Trump y Putin, amor a primera vista

En la televisión iraní Press TV, han sido rápidos al comparar la reunión de Trump y Putin en el G20 con un encuentro anterior de Obama y Putin. Las diferencias saltan a la vista.

Las cumbres del G20 sólo son una versión ampliada de las del G7. Más participantes sirven para provocar más encuentros reveladores donde la imagen tiene más peso que el contenido. No se conoce ninguna crisis internacional que se haya acercado a la solución gracias al G20. Pero a diferencia del G7, quien sí aparece en el G20 es Putin, y eso lo ha cambia todo en la situación actual por haber sido su primera reunión con Trump.

El titular más consistente resultado de esas conversaciones revela que EEUU y Rusia han acordado un alto el fuego en una zona concreta del suroeste de Siria. Nada que vaya a cambiar la situación de esa guerra, pero un paso que sirve a los intereses rusos de ir cerrando zonas de conflicto en ese país. Por las declaraciones de Rex Tillerson, se deduce que Washington también está a favor de crear “zonas seguras”, ésa es el concepto utilizado, sin que eso indique nada más que la voluntad de Trump de buscar puntos de acuerdo con Rusia. Parece que eso es compatible con que el Departamento de Estado y el Pentágono continúen afirmando en público que no aceptan que Asad continúe en el poder en Siria. Si esa paradoja resulta difícil de entender, hay que recordar que la coherencia no es el punto fuerte ahora mismo de la política exterior estadounidense.

Los medios de EEUU están más interesados en saber si Trump se mostró muy incisivo a la hora de plantear las sospechas sobre el supuesto intento ruso de interferir en las pasadas elecciones presidenciales. Los rusos han dicho que Trump ha aceptado la negativa de Putin a cualquier responsabilidad sobre esa acusación. Tillerson lo ha negado, pero sí ha dicho que Trump se ha mostrado de acuerdo con que ese problema no debe perjudicar las relaciones entre ambos países.

Trump ha dicho tantas veces que esas denuncias son sólo un intento de los demócratas de cuestionar su victoria electoral que ahora no se va a echar atrás.

El presidente de EEUU ya ha tenido la reunión que quería. Siempre estuvo en su campaña la idea de mejorar las relaciones con Rusia. Putin nunca mostró tanto interés porque no le gusta mostrar sus cartas por adelantado. Son sin duda dos estilos muy diferentes.

Está claro por su mirada que Angela Merkel no tiene tantas esperanzas puestas en Putin.


Putin hizo un comentario a Trump sobre los periodistas que tomaban imágenes de ellos antes de la reunión. No sabemos qué le contestó Trump, pero al presidente ruso le pareció muy divertido.

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Los saudíes donan dinero para luchar contra la epidemia de cólera en Yemen que ellos han contribuido a crear

Hace unos días, aviones saudíes atacaron la isla yemení de Kamarán para destruir una planta desalinizadora de agua. No es el primer caso de este tipo. En enero de 2016, la planta desalinizadora de la ciudad de Mokha fue también destruida en un bombardeo. Eso dejó sin agua potable a la cercana ciudad de Taiz, donde vive un millón de personas.

Es un ejemplo más de la destrucción de la infraestructura civil del país en la campaña de bombardeos iniciada por Arabia Saudí y los Emiratos contra las milicias huzíes. La destrucción directa, que también ha afectado a hospitales y clínicas, y los efectos del bloqueo naval de Yemen han sido factores decisivos para la aparición de una epidemia de cólera, porque quedan ya pocos lugares en el país más pobre de Oriente Medio donde esté asegurado el suministro de agua potable.

La OMS afirma que 1.500 personas han muerto y que el número de enfermos es de 246.000 desde abril, siendo niños una cuarta parte de ellos. La epidemia afecta a 21 de las 22 provincias de Yemen. El número de enfermos crece cada día en 5.000.

A mediados de junio, la ONU anunció que su presupuesto de emergencia para Yemen (2.100 millones de dólares) sólo estaba cubierto en un 29%. Unicef ha tomado la decisión poco habitual de utilizar una parte de sus fondos de emergencia para pagar a médicos, porque nadie lo estaba haciendo, y sin personal médico no hay posibilidades de detener la epidemia.

A finales de la pasada semana, llegó una contribución especial de un origen inesperado. Varios millones de dólares procedentes precisamente del principal responsable de la aparición de la epidemia. El príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán, que es también ministro de Defensa y el arquitecto de este conflicto bélico, hizo pública una donación de 66 millones de dólares para luchar contra los efectos de esa misma epidemia de cólera que él ha ayudado a crear con sus operaciones militares. Según el NYT, MbS “mostró su lado caritativo”.

En el primer año de la intervención saudí, se calculaba que Riad estaba gastando 200 millones de dólares diarios en la guerra. En función de esa cifra, podemos deducir que la cantidad donada ahora es equivalente al gasto militar de ocho horas de guerra.

