Cómo se hace un anuncio televisivo en una campaña de EEUU

Un político se presenta a las elecciones presidenciales de EEUU. Podemos estar seguros de una cosa: varios de sus anuncios televisivos serán exactamente como este, o muy parecidos. El candidato sonriente, fotos antiguas de él o de su familia, paisajes (sobre todo, campos de trigo), amaneceres, fábricas («uno de los pocos sitios que quedan donde hacen cosas»), estereotipos de las distintas profesiones (con uniforme se les reconoce mejor), unos pocos representantes de las minorías étnicas pero sin pasarse, jubilados sonrientes, un águila… y la bandera del país.

Está hecho con planos de recurso sacados de un banco de imágenes. Parece mentira que los consultores que se ocupan de estos anuncios facturen tanto dinero. Pero eso es precisamente lo que hacen.

En términos de lenguaje visual, Charlie Brooker nos ofreció algo parecido sobre las piezas de economía que se pueden ver en los informativos de las televisiones británicas y de otros países. Todas iguales.


Volviendo al sistema político norteamericano, tenemos un programa reciente de John Oliver dedicado a la constante recaudación de fondos por los congresistas. Sabemos mucho de la importancia del dinero en las campañas presidenciales, pero es menos conocido que los miembros del Senado y la Cámara de Representantes aspiran en primer lugar a ser reelegidos y eso significa dedicar una parte extraordinaria de su tiempo a hacer llamadas telefónicas y a asistir a desayunos, comidas y cenas con la intención de sacar dinero a sus partidarios. Casi no les quedan horas para aprobar leyes, aunque eso es secundario.

Oliver cuenta que en el último ciclo electoral los candidatos a esos escaños obtuvieron 1.700 millones de dólares, y eso a pesar de que muchos de ellos tienen la victoria asegurada en sus circunscripciones. Algunos no conocen límites como Ileana Ros-Lehtinen, que convirtió la fiesta de su 30º aniversario de boda en otro acto para pedir financiación. La pieza acaba con una entrevista al congresista ya retirado Steve Israel, que celebró 1.600 actos para obtener aportaciones económicas en sus 16 años en el puesto.

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