A por ellos, pero esta vez es contra el Gobierno y el Congreso de España

Los sindicatos policiales que realizaron la manifestación del sábado contra la reforma de la ley mordaza en Madrid afirmaron después que la protesta «no tenía precedentes». Tenían toda la razón. No hay precedentes de que policías y guardias civiles se hayan manifestado por motivos políticos en España contra el Gobierno y el Congreso o en contra del resultado de las elecciones.

Las rebeliones policiales se producen a veces en países latinoamericanos con funestas consecuencias –la última fue en Bolivia–, pero no en Europa. Ahora los sindicatos que cuentan con el mayor apoyo de los agentes han decidido convertirse en una suerte de lobby policial para insertarse en las filas de la derecha en la pelea contra el Gobierno de coalición. Son las fuerzas de seguridad del Estado, pero la última palabra ha quedado colgando del nombre con un asterisco.

Para dar a la marcha un aire aún más de antisistema, personas con símbolos del sindicato Jusapol encendieron bengalas de humo verde en la cabecera de la manifestación cuando pasaban frente al Congreso de los Diputados. «Aquí es donde se nos tiene que escuchar más fuerte», decía la megafonía del vehículo que abría camino. Se daba la paradoja de que la policía actúa con frecuencia contra los que las encienden en la calle –suele ser indicativo de que algo chungo va a ocurrir–, pero esta vez eran policías los que las prendían.

También lo hicieron en un momento que se suponía más solemne, cuando la marcha se paró para hacer una ofrenda de flores en el monumento a los caídos por España en el Paseo del Prado. Las bengalas, instrumento favorito de los hooligans en el fútbol, no pegaban mucho con ese lugar. No es habitual que los jefes de Estado que visitan España se planten ante la llama permanente con un artefacto pirotécnico. Pero allí estaban los encargados de poner algo de humo en la cita, junto a los que colocaron las flores en la valla que rodea el recinto. Era el día de pasarse de rosca.

El tipo de la megafonía se empleaba a fondo y caía en los inevitables momentos surrealistas. «No vamos a permitir la politización de las fuerzas de seguridad», gritaba a pleno pulmón y sin ser consciente del sarcasmo. Un par de filas detrás de la cabecera, es decir, en una posición privilegiada, circulaba la plana mayor de Vox encabezada por Santiago Abascal y recibiendo aplausos de los asistentes. Jusapol y sus dos marcas en las elecciones sindicales de Policía y Guardia Civil, Jupol y Jucil, han suscrito el espíritu y la letra de las andanadas de la extrema derecha contra el Gobierno.

Vox circulaba en territorio amigo. Es el Partido Popular el que ofrece últimamente los momentos pintorescos. Isabel Díaz Ayuso salió a la Puerta del Sol para hacer unas declaraciones y se volvió dentro de inmediato, no fuera que tuviera que verse con Pablo Casado. Habló de oponerse a «una minoría resentida», palabras que habrá que recordar si se aprueba la reforma de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana con una mayoría absoluta de 188 votos, como ha ocurrido con los presupuestos. En la manifestación se quedó Martínez-Almeida, que ya debe de estar habituado a comerse los marrones de su partido.

En esos momentos el coche de Casado iba quemando goma desde León para llegar a tiempo, conducido por algún fan de Max Verstappen, y levantando el pie del acelerador a la altura de los radares. Al líder del PP le dio tiempo a llegar al final de la manifestación –que alguien entregue un bonus de Navidad al conductor–, justo cuando se estaba leyendo el comunicado. No se encontró a Díaz Ayuso con lo que la jornada no acabó de forma embarazosa para él.

Ha habido en años anteriores protestas de policías por motivos salariales o por falta de equipamiento, lo que es lógico. En este caso, era imposible, porque el salario de las Fuerzas de Seguridad del Estado ha subido de media un 21% en los últimos tres años para igualarlos con los sueldos de la Ertzaintza y los Mossos. Además, se han incrementado las plantillas, 5.000 más para la Policía Nacional y 8.000 para la Guardia Civil. Ninguna otra profesión entre los funcionarios del Estado ha disfrutado de tales ventajas.

Deberían estar contentos, casi entusiasmados, pero los partidos que apoyan al Gobierno han cometido el pecado de querer reformar la llamada ley mordaza. Esa es la ley que se aprobó con los votos del PP en 2015 para castigar las manifestaciones por la crisis económica e intentar disuadir las protestas en la calle con multas de al menos 600 euros. También se quiso evitar que los ciudadanos pudieran sacar fotos de las cargas policiales en los momentos más violentos.

El comunicado final de la manifestación residía en un mundo paralelo en el que la reforma aprueba cosas que en realidad no aprueba y prohíbe cosas que en realidad no prohíbe. Es lo que en estos tiempos se llama una campaña de desinformación. «Esta ley favorece al delincuente», dijo el periodista que leyó el texto. Por si es necesario recordarlo, el Código Penal continúa siendo el mismo.

«La intimidad de un policía no se toca». La intimidad no tiene mucho que ver con sacar imágenes en la vía pública y los policías no pueden contar con derechos por encima del resto de los ciudadanos. La reforma se limita a incluir lo que dictó el Tribunal Constitucional en una sentencia en noviembre de 2020, porque en realidad ni siquiera estaba formalmente prohibido en la ley del PP. Las manifestaciones «sin comunicación previa provocarán altercados», decía el manifiesto. En ese caso, la policía actuará como siempre lo ha hecho, sacando las porras, cosa que también sucederá con la nueva ley.

La reforma de la ley mordaza plantea que la exposición de los hechos que aparecen en los atestados policiales debe ser «coherente, lógica y razonable». Los sindicatos alegan que eso supone atacar la presunción de veracidad de los agentes. Igual es que no les creen capaces de escribir de forma coherente y lógica.

Al término de la manifestación, algunos agentes lanzaron pelotas de ping pong, porque, según sostienen, ya no podrán emplear pelotas de goma. No está previsto que la nueva ley las prohíba. En cualquier caso, dan a entender que quedarán indefensos, que es una situación en la que pocas veces se ha visto a los antidisturbios cuando se deciden a cargar.

El manifiesto fue en realidad más moderado que el tono de las declaraciones recientes de los sindicatos policiales sobre lo que pasará si el Congreso aprueba el proyecto de ley. Son casi indistinguibles de un comunicado de Vox. «El caos». «El triunfo de la anarquía». «Un auténtico infierno». Son las cosas que se han escuchado en los últimos días.

No sería un drama si las personas que creen esto no portaran armas de fuego para llevar a cabo su trabajo de funcionarios.

Esta entrada fue publicada en Derechos humanos, España y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.