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Un grupo iraní de pasado terrorista vuelve a recibir el apoyo de los neocon norteamericanos

Un año más, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MeK en sus siglas en inglés) ha celebrado su reunión anual en París para recibir el apoyo de sus miles de seguidores y de varias conocidas personalidades del Partido Republicano. Adoptado desde hace años por los neoconservadores como la alternativa al régimen iraní, Mek cuenta con un pasado terrorista –así lo consideraban hasta hace unos años EEUU y la UE–, lo que nunca le ha impedido contar con el apoyo de dirigentes occidentales, entre los que se encuentran dos expresidentes españoles, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. A la cita de este año, acudieron los norteamericanos Rudy Giuliani (exalcalde de Nueva York), Newt Gingrich (expresidente de la Cámara de Representantes), Joe Lieberman (exsenador) y John Bolton (exembajador en la ONU).

El MeK ha aparecido descrito en varios artículos en medios y estudios de ‘think tanks’ como una organización similar a una secta y caracterizada por el culto a la personalidad de su líder, Masud Rayaví, hoy probablemente muerto y sustituido por su esposa. Fundada en los 60, realizó una campaña de ataques contra la dictadura del sha Reza y celebró su derrocamiento. Apoyó el régimen posterior del ayatolá Jomeini, incluida la toma de rehenes de la embajada de EEUU, pero terminó siendo ilegalizada por el Gobierno. Fue entonces cuando llevó a cabo una sangrienta campaña de atentados contra el corazón del poder iraní. En 1981 colocó una bomba en la sede del partido en el poder y mató a su líder, el ayatolá Behesti, que era el número dos del régimen sólo por detrás de Jomeini, y a 27 diputados. Meses después, otra bomba acabó con el presidente del país y el primer ministro.

Sadam Hussein con Masud Rayaví.

El grupo, ya dirigido por Rayaví, se refugió en Irak, donde recibió el apoyo de Sadam Hussein en forma de armamento y dinero. En esos años, llevó a cabo atentados contra fuerzas de seguridad y políticos iraníes, pero también contra la población civil. Los kurdos iraquíes acusaron al MeK de haber participado en la represión de la población kurda en 1991 al servicio de Sadam, una denuncia corroborada por un informe del Departamento de Estado norteamericano. En 1997 fueron declarados organización terrorista por EEUU, y por la UE en 2002.

La invasión de Irak en 2003 les colocó en una situación imposible, porque el nuevo Gobierno iraquí, controlado por partidos chiíes, exigió a Washington que desaparecieran los campamentos en los que vivían los militantes del MeK cerca de la frontera de Irán. Después de varios años de indecisión, los norteamericanos convencieron u obligaron al Gobierno de Albania a acogerlos. Los líderes del grupo se refugiaron en París, donde se les permite realizar su actividad política.

En 2012, Washington dejó de catalogarlo como organización terrorista. La UE había tomado esa misma decisión unos años antes, en 2009. Ambas decisiones permitieron al MeK acceder a decenas de millones de dólares guardados en cuentas bloqueadas por esos gobiernos. Por entonces el grupo decía estar colaborando con EEUU para desvelar los secretos del programa nuclear iraní.

El Mek sostiene que abandonó cualquier actividad violenta hace muchos años, pero existen sospechas de que ha colaborado con los servicios de inteligencia norteamericanos o israelíes en operaciones realizadas dentro de Irán, lo que incluye sabotajes o asesinatos relacionados con el programa nuclear. Los neoconservadores fueron sus grandes padrinos políticos en EEUU (también hubo varios exaltos cargos y exgenerales que presionaron durante años para que no se les tachara de terroristas), pero el pasado del grupo, y su posible participación en el asesinato de ciudadanos estadounidenses en los años 70, hizo que el apoyo recibido sólo pudiera ser clandestino.

Aznar ha participado en actos del MeK, lo que no puede sorprender por su apoyo a las ideas neoconservadoras y a sus llamamientos a que Occidente aplique a Irán la misma política que se ejecutó con el Irak de Sadam Hussein. Es mucho más sorprendente que Zapatero se uniera a la causa de este grupo cuando dejó la presidencia del Gobierno. En su etapa en Moncloa, Zapatero mantuvo buenas relaciones con Irán, coincidiendo con el mandato del presidente Jatamí, y consideraba al Gobierno de Teherán un aliado cercano en su proyecto de Alianza de las Civilizaciones.

El MeK paga generosas cantidades de dinero a muchos de los políticos occidentales que acuden a sus reuniones anuales, algo que por lo demás es una fuente habitual de ingresos para expresidentes. Otros acuden como muestra de apoyo a los objetivos políticos del grupo. Es difícil saber en qué categoría se encuentra Zapatero. Este es el discurso que dio en español en la reunión de París de 2013 (texto).

Un año después, Zapatero repitió ante la misma audiencia y esa vez se animó a pronunciar el discurso en inglés (texto). Como en la vez anterior, el expresidente se pronunció en términos generales en favor de la libertad, la paz y los derechos humanos, haciendo especial hincapié en los derechos de las mujeres.

