La Britney Spears de Chamberí defenderá el español hasta la última gota de tu sangre

Britney Spears tiene nuevo disco para la escena musical madrileña. El viernes era el gran día de estreno de la Oficina del Español, ese organismo misterioso que hubo que poner en marcha con premura para que Toni Cantó pudiera tener un empleo con un salario de 75.000 euros anuales, ya que se había quedado sin puesto en la candidatura de las elecciones madrileñas. Se lanzó en plan aquí te pillo, aquí te mato, y era necesario darle algo de contenido. Algo de lo que sea, no fuera que la gente pensara que se trata exactamente de un chiringuito, que es como lo llamó Cantó en un exceso de sinceridad. Britney no tiene miedo a las críticas y decidió presentarlo ella misma. Y que rabien los que no la quieren. Oops! I did it again.

Por Britney Spears, hay que leer Isabel Díaz Ayuso. Esta semana, dio una charla en una universidad privada madrileña (precio anual de los estudios de Comunicación Audiovisual: 7.800 euros). Muchos estudiantes de derechas se agolparon en la entrada para recibirla como a una estrella del pop adolescente. Acostumbrada a ser vitoreada en bares y restaurantes, es difícil impresionarla. El espectáculo le llegó muy dentro: «Estoy un poco emocionada porque ha sido una entrada como Britney Spears, se ha liado una aquí en la puerta…», dijo después. Y si ella es Britney, Pablo Casado no pasa de ser un Justin Timberlake venido a menos.

No es buena época para compararse con Britney. Algunos insinuarán que Miguel Ángel Rodríguez es el tutor legal de Díaz Ayuso, en este caso sin disputas de por medio en los tribunales. Eso es lo que piensa a veces Teodoro García Egea.

Últimamente, se le acumulan los fans a la presidenta madrileña. No en Génova, donde alternan entre el enfado y la depresión al observar que Ayuso ha contraprogramado la convención del PP que con tanto esmero están preparando Casado y Egea al exigir un congreso provincial que la entronice como estrella del pop liberal madrileño. Ella va a lo suyo y lo que le toca ahora es hacer ojitos a Vox para que apoye sus presupuestos. Un tipo tan adusto y estresado como Santiago Abascal se ha visto obligado a rendirse ante la melodía que canta Ayuso. «Es evidente que Vox tiene mucha más coincidencia con Isabel Díaz Ayuso que con Génova. Se aproxima mucho más a posiciones que nosotros defendemos», dijo el viernes el líder de Vox.

La frase admite pocas interpretaciones. Ayuso es ya la dirigente del Partido Popular más cercana a la extrema derecha, tal y como lo ha certificado Abascal, siempre dispuesto a menospreciar al PP. Incluso dice que Ayuso «va en la buena dirección», con lo que es posible que se acerquen aún más. La letra cambiará un poco, pero la música de las canciones de ambos suena muy parecida al exigente oído de Abascal.

En el fondo, sólo estaba siendo agradecido por lo que había escuchado el día anterior. El caso de la agresión falsa de Malasaña dio a Ayuso la excusa que estaba buscando. En la Asamblea de Madrid, la presidenta suscribió el mensaje de Vox en relación a la violencia machista u homófoba, que consiste en sostener que hay muchas denuncias falsas, lo que no es cierto. Para Ayuso, eso se ha convertido en el asunto más grave: «Lo que voy a proponer será una modificación de la normativa estatal que haga más efectiva la defensa del Estado de derecho contra las denuncias falsas, que es donde hay que poner el acento porque son conductas que se tratan de delitos penales».

En Twitter, lo explicó de una forma algo confusa. «Todas las leyes, por muy bien intencionadas que sean, no pueden atacar nunca nuestro ordenamiento jurídico», escribió. Las leyes –y la Constitución por encima de ellas– son las que dan forma al ordenamiento jurídico. Y el Código Penal ya cuenta con el artículo 456.1, que regula los castigos para las denuncias falsas.

No es imprescindible insistir demasiado. Las posibilidades de que se aprueben esos cambios en el Congreso son nulas, ni entran dentro de las competencias de la Comunidad de Madrid, pero eso no es lo que le interesa, sino dejar claro a Vox que ambos interpretan partituras muy similares.

En la presentación de la Oficina del Español, también era necesario crear un problema para hacer ver que ella tiene la solución. «El español no ocupa el lugar que merece en los contenidos digitales», explicó, sin que quedara claro a qué se refería. Será que le molesta que se hable más el inglés en el mundo. Reiteró que su Gobierno se propone que Madrid sea «la capital europea del español», una posición que Londres o París están lejos de poder disputar (pista: allí hablan otros idiomas). «No pretendemos atraer a los estudiantes de español, sino a los estudiantes en español». Lo de cambiar la preposición suena muy fino. El objetivo era tranquilizar al PP de Salamanca, que teme una OPA hostil al mayor destino de estudiantes extranjeros de español.

El acto de presentación pretendía poner el listón muy alto y en eso Díaz Ayuso nunca se queda corta. Lo importante es hablar sobre lo que vas a hacer, no hacerlo. Eso ya es más complicado y siempre se puede echar la culpa a otros. Habló de «disputar a Estados Unidos el centro de la producción musical en español». Lo que al principio era una idea para dar un cargo rápido a Cantó ha pasado a ser un intento de conjurar las consecuencias de décadas de aumento de la influencia de la comunidad latina de EEUU y de la ciudad de Miami.

Después intervino Toni Cantó, que resumió en seis palabras por qué lo han elegido para dirigir la oficina. «Gracias, presidenta, por explicarlo tan bien».

A ver quién es el guapo que se atreve a decir a Britney a la cara que no es la estrella indiscutible de la fiesta.

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