Yemen es una guerra entre suníes y chiíes y algo más

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La contienda entre gobiernos suníes y chiíes tiene en Yemen su nuevo campo de batalla. No es el primero, pero sí el más nutrido. Arabia Saudí dice haber montado una coalición de diez países para enfrentarse a las milicías huzíes (chiíes) que controlan ahora la mayor parte del país. El jueves bombardearon el palacio presidencial y el aeropuerto de la capital, Saná. Este último ataque alcanzó también a una zona de viviendas. 18 civiles murieron y 24 resultaron heridos, según el Ministerio yemení de Sanidad (que 24 horas después elevó la cifra a 39). Los bombardeos continuaron en la noche del jueves.

Como chiíes, los huzíes son automáticamente sospechosos para Arabia Saudí. Además, es probable que hayan recibido ayuda militar y económica de Irán, pero sus éxitos de los últimos meses tienen que ver más con la descomposición del Estado yemení.

El presidente Hadi ha aparecido de repente en Riad, un día después de que se dijera que había huido por mar del país. Los huzíes se han hecho con el control de la base de Al Anad, a unos 50 kilómetros de la ciudad sureña de Adén. Hasta hace tan sólo unos días, un centenar de militares norteamericanos (y probablemente algunos agentes de la CIA) trabajaba allí para apoyar los ataques aéreos con drones contra miembros de Al Qaeda.

Entre los objetivos atacados, está una base de las Fuerzas Especiales yemení controlada por militares leales al expresidente Salé, que ha puesto en marcha una singular alianza con los huzíes. Salé dirigió el país durante 22 años hasta que aceptó su relevo en 2012 en una transición propiciada por Arabia Saudí y apoyada por EEUU. Tiempo después, decidió que no necesitaba jubilarse tan rápido y contribuyó a dividir el frente suní contra los huzíes. Sus fuerzas militares son las más profesionales del país y fueron decisivas en las victorias de los chiíes. De hecho, algunas de ellas han sido entrenadas por norteamericanos.

Además de varios países del Golfo Pérsico, Egipto y Pakistán también aportan fuerzas militares. Los militares egipcios han enviado cuatro buques de guerra para la vigilancia de la costa sur de Yemen. Estaban poco menos que obligados a unirse a la operación teniendo en cuenta la ayuda financiera que ha recibido del Golfo desde el golpe de Estado. También aportan fuerzas Marruecos, Sudán y Jordania.

En las guerras de Yemen, Egipto ha cambiado esta vez de bando. En los años 60, Nasser intervino militarmente para apoyar a las fuerzas republicanas frente a las monárquicas, que estaban siendo sustentadas por Riad. Ni siquiera utilizando armas químicas, los egipcios pudieron estar a la altura de las esperanzas de su líder. Yemen es un mal sitio para combatir, a menos que aceptes confinar allí tus tropas durante muchos años.

Cómo no, la ofensiva tiene un nombre para los titulares: Operación Tormenta Decisiva. Son las cosas que se aprenden de luchar junto a los norteamericanos.

Los bombardeos son el preludio de una probable ofensiva terrestre (una invasión, en otras palabras). De otra manera, los saudíes no podrían cumplir su promesa de colocar a Hadi otra vez en el poder.

Este es otro conflicto que deja en una situación un tanto indefinida a EEUU. Es lo malo de intervenir de una manera u otra en tantos conflictos con alianzas cruzadas entre varios de sus protagonistas. En Irak EEUU es un aliado indirecto de Irán en la lucha contra ISIS. En Yemen, su gran aliado en la zona, los saudíes, se enfrenta a las milicias aliadas con Irán y a un expresidente con el que EEUU firmó un acuerdo de lucha contra Al Qaeda tras el 11S. Ese pacto se renovó con su sucesor, pero este terminó enfrentándose a los huzíes, que son en la práctica los mayores adversarios de Al Qaeda sobre el terreno.

A pesar de toda esta confusión, a EEUU le interesa que vuelva a instaurarse un Gobierno efectivo en Saná, y con el anterior no le iba mal. Con Hadi tenía un acuerdo que le daba vía libre para los ataques con drones.

Aislados en una punta de la península arábiga, los huzíes no cuentan con muchos amigos. La ayuda de Irán se antoja imprescindible. Por otro lado, la idea de que los saudíes vayan a permitir que Irán cuente con un cómplice en su frontera sur es difícil de creer. Los saudíes se han resignado a no poder forzar la caída de Asad en Siria, con su apoyo a los insurgentes yihadistas, y temen que la negociación del programa nuclear culmine con una mejora de las relaciones entre Washington y Teherán, pero en Yemen se han decidido a acabar por su cuenta con sus enemigos.

El miedo y la frustración son el caldo de cultivo de muchas guerras.

Este mapa es interesante para apreciar las divisiones existentes en el país. Pero se ha quedado algo desfasado en las últimas 24 horas con los huzíes tomando la mayor base aérea del sur y amenazando a Adén.

Brian Whitaker hace un amplio balance de las relaciones entre Arabia Saudí y Yemen desde de los años 30.

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