Por qué el duelo entre Rusia y Turquía nos afecta de lleno

ruso turco

No son enemigos, sólo rivales

Turquía y Rusia no están en guerra, pero hay una cosa que debemos tener clara. Ambos gobiernos apoyan a bandos diferentes en la guerra civil siria. No son aliados ni coinciden sus intereses estratégicos. Desde hace cuatro años, el objetivo de Erdogan ha sido acabar con el régimen de Asad. Un Gobierno islamista, la alternativa más probable pero no segura en ese caso, sería un aliado natural de Ankara e impediría cualquier ayuda a los kurdos de origen turco. Reforzaría el papel de Turquía como gendarme de la zona, lo que siempre es discutible dado que los turcos, como todos deberíamos saber, no son árabes.

Putin no va a permitir que el régimen sirio se venga abajo. Su preocupación no es el destino personal de Asad, sino contar con un aliado seguro en Oriente Medio, que le conceda un puerto seguro en el Mediterráneo y la consideración de Rusia como un país con el que hay que contar en los grandes conflictos de Oriente Medio. Una gran potencia no puede ser irrelevante en esa zona.

Turquía es un protagonista de la guerra

Turquía protege con celo su espacio aéreo. No se puede decir lo mismo de su espacio terrestre. En los últimos años los grupos insurgentes han utilizado las ciudades turcas cercanas a la frontera con Siria como base de operaciones. Por ahí han pasado la mayoría de los extranjeros que se han unido a las filas de la insurgencia siria. Esa es una zona que siempre ha estado muy controlada por el Ejército y los servicios de inteligencia del país. A lo largo de décadas, imperaba allí un régimen militar de facto. La autoridad que contaba era militar, no civil. A pesar de que todas las guerras generan situaciones caóticas e impredecibles en los países vecinos, Turquía no puede haber ignorado lo que ha sucedido en su territorio.

Las patrullas aéreas constantes son una forma de hacer ver a otros países implicados en la guerra que no se puede dejar fuera Turquía de cualquier solución o iniciativa diplomática o militar. Y en ese caso, Erdogan tendrá lista una larga lista de exigencias.

Rusia es un mal enemigo

Putin no olvida los desafíos a su poder, que es prácticamente absoluto dentro de sus fronteras. La posición legal de partida de Moscú es sólida. Ayuda a un Gobierno que le ha solicitado ayuda y ninguna resolución de la ONU le impide hacerlo. En términos que podría explicar Kissinger, no puede dejar que el final del conflicto sirio suponga una merma en su reputación. Su capacidad disuasoria ante enemigos actuales y potencias quedaría muy comprometida.

Eso mismo estará pensando Erdogan. Ahora que los rusos están atacando duro a los insurgentes, derribar un avión ruso es una buena muestra de que Turquía no los va a abandonar ni se acobardará ante el poder de Putin. La reputación, una vez más.

Putin no declarará la guerra a Turquía. Pero los desafíos a los grandes imperios nunca quedan sin respuesta. Hay otras formas de contraatacar y Moscú cuenta con varias opciones sobre la mesa. Puede redoblar sus ataques contra los grupos insurgentes apoyados directamente por Ankara, en especial aquellos que se han hecho fuertes en la zona norte del país tras tomar la provincia de Idlib y amenazar a la provincia de Latakia, donde está la actual base de operaciones rusa en Siria.

El suministro de gas ruso es fundamental para Turquía, pero cortarlo perjudicaría a ambos. Políticamente, es más sencillo, como se ha hecho, recomendar a los rusos que no viajen a ese país apelando a razones de seguridad. Por nacionalidades, los turistas rusos son el segundo cliente de Turquía, por detrás de los alemanes. Líneas aéreas y agencias turísticas rusas lo tendrán difícil para resistirse a las órdenes que reciban del Gobierno. Todos saben que negarse no es una actitud inteligente. La agencia RIA ya ha informado que hay un 20% de cancelación de billetes con destino a Turquía. Ese porcentaje aumentará.

Turquía y el desenlace libio

Erdogan lleva más de un año reclamando a EEUU la imposición de una zona de exclusión aérea en el norte de Siria. Pretende con ello eliminar la superioridad del Gobierno sirio en ese campo y crear una cadena de acontecimientos que acabe en un desenlace parecido al de Libia. Washington no ha dado ese paso porque teme eso mismo, una victoria de los insurgentes en la que no puede descartar que los vencedores sean grupos yihadistas tan enemigos de Occidente como de Asad.

