El Gobierno previsible

Tenían razón los analistas políticos cuando decían que el de Rajoy era un Gobierno previsible. Era previsible que un Gobierno en el que la mayoría de sus integrantes sólo se enteró de su nombramiento unas horas antes acabara improvisando de esta manera. Era previsible que la presentación de los presupuestos se retrasara hasta después de las elecciones andaluzas porque de otra manera el pastel quedaría al descubierto y el PP no tendría ninguna posibilidad de ganar en las urnas.

Era previsible que el Gobierno se mostrara perplejo ante el aumento de la prima de riesgo porque castigaba su discurso único por el que los mercados financieros respirarían aliviados tras el fenomenal recorte del gasto público. Aparentemente, nadie pensó que los mercados saben que los países que sufren una aguda recesión tienen pocas posibilidades de devolver sus deudas.

Era previsible que Rajoy continuara incumpliendo sus promesas. Su propuesta anterior a las elecciones consistía en que las cosas cambiarían como por arte de magia. La simple presencia de un Gobierno serio que no improvisa tranquilizaría a los mercados, UE y Alemania. Como los milagros no existen en economía, todo el teatrillo de la campaña electoral se tenía que desvanecer en mucho menos de 100 días.

«Meteré la tijera a todo salvo a las pensiones, sanidad y educación», dijo entonces Rajoy. Acusar al presidente del Gobierno de mentiroso compulsivo es algo muy grave, pero resulta más tranquilizador que tacharlo de incompetente. Pensar que esta nave a la deriva que es España está en manos del segundo da más miedo que sospechar que nos ha estado engañando desde el primer minuto.

Era previsible que Rajoy presentara hoy una enmienda a la totalidad al presupuesto que presentó su Gobierno hace sólo nueve días con un nuevo recorte de 10.000 millones de euros en sanidad y educación. Cuando Draghi recibió el presupuesto que incluía los mayores recortes de gasto de la democracia con unas declaraciones en las que pedía más reformas (y no importa que esas reformas estructurales no puedan tener impacto a corto plazo), estaba claro que el mensaje del BCE y de Berlín iba a llegar muy rápido a Madrid.

Era previsible que estuviéramos ahora mucho peor que en la época de Zapatero. Estamos metidos en una partida de cartas (la crisis de la eurozona) en la que sólo podemos perder.

La imagen es de Fernando de Córdoba.

Aleix Saló, el autor de ‘Españistán’, nos ofrece ahora ‘Simiocracia’. El día perfecto para su estreno.

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4 respuestas a El Gobierno previsible

  1. Gabriel dijo:

    Espera un momento… ¿El ABC ha hecho una portada crítica con el gobierno? Si no fuera porque se ve la fecha, creería que es un número de 2010… Espero que en el interior haya muchos artículos culpando de todo al PSOE y a los sindicatos, porque si no es las cosas han cambiado mucho y yo no me he enterado…

  2. DiTomasso dijo:

    En respuesta a tu twit, Iñigo: Lo de La Gaceta es «dar caña» a Rajoy? Muy light me parece esa «caña». Más bien creo que expresa una visión paternalista de los recortes.

  3. Karlsterio Kovas dijo:

    «Acusar al presidente del Gobierno de mentiroso compulsivo es algo muy grave, pero resulta más tranquilizador que tacharlo de incompetente. Pensar que esta nave a la deriva que es España está en manos del segundo da más miedo que sospechar que nos ha estado engañando desde el primer minuto.»

    Después de verle esta tarde con su media sonrisa rodeado de periodistas, con aire desorientado, para luego darse la vuelta tras haberse ido pitando del Senado evitando así a la prensa, me queda claro que Rajoy es más de lo segundo que de lo primero.

    Zapatero se tiró varios meses sin saber cómo actuar, para dónde tirar, improvisando. Rajoy ha tardado 100 días en hacer lo mismo. El anuncio del recorte en Sanidad y Educación ha sido producto de la improvisación: no se sabe cómo se va a hacer, ya que son competencias de las CCAA y una negociación previa puede llevar mucho tiempo, aparte de ser una medida (otra más) que había sido negada mil veces en meses pasados. Incluso va a ser inevitable llevarla a efecto sin bajar sueldos públicos, otra de las grandes apuestas del presidente para este año 2012.

    Los mercados le han castigado, y el gobierno está grogui. No saben qué hacer. Un gobierno acosado y nervioso, como un animal herido, puede lanzarse a la desesperada. Me da miedo pensar en las medidas que puedan tomar a partir de ahora, fruto de las prisas y el nerviosismo.

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