Trump reacciona ante el último revés con más teorías de la conspiración

Donald Trump no perdona sus fines de semana en su residencia turística de Mar-a-Lago, en Florida. Con el actual habrá pasado 14 días allí, lo que viene a ser el 31% del tiempo que lleva en la Casa Blanca. De ahí que le llame la “Casa Blanca de invierno” o la “Casa Blanca del Sur”.

Trump llegó a Florida enfurecido. No le había gustado que su fiscal general, Jeff Sessions, anunciara que se recusaba de cualquier investigación sobre la pasada campaña electoral. El viernes, Trump comunicó a sus asesores que esa decisión era un error que sólo favorecía a sus enemigos. Y estaba tan molesto que se cayeron del vuelo a Florida sus dos principales consejeros, Reince Priebus y Stephen Bannon, que se quedaron en Washington para solucionar el problema.

“Deberíamos haber tenido una buena semana. Deberíamos haber tenido un buen fin de semana. Pero una vez más, estamos otra vez con Rusia”, dijo a ABC News una fuente de la Casa Blanca. Y aún estaba por llegar el sábado.

Por la mañana, Trump se fue a jugar al golf. Antes, a las seis y media de la mañana, ya tenía el móvil en la mano y empezó a atacar con una serie de tuits en los que acusaba a Obama de haber pinchado sus teléfonos durante la campaña. Evidentemente, sin pruebas. Pero esta vez hay una pista de titulares que ayudan a entender la furia del presidente.

En primer lugar, The Washington Post y The New York Times dieron el sábado donde más le duele. El Post con el titular en primera página “Russian contacts haunt Trump”. También en portada el NYT con “Washington with Moscow on its mind” (y el subtítulo “Scrutiny over growing list of Trump ties”).

Esos fueron los artículos que le molestaron, pero la materia prima de sus tuits estaba en un artículo aparecido en su medio de cabecera, la web Breitbart News, que era un resumen de una larga intervención en su programa de radio de un muy conocido abogado y activista ultraconservador llamado Mark Levin. Breitbart y programas de radio como el de Levin forman parte de la dieta informativa básica de Trump. A veces fuera del radar de los grandes medios de comunicación, estos programas de radio son muy influyentes entre los votantes más conservadores. Al de Levin le adjudican una audiencia nacional superior a siete millones de personas.

Levin argumenta que se está produciendo un “golpe silencioso” contra Trump que es lo que deberían investigar los tribunales, no las supuestas relaciones de gente del entorno del presidente con el Gobierno ruso. Se remonta a julio de 2016 para afirmar que la Administración de Obama obtuvo autorización judicial a través del tribunal FISA para utilizar técnicas propias de un “Estado policial” con el fin de vigilar la campaña de Trump y filtrar información negativa sobre él incluso después de su llegada al poder. Es una mezcla de informaciones aparecidas en varios medios, algunas desmentidas, siempre basadas en fuentes anónimas, y colocadas de forma que parezca que estamos ante una gran conspiración contra las actuales instituciones del Estado con la complicidad de los grandes medios.

No todo lo que aparece en el artículo es falso. También se refiere al conocido informe de los servicios de inteligencia norteamericanos que acusó a Rusia de intentar interferir en la campaña electoral. Es una mezcla hábil de hechos, suposiciones y sobreentendidos que forman los ingredientes básicos de cualquier teoría de la conspiración que merezca ese nombre.

Trump dijo que “se acababa de enterar” en la mañana del sábado de la existencia de esa trama, por lo que hay que suponer que su única fuente es el artículo publicado por Breitbart. Suficiente para comparar a Obama con Nixon y el Watergate.

Un presidente no puede ordenar a un juez federal que pinche los teléfonos de un rival político. Podría hacerlo el Departamento de Justicia si convence a un juez de que se está cometiendo un delito o si alguien está trabajando en favor de los servicios de inteligencia de un país extranjero (de ahí la posible relación con el tribunal FISA). Que Trump plantee esta posibilidad, aunque sea sin pruebas, no parece muy inteligente, ya que sería como aceptar que un tribunal encontró indicios de que en la campaña de Trump alguien estaba trabajando en favor de Rusia, una idea que obviamente él ha negado por completo.