Después de la intervención rusa, esa zona de exclusión es imposible. Rusia no lo permitiría ni en Siria ni en el Consejo de Seguridad de la ONU. Eso no quiere decir que Turquía vaya a abandonar esa idea. Más incidentes aéreos en la zona fronteriza es una forma de mantener abierta esa discusión.

La ficción europea

Mientras en Europa se habla de ISIS, los turcos siguen a lo suyo, y esta misma semana han atacado supuestas bases del PKK en Irak. Los kurdos, sean del PKK o su aliado sirio (las milicias de YPG) son un adversario motivado contra ISIS en Irak y Siria, pero las prioridades turcas son otras.

Agobiada por la amenaza de ISIS, Europa está inmersa en un debate sobre cómo acabar con ese grupo yihadista y su amenaza en las ciudades europeas. Si nos declaran la guerra, ¿cómo podemos negar que estamos en guerra?, dicen muchos comentaristas que pasan por razonables (el último, Iñaki Gabilondo). Pero es imposible hacer la guerra a ISIS sin lanzarse sobre territorio sirio, y eso nos devuelve a Irak en 2003, a lo que dejamos allí, que terminó convirtiéndose en la semilla de la que creció ISIS años después, y a la realidad que han construido líderes como Putin y Erdogan.

No controlamos los acontecimientos. Será mejor que seamos conscientes de eso antes de convocar a los perros de la guerra. Porque hay otros que se nos han adelantado mientras pensábamos que la fortaleza europea tenía los muros lo bastante altos como aislarnos por completo de lo que ocurriera en Siria.

Foto: un policía vigila la entrada de la embajada turca en Moscú.

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El odio a los musulmanes cotiza alto entre los republicanos

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¿Exagerada la viñeta? ¿Es paranoia o una mezcla de intolerancia y fanatismo? La derecha republicana ha reaccionado como un solo hombre ante los atentados de París y la crisis de refugiados sirios. Es como si intentaran por todos los medios que no llegue a EEUU un virus contagioso.

Su nivel de «terror» ante los musulmanes no se limita a los yihadistas armados. El candidato republicano a la presidencia y gobernador de New Jersey, Chris Christie, dijo la pasada semana que no permitiría la llegada de refugiados sirios al país ni aunque fueran «huérfanos de menos de cinco años», un colectivo muy susceptible a las acciones violentas.

La Cámara de Representantes votó por una amplia mayoría una norma por la que la acogida de refugiados sirios sería imposible. Obliga al director del FBI, al secretario de Seguridad Interior y al director de Inteligencia Nacional a confirmar que cada uno de esos refugiados no supone una amenaza. La medida irá ahora al Senado, donde quizá se apruebe una versión intermedia. La Casa Blanca ha prometido vetarla, pero si dos tercios de ambas cámaras la votan, el veto no surtirá efecto. La votación en la Cámara Baja se quedó a un solo voto de alcanzar ese nivel porque a los republicanos se unieron 47 demócratas.

Otro candidato republicano a la presidencia, el senador Ted Cruz, presentó una proposición de ley en su Cámara, cuyo objetivo es impedir la llegada de refugiados, salvo en «los casos más graves de persecución». Está claro que huir de una guerra no es motivo suficiente para conceder asilo, según Cruz. Con la intención de dejar claras sus intenciones, llamó a su proyecto «Terrorist Refugee Infiltration Prevention Act».

En los últimos tres años, EEUU ha acogido sólo a 1.854 personas procedentes de Siria. Obama está dispuesto a subir esa cifra hasta 10.000. Los refugiados en países vecinos a Siria son más de cuatro millones.

En las primarias republicanas, es complicado establecer un nivel medio de cordura que responda a ese nombre, y si lo consigues Donald Trump siempre rompe la estadística. Sin ser ni siquiera consciente de las implicaciones, dijo que estaría a favor de un registro nacional para fichar a todos los musulmanes residentes en EEUU, sin concretar ni hablar de brazaletes o estrellas amarillas o de otro color. Luego, quiso escaparse y afirmar que todo se reducía a una pregunta capciosa de un periodista (los republicanos siempre echan la culpa de todo a los medios), pero después tuvo la oportunidad de referirse al asunto con tranquilidad en una entrevista del domingo.

