Torturas de marca nacional en Irak

Un preso indefenso en una celda. Cinco personas entran para patearle sin piedad. No hay preguntas. Sólo es un paliza. Los hombres son representantes de un Estado que ha invadido un país extranjero enarbolando la bandera de la libertad. Llevan uniforme y se rigen por normas en las que abundan los conceptos de patria, honor y dignidad.

Sólo son unos cobardes.

Los soldados españoles en Diwaniya se comportaron como lo hicieron antes soldados norteamericanos, británicos o alemanes en circunstancias mucho mejor conocidas por nosotros. La diferencia es que no teníamos pruebas irrefutables, es decir, imágenes, de las consecuencias de la invasión de un país y de su efecto en nuestras tropas. Sólo contábamos con la propaganda oficial y algunos testimonios periodísticos. Por estos últimos, me refiero a artículos y reportajes, no a la posición editorial de los medios de comunicación, que nunca cuestionaron la actuación de los militares.

La verdad oficial en esta y otras misiones internacionales del Ejército español ha sido que los militares estaban preservando la paz en esos conflictos. Todo eso resultaba especialmente difícil de creer en Irak y era más aceptado en otros casos, como en los Balcanes.

Aquí habría que recordar la diferente terminología en inglés de estas misiones: ‘peacemakers’ frente a ‘peacekeepers’. En el segundo caso, en la labor que se suele asignar a los cascos azules de la ONU, la paz es más que nada un inestable cese de hostilidades que se puede quebrar en cualquier momento. En el primero, la única paz es la que aparece en los mentirosos comunicados oficiales. Es una situación de guerra en la que las fuerzas extranjeras toman partido por uno de los bandos enfrentados e intentar así poner fin a una guerra.

Es más fácil mirar para otro lado cuando los militares norteamericanos y europeos se limitan a imponer el orden y promover negociaciones políticas de final incierto. En el caso de Irak y Afganistán, la propaganda tiene que afinar el tiro. No tanto si eres el Gobierno español. Ahí puedes aplicar el cerrojazo informativo. Durante años, los dos últimos gobiernos han hecho todo lo posible para impedir el trabajo de los pocos periodistas españoles que han pasado de forma regular por Afganistán. Se trataba de negar hasta extremos ridículos que estuviéramos implicados en una guerra. Presentar al Ejército como una fuerza de intenciones exclusivamente humanitarias (una ONG con armas por convertir la propaganda en parodia) resultó una táctica efectiva, en la medida de que nunca fue cuestionada a fondo por los principales medios de comunicación.

Cuando las fuerzas españolas sufrían una emboscada, una típica acción de guerra, los medios la presentaban como un atentado terrorista. Eso permitía desdeñar cualquier enfoque crítico. No había más que apelar a la unidad de los demócratas y todo estaba solucionado.

Esta fachada resultaba más difícil de sostener en Irak, aunque sólo fuera porque la aventura militar contaba de entrada con el rechazo de la mayor parte de la opinión pública. Pero fue igualmente rentable al Gobierno, al menos a corto plazo. El cerrojazo informativo funcionaba. Los costes y el peligro hicieron que la cobertura de la actuación de las tropas españolas quedara reducida en su mayor parte a visitas guiadas, y no muchas.

Cuando vinieron mal dadas, el silencio funcionó. Creo recordar que el ataque a las tropas españolas en la provincia de Nayaf por milicianos de Al Sáder sólo fue descrito en detalle por un reportaje de Interviú publicado tiempo después. Algunos hechos, como la ayuda fundamental que les prestaron los agentes de Blackwater sólo fueron conocidos gracias a artículos de medios norteamericanos sobre la empresa de seguridad privada y la actividad de los mercenarios extranjeros.