Las invocaciones de Zapatero en favor de los derechos humanos en un foro del MeK contrastan con la trayectoria del grupo. En una carta publicada en el FT en 2011, un numeroso grupo de expertos en Irán denunció su historial:

“El Mek no cuenta con una base política en Irán ni apoyo genuino entre la población iraní. El MeK, una organización con base en Irak que contó con el apoyo de Sadam Hussein, perdió a los seguidores que tenía en Irán cuando luchó en favor de Irak durante la guerra de 1980-1988. El amplio rechazo al MeK en Irán se había hecho más profundo por sus numerosos atentados terroristas contra civiles iraníes inocentes. (…) Importantes organizaciones de derechos humanos, incluida Human Rigths Watch, han establecido que el MeK es un grupo similar a una secta con una estructura y actuación que niegan su reivindicación de ser un vehículo para el cambio democrático”.

El informe de HRW había denunciado abusos y torturas del MeK contra algunos de sus propios partidarios en los campamentos donde residían en Irak, “desde incomunicaciones prolongadas y confinamientos en solitario hasta palizas, abusos verbales y psicológicos, confesiones obtenidas por la fuerza, amenazas de ejecución y torturas que en dos casos acabaron en muerte”.

Un informe de RAND de 2009 describió las características internas del grupo y su similitud con una secta, más que con un movimiento político. El sometimiento a la voluntad del líder incluía la separación forzosa de los matrimonios, a menos que fueran autorizados por el grupo, y la separación de hombres y mujeres en cualquier situación.

Masud Rayaví desapareció de Irak poco después de la invasión de 2003. Su mujer es desde entonces quien controla la organización. Es posible que Rayaví esté ya muerto y que la noticia no se haya dado a conocer para permitir a sus actuales dirigentes mantener su control de la organización. Turki bin Faisal, importante miembro de la familia real saudí y jefe de los servicios de inteligencia durante 23 años hasta 2001 (después fue embajador en Washington y Londres), es otro conocido partidario del MeK (aparece en la foto de arriba) y orador frecuente en las asambleas anuales del grupo. En 2016, cometió en dos ocasiones en el discurso el desliz de referirse al “fallecido Masud Rayaví”.

 

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Lecciones del guión del episodio piloto de ‘Breaking Bad’.

–Cinco películas de ciencia-ficción inspiradas por ‘Blade Runner’.
–Una historia oral de ‘Depredador’.
–30 años después, ‘Robocop’ es más actual que nunca.
–Las pistas que dejaba Scorsese antes de la sorpresa final en ‘Shutter Island’.
–Recreando la historia en el cine.
–Animales convertidos en mascotas por soldados.
Boston, un paraíso para los autores de homicidios.
–El cuerpo momificado dentro de una estatua de Buda.
Los millonarios han creado una nueva clase de ‘intelectuales’ en EEUU.

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MbS vigila de cerca al anterior príncipe heredero

Los artículos sobre el imparable camino hacia la modernización de Arabia Saudí son frecuentes en los medios y think tanks norteamericanos. No es una sorpresa porque, en el caso de los segundos, el dinero saudí es una fuente imprescindible de financiación. Sobre los medios, estos aceptan con facilidad la premisa más extendida entre los gobiernos de EEUU, según la cual cualquier cambio en la situación interna del régimen saudí iría en detrimento de los intereses norteamericanos.

Para encontrar análisis más realistas, es más fácil recurrir a los medios británicos. El Financial Times publica un artículo de un columnista, Nick Butler, que no se cree la historia de que el ascenso de Mohamed bin Salmán (MbS) es el inicio de la solución de todos los problemas del país. Butler, que trabajó 29 años en BP y que ahora es profesor del Kings College de Londres, desdeña la idea ampliamente extendida de que la monarquía saudí será capaz de abandonar su dependencia del petróleo:

“La diversificación de la economía del reino ha sido una prioridad nacional al menos desde los años 80. Sobre eso, no se ha hecho prácticamente nada. Los mejores y los más brillantes han abandonado, hombres y, desde luego, mujeres cansadas de ser tratadas como ciudadanas de segunda clase. Los grandes planes para la diversificación y modernización entregados por McKinsey y apoyados por MbS no se basan en nada más firme que la arena. Hay una gran ‘visión’ para el año 2030, pero sin ningún mecanismo para su aplicación”.

Butler afirma que los saudíes están aislados por sus decisiones erráticas en relación a varios asuntos –obviamente, cita el caso de la guerra de Yemen–, aunque es más relevante la referencia a la conducta saudí sobre el mercado del petróleo: “El resentimiento contra la decisión saudí de permitir la caída de los precios del petróleo es intenso y se extiende por toda la OPEP y más allá”.

Tras su ascenso en los últimos seis meses hasta llegar el barril de Brent a los 56 dólares, su precio volvió a caer por debajo de los 50 (ahora está en torno a 47 dólares), en lo que podría ser la constatación del fracaso de la estrategia saudí. El hundimiento del precio permitió sacar del mercado a muchas explotaciones de ‘oil shale’ en EEUU, pero en la medida en que el precio volvía a recuperarse, esas instalaciones, o al menos algunas de ellas, podían volver a ponerse en funcionamiento al ser ahora rentables. Eso empieza a parecerse a una situación estructural, que no cambiará a corto o medio plazo, con lo que la aspiración saudí de acabar con ese peligroso competidor que venía de EEUU y Canadá lleva camino de convertirse en una fantasía.