En primer lugar, le preguntan si descarta un registro de los musulmanes. Él dice que para nada, pero pasa a centrarse en los refugiados (eso de cambiar de tema en la segunda frase es un truco habitual en los políticos que ya hemos visto mucho en España): «Cuando los refugiados sirios van a empezar a llegar en masa a este país, no sabemos si son del ISIS, no sabemos si son un caballo de Troya».

Por lo demás, todos los solicitantes de asilo político en EEUU o en países europeos ya figuran en un registro. No entran por la frontera, y les dan los buenos días y un folleto turístico con los mejores lugares para visitar.

Quien piense que las palabras de Trump no son para tanto debería fijarse en otro momento de esa entrevista, cuando da pábulo a algo que ni siquiera llega a la categoría de teoría de la conspiración, sino que es simplemente mentira. Y es significativo, porque es algo que dice haber visto.

El día anterior en un mitin Trump habló de la reacción de los musulmanes norteamericanos en el 11S.

«Hey, lo vi cuando cayó el World Trade Center. Lo vi en Jersey City, New Jersey, donde miles y miles de personas celebraron que el edificio hubiera caído. Miles de personas lo estaban celebrando. Por tanto, algo está pasando. Tenemos que saber el qué».

En la entrevista, George Stephanopulos le preguntó por esas palabras:

–La policía dijo que eso no había ocurrido, aunque ha habido rumores sobre eso en Internet. Por tanto, ¿se equivocó ayer?

–Sí ocurrió. Yo lo vi.

–¿Vio qué?

–¿Lo vi en televisión. Lo vi.

–¿Con sus propios ojos?

–George, eso sí ocurrió.

–La policía dice que no ocurrió.

–Había gente que estaba celebrándolo en el otro lado de New Jersey, donde hay una gran población árabe. Estaban celebrando cuando cayó el World Trade Center. Sé que quizá no sea políticamente correcto que hables de eso, pero había gente celebrando cuando cayeron los edificios, y eso ya te dice algo. Eso apareció en los medios en su momento, George. Ya saben que no quieren que se hable de ello, pero salió en los medios. Había gente en New Jersey viéndolo, una población con muchos árabes y estaban celebrando cuando cayeron los edificios. Y eso no está bien.»

En la última encuesta conocida, de The Washington Post y ABC, Trump está en primera posición con el 32%, diez puntos más que el segundo, Ben Carson, y 21 puntos más que el tercero, Marco Rubio.

Así que tenemos a los republicanos intentando en el Congreso prohibir en la práctica que los refugiados sirios lleguen a EEUU, al candidato Cruz presentando un proyecto de ley que los equipara con los terroristas, al candidato Carson diciendo que ante la duda hay que tratarlos como si fueran perros enfermos de rabia, y al candidato Trump, que va claramente por delante en todos los sondeos, enarbolando una historia falsa para criminalizar a todos los musulmanes.

Realmente, lo único que falta en esta historia sobre los republicanos después del atentado de París son los campos de internamiento de extranjeros con alambradas de espino y torretas de vigilancia.


Corrección: había escrito que la viñeta es de xkcd y NO lo es.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

David Bowie ha vuelto y no se conformaba con un simple videoclip.

–A Peter Sellers no le gustó nada ‘La naranja mecánica’.
–Las películas de Philip Seymour Hoffman en plan ranking.
–El director de la serie ‘Hannibal’ y un anuncio de PETA.
–El recuento de cadáveres de Luke Skywalker.
–Todo lo que estaba mal en ‘Jurassic World’ (spoilers).
Mujeres de Hollywood contra el sexismo.
–Un mensaje de Stephen Colbert a los franceses.
–Los trapos sucios de Facebook.
–Hablando con norcoreanos.
–El imperio caníbal de Zara.
China desde el cielo.
–Los últimos días de los samuráis.

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Una entrevista en Menéame

Como parte de la sección ‘Pregúntame’, estuve charlando el viernes con los lectores de Menéame. Aquí está la transcripción entera, incluidas las respuestas que terminé el viernes por la noche.