Las imágenes difundidas por El País no están acompañadas de datos precisos sobre estos hechos. No sabemos quiénes son los agredidos ni por qué fueron detenidos ni qué ocurrió después con ellos. Llama la atención que en ningún momento del artículo se utilice la palabra ‘tortura’, y sí la expresión menos grave ‘malos tratos’. Se trata de un intento por reducir en la medida de lo posible el impacto de las imágenes, lo que permitirá venderlo como un hecho aislado, quizá una venganza.

El hecho de que en esas imágenes no se escuchen las preguntas propias de un interrogatorio no descarta en absoluto que estas escenas formaran parte del tratamiento habitual que sufrieran los detenidos por las tropas españolas.

Hay además un evidente intento del autor del artículo de exculpar al Ejército como institución porque los hechos no deben «empañar la imagen de las Fuerzas Armadas y ni siquiera salpicar a los más de 5.000 militares españoles que cumplieron con su deber en Irak». En ese contexto, no es raro que no se hayan atrevido a hablar de torturas.

Si hay un caso en que estas sospechas tienen mayores visos de ser ciertas es en el de la investigación del ataque en que murieron siete agentes del CNI en noviembre de 2003. Este asombroso ejemplo de incompetencia (todos y cada uno de los integrantes de los servicios de inteligencia españoles en Irak viajaron en los mismos coches por algunas de las zonas más peligrosas de Irak) nunca fue resuelto, lo que no es tan extraño en una zona de guerra. Sí provocó la detención de un traductor iraquí que había trabajado para militares y periodistas españoles.

El periodista Gervasio Sánchez ha reaccionado con furia a la publicación de la información por El País. Acusa al periódico de haber ignorado el caso del traductor, Flayeh al Mayali, quien pasó meses detenido, acusado de haber vendido a los espías españoles, hasta que fue puesto en libertad sin cargos. Sánchez informó en 2004, también en El País, de las dudas sobre la culpabilidad de Al Mayali.

Hoy ha recordado en Twitter que durante años denunció que el iraquí era inocente, sufrió abusos durante el interrogatorio y que nadie, ni el periódico, ni el Ministerio de Defensa, investigó los hechos. Según él, se le utilizó como chivo expiatorio para encubrir los errores del CNI, que mantuvo en Irak a varios agentes que ya trabajaban allí desde los tiempos de Sadam Hussein y que por tanto eran conocidos por la inteligencia iraquí y probablemente por algunos grupos de la insurgencia.

Los periodistas valen lo que pueden probar. No sabemos si El País tenía razones, más allá del propio testimonio de Gervasio Sánchez, para cuestionar la situación de Al Mayali. Investigar el asunto sobre el terreno era prácticamente imposible. Quizá el periódico no pudo ir más allá que lo contado en el artículo escrito por Sánchez en abril de 2004.

Los dos gobiernos, con Trillo y Bono de ministros de Defensa, se atuvieron a la versión oficial, basada en pruebas circunstanciales que no hubieran tenido ningún valor ante un tribunal. Se aplicó el silencio de costumbre con el que mantener la ficción de que las tropas españolas en una misión de guerra se comportan como voluntarios de una organización humanitaria.

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11 respuestas a Torturas de marca nacional en Irak

  1. Esto es lo que ocurre cuando dejamos entrar al servicio militar a cualquiera.

  2. Emilio J dijo:

    Habláis de Trillo y de Bono, pero también fue ministra de Defensa una tal Chacón…

  3. DiTomasso dijo:

    Se cuida muy mucho el autor del artículo (y todos los filtros por los que ha pasado) de defender la actuación del ejército y de tacharlo de incidente puntual. De, como bien ha dicho Íñigo, de no emplear la palabra tortura.

    Mientras tanto los héroes del 2 de mayo son eso, héroes, y en Madrid los recuerdan con un día festivo.
    En media Europa es fiesta nacional el día en que se expulsó a los boches de sus respectivos países. París está llena de placas conmemorativas que recuerdan que en tal o cual lugar, en determinada fecha, fueron ejecutados ciudadanos galos por las tropas de ocupación de un pintoresco y productivo país centroeruopeo.