Lo cierto es que varios medios, en especial el NYT, informaron en 2016 de una investigación de FBI a varias personas cercanas a Trump (como Paul Manafort, Carter Page y Roger Stone) por sus relaciones con Rusia. Si bien eso permitió la publicación de numerosos artículos sobre esas conexiones y no menos especulaciones, nunca ha salido nada de eso que confirme las sospechas. Nadie ha sido imputado ni citado ante un gran jurado.

En cierto sentido, los tuits de Trump son una conspiración sobre otra conspiración en el delirante juego de acusaciones mutuas en que se ha visto inmersa la política norteamericana.

La predilección de Trump por las teorías de la conspiración es bien conocida y muy anterior a su entrada en la política. Estuvo en primera línea en el intento de probar que Obama no había nacido en EEUU. En la campaña, las empleó en varias ocasiones sin importarle que los medios le recordaran que se basaba en información falsa.

Ahora, como antes, le acarreará todo tipo de críticas, también desde posiciones conservadoras. A él le da igual porque también cree que le beneficia. No le impidió ganar las elecciones y ahora le sirve para denunciar la existencia de una oscura confabulación de sus enemigos. Su único objetivo es que le crean las 63 millones de personas que le votaron.

Por cierto, algo menos de dos horas después de sus tuits contra Obama, Trump pasó a arremeter contra Arnold Schwarzenegger. Esto último no tiene repercusiones políticas. Sólo revela su estado mental.

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La conexión rusa persigue a Trump hasta su Gobierno

El Gobierno de Trump no deja pasar un día sin generar noticias con pocos precedentes. La última tiene que ver con el fiscal general, Jeff Sessions, que acaba de llegar a su puesto al frente del Departamento de Justicia. Es alguien de la máxima confianza de Donald Trump. Como senador, fue el único que le apoyó sin reservas desde el inicio de su entrada en las primarias republicanas. Y la razón de esa comunión es que ambos comparten su rechazo total a la inmigración en EEUU.

A Sessions le han pillado en una mentira o en eso tan frecuente en muchos políticos, esas frases que comienzan con un ‘no me consta que’ y que revelan fallos de memoria difíciles de creer. En su comparecencia ante el Senado para su ratificación en el puesto, dijo que no se había reunido con representantes del Gobierno ruso. Estos días, se ha sabido que hubo dos ocasiones que desmienten esa declaración.

La primera no es muy relevante. Un discurso de Sessions en un acto al que asistió un grupo de embajadores extranjeros en su calidad de senador y miembro del Comité de Servicios Armados de la Cámara. Si habló con el embajador Kislyak después en privado, no se sabe, pero es poco probable. Muy diferente es una reunión entre ambos en el despacho de Sessions en el Senado en septiembre.

Por entonces, el actual fiscal general ya estaba metido en la campaña de Trump y habían aparecido las primeras informaciones sobre la presunta implicación rusa en la filtraciones de mensajes internos de los demócratas. Sessions no recuerda si hablaron sobre Trump o la campaña electoral. Si no lo hicieron, la profesionalidad del diplomático quedaría un poco en duda. La versión oficial es que hablaron sobre las relaciones entre ambos países. Suena bastante lógico, ¿pero hay algo en esas relaciones que no se vería condicionado por las elecciones que se iban a celebrar dos meses después?

Después de que en la tarde del jueves, dos importantes congresistas republicanos dijeran que lo más apropiado sería que Sessions renunciara a intervenir en cualquier investigación sobre la supuesta intervención rusa, el fiscal general dio por recibido el mensaje. En una rueda de prensa, anunció precisamente eso. Si el FBI continúa sus investigaciones y reclama la intervención del Departamento de Justicia, Sessions no intervendrá en un sentido u otro.

Lo mismo en el caso de que la Administración tenga que decidir si nombra a un fiscal especial para ocuparse del caso por la presión de los demócratas o los medios de comunicación. Y como bien quedó claro en los años de Bill Clinton, se sabe cómo empiezan esas investigaciones, pero no cómo terminan. Recordemos que una investigación sobre un posible tráfico de influencias en la compra de terrenos por los Clinton en Arkansas acabó con una petición de destitución (impeachment) por las relaciones sexuales del presidente con una becaria en la Casa Blanca años después.

El jueves antes de la rueda  de prensa de Sessions, preguntaron a Trump si creía que este había dicho la verdad en su comparecencia en el Senado. “Probablemente”, respondió. También dijo que no creía que él debía recusarse sobre las investigaciones aludidas. Pero con la Administración de Trump, un par de horas es mucho tiempo en Washington.

