No apuesten por una ruptura de Syriza

La carta de Manolis Glezos y las declaraciones del ministro de Energía sobre las privatizaciones pendientes han hecho pensar que el sector más izquierdista de Syriza puede poner en problemas al Gobierno de Alexis Tsipras. Algunas informaciones que indican que Syriza ha abandonado sus promesas electorales en su primer envite serio con la troika abonan esa teoría.

A corto plazo, es difícil de creer, excepto para los que piensan que el Gobierno griego podía revertir la situación del país a las pocas semanas de ocupar los despachos. Y se equivocan. Hay que recordar la frase ya conocida que dice que no es lo mismo tener el Gobierno que tener el poder (aunque para llegar a la segunda etapa suele ser necesario pasar por la primera).

Tsipras se ha pasado diez horas reunido con el grupo parlamentario de Syriza para convencerle de que apoye el acuerdo con la Comisión Europea. Por lo que cuentan las primeras crónicas, el primer ministro ha sido lo bastante hábil como para citar una teoría que circuló durante la campaña electoral: la idea de que Nueva Democracia no estaba tan preocupada por una derrota en las urnas porque un Gobierno de sus rivales izquierdistas tendría una esperanza de vida muy reducida (la “derrota dulce” que dijo Felipe González en 1996). Sería un “Gobierno de paréntesis” con una mayoría parlamentaria escasa que no podría digerir las contradicciones internas de Syriza.

“Quiero saber si aceptáis o no el acuerdo. Si hay alguien que votará contra el acuerdo, quiero que lo diga ahora”, dijo Tsipras. 132 votaron a favor, y sólo cinco en contra. Syriza salió de las elecciones con 149 escaños.

Panayiotis Lafazanis, ministro de Energía, ha sido uno de los críticos, y no es una sorpresa porque ya ha dado los primeros problemas al ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, al afirmar que se va a detener o revisar, o ambas cosas, las privatizaciones que prometieron los conservadores. El Gobierno se ha comprometido a no anular los procesos de privatizaciones de algunas empresas públicas ya en curso, aunque eso no quiere decir que vaya a iniciarlos en otros casos. Lafazanis ha dicho que se detendrán las privatizaciones ya iniciadas en PPC, la mayor compañía pública eléctrica del país, pero está por ver que pueda hacerlo. Si encontrara algún caso de corrupción en ese proceso, lo tendría más fácil, pero si no es así, es poco probable que Tsipras le permita saltarse el acuerdo con la Comisión Europea.

Varias promesas de Syriza, como la de subir el salario mínimo, tendrán que esperar y se llevarán a cabo en distintas etapas. El Gobierno no lo tiene tan mal ante la opinión pública en el caso de que pueda demostrar que ha puesto en el congelador medidas que estaban en el programa de rescate y que incluso Nueva Democracia se había negado a aplicar, como una nueva subida del IVA y la reducción de las pensiones. Cuando ND vio que se acercaba la posibilidad de unas elecciones anticipadas empezó a dilatar la aprobación de esas medidas. La troika lo sabía y no montó ningún escándalo. Se limitó a continuar las negociaciones.

Los comunicados del FMI y del BCE revelan claramente que el nuevo acuerdo con Grecia que la Comisión Europea y el Gobierno alemán aceptan no les satisface por completo precisamente porque faltan esos compromisos.

No parece que el Gobierno griego esté muy preocupado por eso ahora. De momento ha conseguido un acuerdo para los próximos cuatro meses. Más adelante, tendrá tiempo de sobra para ver si Alemania se pone del lado del FMI y del BCE o acepta continuar apoyando la actitud ligeramente más dialogante de la Comisión Europea. Mientras tanto, seguirá vigilando la salud financiera de sus bancos.

¿Qué opinan los votantes de Syriza? Las primeras encuestas indican que el Gobierno de Tsipras goza de un apoyo superior al registrado el día de las elecciones. Suele ocurrir después de unos comicios que han supuesto un cambio de gobierno. En la web Keep Talking Greece hay un reportaje interesante con opiniones de gente que votó al partido de izquierdas. No es que tenga que ser representativo, pero encontramos ahí opiniones de gente que de momento se siente muy satisfecha, incluso orgullosa, de que un Gobierno se enfrente en la medida de sus posibilidades al diktat que ha llegado en los últimos años desde la UE.

