Obama golpea a Romney donde duele

Hachazo de la campaña de Obama al bajo vientre de Mitt Romney. Se cumple una máxima de las campañas electorales de EEUU. Los anuncios más efectivos no son los negativos en general, sino aquellos negativos que ayudan a definir al rival a ojos de la opinión pública antes de que este pueda ofrecer una imagen completa de su personalidad y de su programa.

En ese aspecto, el candidato más vulnerable siempre es el de la oposición. El presidente que busca la reelección lleva consigo un amplio bagaje de decisiones, o no decisiones, que le acompañan siempre. Tiene una materia prima que debe intentar modelar en su beneficio. El otro parte de una posición muy cercana a cero y su historial es una página en blanco con unas cuentas referencias en la que cualquiera puede meter el cuchillo con malas intenciones.

Uno pensaría que después de unas primarias republicanas que duraron varios meses los norteamericanos ya tendrían una idea bastante clara sobre quién es Romney y en qué cree. No hay que olvidar que en muchos estados la campaña no llegó a celebrarse propiamente, porque la candidatura ya estaba decidida. La gente adopta posiciones sobre el debate político, cuando le toca de forma más cercana, cuando se acerca la fecha de ir a las urnas, excepto una minoría que siempre está interesada.

Eso le pasó incluso a John McCain, un político muy veterano. No es lo mismo ser alguien conocido en la política nacional que venderte como un futuro presidente.

El periodo que va del final de las primarias a la celebración de las convenciones de los partidos es una especie de calma chicha, aunque, según muchos analistas, es clave en las aspiraciones del rival del presidente en ejercicio. Necesita que no pasen muchas cosas que le hagan cambiar sus prioridades. Dedicará casi todo su tiempo, además de a unas cortas vacaciones, a viajar a zonas del país que no ha visitado durante las primarias, regresar a los estados realmente importantes y, sobre todo, recaudar mucho dinero.

A principios de agosto de 2004, un grupo conservador difundió sus primeros anuncios contra John Kerry cuestionando su valía durante la guerra de Vietnam. En realidad, llevaban meses trabajando en la idea de erosionar con todos los trucos sucios posibles la reputación del senador demócrata. Kerry nunca supo reaccionar con la contundencia necesaria y eso minó su campaña desde el principio. Antes de que pudiera definir su verdadera identidad personal y política, otros lo habían hecho por él.

Ahora Obama no aplica exactamente la misma técnica, pero con este anuncio deja claro que no tiene la intención de permitir que Romney tenga tiempo para montar la campaña que le interesa. Cuanto menos se hable de la economía y más del paso de Romney al frente de la empresa Bain, mejor para el presidente. Da igual que tenga que ver con los despidos de las empresas que Bain compraba para sanear (es decir, deshacerse de empleados) y luego vender, con la fecha en que Romney la abandonó o con los millones que ganó y que forman su patrimonio, convenientemente colocado después en varios lugares, incluidos paraísos fiscales.

El caso es que cuando los norteamericanos piensen en Romney piensen también en Bain. Algo le debe Obama a Newt Gingrich que abrió ese flanco en las primarias. Nunca se lo agradecerá lo suficiente.

Aquí se comenta un detalle interesante sobre el rival de Obama. Más allá de su paso por Bain, el problema de Romney es que no puede rentabilizar lo que debería haber sido su principal activo en la campaña por sus antecedentes: un conservador moderado, con experiencia en gestión empresarial, y lo bastante pragmático como para ser capaz de llegar acuerdos en algunos temas con el otro partido.

Pero los republicanos están ya tan a la derecha que todos esos valores son hasta contraproducentes. Romney se ve obligado a convertirse en algo que no es (por eso, Rupert Murdoch no lo considera un candidato realmente conservador) y a jugar a varios palos de la baraja al mismo tiempo.

Romney no sabe si poner la guardia alta o baja, y mientras Obama le castiga el hígado con golpes que hacen tanto daño como el anuncio de arriba.

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