Dos holandeses cogen una Biblia, le quitan las tapas y le ponen otras que indican que se trata del Corán. Salen a la calle y leen a la gente algunas de las frases más terribles que encuentran. Veamos las reacciones de esas personas antes y después de enterarse del truco.
Y un mapa para cuestionar algunos mensajes políticos sobre las amenazas que se ciernen sobre los ciudadanos de EEUU.
Scary map of all Islamic terror attacks in US.
Just kidding, its just all mass shootings since Sandy Hook
#gunsensepic.twitter.com/uIXhKpDkH8
Ningún político se ha arruinado a lo largo de la historia del Reino Unido invirtiendo en la guerra. Los grandes discursos en la Cámara de los Comunes incluyen numerosos ejemplos de alegatos en favor de la guerra para proteger los intereses del Reino Unido –durante siglos con la intención de mantener el control de las colonias– o para defenderse de una agresión exterior.
En el pleno que aprobó el miércoles la intervención militar en Siria, el diputado laborista Hilary Benn, que además es quien lleva la cartera de Exteriores en el ‘Gobierno en la sombra’ que dirige Jeremy Corbyn, dio un discurso a favor de autorizar la extensión a Siria de los ataques contra ISIS que la Fuerza Aérea británica ya realiza en Irak.
Fue un discurso brillante, pronunciado con convicción, aplaudido por todos los tories y por unos cuantos laboristas.
El final fue la parte más contundente y citada en los medios. «¿Qué sabemos de los fascistas? Que deben ser derrotados», dijo antes de referirse a la guerra civil española y a la IIGM. «Socialistas, sindicalistas y otros se unieron a las Brigadas Internacionales en los años 30 para luchar contra Franco». Y luego siguió con la referencia inevitable a Hitler.
Antes de eso, tuvo la oportunidad de distorsionar o exagerar algunos hechos. Citó la resolución 2249 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada por unanimidad, que ordena que se tomen «todas las medidas necesarias» para impedir y acabar con los actos terroristas de ISIS en Siria e Irak. Desde antes de la invasión de Irak, sabemos que esa expresión se utiliza para justificar el uso de la fuerza, aunque la 2249 no invoca de forma específica el capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, que autoriza el uso de fuerzas militares. Pero la expresión citada le sirve a Benn, como antes a Blair, para afirmar que la ONU reclama una medida como la apoyada por el Parlamento británico.
Hilary Benn se refirió a las conversaciones recientes de Viena en las que dijo que había habido «algunos progresos» para encontrar una salida política a la guerra siria y conseguir un Gobierno de transición y la vuelta a casa de millones de refugiados. Llamar a ese análisis demasiado optimista es quedarse muy corto.
El diputado laborista recordó algunos de los crímenes más atroces cometidos por los yihadistas, todos muy reales, y dijo sobre la efectividad de una campaña aérea que puede servir para «dificultar la expansión del territorio» controlado por ISIS, lo que es cierto.
Su discurso fue vitoreado al día siguiente por la prensa conservadora, que lo contraponía a la intervención pacifista de Corbyn. Además, había un detalle personal relevante. Benn es hijo de Tony Benn, una leyenda del ala izquierda de los laboristas en los años 70 y 80, que en 2003 dio un muy recordado discurso contra los planes de Blair de apoyar la invasión norteamericana de Irak.
Wise words, as relevant now as they were then. I will be voting against air strikes in Syria tonight. #syriavotehttps://t.co/Fq5hjdhLSM
Detrás de Tony Benn, se puede ver con chaqueta granate a Jeremy Corbyn.
Otra razón por la que Benn fue tan elogiado viene del hecho de que en el Reino Unido las llamadas a la guerra se consideran por la élite política y periodística como el sello inconfundible de un estadista, de un líder. Y en la situación actual es una forma de decir que debería ser alguien como Benn, dispuesto a suscribir la llamada del Gobierno a las armas, quien debería dirigir a los laboristas, y no Corbyn.
¿Pero no debería un líder contar a los ciudadanos cuáles son los principales obstáculos si se aplica esa medida, las posibilidades de éxito y los antecedentes históricos y recientes que permiten asumir esos riesgos o el precio que se puede pagar? Si estamos ante una situación de emergencia nacional en la que la seguridad de los británicos está en peligro («clear and present danger», dijo Benn), ¿cómo es posible que todo se solucione enviando un puñado de aviones para hacer lo mismo que la Fuerza Aérea de EEUU lleva haciendo un año sin obtener una derrota clara de ISIS?
