El terrorismo como arma para impedir que Biden pueda reconstruir el acuerdo con Irán

Israel ha enviado un mensaje directo a Joe Biden para que sea consciente del estrecho margen de movimientos que pretende dejarle en relación a Irán a partir del 20 de enero. Mohsen Fakhrizadeh, considerado el científico principal del programa nuclear iraní, fue asesinado el viernes en una emboscada realizada cerca de Teherán. Un coche bomba explotó para detener a su vehículo y sorprender a los guardaespaldas. Acto seguido, un grupo de al menos cinco hombres armados comenzó a disparar.

Fuentes de inteligencias citadas por el NYT afirmaron que Israel está detrás del atentado. Una hipótesis probable es que los israelíes contaran con la colaboración sobre el terreno de miembros de la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (Mujahedin-e Khalq, MeK), responsable de numerosos atentados terroristas en Irán desde los años 80. MeK fue considerada una organización terrorista por la UE hasta 2009 y por EEUU hasta 2012.

En España, la organización que da cobertura política al MeK es conocida por haber financiado la campaña electoral de Vox en las elecciones europeas de 2014.

El apoyo completo de Donald Trump a Israel en su guerra secreta contra Irán tendrá que ser revisado por la Administración de Biden si pretende recuperar el que fue el gran éxito de Obama en política exterior: el acuerdo nuclear con Irán. Trump abandonó las obligaciones de ese tratado internacional con la intención de boicotearlo. Irán se sintió libre para ignorar algunas de sus cláusulas después de haberlas cumplido antes poniendo fin al proceso de enriquecimiento de uranio y enviando a Rusia el uranio almacenado que se podría utilizar para uso militar.

Ahora Israel confía en que una venganza iraní coloque al futuro Gobierno de Biden en una posición en la que le sea imposible renovar la carta de la diplomacia con Teherán. Cuenta además con el presumible apoyo de los congresistas republicanos y de algunos demócratas. Hace unos días, Netanyahu se reunió en Arabia Saudí con el príncipe heredero saudí Bin Salmán y el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo. El primer ministro israelí no hizo mucho para ocultar su viaje. Voló en un avión privado cuyo recorrido fue seguido con facilidad por las webs de rastreo de vuelos.

«Ha sido un acto criminal y altamente temerario. Puede provocar una represalia letal y nuevos capítulos de un conflicto regional», ha dicho John Brennan, director de la CIA con Obama, que también ha recordado que si hubiera sido cometido por un Gobierno, se trataría de un acto de terrorismo de Estado.

Lo cierto es que en los años de Obama los asesinatos de científicos iraníes se llevaron a cabo con regularidad sin que el Gobierno de EEUU presionara en público a Israel para detenerlos. Quizá la forma más efectiva y políticamente menos complicada de responder a ellos fue seguir trabajando para obtener un acuerdo con Irán apoyado además por la ONU, Europa y Japón.

En enero de 2010, una bomba mató a Masoud Ali Mohammadi, profesor de Física en la Universidad de Teherán. En noviembre de 2010, dos coches bomba acabaron con la vida de Majid Shahriar cuando viajaba en el coche con su mujer e hirieron al científico Fereidoun Abbasi. En julio de 2011, Darioush Rezaei, que formaba parte de la Organización de Energía Atómica de Irán, murió acribillado por los disparos de un pistolero desde una moto. En enero de 2012, el profesor Mostafa Ahmadi-Roshan, relacionado con el suministro de materiales para la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, fue asesinado con una bomba colocada en su vehículo.

Israel nunca reconoció estar detrás de estos crímenes. No necesitaba hacerlo.

Según el equipo de investigación de la cadena NBC, los israelíes facilitaron a MeK los fondos, el armamento y el entrenamiento necesarios para que ejecutaran esos atentados.

Estos atentados nunca llegaron a hacer descarrilar el programa nuclear iraní. Es probable que tuvieran más efectos los ataques con virus informáticos como Stuxnet. Fue el acuerdo diplomático el que consiguió que los iraníes aceptaran cambiarlo para garantizar que no tuviera aplicaciones militares.

«Si el principal objetivo de la muerte de Fakhrizadeh era hacer más difícil la reanudación del acuerdo nuclear con Irán, entonces este asesinato no hace que América, Israel o el mundo sean más seguros», ha escrito el senador demócrata Chris Murphy.

El asesinato de Fakhrizadeh pone en evidencia también la incapacidad de la Guardia Revolucionaria iraní para proteger a sus científicos más importantes, una de sus prioridades internas. Hay que suponer que Fakhrizadeh era una de las personas más protegidas del Estado, ya que había sido identificado en público en 2018 por Netanyahu como un enemigo peligroso («recuerden este nombre», dijo). A ello se suma la humillación que supuso el asesinato del general Suleimani en enero.

Los medios oficiales iraníes han manejado el concepto de «paciencia estratégica» con el fin de justificar que el Gobierno y la Guardia Republicana no hayan estado a la altura de las promesas que hicieron de responder a la muerte de Suleimani. Ahora cuentan cuentan con un horizonte temporal para no tener que tomar una decisión sin vuelta atrás. El Gobierno del presidente Rohaní querrá probablemente dar una oportunidad a la toma de posesión de Biden en enero. El estamento militar que responde directamente ante el líder del país, el ayatolá Jamenéi, puede tener otras ideas al respecto.

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