El Rasputín de Boris Johnson demuestra quién manda en el Gobierno británico

Dominic Cummings no escondía su poco aprecio por los diputados tories euroescépticos más conocidos cuando dirigía la campaña del Leave antes del referéndum del Brexit. «Sólo necesitamos meter a patadas a los monos voladores en la jaula y sacarlos en el momento adecuado», dijo a otro de los responsables de la campaña. Monos voladores. Así les llamaba en más de una ocasión.

El que es ahora el principal consejero de Boris Johnson tampoco sentía mucho respeto por los mandarines de la Administración, los altos funcionarios del Civil Service que asesoran a todos los ministerios. Ha dejado claro en más de una ocasión en privado que no habrá posibilidades de aplicar las reformas necesarias a la política británica mientras ellos mantengan su influencia.

En Downing Street, Cummings ha subido el nivel de sus movimientos. Este jueves, se ha cargado al ministro de Hacienda, Sajid Javid, obligado a dimitir porque le exigían que se deshiciera de todos sus asesores. O lo que es lo mismo, tenía que permitir que su cartera fuera controlada por el primer ministro Johnson y por tanto por Cummings hasta el más mínimo detalle. «No creo que ningún ministro que se respete a sí mismo aceptaría esas condiciones», dijo para justificar su renuncia.

Su sustituto, Rishi Sunak, de 39 años, no parece ser tan exigente. Hace sólo siete meses, era simplemente viceministro de Vivienda. Será fácil de controlar.

El canciller del Exchequer es en la práctica el número dos del Gobierno británico, un poco como un vicepresidente económico de un Gobierno español. Las relaciones de Gordon Brown o George Osborne con Blair y Cameron eran los factores más importantes del funcionamiento de sus respectivos gobiernos. En algunos aspectos, eran el contrapeso del poder del primer ministro. No es una situación que Johnson y Cummings quieren que se repita.

Embed from Getty Images

El paranoico estilo de trabajo de Dominic Cummings está en la base de este conflicto. Como muchos otros en su posición, pretende acabar con las filtraciones a los medios de comunicación, un empeño habitualmente imposible. Pero él iba en serio. Hace unas semanas, forzó el cese de la jefa de prensa del ministro de Hacienda, lo que ya suponía una clara humillación para Javid. Ahora concluyó la jugada.

A Cummings le gusta burlarse de los periodistas alimentando su fama de consigliere implacable que no respeta ni a la mayoría de la clase política ni a los medios. Frente a esa costumbre un tanto intrusiva de los periodistas británicos de esperar a la puerta de su casa a los políticos por la mañana para hacerles unas cuantas preguntas rápidas, Cummings reacciona a veces con comentarios extravagantes, sólo con la intención de dejarles pensando qué habrá querido decir.

En ocasiones, está bastante claro. «Los PJ Masks (personajes de una serie de dibujos animados) harían mejor trabajo que todos ellos juntos», dijo hace unos días a un periodista de BBC aparentemente refiriéndose a los miembros del Gabinete.

Un primer ministro que acaba de ganar las elecciones por una amplia mayoría absoluta cuenta con pocos frenos para imponer su poder en los primeros meses. Por ahí no es nada sorprendente que no haya ningún miembro del Gabinete que pueda cuestionar sus decisiones. Lo que no es tan habitual es que un consejero no electo parezca tener más influencia que cualquier ministro. Si el titular de Hacienda ni siquiera puede nombrar a sus asesores, los demás ya tienen claro con quién no deben enemistarse.

La subida inmediata de la cotización de la libra frente al dólar tras conocerse la dimisión de Javid ha sido interpretada como la confirmación de que Downing Street se prepara para aprobar un estímulo fiscal de características aún desconocidas, pero que incluirá un notable aumento del gasto público. Eso servirá para despejar la incertidumbre a corto plazo sobre el crecimiento de la economía durante este año del Brexit ya culminado, pero aún pendiente de las negociaciones con Bruselas para la firma de un acuerdo comercial.

En el proyecto de Cummings está la idea de que los conservadores deben ampliar las inversiones públicas en el centro y norte de Inglaterra, donde consiguieron un importante aumento de votos en lo que eran hasta este año baluartes laboristas. Según el FT, Javid había frenado estos planes en las últimas semanas, con lo que se había convertido en un obstáculo que Cummings estaba dispuesto a superar. Una vez que los tories ganaron las elecciones, ya no era necesario disimular ni presentarse como el partido de la disciplina fiscal frente a los laboristas.

Javid, nombrado para el puesto en julio de 2019, descubrió muy pronto quién lleva las riendas en el Gobierno de Boris Johnson. Los ministros que continúan en el Gabinete ya están avisados. Será mejor que tengan listo el traje de los PJ Masks para complacer los deseos de Cummings.

Esta entrada fue publicada en Reino Unido y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.