Recientemente, los últimos acuerdos de la OPEP para controlar la producción no han tenido éxito a causa de un actor inesperado. Todos daban por hecho que Libia no estaría en condiciones de aumentar su producción de petróleo, pero lo que ha ocurrido ha sido lo contrario. Los bandos enfrentados en la guerra civil libia no son capaces de formar un Gobierno, pero sí de triplicar su producción de crudo de hace un año y llevarla hasta 885.000 barriles diarios en este mes de junio.

A finales de mayo, la OPEP prolongó el recorte de producción aprobado antes, y lo que ha pasado desde entonces es que el precio del barril ha caído un 16%.

Butler aporta otro elemento de tensión en la estabilidad de la monarquía saudí, aunque sin dar detalles. Se refiere al peligro de “ruptura interna con los poderes religiosos”. Dice que la estrategia de MbS no presta ninguna atención a las limitaciones impuestas por la élite religiosa wahabí. No tendría ningún sentido aceptar ese control si de verdad quisiera modernizar la economía.

Es improbable que MbS y su padre, el rey, estén dispuestos a limitar el poder de los clérigos wahabíes hasta el punto de crear un cisma en una de las bases de la continuación del poder de la dinastía Al Saud. Ahora bien, en las últimas semanas han aparecido artículos en la prensa saudí criticando a los líderes religiosos por no haber apoyado con la energía patriótica necesaria la ofensiva contra Qatar (la religión de Estado en ese país también es de inspiración wahabí).

Ese tipo de críticas no se publican en los medios saudíes si no cuentan con el apoyo expreso del Gobierno, es decir, de los responsables de la familia real. Con la misma facilidad con que han salido esas críticas, desaparecerán más adelante una vez que los líderes religiosos den por recibido el mensaje, pero es revelador de la poca paciencia de MbS con aquellos que hasta ahora han impuesto su ideología teocrática, pero que no demuestran la misma pasión para apoyar las campañas del Gobierno.

Se diría que una monarquía absoluta cuenta con todo tipo de resortes para imponer su voluntad. No parece que MbS esté dispuesto a asumir ningún riesgo, a pesar de que el relevo en el primer puesto en la línea de sucesión se votó casi por unanimidad –sólo hubo tres votos discrepantes– en el consejo real en el que están representados los principales miembros de la familia real.

Según cuenta el NYT este jueves, al depuesto príncipe Mohamed bin Nayef se le ha prohibido salir del país e incluso no puede abandonar su palacio de Yeda. Tratándose del palacio de un multimillonario saudí, resulta difícil considerarlo un arresto domiciliario. Aun así, al menos refleja el temor de MbS a que el anterior príncipe heredero y exministro de Interior pueda suponer una amenaza en un relevo que se había vendido como pacífico y cordial.

El artículo del NYT no explica en concreto las razones de Mohamed bin Salmán porque las desconoce. Por eliminación, esto es lo que dice una de las fuentes oficiales norteamericanas que han confirmado la noticia: “Es una muestra de que MbS no permite ninguna oposición. No quiere ningún movimiento desde el interior de la familia. Quiere un ascenso directo sin ninguna disensión. No es que MbN (Bin Nayef) esté conspirando”.

Bin Nayef tiene muy buenas relaciones desde hace años con altos cargos militares y de los servicios de inteligencia norteamericanos por la colaboración mutua en la guerra contra Al Qaeda. Su enfado al conocerse la noticia, desmentida por el Gobierno saudí, es lo que ha facilitado que se haya conocido a través del NYT. No ha trascendido ninguna información que indique que MbN había mostrado su malestar en privado o público por su remoción.

Durante varios años, se ha especulado con la posibilidad de que sectores de la cúpula de la familia real (que en su conjunto es más una tribu que una familia, con más de 20.000 miembros) se enfrentaran al rey Salmán por la rápida ascensión de su hijo y la consiguiente relegación de personas de más edad y experiencia. Al final, Arabia Saudí es una monarquía feudal donde la voluntad del monarca se ha impuesto sobre los intereses de príncipes importantes en el escalafón familiar, pero sin poder real que no proceda de las decisiones del rey.

Pero si la noticia del NYT es cierta, habría que pensar que MbS no está tan seguro de que su posición esté garantizada por la simple decisión de su padre o simplemente quiere enviar un mensaje amenazador a los descontentos dentro de la familia real. Ninguna de las dos posibilidades dice mucho sobre la estabilidad del país.

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Un poco de humor para digerir el Brexit

El escenario político al que se enfrenta el Reino Unido con el Brexit se parece cada día más a una película de Monty Python. Lo último de esta historia de confusión, mentiras y medias verdades es el enfrentamiento entre David Davis y Philip Hammond, dos de los principales miembros del Gobierno de Theresa May, sobre las opciones del Brexit. ¿La comparación con Monty Python es un poco exagerada? No para los autores de este vídeo.

Hace tres meses, alguien encontró otro símil que tampoco está nada mal. Titanic, con David Cameron al frente de la nave que se hunde, Jeremy Corbyn tocando el violín sin descomponer el gesto y Theresa May explicando las fantásticas oportunidades que se abren desde el bote salvavidas.

Por último, tenemos este vídeo del Telegraph celebrando el Brexit con algunas cosas que son ciertas, otras que son falsas y algunas que obviamente sólo pretenden tomar el pelo.

