El nuevo Brasil de Bolsonaro: disparar a matar para solucionar el problema de la seguridad

Jair Bolsonaro toma posesión de la presidencia de Brasil el martes. Este fin de semana, ha recibido la visita del primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, al que ha prometido que el traslado de la embajada brasileña a Jerusalén es cuestión de tiempo. Será lógicamente en su país donde se note más pronto el impacto de la llegada al poder de este político ultraderechista, racista y homófobo.

Uno de sus hijos, Carlos Bolsonaro, ha difundido el sábado un montaje de declaraciones del nuevo presidente que lo revela como es, un camorrista adicto a la violencia para solucionar los graves problemas de seguridad del país y que se dedica a insultar a sus rivales y a defensores de los derechos humanos. Es el tipo de vídeo que podría difundir alguien que quisiera denunciar las políticas extremistas de Bolsonaro, pero que su hijo muestra muy orgulloso. Es un ejemplo más de cómo la propaganda que destaca los aspectos más crueles de un político puede servir también para su propaganda entre sus partidarios.

En las elecciones presidenciales, Bolsonaro obtuvo en segunda vuelta el 55,1%, es decir, 57,7 millones de votos.

El escenario donde es más probable que se inicie la estrategia de Bolsonaro de responder a la violencia con más violencia –una respuesta similar a la del presidente filipino Duterte– es el Estado de Río de Janeiro. Allí fue elegido gobernador el exjuez federal Wilson Witzel, del partido de Bolsonaro.

Witzel empezó su camino de candidato desde cero. Una encuesta de agosto le daba un 1% de estimación de voto. No tenía ninguna experiencia política y presentaba como aval sus 17 años como juez.

El factor Bolsonaro iba a impulsarle en la carrera, pero el triunfo parecía tenerlo muy lejos. Su rival con más posibilidades era el exalcalde de Río Eduardo Paes –lo fue durante los JJOO de 2016– al frente de un partido liberal moderado que había formado una coalición potente con otros grupos políticos. También estaba el exfutbolista Romario, senador desde 2010 y con la ración de escándalos habitual en la política brasileña.

En la última encuesta antes de la primera vuelta del 7 de octubre, Witzel disfrutó de un espectacular salto y llegó hasta el 17%, aún por detrás de Paes (27%) y empatado con Romario. Había tenido un total de 27 segundos de propaganda electoral en los espacios reservados en los medios públicos.

Los sondeos no lo vieron venir. Witzel fue el más votado en primera vuelta con un 41%. Paes tuvo que conformarse con el 19,5%. El juez confirmó su victoria con facilidad en segunda vuelta con un 59,8%.

La campaña de Witzel fue un calco de la de Bolsonaro y estuvo centrada en la seguridad. En su idea de seguridad y en dar vía libre a los policías para que disparen a cualquier persona armada que vean sin necesidad de esperar a que los otros abran fuego.

63.880 personas fueron asesinadas en 2017 en Brasil, un país de 210 millones de habitantes, un aumento del 3% con respecto al año anterior. De esas víctimas, 4.359 eran mujeres. Hubo además 60.018 violaciones, según datos oficiales. El número de víctimas de homicidios en el Estado de Río de Janeiro fue de 5.346, la cifra más alta en ocho años.

No es que hasta ahora la Policía de Río se haya contenido mucho en el uso de sus armas. Entre enero y noviembre de este año, sus agentes mataron a 1.444 personas en el Estado de Río, el mayor número desde que comenzó a contabilizarse esta cifra en 1998. Fue un aumento del 39% con respecto al mismo periodo del año anterior.

«Las operaciones de seguridad al estilo militar dejan un rastro de muerte en los barrios pobres que no aumenta la seguridad pública. Por el contrario, estas muertes hacen que las comunidades teman a la policía y que sea menos probable que colaboren con ella en la lucha contra el crimen», dijo Human Rights Watch.

Los nuevos planes del futuro gobernador de Río incluyen el despliegue de 120 francotiradores para que acompañen las incursiones policiales y acaben con los criminales, según ha explicado a Bloomberg Flavio Pacca, diputado federal y asesor de Witzel. Ha comentado que grupos de 20 policías empezarán a recibir entrenamiento en marzo. Cuando sean capaces de matar a 600 metros de distancia, podrán formar parte de las operaciones.

Bolsonaro ha dicho que los policías que maten a delincuentes no serán investigados, sino que recibirán una condecoración. Todo el mundo ha interpretado que se concede una licencia para matar en un escenario de violencia extrema.

Un reportaje del NYT de octubre que comienza con testimonios de mujeres que apoyan a Bolsonaro y luego se centra en el problema de seguridad de Brasil.

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