Unas pocas respuestas. Aquí preguntan por qué ISIS no ha atacado a Israel y Arabia Saudí:

«El hecho de que un grupo como ISIS tenga presencia en varios países no significa que sea omnipotente. De entrada, hay que considerar que ISIS ha tenido hasta ahora una prioridad: constituir un «califato» en un territorio concreto sobre el que instaurar una autoridad política y religiosa. Ese territorio está en Siria e Irak. Ampliar ese territorio en esos países reforzaría su legitimidad a ojos de sus seguidores actuales o futuros. En otros países su opción es desestabilizarlos con ataques violentos en una estrategia que ya realizó Al Qaeda.

Isis no controla ningún territorio desde el que pueda atacar Israel. Los seguidores que pueda tener en Gaza estarán vigilados por el Gobierno de Hamás. En la zona sur de Siria, hay presencia insurgente muy cerca de Israel, pero corresponde a otros grupos como el Frente Al Nusra.

Como Al Qaeda, no me extrañaría que terminara atacando a Arabia Saudí, pero su prioridad ahora son las guerras de Siria e Irak, y a partir de ahí lo que ocurra en países limítrofes».

Sobre teorías de la conspiración:

«Hay pocos sitios en el mundo con más teorías de la conspiración que Oriente Medio. No es raro porque esas teorías crecen sobre todo cuando falta información o hay demasiada confusión. Yo suelo decir en plan de coña que no hay tantas conspiraciones: nos están jodiendo a plena luz del día.

Conspiraciones ha habido siempre. Si son de verdad, como la del golfo de Tonkin, no se conocen en tiempo real.

Lo de las ‘falsas banderas’ se ha convertido en un semáforo para detectar farsantes, sobre todo después de la invasión de Irak en 2003. Todo transcurrió delante de nuestros ojos, desde mediados de 2002 se vio claro que iban a invadir, hubo conspiraciones, sin duda, pero la base de la noticia la teníamos delante. La justificación de la guerra no se hizo con complejas conspiraciones, sino con los trucos sucios de la propaganda de toda la vida.

Como regla, cuanto más compleja sea una conspiración, más gente necesite para ejecutarse, más fácil es que sea una invención. Excepto en el cine».

Sobre el nombre del blog:

«El título del blog se refiere al estado de guerra permanente que la Administración de Bush inauguró con su definición de «guerra contra el terrorismo» (originalmente el blog se llamaba Guerra Eterna en Oriente Medio). Garantizaba que nunca habría final a esa guerra porque siempre habrá terrorismo, siempre habrá terror en las guerras. El terrorismo no es un enemigo concreto. Es un instrumento de la guerra (como la artillería o la infantería) que se ha utilizado siempre en todos los conflictos bélicos en mayor o menor medida.

Como decían en The Wire, a cuenta de la guerra contra las drogas: no, eso no es una guerra, porque las guerras acaban. Bueno, la «guerra contra el terrorismo», no».

Sobre ISIS y Al Qaeda:

«En Siria, ISIS y Al Qaeda (es decir, el Frente Al Nusra) han colaborado en algunas operaciones militares, pero también han combatido entre sí. ISIS ha eliminado a algunos dirigentes de Al Nusra, y luego hay otros dirigentes de Al Nusra que son indistinguibles ideológicamente de ISIS.

En una guerra como la de Siria no son tan importantes los aspectos doctrinales como la lucha por el poder. ISIS instauró un califato, lo que en teoría obligaría a otros grupos insurgentes a someterse a ISIS y cumplir sus órdenes. Evidentemente, los de Al Nusra, que además no creen que este sea el momento de declarar un califato cuando esa era una opción que tuvo Bin Laden y que descartó, creen que ellos son los que deberían dirigir la insurgencia».

 

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García Albiol, xenófobo, ignorante y peligroso

Era extraño que Xavier García Albiol desaprovechara los atentados de París para insistir en las ideas que le llevaron a la alcaldía de Badalona y que había dejado en segundo plano cuando fue elegido líder del PP catalán. 129 cadáveres pueden formar una materia prima muy moldeable para extender ideas xenófobas. Ahora que se habla mucho de unidad de los partidos ante el terrorismo, conviene apuntar que eso tiene un precio, el de tener como compañeros de viaje a gente como Albiol y su intento de criminalizar a los extranjeros de religión islámica o tez más oscura.