“Me siento otra vez orgullosa. Hemos recuperado algo del orgullo perdido. Ahora la gente habla de que Grecia no inclina la cabeza y acepta sin objeciones lo que otros quieren imponerle”, dice una señora de 82 años.

“Mostrar que eres duro, que insistes en negociar y que no aceptas todo lo que te dicen es importante como primer paso”, comenta una chica de 20 años.

En un primer momento, restaurar la dignidad de un pueblo de sentimiento muy nacionalista es algo que espera ver la gente. No sirve por sí solo para revertir una catástrofe financiera, pero sí da tiempo al Gobierno para afrontar los primeros meses. Y eso vale para los votantes de Syriza e incluso para los de otros partidos.

Evidentemente, la situación dentro de un año puede ser muy diferente. Pero eso es una incógnita para la que nadie tiene una respuesta.

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El presidente que subió una colina y se dio de bruces con la montaña

Todos los políticos acuden a una cita como el debate del estado de la nación con un guión planificado, y no me refiero sólo al texto de la intervención. Deben tener claro cuál es el mensaje que quieren enviar, qué cifras les pueden servir, cuál debe ser el estilo de su intervención, con qué rivales deben ser duros y con cuáles respetuosos o condescendientes.

Si se ven obligados a cambiar esos criterios, es señal de que algo ha salido mal. Aumenta el riesgo y las posibilidades de que los periodistas despierten y alteren el guión que también ellos llevaban en la cabeza. Si eres el presidente del Gobierno, sobre todo uno como Rajoy, casi prefieres que no pase nada, que todo se quede en una molesta cita en la que es suficiente con poner la cara, leer unos folios, alardear de cifras y salir del hemiciclo sin sudar la camiseta.

Continúa en Zona Crítica.

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El flanco izquierdo de Syriza envía el primer aviso al Gobierno

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El eurodiputado de Syriza, Manolis Glezos, ha publicado un comunicado en el que critica con dureza al Gobierno de Alexis Tsipras por el resultado de la última reunión de ministros de la eurozona. Grecia ha obtenido una prórroga de cuatro meses en las condiciones del rescate a expensas de que el lunes presente su programa de reformas.

Glezos es una leyenda de la izquierda griega desde que en 1941 retiró junto a un compañero la bandera nazi que los alemanes habían izado en la Acrópolis. Su carta es una demostración de que la dinámica de las negociaciones, desde una posición muy vulnerable, en la que se ha metido Tsipras puede provocar tensiones dentro de Syriza.

Este es el comienzo de la carta, según la traducción de Greek Analyst.

“Renombrar a la Troika como “instituciones” y al memorándum como “acuerdo”, y a los prestamistas como “socios”, de la misma forma que llamas pescado a la carne, no cambia la situación anterior. Tampoco cambia desde luego el sentido del voto del pueblo griego en las elecciones del 25 de enero de 2015.

El pueblo votó lo que Syriza había prometido. Anulamos el statu quo de la austeridad, que no es sólo la estrategia de la oligarquía alemana y de los prestamistas europeos, sino también de la oligarquía griega. Anulamos el memorándum y la troika, así como todas las leyes de la austeridad. Al día siguiente de las elecciones, con una sola ley anulamos la Troika y sus consecuencias.

Sin embargo, ha pasado un mes y esto no se ha convertido aún en realidad. Una pena, una auténtica pena.

Por mi parte, PIDO DISCULPAS (en mayúsculas en el original) al pueblo griego, porque yo también tomé parte en la creación de esta ilusión”.

Glezos reclama que se celebren “asambleas de emergencia” de los partidarios de Syriza para tomar una decisión sobre los pasos dados por el Gobierno. Afirma que no puede haber compromisos entre el opresor y el oprimido, del mismo modo que no los puede haber entre “el esclavo y el conquistador”.

Un importante economista de Syriza ha tuiteado el mensaje de Glezos, lo que no quiere decir necesariamente que apoye su petición. Es seguro que hay sectores del partido que están en contra de negociar con la Comisión Europea. Las cuestiones terminológicas en los comunicados sobre no llamar troika a la troika no les habrá convencido demasiado.

Por otro lado, el Gobierno de Tsipras ha anunciado que llevará al Parlamento algunas de sus promesas electorales, como la subida del salario mínimo y la contratación de funcionarios despedidos ilegalmente, así como conceder la nacionalidad a los hijos de inmigrantes.