    A los moros (incluyo en el gentilicio a los árabes, persas y demás) que les den por culo.

    Marca España: Limpiándose el culo con los Convenios de Ginebra desde 1864.

  4. Dubitador dijo:

    Pues no. Eso no es fruto de reclutar a cualquiera.
    Por definicion un ejercito es una institucion donde todo se sabe, donde la autoridad quiere saberlo todo y tiene que saberlo.
    Un cabo y los cinco soldados a su cargo pueden conchabarse, pero el superior inmediato tiene que saber siempre donde están y que hacen… y asi sucesivamente.
    Los que propinaron esos brutales patadones pueden ser unos cualquiera pero quien lo permitio y acaso organizó no.
    Ese video, exumado en este momento, no es un acto de informacion, es un movimiento para manipular la opinion publica y al ejercito, para que este se sienta injuriado y despreciado por la antiEspaña, o algo así.

  5. Daniel dijo:

    De hecho, en la diferencia jurídica entre tortura y malos tratos, se trata sobre todo de 2 aspectos: el nivvel de dolore y principalmente la motivación.

    Para que algo sea tortura, según el Comité Internacional de la Cruz Roja, tiene que existir una finalidad concreta. Si se trata de una actuación arbitraria sin finalidad aparente, puede entenderse como malos tratos. En cualquier caso ambos están prohibidos por el Derecho internacional.

    Posiblemente el autor intenta restar gravedad al usar malos tratos en lugar de tortura, pero desde el punto de vista del derecho, no es así.

    http://www.icrc.org/spa/resources/documents/misc/69tjvk.htm

  6. Los hechos del 4 de abril de 2004 en Nayaf iban a ser contados en una serie de artículos por la persona que más sabe del asunto en España en la desaparecida revista «Fuerza Terrestre». Sólo salieron dos artículos. Hubo llamadas de «muy arriba» para paralizar el asunto. Llamadas de atención que llegaron al Salvador, país de origen de tropas que foramban parte de la Brigada «Plus Ultra». Tras la segunda entrega nunca más se supo del asunto.

  7. Marcus dijo:

    El hombre es esecialmente el mismo y se comporta de la misma manera independientemente de la bandera que defienda. Seguramente el número de torturas y malos tratos a detenidos sea directamente proporcional al número de tropas en el terreno. Eso no quita que la diferencia fundamental en el caso español sea lo de siempre, nos enteramos de todo mal y tarde y por supuesto nadie asume ninguna responsabilidad, por eso los EEUU o UK son democracias donde hay conatos de autoritarismo y nosotros somos justo lo contrario, un país autoritario donde hay conatos de democracia.

  8. David Peñasco Maldonado dijo:

    Venga, todos juntos… ¡NO A LA GUERRA! ¡NO A LA GUERRA! ¡VÁYASE, SEÑOR RAJOY!

  9. Nemigo dijo:

    Primero: en españa hace muchos años que no existe el servicio militar. Son militares profesionales y por lo que se ve: bastante poco profesionales

    Este es un país sin base democrática. Cualquier presidente de comunidad de propietarios con tres viviendas se cree el rey del mambo y así nos va.

    Lo que ha ocurrido aquí debería haberse denunciado en su día. No se hace por complicidad y porque se ve como algo habitual, lo mismo ha pasado en casos similares con la policía. Aquí un alto grado del ejército dice que pasa por encima de la constitución y no pasa nada.
    Tenemos unos políticos que no dimiten, unos periodistas que justifican ilegalidades, unos jueces que hacen huelga, una policía que se niega a identificarse, unos banqueros sin formación, unos empresarios que viven en el mercado negro y unos ciudadanos amedrentados.

  10. Pacou dijo:

    Sobre la matanza de Latifiya recomiendo «Sin cobertura», de Jordi Bordas y Eduardo Martín de Pozuelo (equipo de investigación de La Vanguardia)
    http://goo.gl/dwPcF

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