¿No es necesario hacer una revisión de la implicación británica en las guerras de Irak y Afganistán en los últimos 14 años? ¿Por qué Benn y otros como él deciden olvidar cómo concluyeron ambas operaciones, con el destacamento británico recluido en la base del aeropuerto de Basora sin ninguna incidencia no ya en la situación de Irak, sino en la de la ciudad que tenían a escasos kilómetros? ¿O el fracaso del despliegue en la provincia afgana de Helmand, que terminaron asumiendo los norteamericanos porque los británicos no tenían ninguna posibilidad de pacificar una de las zonas más peligrosas del país?
Discursos como el de Benn ignoran el pasado más reciente y se limitan a realizar la llamada patriótica a la movilización a la que estamos acostumbrados. Máxima urgencia, peligro inminente, responsabilidad moral… (esa es la palabra que utilizó Benn), y todo se reduce a enviar aviones para matar gente, y desde luego se tomarán las precauciones necesarias para no bombardear civiles, y cuando ocurra se dirá que fue un accidente que todos lamentamos.
Alguien recordaba en Twitter un libro publicado hace unos pocos años por Mark Curtis y titulado: ‘Secret Affairs: Britain’s collusion with radical Islam’. Curtis explica cómo los gobiernos británicos, tanto conservadores como laboristas, han llegado a acuerdos durante décadas con las fuerzas de lo que podríamos llamar el Islam radical con el fin de favorecer sus intereses en Oriente Medio. Décadas atrás, esos pactos o componendas permitieron frenar el nacionalismo árabe, en especial a Nasser en Egipto, que amenazaba la influencia occidental en la zona. También en el caso del golpe en Irán que acabó con el nacionalista Mossadeq. En algunos casos, ese apoyo se traducía en dinero y entrenamiento militar a grupos terroristas.
Esa alianza de facto continuó en los 80 con el apoyo conocido, junto a EEUU, a los muyahidines afganos en su lucha contra el invasor soviético y con el fortalecimiento de los regímenes militares de Pakistán y de ISI (el servicio de inteligencia de ese país).
Pero además en fechas más recientes esa política ha continuado. En primer lugar y ya desde hace tiempo, con las relaciones preferentes con los dos países que más han promocionado los valores y objetivos políticos concretos del Islam radical, Arabia Saudí y Pakistán. En el plano interno, con acuerdos con grupos yihadistas que encontraron refugio en Londres y que eran útiles para dos cosas: impedir que se cometieran atentados terroristas en suelo británico y atacar a gobiernos enemigos en función de las circunstancias. Libia es un ejemplo reciente, pero no será el último.
Curtis recuerda en el prólogo del libro que todos estos grupos no son «creaciones» de los servicios de inteligencia occidentales, porque eso supondría exagerar hasta el límite de la conspiración la influencia de Washington y Londres en Asia Central y Oriente Medio. Pero no impide afirmar que esos pactos han existido «para mantener el poder de influencia de Gran Bretaña en el mundo, al ser incapaz de imponer su voluntad por sí sola y al carecer de otros aliados locales» (en esas zonas del mundo).
Pero en discursos como el de Hilary Benn y de los líderes británicos que apoyan la intervención en Siria, la historia no existe y siempre se empieza de cero en la lucha con los fanáticos. No otra cosa es la apelación constante a esa amenaza con esta frase: «Nos odian por lo que somos, no por lo que hacemos». No es completamente falsa, pero tampoco es cierto. Lo más importante para los políticos es que sirve para obviar cualquier responsabilidad propia. Para decir que esta vez será diferente. Para vender los objetivos políticos del Partido de la Guerra.
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En estos tuits, aparecen destacadas algunas de las ideas del libro de Curtis: Sigue leyendo →
La diferencia está clara. En el cartel oficial, aparece un actor negro en una posición importante, digamos que es el tercero. A la derecha, en el cartel chino ha quedado reducido de tamaño y en una posición inferior. Hasta el R2D2 versión balón de fútbol ocupa más espacio. Igual es que el robot tiene mejores frases en el guión.
La cadena pública Russia Today ha sacado este vídeo para celebrar su 10º aniversario. Dentro de 20 años, Obama y Kerry serán dos ancianos en las últimas, Edward Snowden será presidente de EEUU y RT habrá cumplido 30 años en antena.
La función de este canal es de servir de altavoz propagandístico del Kremlin en el exterior (pensemos en una TVE con esteroides) y de contrapeso de la influencia de las cadenas y agencias norteamericanas y británicas. Y también hay que reconocerle una capacidad de trolear a EEUU bastante notable.