Albiol escribe en un breve texto que «uno de los principales problemas que tiene Europa y Occidente es el MULTICULTURALISMO» (en mayúsculas en el original). «Una sociedad multicultural es garantía de guetos, inadaptación y conflictos», dice después.

Continúa en Zona Crítica.

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No, no es una guerra (y no necesitamos un George Bush francés)

François Hollande ha declarado a la guerra a ISIS y como presidente tiene la capacidad de arrastrar a todo su país con ella. «Nuestro enemigo en Siria es Daesh (ISIS). No se trata de contener, sino de destruir esa organización». Con estas dos frases, el presidente francés se aleja de Barack Obama y su política de implicarse sólo lo imprescindible en la guerra siria, y se acerca al discurso de Bashar Asad, que quiere que Europa que se lance sobre los grupos yihadistas, aunque sea su Gobierno el principal beneficiado.

¿Tiene razón Hollande? ¿Es responsabilidad de los países asumir la eliminación contra ISIS como un objetivo prioritario? Estas son algunas de las razones por las que hay que decir que no.

Continúa en Zona Crítica.

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Siete preguntas incómodas sobre ISIS y las guerras contra el terrorismo

isis

¿Es el terrorismo yihadista el más peligroso?

Sí, para los musulmanes. Hace unos días, ISIS asesinó a 37 civiles en Beirut en una zona habitada en su mayoría por chiíes. En nuestros países, nadie puso en circulación hashtags o campañas de homenaje. Incluso muchos medios titularon que el atentado se había producido en una «zona controlada por Hizbolá». No se hacen hashtags por Hizbolá.

En las guerras de Irak y Siria decenas o centenares de miles de musulmanes han muerto en esas guerras civiles cuyo punto de arranque fue la invasión norteamericana de Irak. No lo olvidemos. El derrocamiento de Sadam Hussein tenía como objetivo no ya acabar con una dictadura, sino rediseñar las fronteras políticas de Oriente Medio e iniciar una nueva era. «Seremos recibidos como libertadores», dijo Cheney en marzo de 2003.

Fue uno de los grandes errores históricos de siempre, a la altura de la invasión soviética de Afganistán o la decisión de Hitler de lanzarse sobre la URSS. Reforzó a Irán al llevar a sus aliados al poder en Bagdad y alentó una paranoia creciente en los regímenes suníes sobre el creciente poder de los chiíes. La campaña de bombardeos saudíes en Yemen debe mucho, casi todo, a esa confrontación que se repite con distintas formas en varios puntos de Oriente Medio y ha creado suficientes monstruos como para que nos atormenten durante años. Siempre estamos a tiempo de crear más.

¿Es ISIS, como antes Al Qaeda, un amenaza real e inminente para los habitantes de Europa y EEUU?

La horrible carnicería de París nos lleva a pensar que el terror tiene en este planeta la forma de un joven musulmán fanático que hará lo que sea para matar a un europeo o norteamericano. La realidad indica que eso no es cierto. En EEUU, es más fácil acabar tiroteado por un compatriota.

Pero hay muertes que no exigen lanzar una guerra universal.

Evidentemente, si el que comete una matanza es un ultra cristiano, no hay que profundizar demasiado. Es sólo un loco. Su odio no representa a nadie y aquí no hay nada más que ver.

¿Nos enfrentamos a una guerra que hay que afrontar como tal y sin contemplaciones?

Ese es el punto de vista de los halcones y de los que piensan que no hay problema estratégico que no se pueda solucionar matando gente. Son los que creen que cada año nos enfrentamos al dilema de Neville Chamberlain y que ignoramos que siempre hay que luchar contra el mal absoluto con las armas en la mano.

Desde 2001, los países occidentales han invadido Afganistán e Irak. Han lanzando sus drones sobre Pakistán, Yemen y Somalia en una campaña permanente que nunca tendrá fin. Han impuesto en Libia una zona de exclusión aérea que propició el derrocamiento de Gadafi. Han tolerado la invasión saudí de Yemen. Han reconstruido ejércitos como el iraquí que se han revelado como una banda mediocre y corrompida. Han anunciado que el régimen sirio debía desaparecer, ayudado a algunos grupos insurgentes y tolerado que saudíes y turcos armen a los más peligrosos de los enemigos de Asad. Han lanzado una campaña de bombardeos contra ISIS que lleva ya 8.125 ataques aéreos hasta el 12 de noviembre (con un coste de 5.000 millones de dólares, una media de 11 millones diarios), a la que ahora se ha sumado Rusia.