Tsipras tiene que mantener el equilibrio entre los militantes del partido, que era hasta 2009 una coalición, y sus votantes. Entre estos últimos hay muchos antiguos votantes del Pasok, que están en contra de abandonar la eurozona o la UE. Tsipras ya ha dicho que se ha ganado “una batalla, no la guerra”.

En la reunión del viernes, se vio claramente que en el ‘chicken game’ en que parecía situada la pugna entre Alemania y Grecia, los segundos se encuentran en una posición de desventaja. Los alemanes juegan en público con la idea de que la salida de Grecia de la eurozona es una alternativa que no les asusta. Algunas de sus declaraciones dan a entender que incluso la desean.

El flanco vulnerable de Syriza son los bancos griegos. Desde diciembre, se había producido una fuga de depósitos de esos bancos que, sin ser irrelevante, podía ser asumida. Lo que ocurrió el viernes, según Reuters, o el jueves y el viernes, según otros medios, era otra cosa. Una retirada de 1.000 millones de euros en tan corto espacio de tiempo era ya una cifra mucho más preocupante. Y Draghi dejó claro ese día que el BCE no iba a estar siempre ahí para completar las arcas de los bancos de Atenas.

Si el Gobierno griego se viera obligado a imponer controles de capital para impedir esa fuga de dinero, eso desencadenaría una serie de acontecimientos de desenlace imprevisible. En ese caso, la salida traumática de la eurozona sería algo más que una hipótesis. La introducción de medidas más creativas, como emitir ‘euros de consumo interno’ se contemplaría como un paso previo al regreso de la dracma.

Sobre si Tsipras y Varufakis tiraron la toalla o si obtuvieron el mejor acuerdo posible dadas las circunstancias, hay tantas opiniones como analistas. En los primeros artículos del viernes, se destacó que los griegos se habían visto forzados a ceder en sus reivindicaciones: el programa del rescate continuará hasta su conclusión con las condiciones ya conocidas. Todas las nuevas ideas manejadas por Varufakis en su gira europea habían acabado en la papelera.

La intrasigencia alemana no impidió que su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, reaccionara con rencor: “Los griegos lo tendrán difícil para explicar el acuerdo a sus votantes”. Parece que no se trataba sólo de vencer a Syriza, sino de humillarla.

Robert Peston, de BBC, es de los que piensan que Grecia obtuvo el mejor resultado posible dadas las circunstancias. Lo más importante es que gana tiempo a la espera de negociar en los próximos meses su relación con la eurozona (Krugman opina lo mismo).

En el plano interno, Syriza está mucho más fuerte que el día después de las elecciones. Hay sondeos que muestran que ahora mismo las ganaría con una amplia mayoría absoluta. Pero la situación financiera del Estado sigue siendo la de antes. Como se ocupó de recordar Varufakis en su gira, Grecia es un Estado en bancarrota.

Peston destaca que si bien las condiciones del rescate no han cambiado, incluido el compromiso a pagar una deuda del 175% del PIB, Grecia tiene derecho ahora a presentar su propio programa de reformas y aspira con él a reducir el superávit primario pactado con el anterior Gobierno, del 3% este año y el 4,5% al siguiente, a una cifra menor, lo que le dará fondos para cumplir sus promesas electorales y aumentar el gasto social con el que reducir el terrible impacto del hundimiento de su economía.

El acuerdo del eurogrupo del viernes indica que para cuantificar ese superávit primario (la diferencia entre ingresos y gastos en el presupuesto sin contar el pago de la deuda) se tendrán en cuenta las “circunstancias económicas” (“The institutions will, for the 2015 primary surplus target, take the economic circumstances in 2015 into account”). Veremos el lunes qué entienden por eso los ministros europeos. De momento, la carta de Glezos nos permite saber que Tsipras tiene que negociar con un ojo puesto en Berlín y el otro en Atenas.

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Atentado en Jarkov, Ucrania

El vídeo muestra el momento de la explosión de una bomba situada al paso de una manifestación en Jarkov, en la zona este de Ucrania, convocada en el primer aniversario de la dimisión de Yanukóvich. Los manifestantes enarbolaban banderas ucranianas en una región en la que las milicias prorrusas cuentan con muchos partidarios. Han muerto dos personas (una de ellas un policía) y 15 han resultado heridas.

