El conflicto generacional en las urnas

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Hay un tema que ha estado ausente de esta campaña electoral, las pensiones. Es lógico. No son competencia de los gobiernos autonómicos o locales. Podemos estar seguros de una cosa. En unos meses, cuando se acerquen las elecciones generales, se hablará mucho más, y lo más seguro que en un contexto negativo. Alguien, casi seguro el partido del Gobierno, dirá que los otros las pondrán en peligro si llegan al poder. Ha ocurrido antes y volverá a ocurrir.

Es una carta ganadora para el PP, como años atrás lo fue para el PSOE. Y los destinatarios de esos mensajes han respondido a ese interés. Por mucho que haya bajado la intención de voto a esos partidos, los mayores de 65 años son su principal cantera.

Se suele decir que los jóvenes son más rebeldes y contestatarios que sus mayores. Pero ocurre que cuando llega la hora de ir a votar su índice de participación es más bajo que otras edades. A veces procede de una total desconfianza en el sistema político. Otras, de un marcado individualismo. Y hay una reflexión que conviene hacerse. Si crees que nada va a cambiar, es muy posible que pienses que no merece la pena hacer nada para que algo cambie. Se podría decir que es una actitud bastante conservadora, al menos por los efectos que tiene.

En una encuesta promovida por Injuve de noviembre de 2011, el 68% de los jóvenes (de entre 15 y 29 años) decían estar poco o nada interesados por la política. En cuanto a los sentimientos que les inspiraba la política, sólo un 14,9% los tenía de carácter positivo (entusiasmo o interés). Un 83,3% elegía tendencias negativas (indiferencia, aburrimiento, desconfianza o irritación). El porcentaje mayor era el de aburrimiento, un 40,6%).

Lo ocurrido desde entonces ha podido cambiar algunas de estas condiciones. En los mítines de Podemos, la presencia de jóvenes es muy evidente. Es probable que haya más jóvenes en los mítines de Ciudadanos que en los del PP. La movilización del 15M sirvió para que gente de veintitantos y treintaytantos años se interesara por la política, o por una nueva forma de hacer política. Algunos por primera vez en su vida.

Las últimas encuestas revelan un hecho incuestionable: los jóvenes han perdido su confianza en el PSOE y sobre todo en el PP. En este último caso, las cifras son abrumadoras. Se podría decir que el partido de Mariano Rajoy se arriesga a convertirse en un partido de viejos, si no fuera porque la broma sería excesiva. Es a partir de los 45 años cuando su intención de voto comienza a subir. Y no tiene por qué ser negativo en cuanto a sus expectativas electorales.

Por eso, José Fernández-Albertos escribía justo antes de las últimas elecciones europeas “Dime tu edad y te diré a quién votas”. La última encuesta del CIS antes de esos comicios contaba que la intención de voto al PP entre los votantes de más de 65 años era más del doble que su media para el resto de la población. En los 90 ese plus pensionista para el PSOE existía, pero no llegaba tan lejos.

El artículo también podría haber incluido la frase ‘dime tu edad y te diré si vas a votar’. En sus datos aparecía la conclusión de que los más jóvenes eran los que anunciaban menor predisposición para votar.

Sea por razones altruistas (contribuir a que la sociedad sea mejor) o egoístas (defender sus intereses), en casi todos los países los jubilados presentan altos porcentajes de participación electoral. Los partidos lo saben y cuidan a esa clientela fiel. También saben que los jóvenes votan muchísimo menos y, aunque se les llena la boca hablando de sus proyectos sobre educación y lo importante que es apostar por el futuro, cuando llegan al poder, tienen muy claras las prioridades.

En los mítines, suelen colocar a un grupo de jóvenes por detrás del candidato en el escenario para que los capten las cámaras de televisión. Pero en la audiencia lo que más abunda son las canas.

Las consecuencias se aprecian a simple vista. Las pensiones en España son altas comparadas con la media de la OCDE (hablamos en términos relativos, en relación a los ingresos medios del pensionista en su vida laboral).

El Gobierno actual ha hecho lo posible para no congelar las pensiones. El incremento ha sido ínfimo, pero le ha servido por cuestiones de imagen para su futura campaña electoral. De hecho, ya lo repiten de forma constante.

El otro asunto que interesa a los mayores de 65 años, por razones obvias, es la sanidad pública. Ya sabemos qué prometen los grandes partidos en ese punto. Siempre se presentan como sus grandes defensores.

Con respecto a la situación de los jóvenes, qué podemos decir. Paro juvenil de dimensiones inauditas, incremento de las tasas universitarias, imposibilidad de encontrar un empleo tras terminar la carrera, el destino de la emigración a un país europeo donde al principio sólo se puede aspirar a un trabajo por debajo de la cualificación profesional, un sistema universitario que incluye másters por valor de miles de euros…

Aún es pronto para saber si existe un conflicto generacional en España que tendrá una traducción en las urnas, pero que existe una brecha generacional en cuanto al impacto de la crisis es bastante claro.

Las elecciones británicas son un ejemplo reciente en el que fijarse, discutible porque cada país es diferente y el Reino Unido es en líneas generales un país más conservador que España. Gracias a un estudio de Ipsos-Mori (es una de las dos empresas responsables de la ‘exit poll’ que se acercó al resultado final mucho más que las demás encuestas), podemos saber las diferencias de voto en función de la edad y otros factores.

La participación fue del 66%. Los conservadores obtuvieron la mayoría absoluta con el 38% de los votos. Entre los votantes de más de 65 años, los tories consiguieron el 47% (los laboristas, el 23%). Es en la participación donde las diferencias hablan por sí solas. Votó el 78% de los pensionistas, el 43% de los que tienen de 18 a 24 años, y el 54% de los que están entre 25 y 34 años. Las diferencias hablan por sí solas.

Como ocurre en muchos países, los jubilados votan en altos porcentajes. Muchos jóvenes creen que las urnas no van con ellos.

Es un grave error, y ellos son los principales perjudicados.

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