El asesinato de Jo Cox obliga al Reino Unido a enfrentarse al discurso del odio

yorkshireLa campaña del referéndum británico del Brexit ha quedado suspendida tras el asesinato de la diputada laborista Jo Cox el jueves en la localidad inglesa de Birstall. No se sabe cuándo se reanudará, pero es seguro que cuando lo haga todo será muy diferente. El testimonio del esposo de Cox –al igual que el de muchos políticos– incide en algo de lo que también se ha hablado en EEUU tras la matanza de Orlando. Con independencia de que a esta hora sea difícil tener claras las auténticas motivaciones del asesino, está claro que se ha tratado de un acto de odio y que la mejor respuesta ante él no consiste en refugiarse en ese mismo odio.

Un testigo del asesinato de Cox ha dicho que su agresor gritó «Britain First», que es también el nombre de un grupo de extrema derecha favorable al Brexit (y que ha condenado el atentado y negado cualquier relación con él). Ha surgido una relación antigua de ese hombre –Thomas Mair, de 52 años– con un grupo euroescéptico que había apoyado tiempo atrás al régimen surafricano del apartheid. Su familia, tan sorprendida como el resto de la gente, ha dicho que no le conocían ninguna actividad política.

Antes de llegar a la política, Jo Cox, de 41 años, había trabajado durante muchos años en las ONG, en Save the Children y Oxfam. Como directiva de Oxfam, había viajado a Gaza y ya como parlamentaria formaba parte del grupo laborista Labour Friends of Palestine. En los Comunes, se había distinguido por su defensa de los derechos de los refugiados sirios y había pedido que el país acogiera a más víctimas de la guerra de Siria.

La campaña sobre la salida de la UE está siendo virulenta y dramática. No es extraño si tenemos en cuenta lo que se juega el país. A diferencia de unas elecciones, cuyos resultados pueden cambiar cuatro años después, como muy tarde, un referéndum divide a una sociedad en dos bandos y su desenlace suele ser irreversible.

Hemos visto a los partidarios del , sobre todo en el sector del Gobierno de Cameron contrario al Brexit, incluido su primer ministro, anunciar todo tipo de tragedias económicas si el país abandona la UE. Es el voto del miedo que de una forma u otra funciona en todas las citas electorales.

Pero el discurso de los partidarios del no es distinto. También se refieren a cuestiones económicas, pero el nudo central de sus mensajes están íntimamente relacionado con la identidad nacional y, de forma nada velada, con la amenaza exterior que supone la inmigración (y eso incluye a los ciudadanos de otros países de la UE que viven en el Reino Unido gracias a la libre circulación de personas en territorio comunitario). Para ellos, la patria está en peligro y el estilo de vida británico –más allá de lo que pueda significar eso- puede desaparecer por la llegada masiva de extranjeros.

Si había alguna duda, Nigel Farage la despejó en la mañana del jueves con un acto de la campaña.

La imagen es una cola inmensa de refugiados en Europa Central que se utiliza de forma demagógica para dar a entender que el Reino Unido ha perdido el control de sus fronteras, lo que es falso, y que puede sufrir una invasión si el país continúa dentro de la UE. El cartel de UKIP, el partido de Farage, dice que «debemos recuperar el control de nuestras fronteras».

Está claro que sus partidarios lo entenderán como una acusación a aquellos que se oponen al Brexit y que por tanto están poniendo en peligro la integridad del país.

Uno de los artículos más citados en las últimas horas ha sido el escrito por Alex Massie en la web de The Spectator.

«Nigel Farage no es responsable del asesinato de Jo Cox. Ni lo es la campaña de Leave (en favor del Brexit). Pero son responsables de la forma en que han presentado sus razones. No podían saber que algo así podía pasar, desde luego, y estarán tan impresionados y horrorizados como todos los demás.

Pero, aun así. Vean. Cuando fomentas la rabia, no puedes fingir sorpresa cuando la gente se enfurece. No puedes girarte y decir: ‘Amigo, no deberías habértelo tomado ‘tan en serio’. Sólo es un juego, un truco, una estrategia para ganar votos.

Cuando gritas BREAKING POINT (el lema del cartel presentado por Farage) una y otra vez, no deberías sorprenderte cuando alguien estalla. Cuando presentas la política como un asunto de vida o muerte, como una cuestión de supervivencia nacional, no te sorprendas si alguien te toma la palabra. No le obligaste a que lo hiciera, no, pero no hiciste mucho para pararle».

