Hiperinflación en Alemania: un fantasma muy rentable

El Bild del viernes grita despavorido. ¡Alarma! El sagrado Bundesbank baja la guardia en su misión de control de la inflación. Los pérfidos mediterráneos han conseguido superar la última línea de defensa monetaria que nos conducirá de vuelta al odioso pasado, es decir a la… (pausa dramática) ¡¡hiperinflación!!

Estamos acostumbrados a los excesos de los tabloides británicos. Sabemos que algunos periódicos españoles ‘serios’ emplean tácticas sensacionalistas. Hay periódicos griegos que sacan a Merkel vestida de nazi y con el bigote de rigor. Por el contrario, no suponemos que los serios, austeros y rectos alemanes se dejen llevar por las bajas pasiones de la demagogia. Y es una tontería, porque el debate económico en Alemania se ve afectado por los mismos excesos nacionalistas y patrioteros de otros países europeos.

La noticia no era irrelevante y ha aparecido en multitud de medios. Un alto cargo del Bundesbank comentó de forma anónima que están dispuestos a tolerar un nivel de inflación algo mayor que el producido en los últimos años. Es una consecuencia lógica de disfrutar de un nivel de crecimiento superior al de otros países de la UE. Bueno, hay algunos que ya quisieran tener un crecimiento del 0,1%.

No se puede negar la evidencia. La hiperinflación no destruye sólo una economía, sino también una sociedad. Elimina cualquier rasgo de confianza entre empresarios y trabajadores, gobiernos y ciudadanos, comercios y clientes. Pero alentar ese miedo en la situación total, con un 2,1% de inflación en Alemania y su banco central calculando que no pasa nada si llegan al 3%, es un ejemplo de demagogia difícilmente superable. Entre otras cosas, pasa por ignorar los beneficios materiales que la sociedad alemana disfruta gracias a la eurozona y la responsabilidad en los excesos que condujeron a la actual situación. Siempre es más fácil echarle toda la culpa a los mediterráneos de pelo oscuro y ética económica nada intachable.

Al menos la prensa conservadora no sensacionalista no ha entrado en estado de pánico:

«Hardly had the Bundesbank official said that he expected Germany to have a higher inflation rate than the euro-zone average than the Germans’ fear of inflation prompted a shocked reaction. It’s as if the country’s hyperinflation happened yesterday and not 90 years ago. But what the Bundesbank official dared to say when he mentioned the I-word to the Bundestag’s finance committee is by no means a sign that the guardians of German monetary stability have suddenly decided to start printing money, but a simple description of the economic reality in Europe: In booming Germany, prices will probably rise more this year than anywhere else in the euro zone.»

Al analizar cómo Alemania pudo acabar en esa situación en 1923, muchas veces se hace excesivo hincapié en los factores económicos, y se obvian los políticos. Estos últimos sólo se tienen en cuenta al apreciar las consecuencias, y se pasa directamente de la hiperinflación en la República de Weimar al ascenso del nazismo.

Superadas las rebeliones comunistas y socialistas, el Gobierno alemán entró en la nueva década en una situación de precaria y engañosa estabilidad. No iba a necesitar una gran crisis para comenzar a desmoronarse.

El asesinato en junio de 1922 del ministro de Exteriores, Walter Rathenau, a manos de ultraderechistas, puso fin a esa ilusión. Su ‘pecado’ fue ser judío y haber firmado la paz con la URSS en Rapallo. En enero de 1923 tropas francesas y belgas ocuparon la región del Ruhr, en represalia por el retraso en el pago de las reparaciones de guerra, que estaban asfixiando al nuevo Estado. Un clásico ejemplo de la ceguera francesa por la que pagaron un alto precio en 1939. Meses de huelga en protesta por la ocupación contribuyeron a desangrar aún más a la economía alemana al afectar a la zona más industrial del país.

El proceso inflacionario podría haber sido atemperado por el Gobierno alemán, pero ni lo hizo ni pudo hacerlo. La crisis hacía que la idea de un marco más devaluado fuera atractiva para las exportaciones. Pero al final lo que importa es que se trataba de un Gobierno frágil de coalición, muy vulnerable, incapaz de imponer su autoridad, desprestigiado entre las clases conservadores y la élite del Ejército por su incapacidad para defender el honor nacional tras la ocupación del Ruhr, y que no contaba con ningún apoyo en la izquierda. Al estar aislado y algunos de sus miembros temer por su vida, decidió sobrevivir con el gesto suicida de poner al rojo vivo la máquina de imprimir dinero.

Y lo que hundió a la República de Weimar y abrió el camino a la alianza de hecho de los nazis y los militares nacionalistas no fue la hiperinflación de 1922-1923, sino el desempleo masivo provocado por la crisis de 1929.

De todo este panorama, ¿en qué se parece la Alemania actual a la de 1923?

23.15

Había olvidado incluir este resumen en imágenes de la época. Repito. ¿Igual que ahora?

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3 respuestas a Hiperinflación en Alemania: un fantasma muy rentable

  1. Nuño dijo:

    Es más, lo que hundió la República de Weimar fue la fuga de capitales de Alemania, la política monetaria restrictiva bajo un patrón de cambio fijo (el oro) y una depresión crediticia… Vamos, lo mismico que ahora

  2. Pablo dijo:

    Este verano leí en el blog «A fistful of euros» (http://fistfulofeuros.net/afoe/the-continued-embarrassment-that-is-european-monetary-policy-economists/) que la idea para convencer a los alemanes de dejar ir los niveles de inflación más del 2% era tan simple como cambiar de nombre el concepto por el de «gasto nominal más diverso», pero bueno, creo que no sería tan fácil para todos los países de la eurozona aumentar sus niveles de inflación como argumentaba en este post de mi blog (http://mimacedonia.tumblr.com/post/8774559399/inflacion-bendito-diablo).

  3. Pingback: Los alemanes tienen que ganar más y gastar más (cuanto antes)

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