Netanyahu, mesías de Israel y primer ministro de EEUU

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Los seguidores más fanáticos de Ariel Sharon lo llamaban en los mítines «rey de Israel». Ese es un estatus que no ha alcanzado Netanyahu en su muy larga carrera política, y no es porque no lo haya intentado. La amenaza nuclear iraní, tal y como es presentada en Israel, es su gran baza para colocarle en el pedestal de gran defensor de la existencia del Estado de Israel. No va a renunciar a ella, aunque tenga que declarar la guerra a la Casa Blanca.

Netanyahu ha viajado a Washington para dar un discurso en la tarde del martes ante una sesión conjunta de las dos cámaras del legislativo de EEUU por invitación de los republicanos. Es la clase de acto habitual en las visitas de Estado de los dirigentes de países aliados, un momento casi más protocolario que político. Pero no cuando el Congreso invita a un jefe de Gobierno extranjero para que destroce uno de los proyectos clave de política exterior del presidente de EEUU (la negociación con Irán sobre su programa nuclear).

El primer ministro israelí dijo antes de coger el avión que viajaba a EEUU no ya en calidad de «emisario» de su país, sino de todo el pueblo judío. Era una forma preventiva de callar la boca a aquellas personas en la comunidad judía norteamericana –más progresista que conservadora y que votó a Obama–, o a los congresistas demócratas y decirles que no pueden contradecir al mesías enviado por el pueblo de Israel para explicar por qué no se puede negociar con Teherán.

Netanyahu quiere que se ponga fin a las negociaciones entre Irán y los países occidentales porque da por hecho que los iraníes quieren fabricar armas nucleares y ningún acuerdo político servirá para hacerlos desistir de su propósito. Y si ese pacto existiera, Teherán se ocuparía de incumplirlo en secreto. En otras palabras, Netanyahu sólo deja la opción de la guerra.

Se sabe que al menos una cuarta parte de los congresistas demócratas (unos 55) boicoteará el discurso de Netanyahu. Podemos verlo desde el otro lado. Tres cuartas partes de ellos sí asistirá a la sesión. Nunca sobrevives mucho tiempo en los escaños de esas dos cámaras si te perciben como adversario de Israel o aliado poco fiable del Estado judío.

En Israel políticos, exmilitares y periodistas no han ocultado sus críticas a la actitud de Netanyahu. Para los que creen que la relación con EEUU es un activo estratégico para Israel desde siempre, se trata de una provocación inútil convertir las diferencias de opinión con Obama en un duelo personal cuando al presidente le quedan aún un año y diez meses de mandato.

«La única cosa para Israel más peligrosa que las armas nucleares de Irán es socavar las relaciones con EEUU», dijo un ex alto cargo del Consejo de Seguridad Nacional de Israel. Movilizar al Congreso contra Obama es, como mínimo, irresponsable, dijo. «La persona que más daños estratégicos en el tema iraní ha causado a Israel es el primer ministro», denunció Meir Dagan, exjefe del Mossad. Dagan, junto a los altos mandos del Ejército, fue decisivo a la hora de impedir que Israel lanzara un ataque preventivo contra Irán en 2012, como pretendía Netanyahu.

Ninguna de esas críticas puede hacer mella en Netanyahu, en especial a un par de semanas de las elecciones israelíes. Presentarse ante la opinión pública de su país como el único líder que puede hacer frente a una amenaza existencial como la de Irán es ya la principal y casi única razón que justifica su protagonismo político.

Avner Cohen, autor de varios libros sobre el programa nuclear israelí publicados en el extranjero, destaca que, contra lo que afirman políticos y medios de su país, el acuerdo que están cocinando EEUU e Irán, si se confirma, puede ser muy positivo para Israel.

Pero hay que admitir, como escribí en ‘La estrategia del perro loco’, que Netanyahu no es el único político israelí que lleva desde principios de los 90 alertando que a la bomba nuclear iraní sólo le quedan unos pocos meses o años en plasmarse en una realidad. Por otro lado, pocos lo han rentabilizado tan bien como el primer ministro.

