Abril 13, 2008
La antorcha de la vergüenza
Dos de las instituciones más secretistas y con un funcionamiento menos democrático en el mundo –el Gobierno chino y el COI– se han golpeado de bruces con la realidad. Vivimos en un planeta lo bastante pequeño como para que haya cada vez más gente que se preocupa, indigna o moviliza por sucesos que ocurren a miles de kilómetros. En definitiva, hay personas que se resisten a ser simplemente espectadores ante una pantalla de televisión.
Los Juegos Olímpicos son algo más que una serie de competiciones deportivas en las que participan los mejores en su especialidad. Sus propios organizadores los presentan como un acontecimiento que trasciende todas las divisiones sociales, culturales y económicas. El concepto que se repite constantemente es el de orgullo, uno de los sentimientos más difíciles de manejar.
La retórica nunca se queda corta. Cuando la antorcha de los Juegos de Atenas de 2004 pasó por la capital china en junio de ese año, el presidente del Comité Organizador de los JJOO de Pekín pronunció unas palabras premonitorias: “La llama olímpica sembrará las semillas de la paz, amistad y progreso en los corazones del pueblo chino”, dijo Liu Qi.
Había más semillas dentro de esa llama que China y el COI no llegaron a descubrir. Creían que el llamado “viaje de la armonía” iba a blanquear la tenebrosa reputación del Gobierno chino y al final ha ocurrido todo lo contrario.
La antorcha se ha tornado en símbolo de la represión, en un objeto que sólo puede pasear por nuestras calles si es protegido por la máxima seguridad. Ahora más que nunca los aros olímpicos tienen forma de esposas, como aparecen en el cartel de Reporteros sin Fronteras.
Nada representa mejor este penoso recorrido que la imagen de los ya célebres guardianes del chándal, los policías chinos que forman una coraza en torno a la antorcha. Definidos por Sebastian Coe como “matones” y acusados de comportarse como amenazantes robots que gritaban órdenes a los policías locales y a los portadores de la llama, son en realidad miembros de la Policía Armada del Pueblo.
Este cuerpo policial, con 700.000 integrantes, tiene como principales misiones la protección de la frontera, la vigilancia de las embajadas en Pekín y la represión de los disturbios, como los que tuvieron lugar recientemente en el Tíbet y otras provincias chinas. Igual que si en los Juegos de 1980, hubieran sido agentes de KGB de aspecto patibulario los que protegieran el recorrido de la antorcha.
En las etapas pendientes del relevo, los responsables de seguridad ya saben que tendrán que adoptar medidas similares a las puestas en práctica en San Francisco. El alcalde admitió que la única manera de impedir disturbios incontrolables era cancelar el recorrido nada más comenzar y trasladar la antorcha de forma casi clandestina al punto de llegada.
Los chinos están orgullosos con razón por la elección de su capital para los Juegos Olímpicos. Los demás también podemos estarlo por la reacción popular contra el paseo de la llama a mayor gloria de la represión. Una vicepresidenta del COI llamada Gunilla Lindberg ha dicho que los que protestan contra la antorcha son algo parecido a terroristas o al menos a los manifestantes violentos de las cumbres del G-8. “Nunca nos rendiremos a la violencia”, ha dicho esta señora.
No es extraño que los jerarcas del COI muestren una ceguera tan pronunciada. Para ellos, la reciente condena a tres años y medio de prisión a Hu Jia –conocido por su participación en campañas para la lucha contra el sida y sus críticas a la falta de libertades– es un asunto interno en el que no debemos inmiscuirnos. Podría poner en peligro el negocio.
La opción de boicotear los Juegos Olímpicos no es justa ni con los deportistas ni con la población china, que tiene ahora la oportunidad de mostrar al mundo el nivel de su desarrollo como país. Ellos tienen tanto derecho a los Juegos como los españoles, británicos o norteamericanos. Pero cualquier contacto oficial con las autoridades chinas durante la celebración del acontecimiento nos convierte en cómplices de los carceleros de Hu Jia.