Ese sentimiento de alarma nacional, de aviso a un país –uno de los más ricos del planeta– que está a punto de ser arrollado por una marea de extranjeros, ha estado constantemente en los mensajes de los partidarios del Brexit. ¿La posibilidad de la violencia? Veamos lo que dijo Nigel Farage en mayo:

Esto es lo que dice Farage: «Creo que es legítimo decir que si la gente tiene la sensación de haber perdido por completo el control de nuestras fronteras como miembros de la UE, si la gente cree que votar no cambia nada, entonces la violencia es el siguiente paso. No estoy… (le corta el periodista: «¿Incluso en este país? ¿En la pacífica Gran Bretaña?»). Creo que es difícil contemplar algo así aquí, pero no hay nada imposible».

La mayoría de los británicos hubiera dicho hasta ayer que era imposible que una diputada fuera asesinada a tiros después de uno de los encuentros regulares con votantes de su circunscripción. La muerte de Jo Cox les descubre que el país en el que viven ya no es como ellos pensaban. Ya no es la pacífica y pragmática Gran Bretaña que acogió durante siglos a los perseguidos políticos del resto del planeta. La campaña del Brexit ha sacado a la luz una sociedad más agresiva e intolerante, y tendrán que convivir con ella.

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Stephen Colbert contra Trump a su estilo

Este es el momento de la pizarra y aquí se puede ver la intervención completa.

Tanto Colbert como John Oliver tienen difícil competir contra Trump en términos de humor. El candidato tiene un repertorio inagotable.

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El asesino de Orlando y la campaña de Trump: una mezcla tóxica

mateen

Un hombre entra en un club al que asisten habitualmente miembros de la comunidad gay de Orlando, Florida. Tiene permiso de armas porque ha trabajado durante años como guardia de seguridad privada y acaba de comprarse sin problemas un fusil semiautomático AR15 y una pistola. Su primera mujer se había separado de él pocos meses después del matrimonio cuando él empezó a pegarla por los motivos más nimios. El FBI le había interrogado en 2013 tras recibir llamadas de sus compañeros de trabajo que sospechaban de su lenguaje e inclinaciones violentas. También cuando el FBI creía que podía estar relacionado con un norteamericano que luchó en Siria en las filas del ISIS. En ambos casos, las sospechas no se confirmaron. Ya dentro del local, había llamado al 911 (teléfono de emergencias policiales en EEUU) para afirmar que prestaba lealtad al ISIS. Su padre dijo después que despreciaba a los gays y que las demostraciones de afecto entre ellos en la calle le ponían furioso.

Todos esos factores componen una personalidad fanática y peligrosa. Y al mismo tiempo conceden una especie de menú patológico a disposición de cualquiera que quiera analizar la matanza de Orlando –en la que fueron asesinadas 49 personas– o llegar a conclusiones sobre qué hacer en el futuro para impedir hechos como este.

Un maltratador narcisista que odia a los gays armado con un fusil es un peligro. Si es de raza blanca y elimina a tiros a un alto número de personas aparece habitualmente descrito como una persona con las facultades mentales perturbadas. Si en EEUU algunos denuncian que la facilidad con la que se consigue adquirir un fusil de asalto o arma similar es un factor imprescindible para entender por qué se ha producido ese crimen múltiple, los políticos conservadores alegarán que no es correcto «politizar» la tragedia.

Si es musulmán, es posible que esos mismos políticos afirmen que los hechos confirman la necesidad de ser más duros contra los grupos yihadistas o sus seguidores individuales, tanto en la legislación interna como en la política exterior. En plena campaña electoral y con alguien como Donald Trump como candidato republicano, eso no sólo no era previsible, sino inevitable. El millonario ha resucitado su idea de prohibir la entrada de musulmanes en el país, que tanto pavor causó entre los dirigentes republicanos que ahora le apoyan.

Y no mucho tiempo después, un mensaje directo de Trump que su audiencia favorita sabe cómo entender.

Omar Mateen, hijo de padres afganos, nació en Nueva York, como Donald Trump. Eso no es una excepción. La mayoría de los responsables de atentados terroristas en EEUU desde el 11S han nacido en territorio norteamericano, no en el extranjero. Pero sería muy inocente pensar que esos datos van a disuadir a los que apoyan a Trump.

