La gran purga de Arabia Saudí

El proceso de concentración de poder en Arabia Saudí en manos del príncipe heredero Mohamed bin Salmán no terminó con su llegada al primer puesto de la línea de sucesión. Este fin de semana, se han producido hechos que cuentan pocos precedentes en la historia del país en las últimas décadas, y ninguno de ellos tiene tanto calado.

El hombre más rico del país –el príncipe Alwaleed bin Talal–, el jefe de la Guardia Nacional, el ministro de Economía, varios miembros de la familia real y decenas de exministros y empresarios han sido detenidos bajo la acusación de corrupción. La única consideración hacia estos integrantes de la élite política del país es que los más importantes han sido encerrados en un hotel de cinco estrellas. Los clientes fueron desalojados antes y ahora aparece en su web todo reservado para los próximos 25 días.

Es probable que, como es costumbre en el país, después pasen a arresto domiciliario en sus lujosas mansiones, pero la gravedad de las acusaciones y los primeros mensajes de la propaganda oficial no permiten asegurarlo ahora.

«Las leyes se aplicarán con firmeza a todos aquellos con acceso a fondos públicos, y que no lo protegieron, lo malversaron o abusaron de su poder o influencia», dijo un comunicado del rey Salmán leído en la televisión pública.

Las detenciones no han sido ordenadas por un tribunal ni ejecutadas por la policía. Han sido responsabilidad de un nuevo organismo contra la corrupción establecido hace tan sólo unos días. Sus competencias son similares a las de una fiscalía, con capacidad para requerir a instituciones financieras información sobre empresas e individuos y el derecho a ordenar medidas preventivas (es decir, detenciones) antes de trasladar los casos a los tribunales. Obviamente, responde sólo ante MbS.

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Bin Talal con su esposa en Londres en la inauguración del nuevo hotel Savoy.

Bin Talal es la pieza más conocida de esta purga interna. Forbes estima que su fortuna personal y activos superan los 17.000 millones de dólares. Cuenta con un importante paquete de acciones en News Corp, Citigroup y Twitter, entre otras muchas empresas occidentales. El fondo de inversiones que es en su mayor parte propiedad suya cuenta con unos activos de 12.000 millones de dólares.

En cierto modo, es una rara avis en la familia real saudí y sus ideas son mucho menos reaccionarias que lo habitual en ese colectivo. Nunca ha tenido una actividad política reseñable en su país. Hay dos hechos sobre él que no se deben olvidar en estos momentos. Manifestó en público su poco aprecio por Donald Trump y se sospecha que su padre, Talal bin Abdulaziz al Saud, de 82 años, se opuso al fulgurante acceso al poder del príncipe heredero y futuro rey. El dato que se esgrime para justificarlo es que votó en contra de la destitución del anterior príncipe heredero. No es un dato confirmado, porque los hechos que ocurrieron en esos días aún están rodeados de cierto misterio.

En Arabia Saudí, cualquiera que cuestione la inteligencia de la intervención saudí en la guerra de Yemen acabará a buen seguro detenido. No hay información confirmada de que Bin Talal se haya manifestado en público en ese sentido. Su padre sí lo hizo muy pronto, en 2015, al tacharla de fracaso. Denunció que los aviones saudíes estaban siendo pilotados por extranjeros, «mercenarios» les llamó. Quizá por eso el hijo anunció que regalaría cien Bentleys a los pilotos saudíes que participaran en los bomabardeos. Una forma de hacerse perdonar el error de su padre.

En el plano institucional, la medida más grave es la destitución y detención del príncipe Miteb bin Abdullah, jefe de la Guardia Nacional, uno de los tres principales organismos de seguridad del país. Miteb es hijo del anterior monarca, lo que le colocaba en una posición muy prominente en la estructura jerárquica de la familia real saudí. Es tentador calificarlo de rival potencial de MbS, pero no hay indicios conocidos de que estuviera conspirando para sustituirle.

En su origen, la Guardia Nacional fue una milicia tribal que terminó evolucionando hasta pasar a ser una fuerza de seguridad moderna. Lo que no cambió fue su misión: servir de contrapeso al Ejército y Policía para proteger a la familia real de cualquier amenaza interior. Era y es el seguro que impediría el triunfo de un golpe militar. Eso ahora no parece un peligro inminente, pero en los años 60 y 70, una época turbulenta en la que se produjeron numerosos golpes de Estado en el mundo árabe, su función era esencial en la protección de la monarquía. Cuenta actualmente con más de 100.000 miembros y no depende del Ministerio de Defensa. Ahora estará bajo el dominio de MbS.

Otros detenidos relevantes, según medios de la región, son Turki bin Abdullah, exgobernador de la provincia de Riad y también hijo del anterior rey; Bakr bin Laden, presidente del Grupo Bin Laden, una de las mayores corporaciones del país en construcción e infraestructuras; Saud al Dawish, exconsejero delegado de Saudi Telekom Company; y Waleed Ibrahim, presidente del grupo de comunicación MBC.

La purga de este fin de semana no se puede disociar del estado de salud del rey Salmán. El pronóstico más extendido es que a finales de este año o principios del siguiente el monarca abdicará y cederá el trono a su hijo, de sólo 32 años. Para entonces, MbS habrá puesto bajo su control todos los poderes del Estado. En una monarquía absoluta como la saudí, eso no es una sorpresa, pero conviene recordar que los pasos dados por el príncipe heredero, con el presumible apoyo de su padre, suponen el fin del reparto de poder que la monarquía saudí ha establecido durante décadas.