Vivimos en un mundo imperfecto en el que no podemos negar que existen regímenes despreciables con los que tenemos que mantener relaciones. Asistir a sus fiestas o elogiar sus logros es un paso más que no debemos dar. La asistencia de cualquier representante oficial español a las ceremonias de apertura y clausura de Pekín 2008 sería una forma de agasajar a las autoridades chinas y olvidar el destino de gente como Hu Jia.
La causa que protegen los guardaespaldas chinos es la que encarcela disidentes, ejecuta sin garantías a centenares de personas y responde con fuego real a manifestaciones. Si el COI ha decidido unir el símbolo de la antorcha olímpica a esa realidad, es su problema. Nosotros no estamos obligados a cometer el mismo error.
[Artículo aparecido hoy en Público.]
Posted by Iñigo at 09:20 PM | Comments (4) | TrackBack
Febrero 08, 2008
"Taxi to the Dark Side"
"Taxi to the Dark Side", de Alex Gibney, candidato al Oscar al mejor documental.
Una historia sobre la decisión de EEUU de recurrir a la tortura para hacer frente a sus enemigos desafiando su historia y su Constitución.
Un taxista afgano fue detenido en diciembre de 2002 bajo la acusación de ser un terrorista relacionado con un ataque con cohetes. Lo señaló un confidente a sueldo de las tropas norteamericanas. El joven fue conducido a la base de Bagram donde fue torturado tan violentamente que murió a los cinco días. Después se supo que el hombre que le delató era en realidad el terrorista que estaban buscando.
Un informe oficial alegó que el taxista había muerto "por causas naturales".
Tiene su lógica. Morir torturado es lo más natural en los rincones oscuros de la "guerra contra el terrorismo".
Posted by Iñigo at 09:36 PM | Comments (7) | TrackBack
Enero 20, 2008
La alianza del silencio
Antes de empezar a hacer chistes, admitamos una realidad. La imagen que el cine de Hollywood da de los árabes es deplorable. En el mejor de los casos, aparecen como un pueblo retrasado, inculto y exótico. ¿En el mejor? Sí, porque en el peor de los casos, son sólo unos terroristas que te arrancarán la cabeza a la menor oportunidad. Por eso, no es tan hilarante como parece la noticia de que una de las iniciativas que han surgido del I Foro de la Alianza de las Civilizaciones es un fondo de 100 millones de dólares para que se hagan películas que combatan esos estereotipos.
Lo que resulta descorazonador es que la cita de Madrid haya renunciado a enviar un mensaje claro y rotundo a favor de la libertad, en especial la libertad de expresión, y los derechos humanos. Por razones obviamente diferentes, tanto la Administración norteamericana como los impulsores de la Alianza de las Civilizaciones no consideran que sea una prioridad defender el derecho de los ciudadanos de las sociedades islámicas a decidir su propio futuro.
No se monta un encuentro internacional con varios jefes de Gobierno y se crea una nueva estructura burocrática bajo el paraguas de Naciones Unidas simplemente para negar las tesis del choque de civilizaciones ni para impedir una futura guerra en Oriente Próximo. Lo primero ya se dilucida en el mundo académico y en los medios de comunicación. De lo segundo, ya se han ocupado los norteamericanos con su desastrosa ocupación de Irak con la inestimable ayuda de la insurgencia iraquí.
La idea, supongo, era crear un diálogo permanente en las dos direcciones que no se basara en la dominación, sino en el respeto. Que sirviera como defensa de las libertades frente a la intolerancia de los que sólo respetan una idea o una religión y desprecian a todas las demás.