Lo malo es que la mayoría de las referencias van en serio y muchos de los que votaron a favor del Brexit se las creen. Ese es el mayor chiste.

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Las cloacas del Estado en ‘prime time’

“El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”, dicen que dijo hace muchos años Felipe González, precisamente cuando las alcantarillas echaban humo con los GAL. Este domingo, el programa Salvados nos ha ofrecido un ejemplo en prime time del funcionamiento de esas alcantarillas que no pertenecen únicamente a los primeros años de la Transición ni a los turbulentos años 80. La entrevista de Jordi Évole al comisario Villarejo ha tenido de todo: policías, espías, jueces, políticos, periodistas… A fin de cuentas, Villarejo se ha movido con varios gobiernos como pez en el agua en las cloacas prestando servicios a políticos y empresarios, repartiendo información a periodistas de confianza y jugando a ser espía para gran enfado de los que cobran por esa función a fin de mes.

La actividad profesional de Villarejo se acelera cuando vuelve a la policía en los años 90 tras una excedencia de diez años. A partir de entonces, trabaja para los gobiernos posteriores que siempre encontraron utilidad para un hombre como él. No hay ministro que deseche la idea de tener un informe en su despacho sobre asuntos confidenciales, no para presentar cargos en un tribunal –la función legal de la policía–, sino para saber más que sus adversarios o en ocasiones hacerles daño. A partir de ahí, la creatividad del comisario a la hora de interpretar las órdenes de sus jefes es lo que le mantuvo en activo durante tanto tiempo. Siempre es bueno contar con un sicario que convierte las insinuaciones en órdenes, que siempre va más lejos de lo que le han pedido.

La entrevista, a pesar de la larga sucesión de mentiras de Villarejo, nos concedió un asiento de primera fila en la representación de esas cloacas a las que se ha relacionado con la fabricación de pruebas contra los rivales políticos del PP en los últimos años. En ese sentido, fue un programa valiente y con una perfecta puesta en escena que nos convirtió en testigos de una parte del funcionamiento del Estado que raramente aparece en el horario televisivo de máxima audiencia.

El plural de cloacas es inevitable. ¿Cómo puede ser que un policía enfrentado desde hace años al CNI fuera reclutado por el Ministerio de Interior dirigido por Jorge Fernández Díaz para ocuparse de los temas de Cataluña, y de forma que fuera condecorado por ello? Los años de gobierno del PP nos han deparado espectáculos como este, cuando comisarios y periodistas se ocupaban de fabricar titulares contra Podemos y los independentistas catalanes, además de una guerra de comisarios en los niveles más altos en la que volaban los cuchillos. Tanto es así que es extraño que alguno de esos comisarios no haya sufrido un accidente de coche al quedarse sorprendentemente sin frenos.

Por ser fiel al testimonio, hay que decir en una versión resumida que Villarejo acusó al director del CNI de ser el mayor poder en la sombra de este país y haber amenazado a un antigua amante del exrey Juan Carlos, a la diputada socialista Margarita Robles de encargar un informe sobre la vida personal de Baltasar Garzón cuando era secretaria de Estado, al exdirector de la Policía Ignacio Cosidó de haber intentado torpedear la investigación sobre Bárcenas, y al periodista de El País Javier Ayuso de trabajar para el CNI.

Su enemistad con el CNI es conocida y se remonta a varios años. Los espías no querían un competidor en su esfera de negocio. Las andanzas de Juan Carlos de Borbón y Corinna son conocidas, y no es extraño que el CNI asumiera como misión impedir que perjudicaran –aún más– la reputación de la monarquía.

En la época de Margarita Robles fue cuando Villarejo perdió algunos de sus privilegios policiales y hay que recordar que el PSOE de Felipe González siempre acusó a Belloch y a Robles de no haber parado de alguna manera la investigación sobre los GAL. Pero resulta que, a pesar de ese intento por acabar con la reputación de Baltasar Garzón y relacionarlo con narcotraficantes, el exjuez mantiene una buena relación actualmente con Villarejo, lo que sólo puede sorprender a los inocentes que creen que su investigación sobre los GAL y su actividad de los últimos años sobre los crímenes del franquismo resumen toda su trayectoria.

La idea de que Cosidó pudo presionar a Villarejo en relación a Bárcenas es tan ridícula que me extraña que un cámara de la entrevista no se cayera de la risa al suelo y arruinara el plano. Cosidó, un diputado no especialmente brillante del PP, no era el ministro de Interior en la sombra ni se conocen grandes revelaciones sobre Bárcenas que tengan que ver con Villarejo. Su explicación de que Cosidó puenteaba al número dos de Interior para estar en contacto con la vicepresidenta del Gobierno no tiene sentido, porque ese secretario de Estado ya era del grupo de dirigentes del PP que lo deben todo a Sáenz de Santamaría.

Sobre Ayuso, francamente no necesita ser agente del CNI para defender a la Casa Real y al sistema político anterior a las elecciones de 2015 desde El País. Lo haría gratis, aunque lógicamente recibe un sueldo en el periódico por cumplir esa función.