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Los presidentes de EEUU, versión ‘House of Cards’

No cabe duda de que si los presidentes de EEUU actuaran como en ‘House of Cards’, la historia sería más divertida.

Bola extra: George Washington, dueño de esclavos hasta el día de su muerte.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

THE WES ANDERSON COLLECTION CHAPTER 8: THE GRAND BUDAPEST HOTEL from RogerEbert.com on Vimeo.

“Todas las películas de Wes Anderson son comedias, y en realidad no lo son”. Igual que en ‘El Gran Hotel Budapest’.

–Los hermanos Coen en pocas palabras.
–La primera entrevista a Michael Cimino en 13 años.
–Los retratos de Marilyn Monroe por Carl Perutz.
–El pasado de los nominados a los Oscar.
–Lo que Lou Reed quería hacer cuando empezó.
San Francisco en modo Gotham City.
En el fondo del mar.
–El monstruo de las galletas visita museos.
Blur is back.
En 1657 el tiempo empezó a cambiar para nosotros.
–La respuesta de la URSS al transbordador espacial.
–Mirando al sol.
–Fundir metales con la ayuda del sol a 3.000 grados.

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Ucrania, Estado fallido

Miles de soldados en retirada, cadáveres de soldados abandonados, heridos esperando a ser evacuados. camiones sin combustibles o averiados arrastrados por otros camiones… La derrota del Ejército ucraniano en Debáltsevo ha sido rotunda. Y las derrotas duelen más cuando el Gobierno ha mentido y el fracaso surge de repente y te golpea en la cara.

Y lo peor que puede hacer un Gobierno es negar la realidad antes y después del acontecimiento. El presidente, Petro Poroshenko, vendió como un éxito la retirada. De creer sus palabras, habría que pensar que las milicias no querían hacerse con el control de Debáltsevo. Necesitaban que sus enemigos continuaran en ella. Qué inmensa estupidez. Sólo le faltó llamar ofensiva hacia la retaguardia. Estuvo a punto: “Esta es una prueba evidente del potencial defensivo del Ejército y de la eficacia del mando militar”, dijo en Kiev antes de dirigirse a algún punto del frente, vestido eso sí con ropa militar.

Los testimonios de militares indican que fueron sus mandos los que tomaron la decisión cuando, en palabras de algunos de ellos, las alternativas se reducían a “caer prisioneros o morir”. Algunas unidades, al no tener transporte, tuvieron que huir por los bosques y cubrir a pie 20 kilómetros. Otros lo hicieron por carretera, pero allí sufrieron emboscadas. En la morgue del pueblo de Artemivsk, llegaron decenas de cadáveres de soldados. Otros se quedaron por el camino.

No es la primera derrota del Ejército ucraniano ni la primera vez en que un alto número de sus soldados han quedado aislados y el mando militar ha sido incapaz de romper ese cerco. Tampoco es la primera ocasión en que las denuncias de que se estaban enfrentando a fuerzas profesionales de alto nivel, es decir, rusas, resulta creíble. Los bombardeos con artillería eran cada vez más intensos y, sobre todo, precisos. Esa fue otra de las razones por las que tenían que abandonar Debáltsevo. Continuar resistiendo era morir.

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La ciudad es un nudo ferroviario que conecta Donetsk con Luhansk, las dos principales localidades controladas por las milicias prorrusas. Como se puede apreciar en un mapa que describe su avance de los últimos meses, se había convertido en un enclave que debían tomar. Cuando se firmó el último acuerdo de Minsk, sus jefes ya dijeron que el alto el fuego no se aplicaba a Debáltsevo. Era cuestión de tiempo, no mucho, que acabaran el trabajo.

Poroshenko podría haber cedido el control de esa ciudad en las conversaciones de Minsk a cambio de otras concesiones. O al menos haber negociado la salida digna y sin peligro de sus tropas. Prefirió atarse a la quimera de que los soldados podrían seguir resistiendo. Hay que descartar que confiara en la magnanimidad de Putin.

