Caos y furia en el primer año de la presidencia de Trump

Hace un año, Donald Trump tomó posesión de su cargo en Washington con un discurso ultranacionalista cuyo grito “America First”  sonó como una amenaza en todo el mundo. El principal inspirador del mensaje, Steve Bannon, está hoy fuera de la Casa Blanca y ha sido repudiado por el entorno de Trump. Pero en la Casa Blanca permanece el hombre que cree firmemente en esas ideas.

Todas los gobiernos norteamericanos se parecen bastante en su funcionamiento interno, sobre todo cuando pasan unos meses. Ninguno en el pasado reciente es como el de Trump. El caos ha sido su estado natural, porque ninguno de los puestos clave ha gozado de la más mínima estabilidad.

En un año, el presidente ha perdido a su jefe de gabinete, su principal consejero estratégico, su consejero de Seguridad Nacional, su secretario de Prensa y su director de Comunicación (dos veces).

Entre los puestos más influyentes sólo queda desde el principio su familia, porque la Casa Blanca es ya sin dudas lo que parecía al principio: una corporación familiar con un presidente ejecutivo al frente y un ego del tamaño de la torre de la Quinta Avenida que lleva su nombre. Ivanka Trump y su esposo Jared Kushner continúan estando a su lado, no en calidad de hija y yerno, sino de consejeros políticos.

Ella tiene 36 años; él, 37. La experiencia política de ambos se limita a su pertenencia a La Familia.

La calidad de su asesoramiento queda clara con un ejemplo: fueron ellos quienes insistieron en que se cesara al director del FBI, James Comey, una medida temeraria con la que querían cortar de raíz la investigación sobre los presuntos contactos con Rusia. Su principal consecuencia fue el nombramiento de un exdirector del FBI con competencias similares a la de un fiscal para ocuparse precisamente de esa investigación. Jugada maestra.

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