Hay que decir algo bastante obvio. Villarejo hace todas esas acusaciones sin presentar pruebas. Ese ventilador es el que le delata. En una época no muy lejana, contaba con la protección del Ministerio de Interior, tenía una cohorte de periodistas que regurgitaban sus soplos y campañas de desprestigio –de ahí la mención a Inda y Urreiztieta en el programa, y no son los únicos– y en resumidas cuentas daba mucho miedo. El caso del acoso y agresión a la doctora Pinto es un buen ejemplo de las cosas por las que le tenían miedo.

Ahora parece que Villarejo aceptó dar este entrevista para enviar un mensaje a sus enemigos: estoy fuera de primera línea, pero aún puedo contar muchas cosas y llevarme a unos cuantos por delante.

Lo que queda de esa entrevista es la constatación de que desde 2011 el Ministerio de Interior fue con Fernández Díaz un pozo séptico de corrupción. El PP había aprendido la lección que le deparó el 11M y su derrota en las elecciones de 2004. No iba a dejar que una investigación policial no controlada por ellos les arruinara la vida. Utilizaron las alcantarillas para defender el Estado de derecho, que diría Felipe González, es decir, su visión del Estado que pasa por fabricar pruebas cuando es necesario si eso sirve para desprestigiar a los adversarios más peligrosos.

Hay por tanto una cierta continuidad con las guerras sucias de los 80, aunque en este caso no hayan dejado cadáveres a su paso. Pero también hay otra forma de verlo. En estos años los tribunales han enviado a prisión a políticos corruptos que gozaban hasta entonces de impunidad y han imputado a centenares de dirigentes del PP en investigaciones ejecutadas por la Policía y la Guardia Civil. Las cloacas no siempre pueden anegarlo todo.

La duda es saber cuántos villarejos quedan en nómina. No serán pocos.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘Reservoir Dogs’, 25 años después.

Scorsese escribe sobre el arte del cine, con énfasis en la primera palabra.
–Una lista de las mejores malas películas.
Ricky Gervais sobre comedia, religión y Trump.
Las ratas eran realmente grandes en las trincheras de la IGM.
–Cómo se hace una espada samurái.
Asesinos de las SS con doctorado.
–Fotos desconocidas de la protesta de Tiananmén.
–Los orcas han aprendido a robar a los pesqueros. Y de qué manera.
Elefantes al rescate.

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MbS culmina su asalto al poder en Arabia Saudí

La noticia de la ascensión del príncipe Mohamed bin Salmán al puesto de príncipe heredero saudí, y por tanto primero en la línea de sucesión, se entiende mucho mejor recordando lo ocurrido el 22 de abril. Ese día el rey Salmán publicó 40 decretos, y uno de ellos significaba mucho para los funcionarios. Restablecía los sueldos y derechos económicos de los funcionarios civiles y personal militar que habían sido recortados o eliminados sólo siete meses antes. En septiembre, los salarios se habían reducido en un 20% como parte del programa de recorte de gasto público aprobado por el Gobierno para encajar la espectacular caída del precio del petróleo.

La medida fue lógicamente impopular sin que el hecho de que se vendiera como parte de un programa de modernización y diversificación económicas surtiera mucho efecto. Era una decisión que partía del príncipe Salmán (MbS), que no sólo era el ministro de Defensa, sino también máximo responsable de la política económica, incluida la producción de petróleo.

La escasez de informaciones sobre los equilibrios de poder dentro de la familia real saudí no permitía otra cosa que especular sobre las razones del giro. Precisamente por ser medidas económicas difíciles, no tenía mucho sentido haberlas tenido en vigor durante menos de un año. Es posible que para entonces el rey y su hijo tuvieran ya decidido el anuncio conocido este miércoles: la desaparición del príncipe heredero, Mohamed bin Nayef, jubilado a los 57 años, y el ascenso de MbS, de 31 años, que controla ahora todos los resortes del Gobierno.

Había que preparar el camino ganándose el apoyo del personal de la Administración, el último peldaño que MbS tenía que subir para hacerse con todo el poder dejando fuera de cualquier opción a sus rivales dentro de la familia real en caso de una muerte repentina del monarca.

Siempre se ha dicho que los asuntos de la élite gobernante saudí se decidían por consenso entre las principales ramas de la familia, en función del poder que tuvieran cada uno de los hijos y descendientes de Abdul Aziz bin Saud, el creador del Estado saudí moderno. Fue así durante décadas, en especial en el largo periodo de tiempo en que el rey Fahd gobernó casi incapacitado por la enfermedad. No ha sido así con el actual monarca, de 81 años, que en dos años y medio se ha deshecho de dos príncipes herederos. Por último, ha cambiado la ley para que la sucesión se produzca de padre a hijo, algo prohibido. Hasta ahora, cada rey, hijo de Abdul Aziz, era sustituido a su muerte por un hermano.

Los cambios de abril no fueron sólo económicos. Se produjeron varios nombramientos en el área de seguridad del Gobierno en el único ámbito que controlaba el príncipe Nayef como ministro de Interior. Los puestos fueron para personas cercanas por edad y trayectoria a MbS. Su hermano pequeño, de 28 años (profesión: piloto de caza) recibió la embajada en EEUU, el puesto más importante de la diplomacia saudí. Un sobrino se convirtió en vicegobernador de la Provincia Oriental, de especial interés para los servicios de seguridad por la presencia de la mayor parte de los pozos petrolíferos y de una minoría chií enfrentada al Gobierno central (el gobernador era un hermano de Bin Nayef al que desde ese momento se le vigilaría de cerca y que ya no tiene mucho futuro en el puesto).