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Netanyahu no ha decepcionado a los congresistas republicanos que querían que el primer ministro atizara a Obama por pretender pactar con Irán un programa nuclear que haga imposible la fabricación de armas nucleares. «Este es un mal acuerdo. Es un muy mal acuerdo. Estamos mucho mejor sin él», ha dicho, y en esa ocasión quienes no se han levantado para ovacionarle (en un acto que por momentos parecía un concierto de Justin Bieber) han sido los congresistas demócratas.

En su intento, por lo demás bien conocido, de describir al régimen iraní como una entidad que pretende dominar el mundo, Netanyahu no ha dejado de elevar el tono retórico hasta niveles imposibles de superar, en especial, cuando ha dicho que Irán e ISIS representan lo mismo. No hay que perderse estos tres párrafos (aquí la transcripción completa):

«La ideología del régimen revolucionario iraní está firmemente anclada en el Islam radical. Por eso ese régimen será siempre un enemigo de América. No se engañen. La batalla entre Irán e ISIS no convierte a Irán en un amigo de América. Irán e ISIS están compitiendo por la corona del Islam radical. Uno de ellos se hace llamar república islámica.

El otro se llama a sí mismo Estado Islámico. Ambos quieren imponer un imperio islámico radical primero sobre la región y luego sobre todo el mundo. Sólo discrepan sobre quién gobernará ese imperio. En este letal juego de tronos, no hay lugar para América o Israel, no hay lugar para cristianos, judíos o musulmanes que compartan su credo. No hay derechos para las mujeres. No hay libertad para nadie.

Por eso, en lo que respecta a Irán y al ISIS, el enemigo de tu enemigo es tu enemigo (aplausos). La diferencia es que ISIS está armado con cuchillos de carnicero, armas capturadas y YouTube. Irán pronto estará armado con misiles intercontinentales y bombas nucleares».

Tal nivel de drama ha tenido como respuesta la indiferencia de Obama, o incluso el desdén. Tenía una reunión con el nuevo secretario de Defensa que incluía unos pocos minutos en los que se deja a camaras y fotógrafos tomar imágenes. Ha sido la oportunidad que ha elegido para refutar los argumentos de Netanyahu con una declaración de 11 minutos.

Obama ha dicho que Netanyahu no ha dicho nada que no hubiera afirmado en ocasiones anteriores y que no ha planteado alternativas viables a la negociación actual con Irán. Ha querido destacar que estaba demasiado ocupado para ver el discurso por televisión, pero que ha leído una transcripción.

¿Qué ha conseguido Netanyahu? Algo casi inédito en Washington. Que congresistas demócratas critiquen en público a un primer ministro de Israel. John Yarmuth, representante de Kentucky, que resulta ser judío, ha comentado que el discurso parecía sacado del «manual de Dick Cheney», que para un demócrata viene a ser como sacar a la bestia de todos los infiernos. Según Nancy Pelosi, ha sido «un insulto a la inteligencia de EEUU».

Entre los demócratas que no han asistido a la sesión ha estado la senadora Elizabeth Warren, del ala más progresista. Warren consiguió su escaño y se ha hecho conocida por su postura militante contra los abusos de los bancos, pero nunca se ha permitido criticar en público a Israel.

Otro éxito de Netanyahu. Dejar patente a ojos de todo el planeta que en relación a Irán su Gobierno y el norteamericano están en trincheras opuestas.

Mientras Netanyahu intentaba hacer que Irán y el ISIS representan el mismo peligro, en Twitter podíamos ver otra foto del general iraní Qasem Suleimani, vestido de negro (sí, ese general) cerca de la ciudad iraquí de Tikrit, donde miles de soldados se preparan para asaltar un lugar ocupado por ISIS desde junio de 2014.

No hay que insistir en el hecho de que el Pentágono está rezando para que el Ejército iraquí y las milicias chiíes tengan éxito en esta operación, que si culmina con éxito sería el prólogo para otro asalto similar en los próximos meses contra Mosul. De lo contrario, le resultará más difícil a EEUU descartar la idea de emplear tropas de tierra norteamericanas en la guerra contra ISIS.

Foto de arriba: Netanyahu ante el Muro de las Lamentaciones un día antes de su viaje a EEUU.

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