El Cuarto Milenio de Pablo Casado: no sé de qué partido me habla

Hay días en que no le da la vida a Pablo Casado. Y semanas. Y hasta años. Y los que le quedan con las investigaciones por corrupción en las que está implicado el Partido Popular. Sobresueldos. Caja B. Donaciones de empresarios, algunas a cambio de contratos públicos. Operaciones urbanísticas. Tesoreros con dinero escondido en Suiza. Fondos públicos destinados a mejorar la reputación de políticos en redes. Financiación ilegal de campañas electorales. «Ese PP ya no existe», repite incansable el líder del Partido Antes Llamado Partido Popular (PALPP). A veces, lo dice desde la propia sede cuya extensa reforma fue pagada con dinero negro. Será que Casado está allí de alquiler. Pilló el despacho por Idealista, porque estaba de oferta. Céntrico, amplio y luminoso. Propiedad del PP que ya no existe. Ese partido del que me usted habla.

Ha comenzado el juicio en la Audiencia Nacional, con Luis Bárcenas encabezando el banquillo de los acusados, que se ocupará precisamente de esa reforma de la sede de Génova. Entre los temas de los que quizá se le pregunte figurará la constatación, certificada por una sentencia, de que el PP financió con dinero negro el medio de comunicación Libertad Digital que controla Federico Jiménez Losantos por su contribución a las teorías de la conspiración relacionadas con el atentado del 11M, en palabras de Bárcenas.

En una demostración de que hay asuntos que vuelven a sus cauces originales, como un experimento científico que siempre arroja el mismo resultado, el PP optó el lunes por esa vía, la de la conspiración, con la intención de responder a la expectativa creada por el juicio. Es la vía de escape más empleada en Génova cuando las salidas de emergencia están bloqueadas por el fuego.

El juicio se inicia en mitad de la campaña catalana, un día después de que los principales dirigentes del partido se reunieran por videoconferencia para no dejar solo a Casado. Privilegios del mando. El jefe convoca a todos, les guste o no, para que compartan el peso de la carga. Luego, los barones regionales siempre pueden hablar en privado con algunos periodistas para comunicarles que no entienden la estrategia de la dirección a cuenta de las acusaciones de Bárcenas.

La coincidencia con la fecha electoral dio a Casado la primera línea de ataque. Además, se lo tomó como algo personal: «Es muy injusto. No hay derecho a que en plena campaña electoral tenga que estar respondiendo a esto». Con lo feliz que es viajando por Catalunya. Sostiene que este tipo de vistas, tan cargadas de política, nunca se celebran en un momento como el actual.

Es cierto que años atrás existía esa «norma no escrita» –¿cuál es el valor legal de las ‘normas’ que no aparecen en la Constitución o en la Ley de Enjuiciamiento Criminal?–, pero eso era en el tiempo en que los casos de corrupción no se acumulaban en los tribunales y la justicia no batía sus récords de lentitud. El interminable juicio de los ERE duró un año y aún se estaba celebrando durante la campaña de las elecciones andaluzas de 2018, y bien que lo aprovechó el PP.

Casado decide olvidar que la fecha de este juicio fue elegida por la Audiencia Nacional hace un año, mucho antes de que pudiera saberse cuándo se iba a votar en Catalunya. Incluso antes del inicio de la pandemia. Así es la justicia. Organiza sus juicios de la misma forma que otros preparan sus bodas.

Sin embargo, es necesario alimentar la idea de la conspiración contra el PP. Hay que recordar en este punto la célebre frase de Rajoy sobre la Gürtel en 2009: «Esto no es una trama del PP. Es una trama contra el PP». No le funcionó mucho al final, pero el PP nunca ha renunciado a las virtudes del reciclaje.

La segunda pata conspirativa de la respuesta de Casado tiene que ver con la Fiscalía General del Estado. Fue lo primero que salió de las calderas del PP por boca de su secretario general. «¿Ha pactado la fiscal general del Estado (Dolores Delgado) con el señor Bárcenas para perjudicar al PP?». Teodoro García Egea no tiene ninguna prueba de que ese pacto haya existido, lo que no es algo que preocupe mucho a los políticos españoles cuando lanzan sus acusaciones.

En el juicio de Bárcenas, la Fiscalía es la acusación pública contra el extesorero del PP –da un poco de vergüenza tener que apuntar algo tan obvio– y en su escrito de acusación no hay nada que indique que no quiera enviarlo a prisión (le pide cinco años). La Fiscalía Anticorrupción ha negado en un comunicado que haya cualquier tipo de «colaboración» con Bárcenas. En cuanto a la carta enviada por el acusado hace unos días, no ha quedado muy impresionada: «Aporta escasas novedades, ninguna sustancial», a expensas de lo que declare en la vista. Recibió esa comunicación el 2 de febrero y la envió a Dolores Delgado dos días después cuando ya había aparecido en los medios de comunicación.

Bárcenas explicó en el texto que el PP recibió numerosas donaciones de empresarios saltándose la ley y que algunas de ellas tenían «carácter finalista», es decir, a cambio de un favor. La Fiscalía se atiene al hecho de que en este juicio se decide sobre un uso muy concreto de la caja B del partido.

Casado pretende que todos piensen que los hechos ahora enjuiciados ocurrieron en una era geológica anterior a su victoria en las primarias del partido. Su problema es que es otro capítulo más en la saga de la corrupción en el PP. Cada líder se ha visto asediado por el lodazal que dejó el anterior ocupante del puesto y las tareas de limpieza son cada día más difíciles. José María Aznar tuvo que gestionar el caso Naseiro, que salía de las catacumbas de Manuel Fraga. Mariano Rajoy tuvo que encarar las consecuencias de la Gürtel, que nació en las tripas del PP de Aznar. Ahora Casado afronta los efectos de todo el trabajo sucio con el que el PP de Rajoy intentó huir de sus responsabilidades y fingir que la caja B no existía.

Mientras tanto, la montaña de desperdicios sigue creciendo. En algún momento, aparecerá el legado de la financiación del PP de Madrid con la Púnica, a lo que habrá que sumar lo que cuente Bárcenas al respecto, y Casado e Isabel Díaz Ayuso tendrán que decir que no conocen de nada a Esperanza Aguirre, que resulta que ese PP tampoco existe. Quizá sea otro fenómeno sobrenatural para el que no hay explicación.

Los cadáveres se acumulan en la sede de Génova. Como si fuera una excavación arqueológica en la que no paran de salir restos de guerras anteriores, a veces con problemas para diferenciar épocas distintas. Casado examina los huesos y se dice a sí mismo: no me suenan de nada.

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