Por qué los países del Golfo se niegan a acoger a refugiados sirios

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Turquía, Arabia Saudí y Qatar han sido los países de Oriente Medio que más ayuda han prestado a los insurgentes sirios. En 2014 el Financial Times hizo una estimación de los fondos concedidos por Qatar, que se elevaba a 3.000 millones de dólares. No sería extraño que en el caso de Arabia Saudí la cifra esté a ese nivel o incluso superior.

Son por tanto contribuyentes netos a una guerra que se prolonga desde 2011 y que ha destruido gran parte del país. Turquía ha tenido que recibir a casi dos millones de refugiados, ¿pero cuántos han acogido los saudíes y los demás países del Golfo Pérsico? Según un comunicado de Amnistía Internacional que ha tenido una amplia difusión, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin se han ofrecido a albergar a cero refugiados. No es la primera vez que Amnistía lo denuncia. Ya lo hizo a finales del año pasado.

De entrada, no debería extrañar a nadie. Son países que no han firmado la Convención de Refugiados de 1951 (en la región el único que lo ha hecho es Yemen), cuentan con una numerosa población de trabajadores extranjeros que carecen de los más elementales derechos laborales, y su prioridad en relación a Siria empieza y termina en acabar con el régimen de Asad por ser un estrecho aliado de Irán.

Los extranjeros son vistos con desconfianza en estos países. Se ocupan de los empleos que los locales no quieren asumir y nunca tendrán derecho a conseguir la ciudadanía. En décadas anteriores, países como Arabia Saudí, Kuwait o los Emiratos acogieron a miles de inmigrantes, entre los que había muchos profesores, abogados e ingenieros egipcios, palestinos o sirios con ideas cercanas a los Hermanos Musulmanes. Tuvieron una influencia importante en la sociedad que los gobernantes de estas teocracias feudales terminaron considerando peligrosa. Hay un tipo de xenofobia que por razones políticas o religiosas está muy extendida en esos estados.

Con respecto a la preocupación por la población civil en tiempo de guerra, lo que mejor les define, por utilizar un caso reciente, es la intervención militar de Arabia Saudí y Emiratos en la guerra de Yemen, a la que ahora se ha unido Qatar con un millar de soldados de infantería. La campaña de bombardeos contra las milicias huzíes (chiíes), iniciada en marzo, ha incluido ataques indiscriminados contra zonas civiles con decenas de muertos en varios de ellos. Hospitales, escuelas y mezquitas han sido destruidos.

Que no haya refugiados reconocidos como tales en los países del Golfo Pérsico no significa que no haya ahora mismo sirios viviendo allí. Es muy probable que sirios con dinero y contactos (a los que llaman «refugiados cinco estrellas») hayan conseguido visados temporales en el Golfo, sobre todo si ya había familiares suyos que pudieran firmar por ellos. Otros han terminado allí huyendo de la guerra. ¿Cuántos? Es difícil saberlo.

Al surgir la polémica en los últimos días, los gobiernos del Golfo y los medios que financian se han apresurado a afirmar que no hay tal falta de solidaridad. Un profesor de Ciencias Políticas de los Emiratos afirma en un artículo en el NYT que en ese país hay 160.000 sirios. No hay pruebas de eso. El embajador saudí en Londres alega que han acogido a un millón, una afirmación no ya difícil de creer, sino ridícula.

Como explica este artículo, sí hay sirios trabajando en esos países, algunos desde antes de la guerra, pero la corrupción del sistema y el secretismo oficial impiden saber cuántos son. El sistema de «patrocinio» de los inmigrantes (sólo pueden viajar con un contrato concedido por una empresa o agencia de colocación) fomenta que en la práctica esté muy extendido el soborno: los trabajadores pagan una cantidad por un visado que no les garantiza un puesto de trabajo legal, y sí ser explotados.

Al contrario que en Europa, los países del Golfo no tienen problemas en recibir a los que podríamos llamar «inmigrantes económicos» para ocupar ciertos puestos en la economía local, pero no a refugiados que aspiran a iniciar una nueva vida y que quizá nunca puedan volver a su país. Los últimos tendrían derechos que los gobiernos no están dispuestos a conceder.