El Gobierno ha ganado la votación. 397 votos a favor, 223 en contra. Una mayoría de 174 diputados. A esta hora es difícil saber el número exacto de laboristas que han votado con el Gobierno, y por tanto contra la posición mantenida por Corbyn. Han sido probablemente algo más de 60. Según un periodista de The Guardian, un diputado laborista le ha dicho que han sido 67.
23.20
Hilary Benn es diputado laborista y lleva la cartera de Exteriores en el ‘Gobierno en la sombra’ de Jeremy Corbyn. Se sabía que discrepaba claramente con Corbyn en este asunto. Su voto a favor de la intervención militar no era una sorpresa. Ha dado un discurso en el pleno con tanta pasión que ha recibido una gran ovación, no ya de algunos diputados de su partido, sino de la mayoría de los tories. Aquí hay un breve fragmento.
23.15
Antes de la votación de la proposición del Gobierno, se ha votado una enmienda contra los bombardeos. Ha sido rechazada por 390 votos frente a 211. Un indicio claro de que la intervención militar será aprobada por una clara mayoría.
22.30
Jeremy Corbyn ha respondido con un breve texto a los numerosos ataques que han recibido los diputados laboristas que se han manifestado a favor de la intervención en Siria: «Quiero dejar algo muy claro. No hay lugar en el Partido Laborista y entre aquellos que nos apoyan para los abusos de ningún tipo, desde cualquier lado del debate. Va en contra de todo lo que creemos y todo lo que apoyamos».
Corbyn ya tuvo que salir el día en que fue elegido para manifestar su rechazo a los ataques que estaban sufriendo en Internet todos aquellos militantes laboristas que apoyaban a sus rivales en las primarias.
I've received reports of abuse of Labour Party members & MPs. This flies in the face of everything I believe pic.twitter.com/VQdCEIs07t
La viñeta de Peter Brookes, de The Times, ha circulado mucho estos días. ¿Puede compararse la aplicación de la pena de muerte por un Estado con las ejecuciones de un grupo insurgente que utiliza el terror para controlar a la población civil?
Muchos países, cada vez menos, cuentan con la pena capital en su sistema de justicia. ¿En qué se distingue Arabia Saudí? En primer lugar, por la forma de aplicar las sentencias. La decapitación por espada en un lugar público es el sistema elegido. La realiza un verdugo profesional, lo que no siempre garantiza la muerte por un solo tajo. ISIS –y también en algunas ocasiones el Frente Al Nusra– emplea el mismo método. Su estilo es más bárbaro, pero la intención es la misma que en Arabia Saudí: cortar de raíz cualquier desviación de las conductas sociales impuestas y de su interpretación del Islam. También se lleva a cabo en un lugar público para que sirva de aviso terrorífico al resto de la población.
¿Qué delitos se castigan con la muerte? En la justicia saudí, por ejemplo, el adulterio, la traición, las relaciones sexuales entre homosexuales, el tráfico de drogas, la apostasía o la «brujería» (sic) pueden acabar con el reo en el patíbulo. Todas esas transgresiones suponen el mismo destino en el territorio controlado por ISIS.
Un Estado siempre garantiza más derechos a un acusado que un grupo terrorista. Pero en el sistema saudí las organizaciones de derechos humanos han denunciado en numerosas ocasiones que los enjuiciados carecen de los derechos más elementales tanto en la investigación del delito como en la celebración de la vista. Tienen limitado el derecho a presentar testigos en su favor y el tribunal tiende a suscribir por defecto el criterio del fiscal. Cuando el acusado es un trabajador inmigrante, sus esperanzas de salir indemne son escasas, en especial si no habla árabe y no le traducen los procedimientos judiciales.
El aumento del número de ejecuciones en Arabia Saudí ha originado algunos titulares, según los cuales en ese reino los ajusticiamientos han doblado este año a los realizados por ISIS en Siria e Irak. Eso es improbable, entre otras cosas porque no conocemos todos los que se producen en zonas controladas por los yihadistas.
Pero los datos saudíes son estremecedores por sí solos. Este año han sido ejecutadas 151 personas, la mayor cifra de los últimos 20 años. Esto ocurre poco después del relevo en la Corona, lo que se interpreta como un intento de la monarquía de reforzar sus credenciales ante el establishment religioso en este tiempo de transición.
En los últimos días Amnistía Internacional ha dado la voz de alarma ante la posibilidad de que sean ejecutadas muy pronto más de 50 personas por delitos supuestamente relacionados con el terrorismo. El dato no está confirmado por el secretismo habitual en Arabia Saudí en estos temas y porque es habitual que los medios sólo informen de las sentencias cuando son aplicadas. Amnistía teme que muchos de estos reos sean activistas políticos chiíes de la región de Awamiya.
