La pequeña tienda de los horrores en la campaña catalana

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1. ¿Quién soy yo?

El vídeo de dirigentes del PP hablando en catalán fue un intento casi diría que encomiable por parecer que el partido que montó mesas en la calle para recoger firmas contra la reforma del Estatut no odia a los catalanes. Eh, podemos soltar unas pocas palabras en ese idioma del averno con el que adoctrináis a los niños en las escuelas para que abandonen la fe verdadera. Pero a algunos se les veía raro. Quizá la tensión procedía de lo complicado de la tarea. Feijóo pronuncia palabra por palabra para no equivocarse. Rafael Hernando pone cara de loco en un caso claro de tensión facial. El cerebro envía órdenes a la boca pero esta, acostumbrada a tantos epítetos incendiarios contra los catalanes, se rebela contra tal rendición.

El mejor, sin duda, es Rajoy que surge al final como si fuera un jubilado al que han reclutado de improviso para completar el número. Tiene esa mirada despistada que vimos en el vídeo que se hizo famoso por la frase de Floriano (quizá nos ha faltado piel) donde el presidente parecía preguntarse: ¿qué hago aquí?, ¿quiénes son estas personas y de qué están hablando?, ¿quién soy yo?

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2. ¿Y la europea?

En el intento de parecer un ser humano y porque es costumbre en campañas electorales, Rajoy ha dado varias entrevistas, una actividad rutinaria para un político, pero que en su caso es un deporte extremo. Son ambientes más o menos controlados, a diferencia de un mitin, donde Rajoy gusta de lanzar máximas que dejan intrigado durante varios días a su politburó. El creador del elogio que decía que los catalanes “hacen cosas” nos ha regalado ahora la frase: “Un vaso es un vaso y un plato es plato”. Varias facultades de filosofía están intentando desentrañar el significado oculto de este mensaje.

Pero la tragedia no se produjo en un mitin, sino en una entrevista en Onda Cero donde el periodista Carlos Alsina le dijo que los catalanes en un Estado independiente no perderían la nacionalidad española. La primera respuesta no avanzaba nada bueno: “¡Ah!, no lo sé, es decir, ¿por qué no la perderían? ¿Y la europea tampoco?”.

La segunda, tras una explicación de Alsina, fue más sucinta y lleva camino de convertirse en un clásico para todas aquellas situaciones en las que no sabemos qué responder: “Pues, eeeh, ¿y la europea?”.

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Rajoy debería dejar de ofrecer homenajes póstumos a Gila.

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3. La risa nerviosa de Romeva

Queremos que los políticos hablen con periodistas durante la campaña y que no hagan el ridículo, y a veces las dos cosas no pueden ser. Raül Romeva se hizo el valiente y ofreció una entrevista en el programa de la BBC ‘Hard Talk’. No se fijó en la primera palabra, porque el formato se basa en que el periodista se muestra mucho más agresivo de lo habitual en esa cadena y en cualquier otra.

Llega un momento en que Romeva, por los nervios o lo que sea, empieza a reírse precisamente cuando más le está zurrando el periodista. Por ejemplo, Stephen Sackur pronuncia el nombre de Jordi Pujol, y sabes que va a empezar a hablar de corrupción, y el candidato de Junts pel Sí se ríe: “Ja, ja, ja”.

¿Ja, ja, ja? ¿Fue en ese instante cuando descubrió por qué Artur Mas le había cedido el primer puesto de la candidatura? ¿Cuando en una partida de poker descubres que el pringado eres tú?

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4. Van a morir todos

Un plano de Armageddon, El día de mañana o 2012 sería una buena imagen para imaginar la serie de catastróficas desdichas que caerán sobre Cataluña en caso de independencia, según lo aparecido en múltiples artículos en la prensa de Madrid. Y eso que Cataluña tiene un nivel de renta superior a la media nacional.

No hay que engañarse. Esa incertidumbre es muy real y el debate sobre el impacto económico de la secesión es legítimo.

Pero el lector avezado tiene motivos para sentirse confundido. Según lo que ha leído, los catalanes no podrán pagar sus pensiones o podrán subirlas un 10%. Cataluña dejará de estar en la UE o negociará tranquilamente su ingreso desde dentro de la UE (esa es la opción estoy dentro pero estoy fuera, nivel gato de Schrödinger, que explicó Romeva en la SER). Sufrirá un paro del 37% (como aventuró Margallo, como podría haber dicho 42% o 67%) o vivirá en una Arcadia feliz con un nivel parecido al de Holanda, como promete Mas. Sufrirá una crisis de deuda que dejará pequeña a la de Grecia o será cortejada por las multinacionales cuyos beneficios dependerán de lo que puedan vender en Cataluña.

Y todo esto después de lo que sabemos de las previsiones de los economistas y grandes organismos internacionales hechas desde 2008. Un grupo de chimpancés con teclados habría tenido un porcentaje de éxito similar. Pero por alguna razón misteriosa en Madrid y Barcelona todo el mundo sabe lo que va a pasar hasta el segundo decimal.

Lo malo es cuando ya se ha contado todo y a alguien se le ocurre la amenaza definitiva, la que pondrá fin a la civilización tal y como la entendemos.

Parece que es un tema de prefijos internacionales, pero es poco probable que llegue hasta ese punto. Si la campaña llega a durar un poco más, no sería raro que se hubiera planteado el escenario ‘deriva de los continentes’ con Cataluña vagando por el Mediterráneo y chocando con Córcega. Da para una película de catástrofes, sin duda, con Juanjo Puigcorbé haciendo de Mas.

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5. Margallo se va de guerra a Argelia

El PP estaba muerto de miedo con la participación de Margallo en un debate con Junqueras. La discusión fue intensa, pero civilizada (quizá esto último era lo que preocupaba al PP). Hubo, eso sí, un momento singular cuando el ministro de Exteriores citó el caso de Argelia: “Cuando Argelia, que era departamento francés, pidió la independencia, los argelinos perdieron la nacionalidad francesa y la ciudadanía europea”.

De eso se trataba, ministro, ya que era la lucha por la independencia de una colonia ocupada y saqueada por la metrópoli francesa. Eso ocurrió después de una espantosa guerra en la que los militares franceses cometieron todo tipo de crímenes y… es suficiente. ¿En qué clase de universo paralelo vive Margallo para creer que Argelia era un buen ejemplo para referirse a Cataluña?

6. Llega el tren bala

El Periódico tiene este domingo una buena foto de Albert Bertran para su portada. Encrucijada, según la RAE, podría ser una “situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir”. Pero también puede ser “ocasión que se aprovecha para hacer daño a alguien, emboscada, asechanza”. Sólo hay una cosa que está clara: a algunos de esos candidatos el tren les va a pasar por encima y los va a dejar para los restos.

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