ACNUR sólo tiene registrados 417 refugiados en los Emiratos. O 561 en Arabia Saudí.

Lo que sí hacen estos países es tirar de talonario. Kuwait es el tercer máximo donante mundial en el fondo de ayuda a los refugiados sirios organizado por la ONU (datos a 8 de septiembre). Ha entregado 304 millones de dólares, aunque prometió  aportar 219 millones más. Los Emiratos han desembolsado 29,9 millones y Arabia Saudí, 18,3 (en ese listado España aparece con 4,3 millones). Los Emiratos financian la asistencia a un campo de refugiados en Jordania en el que hay 4.000 refugiados. Son cifras relevantes, pero en absoluto suficientes para afrontar estas gigantescas necesidades. Ha ocurrido varias veces que las agencias de la ONU han tenido que recortar la ración diaria de alimentos que dan a muchos refugiados en zonas de Turquía o Líbano porque no cuentan con los fondos suficientes.

Por tanto, sí hay sirios viviendo ahora en países del Golfo Pérsico, pero el número de refugiados reconocidos como tales se acerca a cero. Acoger a personas que huyen de una guerra no es sólo un acto de caridad, sino una obligación legal según los tratados internacionales suscritos por la mayoría de países del mundo. Esos acuerdos exigen reconocer ciertos derechos a los refugiados, y eso es algo que las dictaduras del Golfo no están dispuestas a admitir.

Foto: el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman en una visita a Jordania el 4 de agosto.

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Un presidente rapero para EEUU

The New Yorker se ha lanzado con una portada muy celebrada en Twitter. El rapero Kanye West dijo en un arrebato que quiere ser candidato a presidente de EEUU en 2020 y, BOOM, ya tenemos una portada.

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La imagen es un homenaje a una foto histórica: la de Harry Truman enarbolando la primera edición de un periódico de Chicago que anunció por error en portada la victoria de su rival republicano, Thomas Dewey, en las elecciones de 1948. La ironía es doble. No sólo West es el nuevo presidente, sino que se supone que ha ganado al presidente Donald Trump, que había vencido en las elecciones de cuatro años antes.

La doble ironía se convierte en triple. La parodia permite elucubrar sobre la posibilidad de que la democracia norteamericana termine convirtiéndose en un sistema político en el que dos payasos celebrities estrellas del espectáculo como Trump y West se disputen la presidencia.

Es una broma, claro, pero la candidatura de Trump en las primarias republicanas también parecía una broma al principio.

Para terminar, habrá gente que se pregunte qué efectos tienen estas portadas en las ventas de cada número de The New Yorker. La respuesta es fácil. Ninguna. En un país de 318 millones de habitantes, la revista vendió en 2014 una media de 33.008 ejemplares en la calle. Eso no es nada, literalmente nada, comparado con las suscripciones de ese año: 1.013.969.

Esa diferencia tan inmensa es habitual en las revistas de EEUU, que viven de las suscripciones, alimentadas convenientemente con todo tipo de ofertas y descuentos. Lo que quiere decir que viven de la publicidad que genera ese número de suscripciones. Es decir, las revistas son como HBO, un producto que vive de la fidelidad del consumidor, no de lo último que saque en cada ejemplar. Y mucho menos de la portada, donde vale con elegir un tema o ilustración que haga sentirse inteligente al lector, al menos en el caso de The New Yorker.

Hay cosas que no han cambiado desde el siglo XX. La reputación lo es todo en el periodismo.

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La inmigración, según Netanyahu

El debate sobre la acogida de refugiados sirios también existe en Israel. De entrada, y dado que Siria es un país enemigo de Israel desde hace décadas, la idea resulta complicada, como mínimo. El Gobierno no tiene la intención de dar ese paso, aunque sí ha atendido en hospitales del norte a ciudadanos sirios heridos, fundamentalmente kurdos sirios del Golán.

Netanyahu, en la presentación de la nueva barrera fronteriza entre Israel y Jordania, dejó claras sus ideas sobre inmigración: «Hasta el punto que sea posible, vamos a rodear las fronteras de Israel con una valla de seguridad y barreras que nos permitan controlar nuestras fronteras. No permitiremos que Israel se vea inundada por inmigrantes ilegales y terroristas».