Entre los condenados está el poeta palestino Ashraf Fayad, condenado a muerte por apostasía por la denuncia de un vecino que en un primer juicio fue rechazada. La acusación consiguió que otro juez reanudara el caso.
La principal diferencia entre la visión religiosa saudí y la yihadista de ISIS y otros grupos similares viene simplemente del contexto de cada país o conflicto. Los yihadistas de ISIS pretenden derrocar a gobiernos para instaurar su «califato», los religiosos wahabíes están aliados con la dinastía saudí desde los orígenes del Estado para imponer su visión de la religión en ese país. Obviamente, los wahabíes nunca aceptarían un califato extranjero, que supone un liderazgo religioso, sobre el Estado saudí.
Al igual que otros grupos insurgentes y que el Ejército sirio, ISIS ha cometido múltiples crímenes de guerra en Siria, así como en Irak. Centenares de prisioneros iraquíes han sido fusilados. Los soldados sirios capturados han sufrido el mismo destino.
En Yemen, la Fuerza Aérea saudí ha cometido otros crímenes de guerra, según las organizaciones de derechos humanos, en la campaña de bombardeos sobre Yemen. La ofensiva sobre las milicias chiíes huzíes, no contra Al Qaeda que controla buena parte de la deshabitada zona oriental del país, no ha conseguido eliminar a estos grupos y ha terminado convirtiéndose en una sucesión de bombardeos indiscriminados contra zonas civiles.
Las agencias de la ONU calculan que 5.700 personas han muerto desde que esta guerra comenzó hace ocho meses. De ellos, 2.577 son civiles, y de estos últimos 637 son niños. Las milicias huzíes son responsables de centenares de estas muertes, pero la mayoría ha caído en los bombardeos de los saudíes y sus aliados.
La Oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU afirmó en septiembre que el 60% de las bajas civiles se produjo en ataques aéreos. Otro informe de ACNUR elevó ese porcentaje a dos tercios.
Los saudíes mantienen además un bloqueo de las costas de Yemen para impedir la llegada de suministros, lo que ha dejado sin alimentos a la mayor parte de la población del que es el país más pobre de Oriente Medio.
La gran diferencia entre Arabia Saudí e ISIS proviene de las relaciones radicalmente diferentes que mantienen con Occidente. La monarquía feudal de Riad es aliada estratégica de EEUU desde los años 40, como también de Europa Occidental. Los contratos de armamento y las obras civiles en el país saudí son fuente de innumerables beneficios comerciales para norteamericanos y europeos.
Recientemente, Washington autorizó al Pentágono para que exporte munición avanzada por valor de 1.200 millones de dólares con la que Arabia Saudí repondrá la utilizada en Yemen. Al mismo tiempo, entrega a los saudíes información en la que se valora el alcance y progresos de los bombardeos. Ni EEUU ni Arabia Saudí han firmado el tratado internacional de 2008 contra las bombas de racimo, con lo que hay que suponer que esos proyectiles han formado parte de los envíos.
El apoyo militar británico a los saudíes, incluida la venta de 200 misiles Paveway IV, ha alcanzado tal nivel que los consejeros legales del Ministerio de Exteriores no descartan que algún día el país deba enfrentarse a una acusación ante el Tribunal Penal Internacional por el suministro de estas armas para su destino en ataques deliberados contra la población civil.
Pero al final para los gobiernos occidentales Arabia Saudí es un aliado político, estratégico y económico en Oriente Medio, e ISIS un grupo terrorista que pretende formar un Gobierno en Siria e Irak que será, si no lo es ya, una amenaza directa para muchos gobiernos de la zona y occidentales. La ideología que inspira al Estado saudí es tan destructiva como la de los grupos yihadistas, pero con los primeros hacemos negocios.
Las prioridades rusas en Siria han quedado claras este fin de semana con varios ataques sobre la provincia de Idlib, en el norte del país. En el más dramático, más de 40 civiles han muerto en un bombardeo sobre el mercado de la ciudad de Ariha (población antes de la guerra: 40.000 habitantes).
Al igual que la ciudad de Idlib, Ariha está controlada por una coalición insurgente en la que la mayor fuerza pertenece al Frente Al Nusra (ligado a Al Qaeda). Su avance de los últimos meses amenaza a la provincia de Latakia, donde los rusos tienen su principal base. En Idlib no hay presencia significativa de ISIS.
En otro ataque en la población de Al Dana, los aviones han destruido un almacén que guardaba comida, probablemente ayuda procedente de Turquía.
