Filomena no esperaba que Casado cogiera una pala, pero los demás sí

Ante situaciones de máxima emergencia, no hay que reparar en gastos ni en gestos. Los políticos saben que las dos cosas son imprescindibles, pero es la segunda la que hay que cuidar con esmero. Se levantó Pablo Casado el domingo y, en vez de quedarse en casa como recomienda el Ayuntamiento de Madrid, tuvo que ponerse ropa de abrigo y salir a la calle. El partido le tenía preparada una misión esencial, lo que se llama una ‘photo-opportunity’. Grabar un vídeo con la pala en la mano para quitar la nieve de los accesos a «tres o cuatro centros de salud», según fuentes del partido (el número exacto parecía difícil de determinar). La cámara de vídeo y la pala, en ese orden. Las imágenes fueron enviadas a los medios de comunicación. Ese era el objetivo de la desequilibrada pelea entre el líder del PP y la nieve.

«Y mientras Sánchez se arropa con la mantita… Pablo Casado como un madrileño más», dijo la diputada Almudena Negro en un tuit. Cuca Gamarra elevó la apuesta: «Pala en mano al servicio de los españoles», incluidos aquellos en cuyas ciudades no había nevado. Lo raro es que la borrasca Filomena no saliera huyendo de España ante tal demostración de valentía con desprecio de la propia vida.

Había que crear la imagen para aguantar el titular que ya se estaba trabajando. «Cuando Almeida ha despejado las principales calles para que Madrid pueda empezar a funcionar, llega Sánchez, el ausente, a hacerse la foto de rigor», dijo otro diputado. Por lo visto, la foto de Casado no era «de rigor».

Lo cierto es que el alcalde se puso en marcha en la tarde del viernes y por la noche ya estaba en contacto con la Delegación del Gobierno y pidiendo la intervención del Ejército: «La situación es de extrema gravedad». La presidenta, Isabel Díaz Ayuso, dio escasas señales de vida ese día. En la mañana del sábado, no se presentó a tiempo en la reunión del Plan de Protección Civil. Cuando llegó a la sede del encuentro, ya había terminado. Pero una foto es una foto y se la hizo con los miembros del comité que le estaban esperando.

Luego tocaba una ronda de entrevistas en varios medios. «En total se habrán quedado atrapadas unas 1.500 personas de una población de casi siete millones. Bueno, pues tampoco es mucho, ¿no? Es importante la colaboración de todos para salir de esta», dijo en una de ellas.

Sánchez ya se veía el percal, así que también se había puesto en marcha. Se desplazó el domingo al Ministerio de Interior para reunirse con el gabinete de crisis en el que están los titulares de Interior y Transportes. «Yo estoy despachando intensamente desde el día 6 con el presidente del Gobierno y todas las actuaciones han sido supervisadas por él», comentó el ministro Ábalos para defender al jefe.

Nos encontramos ante otro asunto cuyas competencias están en manos de los gobiernos autonómicos y los ayuntamientos, pero que cobra tales dimensiones que el Gobierno central no se puede echar a un lado. Pero lo que es fundamental en la política española, en especial si el PP está de por medio, es que se reprocha al de arriba que haga aquello que forma parte de la responsabilidad propia.

«¿Alguien sabe dónde están Pedro Sánchez y Pablo Iglesias?», se preguntaba en Twitter el diputado Antonio González Terol en la mañana del sábado con una foto de coches bajo la nieve en Madrid de la noche anterior. Alguien podría haberle respondido que esperando a que el Gobierno madrileño pusiera en marcha el dispositivo que había pregonado. Todo estaba listo, según el vicepresidente Ignacio Aguado. Las dimensiones de la nevada, la mayor en décadas, sepultaron los planes en pocas horas.

Almeida ya dijo que es probable que Madrid no recupere la normalidad hasta el final de la semana. No es un cálculo exagerado. Multitud de calles y accesos pasarán a estar intransitables a causa del hielo. La ciudad no está preparada porque no puede estarlo para un temporal que ocurre una vez cada cincuenta años. Por lo visto, ni siquiera hay medios para limpiar los accesos a los centros sanitarios, y por eso se vio a muchos ciudadanos hacerlo a lo largo del domingo.

Nunca hay que desdeñar la colaboración vecinal, aunque cuando el PP volvió al poder en el Ayuntamiento de Madrid no demostró mucho interés en seguir potenciando esa vía. Las imágenes de este fin de semana revelan una vez más que los ciudadanos tienen derecho a mejores servicios públicos y que también se puede contar con ellos.

Lo lógico es pensar que las administraciones colaboren de forma estrecha para enviar refuerzos a aquellos lugares donde se necesiten, que además serán otros en los próximos días cuando la borrasca se traslade hacia el este de España. Pero en la política actual la prioridad es ajustar cuentas con el enemigo y luego ponerse a trabajar.

Esta es una película que ya hemos visto antes. Otros temporales en las últimas dos décadas han arrojado el mismo balance. La nevada de diciembre de 2004 hizo que José Luis Rodríguez Zapatero descubriera lo poco que podía hacer: «Un Estado que es la octava potencia mundial, un Gobierno ante una tragedia, y yo soy el presidente del Gobierno, el primer responsable de la seguridad de la gente y ¿qué tengo a mi alcance? Y no teníamos nada, prácticamente. Nada». Eso hizo que ordenara la fundación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) dentro del Ejército.

Un error mayúsculo, dijo el PP. «Un capricho faraónico». «Un despilfarro». «Un instrumento inventado por Zapatero». La derecha estaba molesta por que se utilizara al Ejército para contrarrestar las consecuencias de un desastre meteorológico cuando podía ocuparse no se sabe muy bien de qué.

En enero de 2018, otra nevada dejó atrapados a centenares de vehículos en la AP-6. El «capricho» de Zapatero salvó al Gobierno de Mariano Rajoy al ser la UME la unidad que mejor podía ocuparse de esa crisis. En 2004 y 2018 los problemas se produjeron en carreteras que son responsabilidad del Estado. De ahí las críticas que recibió Rajoy desde el PSOE y Podemos, ataques que el PP se ha apresurado ahora a rescatar. No ha dicho nada de su descalificación anterior de la UME, que resultó ser una buena idea.

El consuelo para estos casos es que los políticos gastan poca energía en acusar a sus rivales políticos de pasividad. Lo mismo con las fotos. Es mucho más difícil dar los medios necesarios a los servicios públicos para afrontar este tipo de emergencias. Y en eso están ahora y ese es el plano en que hay que valorar su gestión.

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