En tiempo de guerra, todos los gobiernos sienten la tentación de inflamar las pasiones patrióticas del pueblo. Es también una estrategia lógica si se teme que vendrán tiempos duros. El problema viene cuando se promueven ideas nacionalistas ante las que cualquier revés o actitud negociadora es sinónimo de traición. Poroshenko llegó al poder con un respaldo amplísimo en las elecciones presidenciales, pero ya en las legislativas no repitió ese resultado. Ahora está en una posición vulnerable: está obligado a combatir y negociar al mismo tiempo. Esa clase de dualidad es difícil de vender a la opinión pública y requiere dotes políticas muy por encima de las que cuenta el presidente al que antes llamaban ‘rey del chocolate’ por ser dueño de las principales empresas de dulces.

Ucrania nunca podrá vencer en el campo de batalla a Rusia. La diferencia de medios es abrumadora. Su prioridad debería haber sido hacer todo lo posible para que las relaciones de Kiev con las regiones del Este quedaran como un problema político en el que Moscú hubiera jugado algún papel. Cuando se convirtió en un problema militar, perdió el control de la situación. Todo lo que hizo Kiev fue ganarse la enemistad de la población de las provincias del Este. Los habitantes de la capital podían golpearse el pecho como gesto patriótico, pero quienes pasaban hambre, estaban refugiados en sótanos y sufrían ataques indiscriminados de artillería eran los ucranianos del Este.

Vivir al lado de un imperio siempre obliga a asumir sacrificios. Tras el fin del Gobierno de Yanukóvich, es lógico que las nuevas autoridades de Kiev iniciaran pasos para una futura, y lejana en el tiempo, adhesión a la UE. La especulación sobre la OTAN sólo podía perjudicar a Ucrania y sus relaciones con Moscú. Algunos dirigentes la fomentaron de forma irresponsable y absurda. A partir de ahí, la reacción del vecino imperial era previsible.

Intentar que la UE declarara la guerra a Rusia no era evidentemente una estrategia viable. Agitar la idea de la entrada en la OTAN sólo iba a conseguir que Putin se adelantara a los acontecimientos.

En el plano económico, la posición de Kiev no es mucho mejor. Es un Estado casi en bancarrota que sólo puede sobrevivir con ayuda internacional. El FMI ha anunciado en febrero que en los próximos cuatro años el país recibirá un paquete de créditos por valor de 40.000 millones de dólares de los que el Fondo aportará 17.500 millones. En el típico estilo de estas instituciones, en realidad ya hizo una promesa similar hace meses, y hasta ahora sólo ha desembolsado 5.000 millones.

Todo este dinero no saldrá gratis y estará condicionado a la aprobación de reformas, que incluyen recortes del gasto público. Y eso hay que compatibilizarlo con la guerra y el aumento del gasto militar. El Gobierno prevé incrementar ese gasto del 1,6% del PIB al 5,2%.

Para detener el aumento de gasto en pensiones, se prevé que el Gobierno apruebe una ley que las deje congeladas este año. Eso tendrá un serio impacto en un país con una inflación cercana al 30%. Seguro que el FMI se fija en que la edad de jubilación en Ucrania es de 60 años (55 en el caso de mujeres).

The Economist ponía cifras hace unos días al recorte de los subsidios, en especial en la factura de gas de los ciudadanos. Estos sólo pagan desde hace años entre un 20% y un 30% del coste real del gas utilizado para calentar el hogar. El Estado se ocupa del resto, lo que supone un gasto equivalente al 4% del PIB.

Según el FMI, el Gobierno de Kiev se ha comprometido a “ajustar el sistema de precios”, esto es, a que los consumidores carguen con el total de la factura (lo que no impide que haya ayudas específicas para los más pobres) en un proceso que concluirá en abril de 2017. The Economist calcula que eso supondrá que el precio del gas se multiplique por cinco, tomando como referencia los precios de 2013).

El Fondo también quiere que la inflación se reduzca a un dígito para 2016. Cómo lo hará cuando el banco central ya acaba de subir los tipos de interés al 20% y la moneda nacional sigue perdiendo valor es un buen misterio. La previsión de la revista es que el Gobierno tenga que reducir el gasto público como porcentaje del PIB en 4,5 puntos, una diferencia similar a la que ha sufrido Grecia.

Si en 2014 el PIB cayó más de siete puntos, la previsión es que este año la caída será de cinco. Con todos estos recortes, la lucha contra la inflación, la subida de los tipos, la zona más industrial del país en manos de las milicias prorrusas o afectadas por la guerra y el descenso del comercio con Rusia, no hay que ser un genio para pensar que la recesión se acentuará.