No parece que en catorce años la ideología oficial de Occidente haya sido el pacifismo. Sarkozy ha dicho que «nada puede ser como antes, debe ser una guerra total». Entonces, ¿cómo definiría lo que ya ha ocurrido desde 2001?

¿Es una guerra contra el Islam en la que todos los musulmanes son sospechosos?

Nada gustaría más a los yihadistas que se extendiera esa idea en Europa. No hay que negar que muchos europeos piensan así, de lo contrario Marine Le Pen no insistiría tanto en ello. Para ISIS, sí es una guerra de civilizaciones frente al Occidente de los «cruzados» en la que pretenden reclutar a los musulmanes para convencerles de que la «yihad» que les exige su religión no consiste en esforzarse en vivir bajo sus preceptos, sino embarcarse en una guerra permanente contra los infieles.

Precisamente, eso es lo que sostenía una y otra vez Al Qaeda. Pensemos en todos los artículos tras el 11S que nos alertaban de que la organización de Bin Laden pretendía llevar el Islam al corazón de Europa, recuperar «Al Andalus» y sus glorias del pasado. Era la guerra definitiva en la que la típica pusilanimidad europea hacía prever un futuro oscuro.

Nada de eso ocurrió. No hubo ningún Al Andalus yihadista. Los musulmanes de Francia, Reino Unido y España no se rebelaron contra sus amos paganos. Bin Laden acabó escondido en un chalé viendo cintas de vídeo, fue eliminado a sangre fría y su cuerpo, tirado al mar. Su organización en Irak fue aniquilada (aunque resucitaría con otro nombre, el de ISIS, gracias a ese Estado fallido que es Irak y a la guerra siria).

Hay otra forma de ver lo que Bin Laden consiguió por si nos da alguna pista sobre lo que pasará con ISIS. En una época en la que a los líderes europeos les cuesta dejar su huella, podríamos preguntar si no es cierto que Bin Laden tendría razones, si siguiera vivo, para presumir de sus logros.

En cierto modo, esa guerra permanente ha tenido en Occidente un precio terrible en términos políticos, económicos y morales. Nuestros inmaculados valores se defendieron en la prisión de Abú Ghraib desnudando a los presos y colocándoles una correa en el cuello; en Haditha, Irak, asesinando a sangre fría a hombres, mujeres y niños; y en las prisiones ocultas de la CIA aplicando el ‘waterboarding’ a los sospechosos de terrorismo.

Me pregunto de dónde sacarán algunos que la prosperidad de Occidente nos ha vuelto blandos.

¿Cómo se alimenta la base ideológica del yihadismo?

La superioridad racista y xenófoba que sienten los yihadistas tiene uno de sus principales orígenes contemporáneos en el wahabismo saudí. A partir de aquí, no es necesario escribir más. En estos momentos tan dolorosos sería de mal gusto destacar que los valores republicanos franceses tienen un precio, eso sí, muy alto. Francia venderá a Riad todas las armas que necesite, por ejemplo para sostener futuras guerras como la actual de Yemen. Quizá esas armas vuelvan para despertarnos de nuestros sueños dentro de unos años, aunque habrá quien diga que somos inocentes. Lo nuestro sólo eran negocios.

¿Existe una amenaza interior en Occidente, una quinta columna yihadista?

Si fuera así, hace tiempo que atentados como los de Madrid, Londres y París se habrían repetido con una frecuencia insoportable. Pero es cierto que Francia tiene un grave problema. Cualquiera que conozca Londres y París conoce las diferencias entre ambas ciudades, sabe que en la capital francesa una generación de jóvenes, hijos y nietos de inmigrantes, ha crecido en su rechazo al Estado y el odio al único organismo público con el que tienen relación, la Policía. No conocen nada de la égalité y fraternité que aparecen en las grandes declaraciones de los políticos. 

Los poderes públicos sí hacen promesas, muchas, sobre la necesidad de que el Estado no abandone a las banlieues. Diez años después de los disturbios de 2005, «nada ha cambiado».