La ‘conexión rusa’, por llamarla de alguna manera, ya provocó la dimisión del consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn. Da la impresión de que la historia –que incluye hechos contrastados, sospechas sólidas y teorías de la conspiración– va a seguir persiguiendo a Trump durante mucho tiempo.

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Trump con piel de cordero enfurecido

Acostumbrados a ataques, desprecios e insultos, los medios norteamericanos han llegado a la conclusión de que Donald Trump quiso ser “presidencial” en su primer discurso ante las dos cámaras (no se le llama del Estado de la Unión cuando es el primero del mandato). O “disciplinado”, porque esta vez leyó el texto en un teleprompter. O dio un “aire moderado” a sus radicales promesas de campaña, como dice The Washington Post.

Es difícil llegar a ese conclusión tras escuchar lo que dijo a cuenta de uno de los temas más polémicos de su presidencia: la inmigración. “Mientras hablamos, estamos expulsando a miembros de las bandas, narcotraficantes y criminales que amenazan a nuestras comunidades. Gente mala se está yendo mientras hablo esta noche, tal y como había prometido”, dijo en el discurso.

Es el mismo lenguaje de la campaña: presentar la inmigración como una amenaza a la seguridad y anunciar que su prioridad es expulsar a los sin papeles más violentos. Por eso, entre los invitados a seguir el discurso en la Cámara junto a Melania Trump estaban tres familiares de personas asesinadas por inmigrantes indocumentados. La realidad es que su Gobierno ha ampliado los requisitos para que un sin papeles sea deportado y que aquellos con antecedentes penales o condenas ya eran expulsados del país con el Gobierno anterior.

Trump anunció la creación de una oficina dentro del Departamento de Seguridad Interior –llamada Voice– para apoyar a las víctimas de crímenes. ¿A cuáles? Voice viene de “Victims of Immigration Crime Engagement”. “Vamos a dar voz a los que son ignorados por los medios y silenciados por los intereses especiales”. Es falso en ambos casos. No hay una conspiración en EEUU en favor de los autores delitos violentos.

En esa línea de criminalizar la inmigración, Trump dijo que “según datos del Departamento de Justicia, la inmensa mayoría de individuos condenados por delitos relacionados con el terrorismo desde el 11S llegaron aquí desde fuera del país”. No es cierto o, como mínimo, es una forma tramposa de presentar los datos. Incluso si se incluyen los “ataques no letales”, la mayoría eran ciudadanos estadounidenses o residentes legales. La idea de que terroristas o gente violenta entraron en EEUU específicamente para cometer delitos es falsa.

Para sus votantes que relacionan la violencia con lo que ocurre fuera de su país, les dio la frase perfecta: “No podemos permitir que se forme una cabeza de playa del terrorismo dentro de América”.

Lo que es indudable es que los congresistas republicanos respiraron en general aliviados por la intervención. No hubo diatribas inconexas ni declaraciones de guerra a jueces o periodistas. Dijo que está dispuesto a trabajar con el Congreso (es inevitable, ya que es el Congreso quien aprueba los presupuestos), que es hora de poner fin a las “peleas triviales” (él, que incluso usa Twitter para comentar programas de televisión o la estupenda línea de ropa de su hija), y que una de sus prioridades es acabar con la reforma sanitaria de Obama, sin dar muchos detalles sobre qué cambios defiende.

Como es habitual en estos discursos, el estilo habitualmente sombrío de Trump en sus intervenciones sobre la situación del país dio paso a una visión más optimista: “Todo lo que está roto en nuestro país puede arreglarse. Todos los problemas se pueden resolver. Y cada familia con problemas puede encontrar la solución y la esperanza”. Una fantasía en forma de frases que sabe que serían destacadas en los informativos de Fox News.

La clave era mantener el apoyo de los republicanos, incluidos los más escépticos con su estilo de gobierno. Por eso, no habló de Rusia, cuyo Gobierno no cuenta con muchos partidarios en su partido. De creer al presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, el objetivo se consiguió. “It was a home run”, dijo después.

Muchos demócratas no tardaron mucho tiempo en levantarse para abandonar el hemiciclo cuando los republicanos aún seguían aplaudiendo (las congresistas fueron vestidas de blanco en apoyo a los derechos de las mujeres). Ellos no eran los destinatarios naturales del discurso, sólo los figurantes. Lo que escucharon fue al Trump de siempre, sólo que con mejor dicción y corrección sintáctica.

