El precio de cada escaño en el Reino Unido

Con los resultados finales, Nick Sutton detalla el número de votos que ha necesitado cada partido para obtener un escaño (GRN es Green, Los Verdes). Se trata de una media y por tanto no cuenta toda la historia. Y tiene un punto falso. UKIP no gastó 3,8 millones de votos en conseguir un escaño. Fueron exactamente 19.642 votos los que convirtieron a Douglas Carswell en diputado por el distrito de Clacton.

No hay sistema electoral inocente y puro que no tenga un precio que pagar. En teoría, el más “democrático” podría ser el sistema proporcional con un pequeño umbral para entrar en el Parlamento. Pero eso vulneraría el segundo principio por el que debería regirse un sistema: permitir la elección de un Gobierno estable con capacidad para aplicar el programa que ha prometido a los ciudadanos.

Si un sistema tiene como consecuencia un reparto en el que ningún partido puede llevar a la práctica sus ideas, es difícil considerar democrática esa forma de asignar escaños.

Con respecto al Reino Unido, lo que vemos son las consecuencias habituales del sistema mayoritario, ese que algunos consideran la pieza clave para regenerar la democracia, consiguiendo una relación directa del diputado con su circunscripción. No sale gratis.

Pero al final todo el mundo se fija en el sistema de reparto, y pocos en el tamaño del distrito electoral. En España ocurre con frecuencia. El hecho de que la circunscripción sea la provincia tiene consecuencias. Sería distinto si fuera la nación. En ese caso, ya podemos suponer lo que pasaría con las provincias más pequeñas y lo que los representantes políticos se acordarían de ellas.

En el Reino Unido, las circunscripciones no se delimitan como en EEUU, donde pueden llegar a tener formas inverosímiles para supuestamente lograr un equilibrio de su composición social y étnica, y en la práctica para beneficiar los intereses políticos de los partidos que controlan el legislativo del Estado.

Los liberal demócratas consiguieron en 2011 que se celebrara un referéndum en el que se ofrecía la posibilidad de introducir proporcionalidad en el reparto de diputados. Votó el 42% del censo y el resultado fue claro. El 67,9% apostó por no hacer ningún cambio.

Cada escaño británico representa a una media de unos 65.000 votantes. Se producen ajustes una vez cada diez años con los datos del último censo. A diferencia del gerrymandering, se intentan respetar las fronteras naturales: los condados o los distritos municipales.

“First past the post” significa que sólo hay premio para el primero. Por eso, UKIP ha ‘desperdiciado’ tantos votos. Ha quedado segundo en más de 90 circunscripciones (sobre un total de 650), con resultados especialmente buenos en muchas zonas del centro y norte de Inglaterra por detrás de los laboristas. Eso le puede permitir ampliar su implantación en otras regiones del país en el futuro o puede al final no significar nada.

UKIP, por ser un partido más extremista que conservadores y laboristas, sufre los efectos del voto táctico, como el Frente Nacional en Francia en la segunda vuelta de las elecciones. ¿Es eso injusto? No, si proviene de una decisión libre de los electores. Votar en alguna ocasión a un partido que no es el tuyo para que no gane otra formación más odiada es en el fondo una decisión inteligente, o como mínimo racional.

La tabla de arriba no cuenta toda la historia. Esta sirve para complementarla.

 

Es el número medio de votos por cada circunscripción en la que se presentaron los partidos. Refleja la implantación real de esos partidos. Los nacionalistas escocesas del SNP obtuvieron 56 escaños con un porcentaje nacional del 4,7% de los votos. Lógicamente, sólo se presentaron en Escocia. Estas cifras ayudan a entender mucho mejor el resultado electoral.

Resultados de las elecciones británicas por partidos.

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