Muchos de esos jóvenes se conforman con una cierta violencia de baja intensidad con la que responder a las injusticias, sean reales o exageradas. Algunos pueden ir más lejos y el Estado empieza a temer que sean demasiados como para controlarlos.

¿Significan los atentados de París que ISIS está más fuerte que nunca?

En los últimos días, los yihadistas han sufrido claras derrotas en la guerra siria. Una, ante los kurdos de las milicias del YPG, con el apoyo norteamericano, en la localidad de Sinjar, y la segunda en la provincia de Alepo, donde el Ejército ha levantado el sitio de la base de Kuweiris.

No está más fuerte que hace seis meses. No tiene ninguna posibilidad de avanzar hacia Damasco, mucho menos con el apoyo aéreo ruso a Asad. EEUU está aumentando sus suministros a los kurdos, su única manera de debilitar a ISIS sin fortalecer al mismo tiempo a Al Qaeda o Asad.

Pero hay que aceptar que mientras haya una guerra en Siria y el Estado iraquí sea incapaz de controlar su territorio, ISIS seguirá existiendo.

Cabe una posibilidad muy preocupante, que los yihadistas decidan que su «califato» no verá aumentar el territorio que controlan en Siria, y que su próximo campo de batalla está en Europa. Que quieran emular a la Al Qaeda de Bin Laden y su proyecto de atacar al «enemigo lejano». Causarán mucho dolor, pero correrán el mismo destino.

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Crónica de un reportero

Juan Gómez fue corresponsal de El País en Berlín y Jerusalén. Dejó el periódico no mucho tiempo después de iniciar su trabajo en Jerusalén. Ahora se ha decidido a contar algunas cosas después de la airada reacción del periódico por un artículo publicado por The New York Times. Para los que no lo sepan, Antonio Caño es el director de El País y David Alandete, su director adjunto.

Evidentemente, cuando un director se cree mucho más al portavoz de un Ejército que al periodista que envió a ese país, el periodismo salta por la ventana y lo que queda dentro no tiene un aspecto muy edificante. Es otra cosa, lo que sea, pero no es periodismo.

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No cuesta mucho que te llamen nazi en Israel

Después de muchos años de retraso, la Comisión Europea se ha decidido a tomar la medida de exigir que los productos procedentes de los asentamientos israelíes en Cisjordania se vendan en la UE con una etiqueta que identifique su origen. La orden se aplica también a los Altos del Golán. En la base de la decisión está el hecho de que la UE no reconoce los territorios ocupados en la guerra de 1967 como pertenecientes al Estado israelí. Es también una forma de presión política sobre el Gobierno de Netanyahu para reafirmar la idea de que esas zonas tendrían que ser la base de un futuro Estado palestino, por más que las posibilidades de que eso ocurra en un futuro cercano son prácticamente nulas.

La reacción furibunda en el Gobierno israelí era previsible. El impacto económico no será muy alto, como se ha visto en tres países en donde ya existe esa orden, pero ese no es el tema que preocupa a Netanyahu y sus partidarios. Su política, como quedó clara en la última campaña electoral, es hacer imposible la idea de un Estado palestino. La decisión de la UE, por pequeña que sea, resta legitimidad a esa política. En Israel temen que el rechazo o incluso el boicot termine alcanzando a aquellas empresas israelíes que operan con toda normalidad en Cisjordania. Pero por encima de todo reside la convicción entre la mayoría de los políticos del país de que el territorio palestino, que ellos llaman Judea y Samaria, les pertenece a ellos por derecho divino o por la fuerza de las armas, o por ambas cosas.

¿Y qué es lo que destaca The New York Times al respecto?

Varios políticos israelíes han dicho que esta decisión fomenta el terrorismo. Las declaraciones más intensas que el NYT ha recogido y que supuestamente justifican el titular en Twitter se remontan a los nazis, como era de esperar. El periódico cita la frase del exministro Avigdor Lieberman: «Cada vez que los europeos marcan a los judíos con una señal es una muestra de que el antisemitismo, la locura y la hipocresía se han apoderado del mundo libre y que lo llevarán al desastre».