Los asuntos principales de la familia real saudí –y por tanto, del Gobierno– eran dirimidos por consenso entre los hijos principales del fundador del Estado, cuyos hijos mayores o más preparados iban ocupando la estructura política del país. Ningún monarca imponía su voluntad sin tener muy en cuenta las posiciones de sus hermanos. Era en cierto modo un gobierno de coalición que aseguraba que cada rama de la familia real obtuviera la posición política y los beneficios económicos acordes con su rango.

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Mohamed bin Salmán a su llegada a la Casa Blanca en 2016.

MbS ha acabado con toda esa estructura de poder –difícil de sostener en un Estado moderno– para hacerse con el control absoluto. Si habitualmente se lee mucho la palabra temerario en los perfiles que se escriben sobre él es porque ha sido implacable en sus decisiones a la hora de colocar a gente su confianza en los puestos clave, eliminar a sus enemigos reales o ficticios y embarcar al país en una política militar expansionista dirigida a enfrentarse con Irán.

Hay que situar en ese contexto la dimisión del primer ministro libanés, Saad Hariri, que estaba al frente de un numeroso Gobierno de coalición en el que estaba incluido Hizbolá. Hariri anunció el sábado su retirada en Arabia Saudí, un gesto insólito, ya que no es habitual que un jefe de Gobierno presente su dimisión en el extranjero. Los saudíes no estaban muy contentos con que el Gabinete incluyera miembros de Hizbolá, fiel aliado de Irán y participante activo en la guerra siria en apoyo del Gobierno de Asad.

La acusación de corrupción sobre los detenidos, de la que aún no se conocen muchos detalles, es difícil de comprender desde fuera a causa de la íntima relación entre la fortuna de la familia real y los activos del Estado. Cada miembro de la familia –con unos 20.000 miembros, está claro que es algo más que una familia convencional– recibe recursos económicos en atención a su rango, y además privilegios para desarrollar todo tipo de negocios rentables que en otros países están en manos del Estado o de corporaciones sin relación directa con el poder. La distinción entre fortuna personal y derechos adquiridos por voluntad del monarca nunca está muy clara. La legislación tampoco ayuda mucho, porque los negocios e inversiones no se llevan a cabo en función de lo que marca la ley sino de la proximidad con los miembros más poderosos de la familia real.

En cuanto a ostentación de riqueza, el príncipe heredero compró en 2015 por 500 millones de euros un yate de 134 metros de eslora, propiedad de un millonario ruso, que vio en una visita a la costa del sur de Francia. Envió alguien a comprarlo y la venta se hizo en unas pocas horas, según confirmó una fuente cercana al millonario, que lo dejó libre al día siguiente.

En países con poca seguridad jurídica, no es complicado que un negocio aparentemente legítimo pase a ser considerado una violación de  la ley si el titular ha caído en desgracia o es visto como una posible amenaza para el Gobierno.

MbS está embarcado en un ambicioso programa de reformas económicas para que el país no dependa en absoluto de los ingresos del petróleo y pueda recibir inversiones extranjeras. Las cifras son impresionantes, pero a día de hoy no se han traducido en iniciativas económicas reales. El paso más novedoso es la salida a Bolsa de una parte del capital social de Aramco, la empresa pública del petróleo y gas. Se dijo que iba a ser la mayor oferta pública de acciones de la historia. Ahora es posible que se limite a una adjudicación directa a un grupo de grandes inversores, incluidos fondos soberanos. La decisión no está tomada.

El mensaje oficial es que la lucha contra la corrupción es necesaria para atraer capital extranjero. Está por ver si los candidatos a poner millones de dólares aceptarán arriesgar su dinero en un país en el que los interlocutores económicos habituales pueden acabar en prisión.

Este domingo, la Casa Blanca difundió un comunicado con un breve resumen de la conversación telefónica que mantuvieron el sábado Trump y el rey saudí. No hay referencias en el texto a la purga, y sí a los intercambios comerciales entre ambos países, en especial el armamento: «El presidente aseguró al rey que apoyará la compra del material militar apropiado que servirá para la seguridad saudí y que ayudará a crear empleos en EEUU».

Puede ser una coincidencia y también es posible que el monarca informara a Trump de las inminentes detenciones. La difusión del comunicado sirve como luz verde de EEUU a los últimos acontecimientos en Arabia Saudí y de la estrecha relación entre ambos estados. Jared Kushner, yerno de Trump y consejero de la Casa Blanca, visitó Arabia Saudí sin anuncio previo a los medios a finales de octubre. La Casa Blanca no quiso informar sobre la identidad de las personas con las que se reunió. Es muy probable que se viera con el príncipe heredero. Fue su tercera visita al país este año.

La apuesta de Washington por MbS continúa siendo tan firme como antes.

11.00

Una noticia más arroja una sombra de sospecha más terrible sobre los sucesos de estos días. El príncipe Mansur bin Muqrin, de 44 años, falleció el domingo en un accidente de helicóptero ocurrido en el sur del país, cerca de la frontera con Yemen. Visitaba junto a otros altos cargos una serie de obras de infraestructura en la provincia de Asin, de la que era vicegobernador.

No ocupaba puestos políticos muy importantes, pero sí formaba parte de una de las ramas principales de la familia real. Su padre fue príncipe heredero, pero sólo desde enero a abril de 2015.

Las razones del accidente no están aún claras. Ocurrió un día después del lanzamiento de un misil por rebeles huzíes desde Yemen que impactó sin causar víctimas cerca del aeropuerto de Riad. El hecho podría estar conectado con la guerra de Yemen o haberse debido a un percance técnico. Inevitablemente, los rumores que siempre acompañan a las noticias saudíes lo relacionan con un asesinato, con la versión de que Muqrin intentaba huir del país y el aparato fue derribado.

Foto superior: el rey Salmán en su visita reciente a Moscú.

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