El PP también está obnubilado por Yolanda Díaz, pero no por las razones que estás pensando

El Partido Popular es un partido de dos velocidades. Como todos los demás, debe dedicarse al trabajo diario, en su caso hacer oposición, y además prepararse para las elecciones al final de la legislatura. Todavía queda para eso, pero Pablo Casado ha imprimido al partido un ritmo frenético, como si todo fuera a ocurrir la próxima semana. Y cuando vas con la lengua fuera y no sabes si te has atado los cordones de los zapatos o no sabes ni siquiera si llevas zapatos, no es raro que acabes tropezando y estampándote contra el suelo. Tampoco se ha librado de eso en la convención de esta semana, organizada con mucho cuidado para que cumpla el objetivo de reforzar la figura de Casado.

El casting de la convención no es muy diferente al de otras citas del PP. Necesitaba algunas figuras de impacto, de las que se habló en semanas anteriores, y no muchas acudieron a la llamada. Al menos contaba con Nicolas Sarkozy, que ya está bastante jubilado, pero que al menos fue presidente de Francia. Cuando compartieron el escenario el miércoles en Madrid, Casado hasta se lanzó a pronunciar unas palabras en francés de lo contento que estaba. Y resulta que al día siguiente llega la realidad en forma de sentencia de un tribunal francés y te tira al suelo. Sarkozy volvió a ser condenado por corrupción. La segunda vez este año. No es que no estuvieran avisados.

Tocaba poner cara de circunstancias e inventarse alguna explicación en la jornada de la convención que se celebró el jueves en Sevilla. Fuentes del PP, de las que hablan con Casado casi todos los días, explicaron a algunos periodistas que tampoco era para tanto, aunque no quedara bonito. En primer lugar, lo intentaron con el viejo truco de preguntar qué pasa con los otros. Dijeron que François Hollande, otro presidente francés, ha sido invitado a cónclaves socialistas y también fue condenado en su momento. La información era falsa. Hollande nunca fue juzgado y condenado.

Como eso no funcionaba del todo, admitieron que alguien como Sarkozy «es más controvertido que Donald Tusk». Al final, solo les quedaba decir que en cualquier familia hay miembros un poco discutibles, pero a los que no puedes dejar de invitar a la cena de Navidad.

Lo que pasa es que no dices a tus familiares que tomen ejemplo de él, como hizo Casado, fascinado por el brillo de Sarkozy.

El expresidente francés ha sido condenado en primera instancia por haber superado los límites legales de financiación en la campaña de 2012 en la que acabó derrotado. La cantidad máxima en las dos vueltas electorales era de 22,5 millones de euros. La Fiscalía cifró el presupuesto real de la campaña de Sarkozy en 42 millones.

Lo mismo ocurrió con el tema de la ausencia de mujeres en la convención. Una de las participantes se salió del guion el miércoles y se preguntó dónde estaban. No en el escenario. «¡En esta convención hay menos representantes femeninas que en cualquier consejo de administración del IBEX!», dijo Paula Gómez de la Bárcena, refiriéndose a esos centros del poder económico donde necesitas contratar a un detective privado para encontrar a una mujer. La bandera del «feminismo liberal», que era uno de los temas del día, quedó un tanto deslucida.

Al día siguiente, Casado intentó evadirse de la responsabilidad. «Nosotros invitamos a organizaciones, no a personas», dijo cuando entraba al palacete donde tenía lugar la jornada. Así que la culpa era de otros. Se refirió en concreto a las organizaciones empresariales por estar dirigidas por hombres.

La nómina del día en Sevilla le dejaba en evidencia. Diecisiete participantes: quince hombres y dos mujeres, una de ellas una diputada del PP que hizo de moderadora de un debate. Ninguno representaba a una organización empresarial. El gran encuentro del PP «con la sociedad civil», como así se vendió, es fundamentalmente con la parte masculina de esa sociedad.

En torno a la convención, sobrevuela la incógnita de lo que pasará con el congreso del PP que debería estar ya preparándose, según marcan los estatutos del partido. ¿Es la convención un aditivo para que tenga un cierto sabor a congreso sin sus inconvenientes? Las fuentes del PP consultadas sudaron lo suyo para explicar el escaso interés de Casado. Lo que se deduce de sus palabras es que Génova no quiere celebrarlo antes de las próximas elecciones. Revela cierta vulnerabilidad de Casado, que no se siente lo bastante fuerte como para convocarlo.

¿Cómo desmentir esa idea? Dando por hecho que la legislatura no durará dos años más, porque Pedro Sánchez convocará antes elecciones. Por tanto, no tendría sentido centrar ahora los esfuerzos en el congreso que toca organizar. ¿Y cómo saben que Sánchez cerrará antes la legislatura? Porque tiene miedo. ¿A Pablo Casado? No, a Yolanda Díaz. La futura candidata de Unidas Podemos a la presidencia –si los egos lo permiten, por utilizar su propia expresión– «va a ser un fenómeno electoral de primera magnitud», dijeron las fuentes del PP.

Fue un momento singular. No se ve todos los días a un nombre importante del PP elogiar así a la vicepresidenta que sacude de esa forma tan efectiva al número dos de su partido en las sesiones de control del Congreso. Si Yolanda Díaz va a ser un fenómeno, quien lo está sufriendo ya en sus carnes es Teodoro García Egea.

Sea por la razón que sea, no hay color en términos de adhesiones inquebrantables. Para eso, las convenciones son lo mejor. La cita de Sevilla era importante para situar en el mismo escenario a Casado junto a José María Aznar, su padrino político. Ahí cuidaron la imagen con ambos paseando por los jardines de Villa Luisa y dando el tiempo suficiente a fotógrafos y cámaras de televisión para que hicieran su trabajo. Luego en el escenario tocó sobredosis de aznarismo con Casado elogiando a Aznar con la misma intensidad con que una groupie se tiraba en brazos de Mick Jagger en los años setenta. Con su gesto adusto de costumbre y un color del pelo distinto, el expresidente concedió a la parroquia sus grandes éxitos de costumbre con algún tema más reciente.

En el estilo, con una furia poco habitual. A Aznar le gusta hablar sin levantar mucho la voz, que haya que fijarse para escuchar lo que dice. Esta vez, algunas frases le salían a gritos como si estuviera en un mitin.

La gran novedad fue contestar sin citarlo al Papa Francisco, al que Isabel Díaz Ayuso ha señalado esta semana desde Nueva York por el grave pecado de practicar la virtud cristiana del arrepentimiento. Aznar también lo considera una herejía: «En esta época en que se pide perdón por todo, yo no voy a engrosar las filas de los que piden perdón. Lo diga quien lo diga», dijo Aznar para que no quedara ninguna duda sobre el destinatario de su ira. De inmediato, suscribió el comentario de Díaz Ayuso, que había comparado al indigenismo con el comunismo. Del que además dijo que «solo puede ir contra España».

Con eso, Casado ya estaba eufórico. Siempre que algo le sale mal, le basta con pasar unos minutos cerca de Aznar. Le vale para cargar las pilas y salir corriendo hacia donde sea. Aunque no tenga claro cuál es el destino.

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