Todos estos percances económicos se producen en un país que no ha tenido en realidad un Gobierno limpio, honesto y eficaz desde el fin de la URSS. Algunos de sus indicadores económicos per cápita están a la misma altura que en 1990 o peor. Han sido 25 años de corrupción e incompetencia sin que importara el partido en el poder. Los únicos que han visto incrementada su riqueza han sido los oligarcas y sus grandes corporaciones, que ya se ocuparon de financiar a los partidos y sus dirigentes que más les convenían.

Muchos análisis indican en los medios que el nuevo Gobierno de Kiev, en manos del liberal Yatsenyuk, está comprometido con las reformas y con dar al país un giro hacia políticas menos caciquiles y clientelares. Con un ambiente político marcado por el ultranacionalismo, el resentimiento por las derrotas constantes ante Rusia y un presidente que vende las retiradas como gloriosas victorias, confiar en las virtudes de los tecnócratas exige un salto de fe que ya sería demasiado grande en un país que no sufriera la deplorable situación política, económica y militar de Ucrania.

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El arma secreta de ISIS

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Gracias a CNN, ya sabemos a qué abismos de perfidia y maldad puede llegar el ISIS. Atraídas por las mascotas y Nutella, las mujeres son presa fácil de los yihadistas (vía Ahmed Al Omran).

Tal exclusiva nos llega de los creadores de los mapas de los horrores y de la animación más cómica de la historia de la televisión.

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Peter Oborne y la muerte del periodismo (tradicional)

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Ha sido todo un ‘Yo acuso’ de un periodista distinguido del establishment británico que ayuda a entender muchas cosas de la decadencia imparable de las grandes instituciones del periodismo (es decir, los periódicos) de Europa. El periodista es Peter Oborne y el diario, el Daily Telegraph. Después de cinco años de ser el principal “corresponsal político” del Telegraph (un puesto más importante de lo que indica el nombre), Oborne ha presentado su dimisión y la ha justificado con una larga carta, que se puede leer íntegra aquí.

El periodista describe una situación de decadencia agravada en el último año con constantes despidos y reducción de la calidad en secciones fundamentales. Es una espiral viciosa muy habitual en las redacciones. Al descenso de ingresos en ventas y publicidad le suceden recortes de gasto que hacen que el producto sea peor, lo que contribuye a un mayor descenso de ingresos. O quizá esto último sea inevitable, pero en cualquier caso hay pocos modelos de negocio que garanticen un aumento de ingresos si el capital humano del que sale el producto es de menor calidad.

Pero lo que ha desencadenado la decisión de Oborne ha sido la influencia de uno de los grandes anunciantes del periódico, el banco HSBC, en decisiones editoriales. En una tendencia que no nos puede sorprender en España, noticias importantes han sido sepultadas o ignoradas porque podían perjudicar a los intereses del banco.

“Al hundimiento de la calidad le ha acompañado un hecho aún más siniestro. Siempre ha sido un axioma en el periodismo británico de calidad que el departamento de publicidad y el editorial (la redacción) se hayan mantenido rigurosamente separados. Hay muchas pruebas que indican que en el Telegraph esa separación ha desaparecido”, escribe Oborne.

Da varios ejemplos del trato de favor recibido por HSBC. El 4 de noviembre, varios periódicos informaron de forma destacada que el banco había tenido que reservar 1.000 millones de libras con vistas a pagar compensaciones a clientes y las multas previsibles por la investigaciones sobre manipulación de mercados. En el Telegraph, el escándalo se quedó en cinco párrafos colocados en la página 5 del cuadernillo de economía.

Otros anunciantes recibieron el mismo privilegio. La cadena de supermercados Tesco, uno de los mayores anunciantes de la prensa británica, debió de sentirse aliviada cuando comprobó la escasa cobertura del escándalo por el falseamiento de sus cuentas. El Gobierno chino y su embajada en Londres tampoco quedaron muy molestos por el espacio concedido a la revuelta de Hong Kong (hay un suplemento publicitario periódico llamado China Watch).