Michael Oren, historiador, diputado del partido Kulanu y exembajador de Israel en EEUU, comentó la noticia colocando en Facebook esta foto con un breve texto:

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«De las más de 200 disputas territoriales en el mundo, la Unión Europea ha elegido la disputa territorial de Israel con los palestinos y Siria para (aplicar) un tratamiento especial. La decisión de la UE ignora la negativa de los palestinos a negociar con nosotros y el hecho de que Siria ya no existe. El objetivo es simplemente deslegitimar a los judíos. Y no será la primera vez, como recuerda la imagen que he adjuntado».

Así que si la UE acepta que se vendan en Europa los productos, en su mayoría agrícolas, que provienen de los asentamientos –sobre tierra arrebatada a los palestinos– pero deben hacerlo con un etiquetado que revele su origen, eso es exactamente lo mismo que cuando los nazis pintaban estrellas de David en las tiendas de los judíos para que fueran acosados, marginados y en última instancia eliminados.

Y a eso se reduce todo. Los que están en contra de que Israel siga colonizando los territorios palestinos son unos nazis. Los que no aceptan que Israel arrebate la tierra de los palestinos para ampliar sus asentamientos son unos nazis. Los que rechazan que los palestinos vivan enjaulados sin derechos y sometidos a un gobierno militar son unos nazis. Los que se oponen a que los palestinos sean detenidos sin derecho a juicio son unos nazis.

El mundo está lleno de nazis o la palabra ha perdido ya todo valor en Israel.

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Damasco comienza a rentabilizar el apoyo ruso

Los insurgentes están muy cerca de la ciudad costera de Latakia (mapa de las provincias de Latakia e Idlib)), considerada un baluarte del Gobierno de Asad. Tan cerca como para haberla atacado el martes con un brutal resultado para la población civil. Dos ataques sobre su zona residencial, incluida una universidad, con cohetes o morteros, probablemente lo segundo, han matado a 23 personas y herido a 40.

No es el primer bombardeo o atentado con coche bomba que sufre la ciudad, pero no son muy frecuentes y cada uno que se produce supone un duro golpe para la capacidad del régimen de mantener a salvo a sus partidarios. Y una de sus principales fuentes de legitimidad es dejar claro que, a pesar de toda la destrucción sufrida por el país, los insurgentes no pueden ganar.

La ofensiva aérea de Rusia tenía como uno de sus principales objetivos liberar la presión sobre las zonas ya controladas por el Gobierno. La principal base aérea rusa se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad de Latakia. Ha habido varios ataques de la aviación rusa en puntos de la provincia de Latakia en los que existe presencia insurgente. La consecuencia que hay que sacar no es que esos bombardeos rusos son irrelevantes o fallidos, sino que las guerras no se ganan desde el aire si el enemigo está bien posicionado sobre el terreno.

La situación será diferente si los insurgentes se ven rodeados en la zona norte del país. Cuando tomaron la ciudad de Idlib (mapa), y luego el resto de la provincia de ese nombre, demostraron lo cerca que estaban de la costa y del eje que va desde Alepo, más al norte, a Damasco, que es la columna vertebral del Gobierno al ser la zona más poblada del país. Y ahí es donde son relevantes dos noticias de esta semana. El Ejército parece haber entrado en contacto con la base de Kuwairis, al este de Alepo, que ha estado sitiada por las fuerzas de ISIS durante los últimos dos años. A eso hay que unir la noticia de hace unos días, según la cual las fuerzas gubernamentales han conseguido controlar la carretera que parte de Alepo hacia el sur, lo que le permitiría asegurar el suministro a las zonas de la ciudad en su poder.

La información sobre la base de Kuwairis procede de medios gubernamentales, pero ha sido confirmada por un reportero de AFP. Sería una de las mayores victorias del Gobierno en el último año. En el caso de que consoliden el control de la zona –es habitual que las zonas más disputadas cambien de amo en cuestión de pocas semanas–, podrían utilizar esa base para su uso por los aviones rusos. No es una cuestión de distancias porque desde Latakia esos aviones pueden llegar a cualquier zona del país, pero sí de tiempo. En las próximas semanas o meses, podrían plantearse recuperar todo el control de la ciudad de Alepo y acabar con el objetivo de varios grupos insurgentes de avanzar hacia el sur y ocupar la ciudad de Hama. Eso es algo que los aviones rusos no permitirán que ocurra.

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