La segunda muerte de Arkady Babchenko

Arkady Babchenko es un tipo valiente. Combatió como soldado en la guerra de Chechenia y escribió sobre su experiencia en el libro ‘La guerra más cruel’. Se convirtió en un periodista crítico con las tendencias autoritarias del Gobierno de Putin y de la sociedad rusa. Un artículo desdeñoso sobre el accidente de un avión militar ruso que viajaba a Siria provocó una campaña contra él, peticiones de diputados para que se le revocara la nacionalidad e innumerables amenazas. Decidió huir ante la posibilidad de ser detenido o agredido, o algo peor, y finalmente se instaló en Ucrania.

Babchenko fue asesinado de tres tiros en la espalda cuando entraba en su casa de Kiev el martes. Periodistas rusos y ucranianos lloraron por él y escribieron artículos y tuits emotivos por su desaparición. Algunos pensaban que podían ser los siguientes. El primer ministro ucraniano acusó a Rusia de estar detrás del crimen, uno más en la lista de enemigos de Putin que han sido eliminados.

Todo era un montaje de los servicios de inteligencia ucranianos con el que encontrar pruebas para descubrir la conexión rusa de un intento de asesinato de Babchenko. El que iba a ser el ejecutor, un exsoldado ucraniano, lo había contado antes a la policía. El objetivo no era salvar la vida de Babchenko, sino buscar esas pruebas y detener a la persona que había prometido 40.000 dólares por el trabajo. Lo arrestaron después de que llamara a alguien en Moscú para confirmar el trabajo, o eso dice la policía de Ucrania. Estas son las imágenes de su (supuesta) detención.

La cara de circunstancias de Babchenko durante la rueda de prensa en la que reapareció vivo lo decía todo. Sabía que había mentido y, más allá del impacto en su círculo de familiares, amigos y colegas, tenía que ser consciente de que había aceptado convertirse en un peón de la estrategia política de un Gobierno para atacar a otro. Prestarse a formar parte de un montaje propio de una película de espías –tratándose de Ucrania, inevitablemente de serie B– ponía fin a su credibilidad como periodista y concedía un gran premio propagandístico precisamente al Gobierno del que había tenido que escapar.

No es que el Gobierno ruso necesite mucha ayuda para su propaganda. En el caso de la guerra de Ucrania, del derribo del avión de Malaysia Airlines en ese país, de la intervención rusa en Siria o del intento de asesinato del exespía Skripal, ha cambiado de versión tantas veces como ha creído oportuno. Su prioridad nunca es presentar una versión coherente de los hechos, sino intentar que sea imposible saber qué ha pasado.

Muchos periodistas sin ninguna simpatía por el Gobierno ruso comentaron de inmediato que se trataba de un desenlace catastrófico, y no porque lamentaran que Babchenko estuviera vivo. En la guerra entre Rusia y Ucrania, siempre ha resultado muy difícil diferenciar entre información, propaganda y conspiración. Las declaraciones de ambos gobiernos suelen resultar muy poco creíbles. No es una sorpresa. En cualquier guerra, los gobiernos mienten con premeditación y alevosía por creer que la verdad es sólo un arma más que hay que utilizar cuando sea necesario.

La desconfianza hacia lo que cuentan gobiernos y partidos políticos es imprescindible. Quedan las personas, sí, eso incluye a muchos periodistas, en los que se puede confiar para intentar saber qué está ocurriendo sin tener nunca una seguridad absoluta. La alternativa es no contar nada que no salga de una fuente oficial, que es a fin de cuentas lo que pretenden los gobiernos.

El caso de Babchenko encaja como un guante en el discurso del Gobierno ruso sobre las críticas que recibe en Europa y EEUU. Todo es una conspiración para impedir que Rusia recupere el puesto que se merece en el escenario internacional. Las informaciones sobre el acoso a la oposición rusa, las detenciones indiscriminadas de todos aquellos que se atreven a manifestarse en las calles, el uso de los tribunales para encarcelar con pruebas falsas a los que desafían al Gobierno, la imposición de una ideología tradicional basada en las enseñanzas de la Iglesia ortodoxa rusa que incluye la violación de los derechos civiles de los homosexuales, todo eso es propaganda occidental. El asesinato falso de Babchenko es una pieza perfecta para ese relato.

El periodista se prestó a posar en una foto con una mancha de sangre sobre el suelo de la casa. La foto no circuló demasiado antes de saberse que todo era un montaje, quizá porque su origen no estaba claro en ese momento.

La distribuyó un experiodista ucraniano que ahora trabaja para una consultora de seguridad de Washington. Dijo que la había recibido de una fuente de los servicios de seguridad de su país. Ni siquiera estaba claro que fuera el mismo Babchenko. En su momento, podía parecer dramática, y ahora sólo es un truco de mala calidad.

Este jueves aparece en la portada de The Sun, que realmente es el sitio más apropiado para una imagen como esa.

Babchenko está vivo –eso al menos ahora está claro– y tendrá protección policial las 24 horas del día. Profesionalmente, está casi tan muerto como la foto en la que supuestamente aparecía tendido en el suelo con tres impactos de bala en la espalda.

3 junio
Desde el día en que Babchenko apareció vivo, se han sabido más datos sobre la operación y no se puede decir que hayan arrojado mucha claridad. El hombre que supuestamente tenía que eliminar al periodista era Alexei Tsimbaliuk, que combatió en las filas del Gobierno o de una milicia contra las milicias prorrusas en el Este de Ucrania. Según algunos testimonios, se trata de un antiguo sacerdote o monje, lo que le convierte en un asesino bastante improbable, en especial si tenía que matar a un enemigo de Moscú.

La persona que le contrató es un empresario ucraniano llamado Boris German. En su primera comparecencia ante el tribunal, declaró que había recibido el encargo de un amigo ruso relacionado con lo que él llama una fundación cercana a Putin. German alega que colaboró con los servicios de inteligencia ucranianos para desvelar una operación rusa con la que se pretendía eliminar a 30 personas. La Fiscalía no cree su supuesta colaboración. De hecho fue detenido en plena calle por la policía.

Alexei Tsimbaliuk denunció el encargo a la policía, lo que permitió grabar con cámara oculta el momento en que German le entregó una parte del dinero en un coche.

El Gobierno ucraniano no ha explicado de forma convincente por qué era necesario fingir la muerte del periodista, foto incluida con sangre falsa, para impedir su asesinato si la persona encargada de cometerlo ya había comunicado la trama a la policía.

Babchenko en Channel 4.

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