Transcripción íntegra del discurso.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Los sonidos de los puñetazos en ‘El club de la lucha’ y en otras películas.

–Todos los Oscar a la mejor película de animación.
–Algunas de las mejores frases de las películas de Woody Allen.
–La evolución de Keanu Reeves.
–Qué veremos en Planet Earth II, de BBC.
–Lecciones de Frank Gehry.
–Unos consejos útiles para no usar siempre la misma contraseña.
–Saltar desde un trampolín de 10 metros, una pequeña proeza.
La guerra contra las medusas no ha hecho más que empezar.
–La frontera entre EEUU y México en los años 30.

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Dos titulares sobre la política exterior y el valor de los derechos humanos

Estas dos noticias de finales de enero a cuenta de la visita de Theresa May a Turquía lo dicen todo sobre la política exterior de EEUU y Europa de las últimas décadas en Oriente Medio. Periódicamente, se dan lecciones sobre derechos humanos a algunos países, obviando siempre la responsabilidad propia, para después hacer negocios con ellos. A la pregunta de por qué la condena de las violaciones de derechos humanos no es más severa, se dice que de esa manera no se podría influir en esos gobiernos.

La realidad: ¿cómo vamos a venderles armas entonces?

Del último informe de SIPRI:

Entre los periodos 2007-2011 y 2012-2016, las importaciones de armamento por los estados de Oriente Medio han crecido un 86% y suponen un 29% de las importaciones globales en 2012-2016.

Arabia Saudí fue el segundo mayor importador de armamento del mundo en 2012-2016, con un incremento del 212% comparado con 2007-2011. Las importaciones de armamento de Qatar crecieron un 245%. Aunque a niveles inferiores, la mayoría de los demás estados de la región también ha aumentado sus compras. “En los últimos cinco años, la mayoría de estados de Oriente Medio se ha dirigido a EEUU y Europa en un proceso acelerado de compra de activos militares”, dice Pieter Wezeman, investigador principal del Programa de Compras Militares de SIPRI. “A pesar de los bajos precios del petróleo, los países de la región continuaron comprando más armas en 2016 al considerarlas instrumentos básicos para afrontar los conflictos y tensiones regionales”.

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18 meses de prisión es el precio por matar a un palestino a sangre fría

Elor Azaria levantó su fusil y disparó a la cabeza a un palestino herido e inmóvil en el suelo en Hebrón. Sus compañeros estaban cerca, ya tranquilos, después de haber matado a un joven y herido a otro que les habían atacado con cuchillos minutos antes. Fue un asesinato a sangre fría en una situación ya controlada por otros militares. Nadie estaba en peligro cuando Azaria –que resulta ser un médico militar con rango de sargento– decidió tomarse la justicia por su mano.

El militar fue declarado culpable de homicidio en un consejo de guerra y el martes escuchó la pena que le correspondía: 18 meses, de los que probablemente sólo cumpla la mitad. El fiscal había pedido una pena de tres a cinco años de prisión. Azaria nunca mostró ningún arrepentimiento por sus actos.

Un periodista que siguió varios sesiones de la vista recuerda ahora que el desenlace era previsible. Los periodistas que cubrieron el juicio daban por hecho el resultado. “Azaria sería declarado culpable pero recibiría una pena relativamente menor. Había también rumores entre los periodistas que decían que los abogados de ambas partes eran parte de la solución. Después de todo, ese resultado era lo que convenía al sistema”.

El Ejército recibió duras críticas por llevar a juicio al sargento. Algunos ministros del Gobierno de Netanyahu consideraban a Azaria un héroe. Los militares no tenían otra alternativa. De lo contrario, cualquier soldado en el futuro habría hecho lo mismo saltándose las órdenes de sus superiores. Netanyahu apoyó en público la decisión de la cúpula militar, pero se apresuró a llamar a los familiares del acusado para mostrarles su solidaridad.

En realidad, Azaria fue procesado porque un vídeo rodado desde una casa cercana revelaba exactamente lo ocurrido. No había manera de dar otra versión ni de alegar que el sargento había disparado en defensa propia o para proteger a sus compañeros. Sin el vídeo, no habría habido juicio.

