Las mujeres saudíes ya pueden conducir, pero siguen siendo ciudadanas de segunda clase

Las mujeres saudíes ya pueden ponerse al volante desde este domingo. El Gobierno ha puesto fin a una prohibición anacrónica que no existía en ningún otro país del mundo y que hay que entender dentro de un sistema legal de discriminación que convierte a las mujeres en ciudadanas de segunda clase, permanentemente sometidas a la voluntad del hombre. Ese conjunto de leyes continúa existiendo, aunque el Gobierno dice tener planes para ir aplicando algunas reformas.

El esposo de cada mujer, o un pariente masculino que no tiene por qué ser de mayor edad, es su guardián. Legalmente, eso le da derecho a autorizar o denegar muchas de las decisiones de ellas. Solicitar un pasaporte, viajar fuera del país, realizar transacciones en un banco, alquilar un piso, presentar una demanda son algunas de las cosas vetadas a las mujeres si no cuentan antes con el permiso de su “guardián”.

Legalmente, no lo necesitan para trabajar, pero en la práctica les resulta muy difícil encontrar un empleo. El Gobierno no sanciona a las empresas que exigen el visto bueno del guardián para contratar a una mujer.

El levantamiento de la prohibición de conducir no es asunto menor por razones sociales y económicas, y estas últimas han tenido una gran influencia en la decisión del Gobierno. Reduce en parte la dependencia de la mujer y le facilita la posibilidad de tener un empleo, ya que hasta ahora no podía desplazarse a menos que un miembro masculino de la familia le llevara en el coche. Sólo las familias ricas pueden permitirse contratar a un chófer.

De las 6,7 millones de mujeres saudíes, sólo trabajan 835.726. El número de hombres saudíes con un empleo es de 4,1 millones.

En colegios y universidades, la cifra de hombres y mujeres es similar (1,6 y 1,5 millones). Eso significa que la inversión en educación de la mujer se pierde, porque el destino de la mayoría de ellas es quedarse en casa para cuidar de la familia.

Por eso, cualquier posibilidad de reformas económicas en Arabia Saudí pasa por aumentar la población activa femenina. La prohibición de conducir era el primer obstáculo que el Gobierno debía superar.

Según una estimación de Bloomberg, el paso dado podría aumentar en 90.000 millones de dólares la producción de la economía saudí en 2030, una cantidad superior a lo que supondría la venta del 5% de las acciones de la petrolera Saudi Aramco.

Subirse a un coche y poder conducirlo es una decisión que tendrá consecuencias favorables para las muchas jóvenes que están estudiando ahora o que ya están trabajando. Sin una reforma completa del sistema de custodia bajo los hombres, no conseguirán alcanzar la dignidad que se merecen ni podrán aportar sus conocimientos a la economía y sociedad saudíes.

El Gobierno se ocupó en las semanas anteriores a esta medida de establecer los límites de cualquier reforma con la detención de varias de las activistas que durante años encabezaron la lucha por conseguir este derecho.

“Es una campaña única porque aplica reformas y persigue a los activistas que han liderado esas reformas. Su contrato social es pedir obediencia mientras el Estado actúa como guardián”, dice Rothna Begum, de Human Rights Watch.

El Gobierno está dispuesto a que las mujeres se pongan al volante, pero no a permitir que luchen por los demás derechos que les niegan.

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