Para dirigir la lucha contra el cambio climático, Trump elige a un negacionista

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Al Gore visitó hace unos días la Trump Tower para reunirse con el futuro presidente y su hija Ivanka y hablar sobre cambio climático y medio ambiente. El exvicepresidente salió de la charla muy satisfecho, según dijo después. La denominó “una búsqueda sincera de una posición común (entre ambos) que continuará”.

Es poco probable que Gore se dé otra vuelta por ese edificio de la Quinta Avenida después del nombramiento del futuro responsable de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, en sus siglas en inglés), conocido en la tarde del miércoles. El cargo ha recaído en Scott Pruitt, fiscal general de Oklahoma, el quinto estado en producción petrolífera en EEUU.

No es sólo su Estado de origen lo que importa. Pruitt es prácticamente un negacionista o al menos alguien que niega que esté comprobado científicamente que el cambio climático se debe a la acción del hombre (que es precisamente lo que sostiene la inmensa mayoría de los científicos).

En un artículo escrito junto al fiscal general de Alabama en mayo, Pruitt dijo que ese debate no está cerrado: “Los científicos continúan en desacuerdo sobre el grado y extensión del calentamiento del planeta y su relación con el ser humano. Ese debate debe fomentarse y producirse en clases, foros públicos y el Congreso. No debe ser silenciado con amenazas de demandas legales. Disentir no es un delito”.

No, no lo es, pero en asuntos científicos es una muestra de ignorancia refutar argumentos sin pruebas e indicios serios o ignorando lo que los expertos llevan años probando.

Pruitt es uno de los fiscales generales republicanos que han intentado acabar en los tribunales con casi todas las normas sobre medio ambiente que han salido de la Administración de Obama, en especial el Clean Power Plan que pretendía reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Como tal, se considera un enemigo de la EPA a la que en ese artículo citado incluía en “la banda del cambio climático” (entendiéndose banda en el sentido delictivo, gang).

“Él ha luchado contra los límites de polución marcados por la EPA en la emisión de sustancias tóxicas como el polvo de carbón y mercurio que incrementan el riesgo de cáncer, asma infantil y otros problemas de salud. Mantiene la falsedad de que el fracking no contamina el suministro de agua potable”, ha dicho Trip Van Noppen, presidente del grupo Earthjustice.

Pruitt siempre ha estado del lado de la industria de combustibles fósiles en todo tipo de demandas judiciales. El NYT demostró en 2014 que las cartas que envió a varios organismos públicos habían sido escritas antes por lobistas de la empresa Devon Energy, de Oklahoma. Pruitt sólo tuvo que ordenar que copiaran el texto en papel con membrete de la Fiscalía que dirige.

Esas empresas han sido generosas con las campañas de Pruitt. Entre 2002 y 2014 recibió 318.496 dólares en donaciones procedentes del sector.

La EPA, que no tiene rango de Ministerio, es uno de los organismos públicos clave en la lucha contra el cambio climático. Ahora será dirigida por un gran aliado de la industria de combustibles fósiles y alguien que no cree que esté probado que el calentamiento del planeta se debe a la acción humana o que las temperaturas medias no han dejado de subir en las últimas décadas.

No cabe duda de que Al Gore perdió el tiempo en su reunión con Trump, a menos que ahora asuma la misión de convencer a Pruitt de que todo lo que ha dicho hasta ahora es falso.

El nombramiento de Pruitt no es el único con el que los republicanos pretenden acabar con la política del anterior Gobierno en relación al cambio climático. El equipo de transición que se ocupa de la NASA está dirigido por Chris Shank, del gabinete del congresista texano Lamar Smith. Shank ha dicho que el cambio climático es una religión y ha comparado a los científicos que lo niegan con Galileo.

La NASA es una de las principales fuentes de la información científica sobre cambio climático. Los republicanos, molestos con el sello de autoridad que confiere, siempre han defendido que la organización debería abandonar esa tarea y centrarse en la investigación del espacio. No quieren que los satélites y mediciones de la NASA aporten más argumentos a los que luchan contra las consecuencias del cambio climático.

Foto: Scott Pruitt. Gage Skidmore CC.

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