Me encantaría fusilar a 26 millones de hijos de puta, pero la espalda me está matando

¡Ruido de sables!, decían en los ochenta. ¡Malestar en los cuarteles!, titulaban los periódicos. El rey Juan Carlos recibía en la Zarzuela a militares descontentos con la marcha del país y comunicaba a personas de su confianza lo harto que estaba de Adolfo Suárez (esa es la parte que discretamente se omite de las versiones oficiales de la Transición). El presidente de EFE entonces, Luis María Ansón, convertía el comedor de la agencia en el centro de las conspiraciones –políticas, eso sí– contra el Gobierno. Luego se produjo el golpe y el juicio, que confirmó que la cabeza de la serpiente había estado en nómina de la Casa Real al demostrarse la participación del general Armada en la conspiración.

Cuarenta años después, nos hemos quedado con exabruptos golpistas y arrebatos de cólera de militares retirados de más de 70 años que recurren a esa tecnología armamentística tan peligrosa que son los grupos de WhatsApp. Ni tan mal.

Decenas de altos mandos militares jubilados han enviado dos cartas a Felipe VI para protestar por la situación de España en manos de «un Gobierno social-comunista apoyado por filoetarras e independentistas». Viene a ser lo que se escucha con frecuencia en el Congreso desde los escaños de Vox y el PP. En principio, nada más relevante que si la carta que llegó a Zarzuela procediera de una asociación de ornitólogos molestos con la pérdida de población en las aves insectívoras. No hay que pedir permiso para enviar una carta. Una de esas misivas estaba firmada por casi la mitad de una promoción de la Academia General Militar. No puede sorprender mucho. Sólo hay que mirar la orientación de voto que se da en calles donde hay un alto número de viviendas ocupadas por militares retirados.

Algo diferente, por su violencia verbal, son los mensajes de un chat de exmilitares de una promoción de la Academia General del Aire, desvelados por infoLibre. Ahí figura un caso claro de disonancia cognitiva en la persona del general Francisco Beca. Él fue el firmante de una de las cartas enviadas a Zarzuela, que decía que en caso de cumplirse los planes del Gobierno sobre el poder judicial, «se aniquilaría la democracia». Sobre su concepto de democracia, Beca tiene las ideas muy claras con frases enviadas al chat en las que dice que «no queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta».

Sus interlocutores no le recomiendan que no se descuide con la medicación ni que vaya al médico de cabecera. En general, se suman con pasión a sus ansias homicidas desconociendo que si matas a millones de personas, inevitablemente vas a figurar en los puestos más altos del ranking mundial de los hijos de puta.

Los comentarios son un pequeño viaje en el tiempo a los 80 y la época de militares franquistas que a su vez tenían ganas de remontarse más atrás y llegar a los años 30. «Qué pena no estar en activo para desviar un vuelo caliente de las Bárdenas a la casa sede de estos hijos de puta». «Yo prefiero la República porque tendremos más oportunidades de repetir las maniobras del 36» (por el golpe y la represión posterior). «Quiero que se mueran todos y toda su estirpe».

A una edad en la que deberían estar más preocupados por la próstata o la programación televisiva, los exmilitares están más interesados en alardear de lo que harían ellos por salvar a España. Pierden de vista el hecho de que todo lo que se hizo a partir de 1977 consistía en intentar que España se librara de ellos y, sobre todo, de su mentalidad. Deben de tener la tensión por las nubes, lo que inevitablemente va a acortar su esperanza de vida, otro dato del que pueden culpar al Gobierno.

En el Congreso, el diputado socialista Odón Elorza utilizó el miércoles esos mensajes para acusar a Vox: «¿A qué 26 millones de españoles hijos de puta quieren fusilar? Ustedes son los que están encendiendo el odio. Son su gente. Los de Vox, la extrema derecha». Macarena Olona negó que su partido tenga algo que ver con el chat de los militares retirados, pero se sumó a los autores de las cartas enviadas al rey. «Es incierto que se trate de un manifiesto. Sí es una manifestación en favor de la unidad nacional y, como tal, por supuesto que es nuestra gente», dijo.

Es probable que esto último sea cierto y que los autores de las cartas sean votantes de Vox. Lo que menos necesita ahora Felipe VI es que le relacionen con ese partido, pero hay monárquicos que tienen la tendencia de hundir al rey con sus apoyos.

Uno de los mensajes del WhatsApp golpista arranca con un evidente pesimismo: «La sociedad española está dividida y los buenos son más cobardes que los malos en la actualidad». Es curioso cómo algunos de los autores de estas amenazas han confirmado con rapidez el hecho de que «los buenos» no están muy sobrados de valor. La periodista de infoLibre se puso en contacto con el general Beca y otros de sus compañeros de WhatsApp, y escuchó las variantes acostumbradas del ‘no sé de qué me habla’. No me acuerdo de ese chat, quizá fue un momento de cabreo o cachondeo, o sólo era lenguaje coloquial.

Beca los superó a todos con la típica excusa del tuitero que se caga de miedo por la repercusión de uno de sus tuits o de la gente a la que le encuentran porno en el móvil. Quizá alguien le haya suplantado o le hayan hackeado el móvil mientras estaba lamentándose por la suerte de España con la mirada en el horizonte. «No sé si me lo ha podido quitar alguien o si me ha desaparecido en algún momento, porque yo el móvil no lo llevo encima», responde Beca. Esto pasa cuando te duele tanto España que ya no sabes dónde tienes el móvil o los pantalones.

Parece que el único golpe que pueden dar estos militares es tomar un autobús de viajes del Imserso para desviarlo con destino al Valle de los Caídos y acabar perdidos en un puticlub de carretera. La idea cuenta con tantas posibilidades que quedaría perfecta como trama secundaria de una película de Álex de la Iglesia. Con Santiago Segura haciendo de general Beca, claro.

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