Hubo además una decisión institucional de calado: el fortalecimiento de un organismo algo secundario desde 2015, el Consejo de Seguridad Nacional, cuyo responsable sería alguien cercano a MbS, que disputaba así al Ministerio de Interior el control de la seguridad interior. Mohamed bin Salmán se convirtió en la práctica en el jefe del Gobierno.

Abril fue por tanto el prólogo del ascenso definitivo de MbS que llegará algún día al trono de su país. Por más que la decisión del miércoles no puede sorprender, sería poco inteligente subestimar sus consecuencias, y varias de ellas no son muy alentadoras. Con anteriores monarcas, Arabia Saudí parecía absorbida por mantener la estabilidad interna y propagar su mensaje religioso –su lectura integrista del islam– por todo el mundo musulmán. Con el rey Salmán y su hijo, el régimen se ha embarcado en aventuras exteriores, cuya prioridad estratégica es combatir en todos los frentes militares a Irán y acabar políticamente con los Hermanos Musulmanes en todos los países de Oriente Medio afectados por los levantamientos de la ‘Primavera Árabe’.

En todas esas aventuras expansionistas, el nuevo príncipe heredero ha adoptado un perfil destacado, demostrando un carácter temerario que también ha sido definido como errático. Parece que no hay frente en el que los saudíes no quieran intervenir para cambiar las cosas a su gusto. Junto a los Emiratos, presionaron y apoyaron al Ejército egipcio para que derrocara con un golpe al Gobierno de los Hermanos Musulmanes. Intervinieron en el conflicto de Yemen para convertirlo en una guerra de aniquilación contra sus rivales chiíes al precio de destruir un país que ya era el más pobre de Oriente Medio. Recientemente, decretaron el bloqueo económico de Qatar por su molesta tendencia a tener su propia política exterior.

Ninguna de estas iniciativas se ha visto coronada por el éxito. Egipto fue fácil para ellos, porque sólo tenían que enviar ingentes cantidades de dinero, pero el tradicional funcionamiento caótico del Estado egipcio terminó por exasperarles. Han arrasado Yemen bombardeando hospitales, colegios y mezquitas, y no están más cerca de la victoria que hace dos años, porque no se atreven a enviar fuerzas de tierra para terminar con el trabajo de los bombardeos. Acaban de dinamitar el Consejo de Cooperación del Golfo con su ofensiva contra Qatar, y no parecen tener más respuesta que esperar a que la familia real qatarí preste lealtad a los saudíes, lo que no va a ocurrir. En Siria, han volcado el apoyo militar y económico sobre grupos insurgentes que no tienen ninguna capacidad de ganar por sí solos la guerra, y al mismo tiempo fueron incapaces de trazar una estrategia común con los grupos financiados por Qatar. De hecho, promovieron un pacto de sus grupos con el Frente Al Nusra, vinculado a Al Qaeda, enemigo mortal del Estado saudí. En Libia, los aviones de Emiratos, junto a los egipcios, han bombardeado a los rivales del general Haftar, y sólo han contribuido a hacer más difícil una solución política.

MbS ha defendido en público todas estas iniciativas dejando a muchos saudíes perplejos sobre el inexistente horizonte de victoria que les ofrecen desde el Gobierno. No son los únicos perplejos. En diciembre de 2015, los servicios de inteligencia alemanes no tuvieron reparo en filtrar el contenido de un informe sobre Arabia Saudí en el que destacaba que el país estaba llevando a cabo una política impulsiva de intervención exterior y que MbS parecía estar dispuesto a provocar la desestabilización de toda la región.

El secretismo que caracteriza a toda la política saudí se ha venido abajo hasta cierto punto con el intento de MbS de proyectarse como la imagen del futuro. Modernización, privatización, salida a bolsa de la empresa pública del petróleo, diversificación de inversiones, esos son los conceptos que se manejan en la prensa internacional al referirse al nuevo príncipe heredero. La campaña de relaciones públicas ha llegado a todos los medios, en especial los de EEUU, donde MbS cuenta con periodistas influyentes que han elogiado sin límite al futuro rey. Columnistas como Thomas Friedman, del NYT, y David Ignatius, del Washington Post, han recibido el máximo acceso para escribir artículos laudatorios sobre él hasta el límite de la hagiografía. Varios think tank, que reciben generosas aportaciones económicas de Arabia Saudí, lo venden como el líder que necesitaba el país. En esos casos, los civiles muertos de Yemen y la destrucción de Siria juegan un papel secundario. Lo que se destaca son los ordenadores, las inversiones, la diversificación económica o su entrevista en California con Mark Zuckerberg. Aunque en realidad la mayor aportación económica saudí a la economía estadounidense continúa siendo la ingente compra de armamento.