Los grupos insurgentes que han recibido ayuda de Turquía están sufriendo las consecuencias del derribo de un caza ruso por los turcos. Aparte de las represalias directas, Moscú está haciendo ver a Erdogan que ya no está en condiciones de proteger a los grupos que pretenden acabar con el régimen de Asad.
En los últimos días, los aviones rusos han destruido un alto número de camiones aparcados en grupo en esas localidades cercanas a la frontera con Turquía. Es posible que muchos de ellos se utilicen para el transporte de petróleo procedente de zonas controladas por ISIS en la zona este del país o en Irak. Pero esos camiones también traen de Turquía alimentos y todo tipo de suministros para la población civil. Tras cuatro años de guerra, las zonas más castigadas casi no tienen actividad económica que merezca ese nombre, y la ayuda que reciben del país vecino es fundamental para la subsistencia.
Esa ayuda también sirve para legitimar el control de una ciudad o provincia por un grupo insurgente. En época de guerra, comer y calentarse es a lo único a lo que aspira la población civil.
Un grupo británico que hace un recuento de las víctimas en los ataques aéreos de EEUU y sus aliados en Siria e Irak ha descubierto que se ha producido un aumento significativo en esas cifras desde que Rusia inició su campaña de bombardeos en defensa del Gobierno sirio.
Cifran en 110 los ataques aéreos rusos en los que ha habido víctimas civiles en su primer mes de intervención, hasta el 30 de octubre. Esos ataques han podido matar a 780 personas. Es posible que muchos de esos bombardeos sean responsabilidad de la aviación siria, que emplea aviones de fabricación rusa. Por tanto, en su estimación esa cifra podría reducirse a entre 250 y 375 muertes civiles en ataques rusos, una amplia horquilla por la dificultad de confirmar con información fiables las noticias sobre la guerra siria.
Lo que les llama la atención es la alta cifra de bajas en cada ataque, lo que indica el tipo de munición utilizado en los bombardeos.
Ese mismo grupo calcula que en los bombardeos norteamericanos y de sus aliados han muerto 680 civiles.
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13.00
Acc. to @syriahr, #Russia strikes have killed 1,502 people since Sept 30:
598 ‘opposition' & AQ (40%)
485 civilians (32%)
419 #ISIS (28%)
El grupo Observatorio Sirio de Derechos Humanos calcula cifras mayores de muertes civiles por ataques rusos. Hay que apuntar que el Observatorio es contrario al régimen sirio y por tanto a la intervención rusa.
Las imágenes proceden de una reunión en la que se presentaron los planes para la construcción de una mezquita en una localidad de Virginia, EEUU. La reunión se celebró después de los atentados de París. En la zona ya existe una mezquita. Lo que se pide es trasladarla a otro lugar para que tenga mejores accesos y más plazas de aparcamiento.
La violencia verbal de los opositores a la mezquita recuerda a la campaña de 2010 contra el proyecto de construir un centro islámico, con mezquita incluida, en Manhattan. Le llamaron la ‘mezquita de la Zona Cero’, aunque estaba a dos manzanas del antiguo World Trade Center.
«Los nazis no tienen el derecho a poner un cartel junto al Museo del Holocausto en Washington. Nunca aceptaríamos que los japoneses construyeran junto a Pearl Harbor», dijo el expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich.
La mezquita no se llegó a construir. El proyecto quedó bloqueado por la oposición política de los republicanos y las disputas entre los promotores. Lo que iba a ser un edificio de 15 plantas ahora será un rascacielos de 70, dedicado sobre todo a apartamentos de lujo. Habrá dentro de él un museo islámico y un lugar para rezos de dimensiones muy inferiores al plan inicial.
Así que si los que se enfrentan a la mezquita de Virginia parecen un grupo poco representativo de radicales, habrá que recordar que lo más probable es que tengan éxito con su mensaje de que el Islam es una religión de terroristas que no tiene derecho a construir lugares de culto.
El Cuerpo de Marines celebra el Día de Acción de Gracias, ese momento entrañable en que las familias se reúnen en EEUU para comer pavo. Hay que agradecer todos esos avances de la tecnología que permiten matar más gente y hacerlo más rápido.
El vídeo no aparece en la cuenta de algún colgado por las armas y los uniformes. Es la cuenta oficial en Twitter de los Marines.
Como decía el sargento de instrucción en ‘Full Metal Jacket’, «a Dios se le pone dura con los marines porque matamos a todo bicho viviente» (God has a hard-on for Marines because we kill everything we see!).
Y habrá quien piense que Kubrick se pasó un poco con la película.