El último caso habla por sí solo, y también tiene una proyección española. Las revelaciones sobre las cuentas en paraísos fiscales en el HSBC aparecidas en la noche del domingo en decenas de medios de comunicación por todo el mundo gracias al trabajo de Hervé Falciani, tuvieron esta respuesta en el periódico:

“Necesitarías un microscopio para descubrir la cobertura del Telegraph: nada el lunes, seis breves párrafos al final de la página 2 el martes, siete párrafos ocultos en las páginas de economía el miércoles. La cobertura del Telegraph sólo creció cuando aparecieron alegaciones sobre los asuntos fiscales de personas relacionadas con el Partido Laborista”.

Todo esto venía de antes. A finales de 2012, el diario sacó varios artículos sobre cuentas opacas en sucursales del HSBC en la isla de Jersey. El banco “suspendió” la inserción de anuncios en el Telegraph y la empresa se marcó como prioridad recuperar esa inversión. Incluso en artículos de menor importancia, la presencia de HSBC se vigiló con esmero. Las referencias a cualquier sospecha de blanqueo de dinero desaparecieron, a pesar de que existía una investigación en marcha en EEUU que acabó con una multa astronómica.

Meses después, el Telegraph recuperó los anuncios del HSBC.

La mafia nunca se cree las promesas de que esta vez te comportarás como es debido. Exige que durante algún tiempo el ‘cliente’ demuestre que ha aprendido la lección.

Como decía, en España hemos visto algo parecido. Este es el espacio que daban a la investigación cuatro de las webs de los principales periódicos españoles al día siguiente. En el caso de El País, del que HSBC es uno de sus principales accionistas, la noche anterior su web contaba con no muy extenso resumen situado muy abajo, que al día siguiente fue sustituido por una noticia con la versión del banco.

No hay ningún motivo para alegrarse de esta pérdida de prestigio en los grandes periódicos. Con independencia de su trayectoria e ideología, cuentan con una gran influencia en el debate público de cualquier país. Además, disponen de amplias redacciones, más antes que ahora, en las que hay buenos periodistas con capacidad de contar historias que la gente necesita saber.

El Telegraph no es como el ABC en España. Es cierto que no es desde hace tiempo un periódico tan bueno como The Times, pero sigue siendo un medio con personalidad suficiente como para criticar al Gobierno conservador de Cameron. Sí, se le llama el ‘Torygraph’, pero eso no ha impedido que contara entre sus periodistas a gente como Oborne que no ha olvidado, en su caso desde una perspectiva conservadora, que una de las funciones de los grandes periódicos solía ser contar lo que pasa cuando el Gobierno intenta engañar a los ciudadanos.

Pero ahora nos encontramos con una situación en la que no son sólo los gobiernos los que presionan a los periódicos de forma efectiva. En realidad, son las grandes corporaciones las que en muchos casos pueden decidir lo que debe aparecer en las páginas de los diarios.

Cuéntaselo al próximo que te diga que los periódicos son un puntal básico de la democracia.

El Telegraph tuvo una difusión media de 494.675 ejemplares en enero, un 9,1% menos que un año antes. Su edición del domingo, 381.347, un 11,1% menos. El descenso ha sido continuo en los últimos años. Por ejemplo, a finales de 2009 el Telegraph vendía 800.000 ejemplares. La empresa editora, que agrupa al diario, su edición dominical y la página web, tuvo unos beneficios antes de impuestos de 57 millones de libras (unos 76 millones de euros) en 2013.

Así explicó Andrew Neill lo que hizo cuando Mohamed Al Fayed, dueño de Harrods, le amenazó con quitar la publicidad de The Sunday Times y The Times. Obviamente, el Rupert al que se refiere es Rupert Murdoch. Gloriosa respuesta de Murdoch, por cierto: “Que se joda si cree que nos puede comprar con tres millones de libras”.

Jon Snow entrevista a Peter Oborne en Channel 4.

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30 años de fotografía

La agencia Reuters ha hecho tres especiales para celebrar los 30 años de la creación de su departamento gráfico. Lo interesante es que son los autores de las imágenes los que cuentan su experiencia o cómo sacaron esas fotos.

Entre todas esas fotos, hay una sacada en España por Juan Medina en la playa de Gran Tarajal, en el sur de Fuerteventura. Es uno de los inmigrantes llegados ese día en una patera. Exhaustos al llegar a la playa, fueron atendidos por la Cruz Roja.

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