Se suponía que los reunidos en el Foro de la Alianza iban a “explorar formas de afrontar el riesgo que para la paz y la seguridad internacionales representa la creciente polarización entre naciones y culturas de todo el mundo” y “estudiar el desarrollo de nuevas vías para el entendimiento multicultural a escala global”. Y no hay mayor riesgo para la paz y la seguridad que utilizar la amenaza del terrorismo de Al Qaeda para recortar o simplemente suprimir las libertades. Como se ha dicho tantas veces en España, no hay paz sin libertad.
Desde noviembre de 2006, Kareem Amer cumple en una prisión egipcia una condena de cuatro años por insultar a la religión y difamar al presidente, Hosni Mubarak. Kareem no es un extremista radical. Es sólo un joven egipcio de 23 años que criticó en su blog el autoritarismo del régimen de Mubarak y la intransigencia de las instituciones religiosas.
Fouad Ahmed al-Farhan, un blogger de 32 años, fue detenido el pasado 10 de diciembre por la Policía saudí sin que hasta hoy se sepa nada de las acusaciones que hay contra él. Su delito es similar al de Kareem. Escribía en una web de ideas reformistas donde criticaba a personalidades políticas y religiosas.
Reporteros sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas escribieron a Bush y Sarkozy para que se interesaran por estos dos casos en sus recientes giras por Oriente Próximo. No consta que lo hayan hecho, quizá porque estaban muy ocupados en vender armas y alertar a sus interlocutores sobre el peligro que supone Irán. No tienen tiempo para los pobres desgraciados que defienden la libertad sin escoltas y a pecho descubierto.
Algunos creían que la Alianza de las Civilizaciones serviría para romper esa lógica perversa que dicta que los intereses de los países occidentales impiden reclamar a los Gobiernos de Oriente Próximo la protección de los derechos humanos. Se suponía que no estábamos metidos en eso con la intención de conseguir suculentos contratos comerciales con esos países o de formular las tradicionales y vacías relaciones de amistad.
Recibir con alfombra roja al libio Gadafi o al saudí Abdalá, como se ha hecho en Londres, París y Madrid, envía un desolador mensaje a las sociedades árabes. Significa que no tenemos ningún inconveniente en hacer negocios con dictadores y sátrapas, con Gobiernos que encarcelan a jóvenes por expresar opiniones y que niegan a las mujeres sus derechos políticos.
Lo cierto es que no tenemos nada en común con gobiernos que ejercen de subcontratistas de la tortura acogiendo a los presos que la CIA quiere interrogar sin mancharse las manos. Debemos mantener con ellos relaciones civilizadas, pero ellos no representan a ninguna civilización diferente con la que debamos convivir. No es que sus valores no sean los nuestros, es que ni siquiera definen a sus propios ciudadanos.
El silencio de la reunión de Madrid es una forma de decir a gente como Kareem Amer que en el diálogo que promovemos no tienen derecho a participar los valientes que luchan por la libertad.
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Enero 12, 2008
Guantánamo

Seis años de Guantánamo:
The irony, which became apparent only later, was that the reason that so many of the detainees were not forthcoming in their interrogations was not because they were al-Qaeda terrorists who were trained to resist interrogation, but because they had no information to give. When the government's own documents were analyzed, in reports by the Seton Hall Law School (PDF), and in my book The Guantánamo Files: The Stories of the 774 Detainees in America's Illegal Prison, it became apparent that the majority of the detainees had not been captured by U.S. forces on the battlefield, as alleged, but had been sold to them by their Afghan and Pakistani allies, at a time when bounty payments of $5,000 a head for al-Qaeda and Taliban suspects were widespread.
[La foto es de una protesta de Amnistía Internacional por el sexto aniversario de Guantánamo celebrada ayer en Sydney, Australia.]
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Diciembre 14, 2007
¿Somos tan diferentes?
El mundo en acción: Avaaz.org
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Noviembre 29, 2007
La imagen de la tortura
Imágenes duras y difíciles de soportar para una campaña de Amnistía Internacional contra la tortura: Unsuscribe.
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