Después de la comunicación de la pena, un ministro del Likud pidió que el militar sea indultado. Pueden hacerlo el jefe de las FFAA o el presidente del país. Las encuestas indican que esa sería la opción correcta para la población judía de Israel.

Cualquier palestino que hubiera disparado a un israelí moribundo en el suelo habría recibido una condena de muchos años de cárcel. A finales de 2015, el Parlamento israelí reformó la ley para que los palestinos detenidos por lanzar piedras a vehículos o personas sean castigados por una pena mínima de tres años, que será superior si provocan daños físicos en las víctimas.

Disparar a matar cuando no hay ninguna razón que lo justifique tiene castigos diferentes en Israel en función de la identidad del autor. No ya según lo que pueda pensar la opinión pública, sino según los tribunales de justicia.

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Trump en Israel

Así ve a Trump el programa de humor más famoso de la televisión israelí. Resulta bastante cercano a la realidad.

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Recordando a los presidentes de EEUU

El tercer lunes de febrero, se celebra en EEUU el Día de los Presidentes. Es por el aniversario del nacimiento de George Washington. Shane Bauer, periodista de Mother Jones, lo ha conmemorado a su manera. La historia de todos los países tiene zonas brillantes, otras deplorables, y algunos rincones oscuros. No quiere decir que todos los presidentes sean iguales ni mucho menos que Donald Trump no sea más que otro nombre de esa lista. El presente suele preocuparnos más que el pasado. Pero si nos olvidamos del pasado, vamos a tener problemas en el presente y en el futuro.

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Casa Real, Sociedad Anónima

Muchas grandes corporaciones están íntimamente ligadas a la personalidad de su gran patrón a lo largo de años o décadas. En caso de crisis, el máximo responsable puede recurrir a cortar cabezas de los supuestos culpables del escándalo para salvar la propia o, si la cosa no es tan grave, a un cambio de imagen corporativa. Sólo cuando la crisis alcanza niveles de catástrofe, hay que tirar a lo más alto y pensar en lo impensable. Para salvar a la empresa, es necesario que el presidente acepte la alternativa de la retirada. Hay que crear un cortafuegos en lo más alto de la cúspide de la compañía para que esta siga existiendo.

Eso fue lo que ocurrió en junio de 2014 con el anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos. La idea de su dimisión era considerada antes absurda, demencial, para los periódicos de Madrid. Los escribanos de la Corte sostenían que los reyes no dimiten. Unos meses antes, en el discurso de Nochebuena de 2013, el monarca había dejado clara su “determinación de continuar estimulando la convivencia cívica, en el desempeño fiel del mandato y las competencias que me atribuye el orden constitucional”.

Los ecos de su accidente de Botsuana no se habían apagado a pesar de su humillante disculpa al salir del hospital. El cortafuegos trazado inmediatamente para salvarle se había aplicado a fondo en el mundo político y periodístico, porque “resultaría estrambótica la suposición de que el rey no tiene derecho a unos días de asueto y ocio, cualquiera que sea la dureza de la crisis económica”, en palabras de un editorial de El País.

Continúa en eldiario.es.

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Trump Unplugged

Trump llegó en la mañana del jueves al despacho oval, según un periodista de CNN, y comunicó a su gente: “Hagamos hoy una rueda de prensa”. Ya lo creo que la hizo. Una hora y 15 minutos de espectáculo gratuito –en ambos sentidos– para dejar aún más claro a sus compatriotas qué tipo de presidente tienen. No es que no estuvieran avisados.

Al principio, anunció el nombramiento de su futuro secretario de Trabajo, Alex Costa, el primer latino que forma parte de su Gabinete. Pero eso no era lo importante. De inmediato, se lanzó contra los periodistas, a los que su consejero considera “el partido de la oposición”. Uno de sus argumentos: denunciar las filtraciones que se suceden todos los días y que alimentan la información de los medios. Como no hacía más que decir que las filtraciones son reales –y peligrosas–, pero que las noticias que dan los medios son falsas (“fake news”), le llamaron la atención sobre la contradicción intrínseca de la afirmación.

No es que haya respondido a la pregunta, pero ya sabemos que el presidente de EEUU, un tipo que debería estar ligeramente ocupado, se pasa el día viendo programas informativos de televisión. Y luego hace análisis de contenido y de audiencias en las ruedas de prensa. Por si es necesario, la respuesta completa:

Fake news. Le encanta decirlo. Una y otra vez.

