La destrucción de Guta Oriental

Es una imagen vía satélite del pasado domingo del frente de Guta Oriental. A la izquierda, las zonas de la periferia de Damasco controladas por el Gobierno. A la derecha, la primera zona controlada por los insurgentes. Más allá del cambio de color para distinguirlas, queda claro el alto nivel de destrucción del distrito de Jobar por los bombardeos aéreos.

Esta otra imagen es de Duma, algo más al norte. Una vez más, el número de casas destruidas es muy alto. El Gobierno se aprovecha de su superioridad aérea para arrasar esas zonas.

Este mapa da una idea aproximada de las posiciones actuales.

Según medios gubernamentales sirios, entre el jueves y el viernes aviones rusos, y hay que suponer que sirios también, realizaron 30 ataques contra siete puntos diferentes del enclave.

Hace una semana, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad una resolución que reclamaba una tregua de 30 días en todo el país. Turquía anunció que no se daba por aludida y continuó su invasión de la provincia de Afrin.

Rusia tampoco la ha respetado y la ha sustituido por la oferta de una tregua diaria de cinco horas para permitir un “corredor humanitario” que permita la salida de los civiles atrapados. Con la gente escondida en sótanos y cualquier lugar por debajo de la superficie, la idea de que vayan a arriesgarse a salir en esa ventana de unas pocas horas resulta poco creíble.

Los centros sanitarios que funcionan en Guta informan de que ha muerto un centenar de personas desde la aprobación de la inútil resolución de la ONU. En ese caso, la cifra total de muertos del último mes se acercaría a las víctimas.

Los responsables del Comité Internacional de la Cruz Roja han anunciado que han recibido rumores de que se les permitiría entrar en Guta el domingo para entregar ayuda a los centros sanitarios y evacuar los heridos más graves. No hay aún confirmación oficial de que eso se vaya a producir y en qué condiciones.

Desde Damasco, se acusa a los grupos insurgentes de no permitir la salida de los civiles, un hecho que ha sido confirmado en varios casos. Los portavoces de esos grupos dan señales contradictorias. Por un lado, reclaman el fin de los bombardeos para que se pueda atender a los heridos, pero al mismo tiempo dicen que de esa zona sólo pueden salir los partidarios del régimen. Es una forma de decir que los que intenten huir serán considerados traidores.

Para los habitantes de la cercana Damasco, el peligro tiene forma de ataques de mortero desde la zona insurgente, que también han causado víctimas, aunque en un número mucho menor.

“Hablar de corredores humanitarios no es realista, porque ha habido fuertes bombardeos hasta ahora y toda la gente está está escondida bajo la superficie”, dice un médico local citado por The Guardian. “Es necesario que haya un alto el fuego. La gente tiene que enterarse y es necesario que haya más de un corredor. La gente ni siquiera tiene dinero para pagar la gasolina y coger el coche”.

Lo que se está viendo en Guta Oriental, dice el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Zeid Ra’ad al-Hussein, son “probablemente crímenes de guerra y potencialmente crímenes contra la humanidad”.

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