed Samraoui, un ex coronel de los servicios de inteligencia argelinos que un buen día se convirtió en disidente, dejó su puesto en la embajada en Alemania y pidió asilo político, que le fue concedido. Quien ha hecho la petición de busca y captura a Interpol ha sido evidentemente el Estado argelino.

Samraoui es uno de los militares y policías argelinos que huyeron del país para relatar, en entrevistas o libros, las historias no contadas de la guerra sucia de Argelia. Lo cuenta Trinidad Deiros en Público:

Para debilitar al FIS, cuenta Samraoui, los generales ordenaron a los miembros de sus servicios secretos que se infiltraran en el partido islamista. También que crearan falsos grupos armados con el objetivo de atribuirles acciones violentas. Incluidos los famosos GIA (Grupos Islámicos Armados), a quienes las autoridades argelinas atribuyen la mayor parte de las atrocidades de una guerra en la que murieron casi 200.000 personas.

Samraui no sólo sostiene que este grupo fue creado ad hoc, sino que da detalles: dos de sus primeros jefes, Mohamed Leveilley y Abdelhak Layada, eran agentes del Departamento de Información y Seguridad (DRS en sus siglas en francés). Este servicio secreto militar fue una pieza clave en la lucha antiterrorista que el Ejército argelino puso en marcha con el objetivo oficial de acabar con los GIA.

Samraui fue detenido hace una semana y hasta hoy no se ha sabido nada. (Ignacio Cembrero también saca la historia en El País). ¿A qué esperaba el Ministerio de Interior para hacerla pública?

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