El punk se hace capitalista

virgin punk card

En un nuevo intento por demostrar que el capitalismo lo digiere todo más tarde o más temprano y como mucho expulsa las pepitas, van a comenzar a circular por el Reino Unido tarjetas de crédito con la imagen del primer ‘single’ de Sex Pistols: ‘Anarchy in the U.K.’ (y otras portadas del grupo), por cortesía de la división financiera de Virgin.

«Soy un anticristo, soy un anarquista, no sé lo que quiero, pero sé cómo conseguirlo», decía la letra de una canción definida de inmediato como un símbolo de la ira, confusión y frustración de los jóvenes británicos de los 70. Una forma de escupir sobre el sistema y sus valores, que fue aún más lejos con la canción ‘God Save the Queen’ y su caracterización del país como un «régimen fascista». El punk, tío, todo es una mierda y nada nos importa una mierda.

El dueño de Virgin, Richard Branson, es casi tan listo como Malcolm McLaren y ha pagado una cantidad no desvelada por los derechos. Dice que la banda no ha perdido su capacidad de provocación. Virgin afirma que es una forma de «poner un poco de rebelión en los bolsillos» de sus clientes. Seguro que sí, sobre todo si no tienen fondos en la cuenta corriente.

Que los supervivientes de los Sex Pistols están dispuestos a pillar dinero de donde sea es conocido. Que Branson, a la manera de Ryanair, es capaz de todo con tal de salir en los titulares, lo mismo. Pero ambos continúan una tradición muy consolidada. Como el estómago de una vaca, no hay material por correoso que parezca que el capitalismo no pueda aprovechar en su beneficio. A veces cuesta más tiempo del que esperaba, hace que salten algunos dientes y provoca algún mareo por el esfuerzo, quizá una ligera gastroenteritis, pero siempre termina por extraerle proteínas.

Lo mismo vimos aquí cuando Telefónica utilizó en un anuncio de 2011 una especie de asamblea vecinal algo inspirada en el 15M (convenientemente tuneado después). O más recientemente cuando el Banco Santander dio la vuelta a la denuncia de la «generación perdida» para vender la idea de la «generación encontrada».

No es marketing. Es una forma de vida.

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