Si llueve en Bruselas, hay que sacar el paraguas en Londres

En mitad de la hoguera de la UE, llegan los euroescépticos con más antorchas. Lo último que necesita David Cameron, que ha entregado mecheros a sus compañeros de partido y ahora intenta convencerles de que no los usen. Antes de las elecciones, prometió que no habría más cesiones de soberanía a Bruselas a menos que fueran aprobadas (lo que no iba a ocurrir) en un referéndum. Los planes alemanes de crear una unión fiscal, previa reforma del tratado, son la oportunidad soñada por los tories, cuyo desprecio por Europa les hace confundir con frecuencia sus deseos con la realidad. Pero si no hay referéndum –Cameron lo ha descartado por completo–, exigen repatriación de competencias. No habrá tratado ni solución a los problemas de la UE a menos que se satisfagan las necesidades británicas.

Cameron sabe que eso es equivalente a ponerse una pistola en la sien porque el Reino Unido no saldría indemne de una implosión de la eurozona, antes al contrario. ¿Hasta dónde debe aguantar el farol cuando sus cartas sólo son un poco mejores que las del resto?

«Obviamente, cuanto más pidan los países de la eurozona, más pediremos nosotros a cambio. Pero lo juzgaremos en función de lo que realmente interesa a Gran Bretaña», ha dicho hoy Cameron en el Parlamento cuando varios diputados tories le han planteado que debe aprovechar esta oportunidad. No suena a un ultimátum lanzado con firmeza y brío para asustar a los alemanes en la futura negociación. Ni complace a la bancada euroescéptica anclada en las nostalgias thatcherianas y el recuerdo de Thatcher torturando a Köhl y Mitterrand hasta conseguir su propósito.

Cameron ya ha dicho que «la primera prioridad» para Londres debe ser que se ponga fin a la crisis de la eurozona. Para los que desean su fin –el de la eurozona, aún no el del primer ministro–, eso obviamente no es suficiente.

Mientras sean los diputados de a pie los que armen ruido, Cameron podrá controlar la situación. Pero si son miembros del Gobierno los que se unen a este estado de opinión, los problemas se agudizarán. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido hoy al conocerse, tras la sesión parlamentaria, unas declaraciones de Owen Paterson, ministro del Ulster, a la revista The Spectator, en las que ha dicho que el referéndum es «inevitable». Algo parecido dijo hace unos días Iain Duncan-Smith, ministro de Trabajo y ex líder del partido.

A Cameron se le empieza a poner cara de John Major.
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Londres no es el único ejemplo que hace dudar de la vía del nuevo tratado. ¿Alguien cree que en Irlanda se podría ganar un referéndum de estas características? Y no es el único país, de los que no tendrían suficiente con aprobar el nuevo texto en el Parlamento, del que se podría decir lo mismo.

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