Pero si pensábamos que la historia no podía ser más confusa sobre las intenciones del autor de la matanza, estábamos muy equivocados. Un antiguo compañero de la academia policial hace 10 años ha contado a un periódico de Florida que él pensaba que Mateen era gay y que estuvieron juntos en clubes gays. Clientes del club de Orlando donde se produjo la masacre han relatado que le vieron en numerosas ocasiones en el local, algunos hasta tres años antes. En general, estaba solo y no hablaba mucho.

Para sus actuales compañeros de trabajo, era una personas de ideas racistas, sexistas y homófobas. Las llamadas que hizo al 911 incluían una retahíla confusa de sus ideas, en las que mostraba al mismo tiempo su adhesión por grupos tan diferentes como ISIS, Al Qaeda e Hizbolá. También tuvo palabras en favor de los autores del atentado de Boston.

No podemos aún tener claro su retrato psicológico, pero parecía una persona atormentada por sus frustraciones personales y, sobre todo, su odio. ISIS o el yihadismo sólo eran una cobertura bastante endeble de ese odio. Nada que ver con los dos autores de la matanza de San Bernardino que, aun sin tener una relación directa con un grupo yihadista, eran fanáticos convencidos.

Odio más armas es la combinación que está detrás de la mayoría de los asesinatos múltiples ocurridos en los últimos años. No es una sorpresa. Pero los conservadores norteamericanos no pueden permitir que la segunda parte de la suma aparezca destacada en la descripción de la tragedia. En este caso, algunos incluso no mencionan la identidad gay de las víctimas de Orlando, no sea que a alguien se le ocurra relacionar esta matanza con el rechazo visceral por razones religiosas a los homosexuales y a la lucha por sus derechos.

Una columnista de un periódico de Filadelfia entró en una tienda de armas el día después de la matanza para comprobar cuánto tiempo necesitaría para comprar un fusil AR-15, el mismo utilizado por Omar Mateen: siete minutos. Precio de venta al público: 759,99 dólares.

Y ahora imaginemos si fuera verdad que ISIS tiene un ejército de ‘lobos solitarios’ en EEUU dispuestos a cumplir las órdenes de ISIS, aunque nunca hayan estado en Oriente Medio ni tenido contacto con esa organización. Si no tienen antecedentes criminales, sólo deben esperar menos de diez minutos para comprar el instrumento con el que matar a decenas de personas en un local público. No se necesita entrenamiento militar para disparar a civiles. En algunos estados, incluso si han sido denunciados por su cónyuge por violencia machista, eso no será motivo suficiente para negarles la compra del arma.

Podrán comprar armas de tal potencia de fuego que convierten «a un asesino en una máquina de matar», en palabras de un exagente de la ATF.

Evidentemente, los partidarios de la NRA no encontrarán en todo esto el menor atisbo de paradoja.

Omar Mateen no era un yihadista porque no se comportaba como tal. La lista de incoherencias en su conducta habitual es numerosa (aquí se pueden encontrar algunos ejemplos). Uno más: un yihadista no deja que su mujer vaya por la calle con el pelo descubierto.

Para Trump, todo eso es irrelevante. No necesita saber nada sobre ISIS, el yihadismo o la política exterior de EEUU. 49 cadáveres son sólo una excelente oportunidad política para extender su mensaje xenófobo. Sus posibilidades de ganar las elecciones son ahora mismo escasas, pero pensemos que sólo necesitará a un número reducido de sociópatas, que resulten ser musulmanes, alimentados por el odio y con fácil acceso a armas, para que su suerte cambie. Es un motivo suficiente para contemplar con algunos nervios los cinco meses que quedan hasta las elecciones de EEUU.

23.15

sig sauer

El arma utilizada en la matanza no fue un AR-15, como dijeron inicialmente el jefe de Policía de Orlando y los medios norteamericanos, sino un Sig Sauer MCX. También es un fusil semiautomático en su versión civil con característica similares al AR-15, pero con la capacidad de utilizar munición de distintos calibres. Su cargador tiene capacidad para 30 proyectiles.

Así se publicita por la empresa fabricante.

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Trump en La Sexta Columna

La Sexta Columna dedicó este viernes su programa a Donald Trump. Ahí se pueden ver mis opiniones, junto a las de Andy Robinson, que acaba de publicar un libro sobre EEUU, ‘Off the road’, Vicente Vallés, Vicente Palacio (con otro libro reciente, ‘Después de Obama’) y otros. Lo de arriba es un fragmento de unos minutos. El programa íntegro se puede ver aquí.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Alien. Behind the Scenes (Segunda parte).