En Israel, la imagen de MbS es si no buena, muy favorable en la medida que reconocen que su enemistad visceral con Irán sólo puede beneficiarles. En público, el Gobierno se muestra cauteloso, excepto un ministro que ya ha dicho que su promoción es una buena noticia para Israel. Los expertos en las universidades son más expresivos al elogiar su intención de frenar la influencia iraní: “Israel se juega mucho en la operación de Yemen porque no puede permitir que una fuerza proiraní controle el estrecho de Bab al-Mandeb, que es una salida para los barcos israelíes en el golfo de Eilat”, ha dicho al Jerusalem Post Joshua Teitelbaum, del centro de estudios de defensa de la universidad de Bar-Ilan. “En esto, Israel y Arabia Saudí caminan en la misma dirección. En relación a Israel, (MbS) es el hijo de un rey que ha continuado una política de cooperación limitada y clandestina con Israel, y no hay razones para pensar que el hijo cambiará de dirección”.

Como ministro de Interior, Mohamed bin Nayef era un gran aliado de Washington en la guerra contra ISIS y Al Qaeda. Sufrió uno de los atentados más extraños que uno pueda imaginarse cuando un yihadista detonó cerca de él una bomba que llevaba escondido en el recto. El lugar elegido para guardar la bomba fue efectivo para superar los controles de seguridad, pero no tanto para matar a Nayef, que sólo resultó herido.

Ahora, EEUU ya no le echará de menos. Todo es distinto con Donald Trump. El presidente volvió de su visita a Arabia Saudí derrochando elogios al rey saudí. Agradeció la compra de armamento con un apoyo decidido a las denuncias contra Qatar. Es cierto que el Pentágono y el Departamento de Estado hicieron como si Trump no hubiera dicho nada, pero las relaciones del presidente con los gobernantes saudíes parecen excelentes. La familia Trump, con el inevitable yerno Jared Kushner al frente, y la familia Salmán están condenadas a entenderse. El nombramiento de un piloto de 28 años como embajador saudí en EEUU sólo porque es hermano de MbS, confirma que por ambos lados la perspectiva es que estas dos dinastías familiares pretenden establecer relaciones personales que estén por encima de los intereses de ambos países.

MbS, con su nombre con iniciales como si fuera un ejemplo de modernidad, es el símbolo de la disposición saudí a llevar la guerra contra Irán a todos los conflictos de Oriente Medio, una garantía segura de años o décadas de sangre y violencia.

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Murieron por ser pobres

El programa de reportajes Panorama, de BBC, dedicó su espacio del lunes a la tragedia de la torre Grenfell (‘Building of Flames: Britain’s Shame’). Comienza con las historias de aquellos que se salvaron de la muerte, historias de heroísmo y de dolor, porque algunos perdieron allí a sus seres queridos. Después, intenta explicar cómo fue posible que el incendio se extendiera a todas las plantas y devorara el edificio.

Los bomberos llegaron a controlar el foco del fuego en la cuarta planta, pero eso no les sirvió de nada porque las llamas se propagaron hacia arriba con gran rapidez gracias al revestimiento, elegido en su momento porque era más barato que otras variantes existentes en el mercado. Este domingo, el ministro de Hacienda, Philip Hammond, dijo que creía que ese tipo de revestimiento estaba prohibido en el Reino Unido, al igual que en Alemania. No es cierto, según Panorama. El programa cuenta que la regulación no está clara y que por tanto todavía puede usarse.

En 2013, el Gobierno prometió al Parlamento que procedería a una revisión de las medidas de seguridad exigibles a los edificios de gran altura, después de recibir numerosas peticiones de los diputados. A día de hoy, esa revisión, con el correspondiente cambio normativo, aún no se ha producido, explican en Panorama. Fue un desastre anunciado a causa de la pasividad de las autoridades nacionales y locales.

En una de las comunicaciones al Gobierno en 2014, de las que hubo varias, los diputados escribieron: “Dado que se calcula que hay 4.000 antiguas torres de viviendas en Reino Unido sin protección automática de rociadores de agua, ¿podemos permitirnos que ocurra otra tragedia antes de arreglar esta vulnerabilidad?”.

Cuatro ministros y viceministros recibieron esos avisos. Uno de ellos respondió: “No he visto ni oído nada que indique que estos potenciales cambios específicos (sic) sean urgentes y no estoy dispuesto a alterar el trabajo de este departamento para pedirle que proceda con estos asuntos”.

Los residentes de la torre Grenfell llevaban años reclamando reformas en el edificio y la aplicación de nuevas medidas de seguridad. El consejo local de Kensington y Chelsea, cuyo presidente es entrevistado en el programa, se negó a hacerles caso. Su prioridad era el recorte del gasto para poder hacer devoluciones a sus habitantes, la mayoría de ellos ricos. No mostraron la misma disposición en los días posteriores al incendio, como reconoció la primera ministra, y tuvieron que ser los vecinos y los voluntarios los que se movilizaron para ayudar a los que se habían quedado sin nada.

En el reportaje se puede apreciar quiénes han sido las víctimas del incendio. En su mayoría, miembros de minorías étnicas y de origen extranjero, que vivían en un enclave de gente de bajos ingresos rodeados de zonas con uno de los niveles de renta más altos del país.

Murieron por ser pobres.

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