Otra victoria insólita de ISIS en Irak

ramadi

Nueve meses después de que EEUU comenzara su campaña aérea contra ISIS, casi un año después de que los yihadistas se hicieron con el control de Mosul, una nueva ciudad ha caído en sus manos. Y no es cualquier ciudad. Ramadi –capital de la provincia suní de Anbar, cerca de medio millón de habitantes antes de los últimos combates y a 110 kilómetros al oeste de Bagdad– está controlada por ISIS después de que las fuerzas de seguridad gubernamentales la hayan abandonado este domingo.

Una vez más, el Ejército iraquí ha sido incapaz de contener a ISIS. Lo que quiere decir entre otras cosas que no controla sus fronteras. Todo lo que rodea Ramadi es un desierto de piedras y arenas. No hay ningún lugar donde esconderse. Cualquier fuerza que intentara tomarla estaría obligada a exponerse a un ataque aéreo en el que sería como una mancha en el suelo fácil de borrar. Aunque en realidad fuerzas de ISIS ya estaban presentes en algunas zonas de Ramadi desde hace meses.

Ya en abril la población civil de la ciudad lo vio venir. ACNUR calculó entonces que 114.000 personas habían huido de la ciudad. El Ejército norteamericano era más optimista, o sólo desconocía lo que estaba pasando sobre el terreno. El viernes, el general Thomas Weidley dijo esto a la prensa desde Irak ante las informaciones que decían que la ciudad estaba a punto de caer: «Vamos a ver éxitos temporales de este tipo. Pero una vez más esto no se concreta en victorias a largo plazo. Hemos visto ataques similares en Ramadi en los últimos meses que las fuerzas de seguridad iraquíes han podido repeler. Y este será similar a los anteriores, y esas fuerzas recuperarán el terreno perdido».

Las razones para que el general se mostrara tan optimista eran más políticas que militares. El Gobierno iraquí había decidido esta vez que las milicias chiíes no participarían en la defensa de la ciudad, como sí lo habían hecho en la toma de Tikrit.  ¿Porque las tribus suníes no lo habrían permitido? NYT:

«La implicación de las milicias (chiíes) en Anbar había sido rechazada por EEUU, que dirige una coalición internacional que ha llevado a cabo ataques aéreos en apoyo de las fuerzas iraquíes. Fuentes norteamericanas estaban preocupadas por el hecho de que las milicias podrían aumentar las tensiones sectarias en la provincia, lo que haría más difícil su pacificación».

Dejando a un lado lo de la «coalición internacional», compuesta por EEUU y poco más, hay que pensar que Washington no quería que esta vez las milicias chiíes –algunas de ellas dirigidas por Irán– tomaran el protagonismo de las operaciones, como ocurrió inicialmente en Tikrit. El error de cálculo se ha repetido una vez más: creer que el Estado iraquí existe como tal; es decir, que está en condiciones de defender sus fronteras y su territorio. Con Mosul, ya vimos que la ‘reconstrucción’ del Ejército iraquí llevada a cabo por EEUU era un fracaso de proporciones gigantescas. Con Ramadi, se confirma esa idea que un año entero de ayudas y preparativos no ha conseguido eliminar.

Este fin de semana, el consejo suní de Anbar pidió la llegada de las milicias cuando ya era demasiado tarde. Algunos de los líderes de las tribus suníes habían advertido de que no lo tolerarían por considerarlo una «ocupación iraní». Es posible que sea la excusa que esperaban para unirse de forma definitiva a las filas del autoproclamado Estado Islámico.

Como ocurrió en Mosul, esto no habría ocurrido si miles de policías o milicianos de las tribus suníes no hubieran desertado de sus puestos. No tenían mucho interés en arriesgar su vida por un Estado inexistente. El primer ministro iraquí prometió refuerzos el viernes. Sólo tenían que desplazarse un centenar de kilómetros. Sólo llegaron unos 200 soldados.

Hay que preguntarse si el Ejército iraquí sigue existiendo.

Todos esos vehículos militares huyen de Ramadi con destino a Bagdad. «Este es un Ejército de fracasados. Un Gobierno de fracasados», se oye decir a una persona.

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