Las empresas sanitarias celebran en la Bolsa que los demócratas parezcan conformarse con Biden

Las noticias de la victoria de Joe Biden en el supermartes llegaron a Wall Street y tuvieron un impacto inmediato. Se notó desde el inicio de la jornada del miércoles. Las empresas cotizadas de seguros médicos disfrutaron de una fulgurante subida. Al final de la sesión, UnitedHealth incremento su valor en más de un 12%, la mejor cifra en un solo día desde 2008. Otras empresas, como Cigna, Humana y Molina HealthCare, subieron un 11%, 12% y un 13%.

Las compañías que se dedican a vacunas y tratamientos relacionados con el coronavirus también vieron aumentado el precio de sus acciones.

En opinión de estas empresas y de sus inversores, la derrota de Sanders ha alejado las posibilidades de que se haga con la candidatura demócrata en las elecciones. Los medios de comunicación norteamericanos han pasado a considerar favorito a Biden, una vez que el voto centrista que antes respaldaba a Buttigieg, Bloomberg y Klobuchar puede ahora centrarse en el exvicepresidente.

Sanders no está acabado, pero ha desaprovechado una oportunidad clara de marcar una distancia significativa en el número de delegados frente a Biden. Eso es lo que parecían indicar varias encuestas. Según el recuento conocido hasta ahora, lo que ocurrió fue que Biden sacó a Sanders 800.000 votos de ventaja en el supermartes.

La medida estrella del programa de Sanders es la instauración de un sistema de sanidad universal costeado por el Estado similar a los existentes en Europa occidental. Biden sólo propone volver a la reforma aprobada por la Administración de Obama, que no ha sido anulada por completo por Donald Trump, pero sí ha quedado muy desvirtuada.

El alza de las empresas sanitarias también puede deberse al típico movimiento bursátil que puede deshacerse en los próximos días para conseguir beneficios. Eso es algo que siempre hay que considerar con las noticias sobre la Bolsa.

Sanders estaba obteniendo menores porcentajes de los que obtuvo en las primarias de 2016, aunque entonces sólo se enfrentaba a Hillary Clinton. Cuando hay más opciones en la papeleta, hay que esperar que los votos se repartan entre los contendientes. Los votantes de Sanders hace cuatro años tenían ahora la opción de apoyar a Elizabeth Warren o buscar otro candidato con el que tuvieran más posibilidades de ganar a Trump en noviembre.

Lo que no había cambiado había sido el mensaje de Sanders, un político nada dispuesto a alterar sus principios en función de un cambio en las circunstancias. Estaba reclamando a los demócratas un impulso para «cambiar el país», no simplemente que le eligieran a él como la mejor opción o la menos mala. La apuesta no ha funcionado muy bien en el supermartes que hasta hace unos días parecía serle propicio.

Los análisis basados en las ‘exit polls’ muestran que la inesperada victoria de Biden se basó en buena parte en los votantes que tomaron su decisión en los últimos días. Eso fue especialmente cierto en el caso de los votantes de raza blanca, y también en menor medida con los latinos, un grupo en el que Sanders contaba con un apoyo sólido. Ese incremento final de votos entre los latinos debió de ser decisivo en Texas, el segundo Estado en número de delegados en liza por detrás de California, y que dio la victoria a Biden por una diferencia no muy grande.

Esos datos confirman lo útil que fue para Biden la decisión de Buttigieg y Klobuchar de retirarse de la carrera después de las primarias de Carolina del Sur y de anunciar su apoyo al exvicepresidente.

El entusiasmo despertado por Sanders en sus mítines no se tradujo en los votos suficientes. Tampoco le sirvió el hecho de que Biden llegara al supermartes con la lengua fuera en términos económicos. En Minnesota y Massachusetts ni siquiera tenía dinero suficiente para gastarlo en anuncios de televisión. Su presencia sobre el terreno en los 14 estados era entre reducida y simbólica. Ni podía pagarla ni contaba con tantos voluntarios como para compensar esa carencia de fondos.

Como candidato a la presidencia, Biden nunca ha sido carismático ni brillante. Las primarias que ganó en Carolina del Sur fueron su primera victoria treinta años después de intentarlo por primera vez. Es difícil encontrar un tema que sea el eje central de su campaña, el mensaje que destaca sobre todos los demás. En ese sentido, no se diferencia mucho de Hillary Clinton, que al final se limitaba a anunciar que su gran mérito consistía en que no era Trump. Como bien sabemos, Clinton perdió.

Sin embargo, falta mucho para el duelo definitivo ante Trump. A las primarias demócratas le quedan aún por asignar casi dos terceras partes de los delegados. Sanders no es de los que se rinden con facilidad con independencia de lo que digan las encuestas. Lo que es seguro es que ya no tiene delante a Clinton, una candidata que provocaba un fuerte rechazo entre los demócratas más progresistas y los independientes que podían votar en las primarias del partido.

Biden podía haber sido un objetivo favorable por ser alguien muy marcado por su pertenencia durante décadas al establishment demócrata y muy cercano a Wall Street. Quizá caiga bien por ser un tipo simpático y afable y por su relación con Barack Obama en sus ocho años de presidencia, un aspecto muy importante en la comunidad negra que él además se ha sabido trabajar durante años. Quizá una mayoría de votantes demócratas piense ahora que con él será más factible derrotar a Trump. Quizá estén dispuestos a conformarse con Biden, incluso si están a favor de algunas de las ideas que propone Sanders.

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