Ridley Scott’s Masterpiece ‘Alien’: Nothing Is as Terrifying as the Fear of the Unknown.

Películas que rompen las normas cinematográficas.
–Una entrevista con Brian de Palma.
–La historia del autorretrato antes del selfie.
–Obama slow jam the news.
–2001 + Picasso.
Buceo en la cueva de El Toh, en Yucatán.
–Las fotos de Dorothea Lange en los campos de internamiento japoneses en EEUU.
–La guerra mundial contra los mosquitos.
–Cómo convencieron a los norteamericanos de que pagaran por beber agua.
Disfunción eréctil y divorcio en la Francia prerrevolucionaria.

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El alcalde de Tel Aviv devuelve a los israelíes a la realidad sobre la ocupación

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El alcalde de Tel Aviv, Ron Huldai, ha dicho en público lo que pocos políticos israelíes se atreven a decir tras un atentado. En la noche del miércoles, dos individuos armados entraron en un restaurante y comenzaron a disparar de forma indiscriminada contra los clientes. Cuatro personas murieron y 16 resultaron heridas.  Los atacantes eran palestinos de la población de Yata, cercana a Hebrón.

Huldai ha hecho un ejercicio de realismo político en unas declaraciones en las que ha puesto a los israelíes ante los hechos que allí suelen ser ignorados. Mientras la mayoría de los políticos relaciona cualquier acto de violencia con el odio a los judíos, Huldai ha recordado que esos ataques no se pueden entender olvidando la ocupación de territorio palestino desde 1967.

«Quizá seamos el único país del mundo donde hay otra nación que está bajo ocupación y sin derechos civiles. No puedes mantener a una gente en una situación de ocupación y confiar en que ellos lleguen a la conclusión de que todo está bien y que van a seguir viviendo igual».

«Ha habido una ocupación durante 49 años, de la que yo fui parte y que conozco bien, y sé que los líderes con valor deben tomar decisiones, y no limitarse a hablar. El hecho de que estemos sufriendo no debe llevar a cambiar lo que debe hacerse. No hay valor a la hora de hacer lo que se debe hacer para alcanzar un acuerdo» (de paz).

Huldai, de 71 años, fue piloto de caza (participó en la guerra de 1967) y general de la Fuerza Aérea. Forma parte del Partido Laborista y es alcalde de Tel Aviv desde 1998.

El Ministerio de Defensa no ha tardado mucho en confirmar con sus acciones las palabras del alcalde. Los dos autores del atentado fueron detenidos, pero los castigos se dirigirán contra miles de  palestinos. Se congelarán los permisos que tienen 83.000 palestinos en Cisjordania para visitar a parientes en territorio israelí durante el mes del Ramadán. El nuevo ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, ha dicho sobre el pueblo del que proceden los atacantes: «La vida en Yata no va ser normal ahora. Un pueblo que tiene a terroristas viviendo en él tiene que pagar el precio».

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Hillary Clinton, mujer y candidata

Hillary Clinton recibió la confirmación de su victoria en las primarias con este anuncio que destaca el que será uno de los puntos fuertes de su campaña. Es la primera mujer candidata a la presidencia de uno de los dos grandes partidos y, al igual que en la primera campaña de Barack Obama, el factor ‘hagamos historia’ va a estar ahí desde el primer momento.

Para estar a la altura del momento, el anuncio va mucho más allá que la pieza audiovisual con la que inauguró su campaña en las primarias. Ese era el típico producto blanco y nada arriesgado con muchas imágenes de familias con el que los políticos hacen ver que cuidarán de los intereses de todos y cada uno de los votantes.

El anuncio de ahora es una celebración de la lucha por los derechos de la mujer, y por tanto, un mensaje feminista en el que hábilmente la campaña de Clinton se autodefine de forma implícita como un eslabón más en una cadena que se inició hace mucho tiempo.

Es también un mensaje de combate. Muchas de las personas que salen en el vídeo están protestando. No son el tipo de gente que espera que se le concedan sus derechos, sino que lucha por que se le reconozcan. Es un estilo y una estética que Clinton y sus asesores quizá no habrían elegido si las primarias demócratas no se hubieran visto sacudidas por la presencia de Bernie Sanders.