Fake news. Por ejemplo, cuando dijo que sus 306 votos electorales fueron la mayor victoria desde Ronald Reagan. No es la primera vez que alardea de un dato que es falso. Un periodista le recuerda que Barack Obama consiguió 365 en 2008. Trump le responde que se refiere a los republicanos (no lo había dicho antes) y el periodista cita la victoria de Bush padre en 1989 (426). “No lo sé. A mí me dieron esa información”, responde.

¿Más noticias falsas? Trump comunica a los periodistas que se pueden hacer “muchas cosas con el uranio, incluidas cosas malas”. Bien, ese es un hecho conocido. Las armas nucleares tienen algo que ver con el uranio. Y luego dice que Hillary Clinton entregó a Rusia el 20% del uranio norteamericano. ¿Así, sin más?

Trump ya había hablado de esto en campaña añadiendo un detalle siniestro. Clinton entregó ese uranio a cambio de una donación de 145 millones a la Fundación Clinton. Tal y como lo cuenta Trump, es falso o, como mínimo, no hay pruebas de que sea cierto. La agencia nuclear rusa compró una participación de control en la empresa Uranium One, con sede en Toronto. Las instalaciones de Uranium One en suelo estadounidense suponen un 20% de la capacidad de producción de uranio en EEUU. La Administración de Obama dio el visto bueno a la compra de acciones, es decir, fue Obama quien lo autorizó. Clinton no podía aprobar o vetar esa venta.

En cualquier caso, es cierto que con el uranio se pueden hacer cosas muy malas. Punto ahí para Trump. Esto también es cierto:

Para reforzar su descripción apocalíptica de la situación de seguridad de EEUU, Trump presentó un dato estremecedor.

Si fuera cierto, tendría unos efectos inmensos sobre los beneficios de los narcotraficantes. Afortunadamente para ellos, gramo por gramo, la cocaína continúa siendo más cara que una barra de chocolate. Eso que salen ganando los niños.

Una vez más, Trump cuenta que en los periódicos e informativos de TV descubre noticias falsas sobre el “caos” de su Administración. “Es lo contrario. Esta Administración funciona como una máquina perfectamente engrasada”.

Veamos. Un veto inmigratorio a ciudadanos de países musulmanes causa el caos en los aeropuertos y es anulado por un juez federal, cuya decisión es confirmada por un tribunal de apelación. Dos ministros de su Gobierno renuncian a su nombramiento antes de que el Senado discuta su ratificación. Otro miembro del Gabinete es confirmado sólo gracias al voto de calidad del vicepresidente. Trump ofende a sus aliados europeos y australianos en llamadas telefónicas y con sus tuits. Esos mismos tuits vuelven locos al personal que debe diseñar la nueva política exterior de su Gobierno. Su consejero de Seguridad Nacional tiene que dimitir porque ha mentido al vicepresidente y al FBI (y esto último le puede llevar a prisión porque se trata de un delito federal). “¿Quién toma las decisiones en la Casa Blanca?”, se preguntó el senador John McCain. Buena pregunta.

No importa. Lo que Trump quiere dejar claro es que la culpa es de los periodistas. “La opinión pública ya no os cree. Quizá yo tenga algo que ver con eso, no lo sé”.

Lo mismo, pero en forma de viñeta.

Y para que quedara claro, después de la rueda de prensa, envió este email a las direcciones que se suscribieron a los correos de su campaña. Ya sabemos quién es el enemigo.

Sí hubo algunas noticias en la rueda de prensa, al menos lo que se considera que es una noticia. Trump anunció que firmará un nuevo decreto la próxima semana para restringir los viajes a EEUU en lo que será una nueva edición corregida de la orden ejecutiva tumbada por los tribunales. Y en marzo lanzará un plan para anular la reforma sanitaria de Obama y después otro para llevar a cabo una reforma fiscal. Estas dos últimas noticias supondrán un gran alivio para los congresistas republicanos que se preguntaban nerviosos por qué Trump no estaba haciendo nada al respecto ni comunicándoles cuáles son sus planes.

Ah, y sobre las informaciones que indican que hubo contactos entre gente de su campaña y el Gobierno ruso, nada de nada, “fake news”: “Noticias falsas producidas por los medios”.

Y ahora a ver cómo haces una sátira de todo esto que supere al original.

Showtime.

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