A EEUU se le están acabando los líderes «moderados» en Siria

idlib

Fin de la guerra para Jamal Maarouf, líder del Frente Revolucionario Sirio, uno de los grupos insurgentes sirios a los que se asigna la etiqueta de «moderados» (lo que a estas alturas significa poco más que el hecho de que no son ni ISIS ni el Frente Al Nusra, leal a Al Qaeda). The Washington Post le dedica un perfil al constatar, al igual que otros medios, que su estancia en Turquía no es temporal. Si él era una de las pocas esperanzas de norteamericanos y europeos para propiciar una rebelión contra Asad que no dependiera de los yihadistas, se puede decir que ya es historia.

El caso de Maarouf es tan significativo como habitual en una guerra civil. El líder de antecedentes no militares que ocupa un terreno importante, en este caso fronterizo con Turquía, recibe apoyo extranjero, reúne a miles de personas sin que quede claro si los controla sólo porque tiene dinero, y al final resulta ser poco más que un señor de guerra tan temido como el enemigo por la población civil.

Maarouf fue poderoso en primer lugar por la ayuda que recibió de Arabia Saudí. En la carrera de saudíes y qataríes por elegir al grupo que mejor representaba sus intereses, Maarouf fue el agraciado por el lado de Riad. Qatar no hizo ascos a financiar los insurgentes que más tarde o quizá desde el primer momento estaban agrupados para el paraguas de Al Nusra. Según el Post, Maarouf también consiguió ayuda norteamericana, pero no en forma de armas.

Pero el dinero no venía sólo de ahí. Maarouf inició su campaña en la provincia de Idlib y pronto controló la frontera con Turquía, lo que en esa zona supone aprovecharse del contrabando de petróleo. Todos los camiones cisterna que atravesaban la provincia pagaban el consiguiente ‘impuesto’ (lo que viene a ser la extorsión de la escasa actividad económica que sobrevive a la guerra) a los milicianos de Maarouf.

2012 fue su gran año. Su grupo de unos 7.000 hombres fue el embrión de la coalición Frente Revolucionario Sirio, FRS, (que en total pudieron llegar a ser unos 20.000; todas estas cifras son estimaciones que suelen aparecer en los medios y a veces proceden del intento de esos grupos de presentarse como fuerzas militarmente relevantes). Su fortuna fue creciendo según descendía la presencia sobre el terreno del Ejército Libre de Siria (FSA en sus siglas en inglés), la primera, digamos, gran esperanza blanca de EEUU.

Desde el primer momento, prometió encabezar la lucha contra ISIS, lo que le granjeó unos cuantos titulares de admiración en los medios norteamericanos, ya en la época (principios de 2014) en que su estrella se estaba apagando. «Al final, hemos probado a Occidente y la comunidad internacional que estamos luchando por la democracia y la libertad», dijo entonces nada menos. Se estaba trabajando la posición de gran líder del grupo que lucharía tanto contra Asad como contra ISIS. Lo que Washington y Londres estaban esperando encontrar.

Los ingredientes estaban ahí: islamista y religioso, pero no yihadista o radical. Partidario de la sharia, pero defensor de todas las minorías sirias. Sólo le faltaba un perfil en Linkedin para que la sección de opinión de The Washington Post o del WSJ le declararan su amor verdadero.

A eso se dedicaron con fuerza los lobistas de la oposición siria en Washington. Uno de ellos, citado en este artículo, se deshacía en elogios hacia Maarouf: «Es alguien con quien EEUU puede llegar a acuerdos. Es el hombre que puede luchar contra las milicias de Al Qaeda y Asad. La mezcla perfecta». Hasta le comparaba con el afgano Sha Masud, eliminado por Al Qaeda dos días antes del 11S.

Mientras se escribían estas cosas, su suerte ya estaba echada. En un informe para el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores a principios de 2014 escrito por Rania Abouzeid, Maarouf aparecía como alguien a quien se le habían acabado los trucos:

«A finales de 2013, (Maarouf) ya parecía estar acabado. Muchos de sus aliados habían terminado llamándole Jamal Makhlouf, colocándole el apodo de los primos de Asad que disfrutaban de monopolios gracias a la corrupción y el nepotismo. Los jefes militares se quejaban con frecuencia de que Maarouf era más un señor de la guerra que un combatiente, que prometía participar en una batalla en concreto, se aseguraba financiación de sus patrocinadores (principalmente, Arabia Saudí), y luego se retiraba tan pronto como comenzaban los combates, después de asegurarse de que se habían tomado imágenes que se subirían a YouTube para alardear de la participación de su grupo».

En noviembre, fue Al Nusra, no ISIS, quien dio el golpe definitivo a Maarouf con una ofensiva en noviembre en la provincia de Idlib, su principal baluarte. Al Nusra pretende que la zona noroeste de Siria sea el embrión de su «emirato», con el cual desafiar la legitimidad de ISIS entre las fuerzas yihadistas tanto dentro como fuera de Siria. Varias semanas después, consiguió su objetivo de expulsar a la milicia de Maarouf, posiblemente con la ayuda directa o tácita de algunos de los grupos que forman parte de la coalición del FRS. Ese es el nivel de colaboración y coordinación habitual en la oposición siria.

Los controles que sacan el dinero a los camiones cisterna han cambiado de dueño. No pasará mucho tiempo antes de que los habitantes de Idlib vean a los milicianos de Al Nusra como otros extorsionadores y quizá eso dé una nueva oportunidad al FRS. Lo único seguro a corto plazo es que los planes de EEUU y Turquía han sufrido un nuevo revés, en el caso de que tengan algún plan.

Haya o no entregado armas Washington a Maarouf (y han circulado en las últimas semanas imágenes de misiles antitanque TOW en poder de Al Nusra que no se pueden comprar en los mercadillos de Turquía), ahora está más claro que la ayuda militar a los grupos insurgentes sirios puede acabar en manos ‘equivocadas’.

Moraleja de todos los conflictos bélicos: nunca te puedes fiar de los señores de la guerra.

 

En este mapa, las zonas que aparecen como «rebels» están en su mayor parte controladas por Al Nusra. Algunas de ellas lo están por alguno de los grupos que forman el FRS. YPG son las milicias kurdas.

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