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Trump hace comentarios racistas, pero en lo demás es perfecto

trump

El Partido Republicano acaba de descubrir con varios meses de retraso con qué clase de candidato se ha ido a la cama. Lo malo para sus dirigentes es que ellos mismos se han encerrado en una habitación con Donald Trump, han cerrado la puerta con llave y la han tirado por el inodoro. No pueden escapar y sólo les queda decir que no tienen nada que ver con él y que algunas de las cosas que dice son inaceptables. ¿Le van a votar en las elecciones? Desde luego, porque ya es demasiado tarde para echarse atrás.

Paul Ryan es el republicano más distinguido por ser presidente de la Cámara de Representantes. Le han preguntado por el ataque de Trump al juez Gonzalo Curiel, que se ha negado a archivar las denuncias contra el empresario por esa estafa que era el centro de estudios llamado Trump University (sí, era propiedad de Trump, pero no era una universidad). Las críticas del candidato son claramente racistas: no ha sido justo porque sus padres eran mexicanos, con lo que tiene que estar predispuesto contra él.

La respuesta de Ryan ha consistido en afirmar que las críticas son «un comentario racista de manual». ¿Influye una imputación tan grave en la decisión de Ryan de apoyar a Trump? En absoluto: «¿Creo que la respuesta es Hillary Clinton? No, no lo creo». Sobre los temas de fondo, Ryan dice que tiene «más cosas en común» con Trump que con su rival demócrata y por tanto más posibilidades de que esas ideas se conviertan en leyes si gana las elecciones. A partir de sus declaraciones, cualquier diría que no le preocupa que un presidente de ideas racistas «de manual» llegue a la Casa Blanca si a cambio puede conseguir que se aprueben leyes sobre impuestos, educación, sanidad o lo que sea que se corresponden con sus ideas.

Eh, el racismo no es un asunto tan grave, yo también tengo amigos negros.

Cabe la posibilidad de que muchos republicanos como Ryan quieran hacernos creer que no es lo mismo ser un racista que hacer comentarios racistas. Es difícil apreciar la diferencia, pero pongamos, echándole mucho valor, que se puede hacer esa distinción. Lo que es indudable es que nadie en su sano juicio aceptaría a esa persona como presidente del país.

Este es el comunicado con el que Trump ha querido responder la polémica. Evidentemente, sus palabras han sido malinterpretadas.

Antes en una llamada telefónica a sus partidarios que ha sido filtrada, optó por el ataque. Le informaron que se había dado instrucciones para que ningún partidario de su campaña comentara este delicado asunto. Mejor no hablar del tema. Trump anuló de inmediato esa orden y les instruyó para que acusaran de racistas a todos aquellos que le acusaban de racista. La táctica del ventilador no conoce fronteras.

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Alepo

Las imágenes de BBC News corresponden a un ataque aéreo sobre la zona de Alepo controlada por los insurgentes, donde los bombardeos se han recrudecido en los últimos días. Al final del vídeo, sin imágenes, se hace referencia a los muertos en la zona de la ciudad siria en poder del Gobierno a causa de los ataques insurgentes con cohetes y morteros.

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Trump no rebaja el tono racista de su campaña

trump banderas

Los que creían que Donald Trump iba a moderar su mensaje o a hacer más convencional su campaña una vez que asegurara el número de delegados necesario para hacerse con la candidatura republicana han tenido un duro choque con la realidad en la última semana.

Entre los primeros están los periodistas que desean enfrentarse a una campaña electoral competitiva e igualada. Es mucho más interesante eso que pasarse meses dando vueltas en torno a un duelo decidido meses antes.

También hay que incluir ahí a todos los políticos republicanos que se apresuraron a anunciar su apoyo a Trump con mayor o menor entusiasmo, con la única excepción de relieve de Mitt Romney. Los demás esperaban que el magnate inmobiliario abandonara sus exabruptos más conocidos y su desprecio por los votantes latinos. Confiaban en que el dinero hiciera entrar en razón a su nuevo candidato, el dinero que él no tiene, porque necesita la maquinaria financiera del Partido Republicano y de sus donantes habituales en el mundo de la empresa para afrontar el coste de una campaña nacional.

Vana ilusión. Trump no ha tardado mucho tiempo en volver a incidir en los elementos más racistas de su campaña, pero esta vez de forma más grave. No se trata ahora de intentar echar del país a millones de mexicanos sin papeles, sino de ir directamente contra un juez norteamericano que resulta ser hispano. De ahí a exigir un determinado perfil étnico para acceder a la judicatura del país sólo hay un paso que Trump no dará… de momento.

Todo procede de dos demandas contra Trump relacionadas con «Trump University», un nombre que necesita las comillas porque ese centro de enseñanza fundado por el millonario en 2005 ni siquiera tenía el derecho legal a llamarse universidad. Para definirlo en pocas palabras, vale este titular del medio conservador National Review que lo define como «una estafa masiva».

El juez federal Gonzalo Curiel rechazó la petición de los abogados de Trump de archivar las demandas. Los periodistas han preguntado a Trump por ese conflicto jurídico porque es legítimo analizar su pasado como empresario a la hora de saber cómo dirigirá el país. Además, el candidato republicano ha presumido en infinidad de ocasiones de ganar todas las demandas que se han presentado contra él, lo que no es cierto, ya que en muchos casos ha llegado a acuerdos con los litigantes para que las retiraran (pagándoles indemnizaciones, como es habitual en estos casos).

Aparte de negar la evidencia y de presumir de que ese remedo de universidad fue un gran éxito, Trump ha reaccionado cargando contra ese juez. ¿Por discrepar de sus razonamientos jurídicos? Por algo más. Porque es hispano. WSJ:

En una entrevista, Trump dijo que el juez Gonzalo Curiel tiene «un total conflicto» (de intereses) al ocuparse de la demanda, ya que es «de origen mexicano» («Mexican heritage» en el original) y miembro de una asociación de abogados latinos. Trump dijo que los antecedentes del juez, que nació en Indiana de padres inmigrantes mexicanos, son relevantes a causa de sus promesas en la campaña contra la inmigración ilegal y su promesa de cerrar la frontera sur de EEUU. «Voy a construir un muro. Eso es un obvio conflicto de intereses», dijo Trump.

Es decir, un juez que es ciudadano estadounidense, nacido en el muy norteamericano Estado de Indiana, no puede tomar una decisión jurídica imparcial en una demanda contra Trump porque sus padres eran mexicanos y porque el candidato ha hecho una serie de promesas en la campaña relacionadas con la inmigración desde México, obviamente mucho tiempo después de que Curiel fuera nombrado para ese puesto.

Más allá de que en la práctica está acusando a un juez de prevaricación, no es una exageración deducir que Trump cree que ningún juez latino podría intervenir en un caso en el que él estuviera implicado, y lo mismo podrían decir muchos otros ciudadanos del país. En su caso, sólo aceptaría jueces blancos, anglosajones y protestantes, preferiblemente en ese orden.

Es otro alegato de obvias connotaciones racistas por parte de Trump. Y no se apea de ahí por mucho que le pregunten.

Cuando el periodista le dice que tiene derecho a estar en desacuerdo con las decisiones del juez, pero le pregunta si lo justifica por «su raza», Trump cambia de tema o incide en que no puede ser un juez imparcial por el origen de sus padres. Y sobre esa asociación a la que se refería el artículo de WSJ, dice que es «muy proMéxico»; es decir, por ser latinos, esos juristas son sospechosos de no ser auténticos estadounidenses. «He is American», insiste Jack Tapper, de CNN. «He’s Mexican heritage», responde Trump.

Tapper vuelve al tema varias veces –no es una entrevista en la que el periodista se rinda después de un par de preguntas–, pero da igual.

Trump no está loco. Este tipo de reacciones son coherentes con lo que ha dicho en toda su campaña. Se presenta como víctima para que los norteamericanos de raza blanca que se sienten amenazados por la inmigración, los musulmanes o cualquier persona de origen extranjero con la piel más oscura empaticen con él  y se sientan representados por su mensaje. Es la campaña racialmente más explícita que se haya visto en EEUU en décadas. Al menos, Nixon era más sutil.

En el análisis postmortem que los republicanos hicieron tras su derrota en las elecciones de 2012, incidieron en que necesitaban aumentar su porcentaje de voto en la comunidad latina. Trump está aniquilando cualquier posibilidad de mejorar esos números. Pero hay otra cosa mucho peor para él. Según la mayoría de las encuestas, su apoyo entre la clase blanca trabajadora en buena parte del país es menor que el que obtuvo Romney hace cuatro años. Y Romney perdió. Es muy probable que ese porcentaje aumente en los próximos meses, pero así no se ganan unas elecciones en EEUU.


La campaña de Hillary Clinton no ha desaprovechado la ocasión:

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