Poner en la misma frase a inmigrantes y terroristas da una idea del mensaje que se quiere hacer llegar a los ciudadanos.

El líder de la oposición, el laborista Isaac Herzog, ha reclamado al Gobierno que acepte la llegada de refugiados, y ha recordado el drama que sufrieron los judíos que vieron rechazadas sus peticiones de emigración por los países europeos en los años 30.

Yair Lapid, presidente del partido Yesh Atid y ministro de Finanzas en el anterior Gobierno, tiene una respuesta para esa petición, que seguro que compartirá Netanyahu. «No voy a abrir una puerta trasera por la que entre la discusión sobre el derecho a retorno de los palestinos».

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Los británicos no quieren más refugiados

refug sirios

Es poco probable que los británicos reciban con aplausos a los refugiados sirios que lleguen al país, como ha ocurrido en Alemania y Austria. Años de xenofobia y desinformación en los medios de comunicación conservadores y promesas absurdas de los políticos han dejado su huella (lo que por otro lado también se puede apreciar en otros países europeos, en especial en Europa del Este).

La encuesta de YouGov indica que los británicos no quieren aumentar el número de refugiados (datos completos del sondeo, aquí), como parece probable que decida el Gobierno de Cameron. El trabajo de campo se hizo después de que periódicos y canales de televisión ofrecieran la imagen del niño kurdo muerto en una playa de Turquía. Esa foto hizo que los tabloides Daily Mail y The Sun pidieran en sus portadas que el Gobierno hiciera más en favor de las personas que huyen de la guerra. Es una amarga ironía que sean estos dos periódicos, en especial el Mail, los que más azuzan a la opinión pública contra los inmigrantes extranjeros con el argumento de que suponen una amenaza a la estabilidad económica del país.

Inmigrantes y refugiados se confunden en la mente de los británicos. Ambos son seres humanos, pero es cierto que su estatus legal y las obligaciones de los gobiernos europeos hacia ellos son diferentes.

Un sondeo de Ipsos demostró en 2014 el nivel de la paranoia en el Reino Unido en relación a la inmigración y a todo aquello que suene a extranjero. Hay un 5% de musulmanes en el país, pero los encuestados pensaban que eran el 21% (los datos no son muy distintos en otros países europeos). Creen que hay un 24% de inmigrantes (personas nacidas en otros países, incluidos los europeos) cuando la cifra real es 13%.

El ministro de Hacienda, George Osborne, ha dicho hoy en BBC que Gran Bretaña debe hacer mucho más por los refugiados. Es un caso en el que si los políticos no muestran liderazgo, es poco probable que la opinión pública cambie de opinión.

Esta crisis es una buena oportunidad para comprobar cómo han evolucionado algunas sociedades europeas o cómo la historia británica arroja otro tipo de ejemplos. Jon Snow da el ejemplo de lo que ocurrió en 1972 en Uganda. Idi Amin anunció la expulsión en tres meses de toda la población de origen asiático. Gran Bretaña acogió a 27.000 personas en una movilización general en la que participaron varias instituciones. Es absurdo pretender que en esa época la economía británica estaba en mejores condiciones que ahora para realizar ese esfuerzo. Más bien, ocurre lo contrario. A mayor prosperidad, mayor egoísmo basado en sensaciones subjetivas e información falsa.

Ahora la respuesta más extendida es apostar por la guerra para afrontar esta crisis humanitaria. Un 52% en esa encuesta de YouGov está a favor de una mayor implicación militar del país para poner fin a la guerra de Siria (se supone que piensan en la lucha contra ISIS cuando ni siquiera eso serviría para acabar con el conflicto). Es otro caso de ignorancia que no sólo olvida el papel irrelevante de las fuerzas militares británicas en las guerras de Irak y Afganistán sobre el terreno, sino la realidad actual.

Una solución ‘mágica’ para acabar con la guerra pasa por tanto por bombardear Siria con aviones que no tienes. No es extraño que los menos dispuestos a acoger refugiados sean los más interesados en una intervención militar. Permite mantener la ilusión de que se puede poner fin a una tragedia de dimensiones incalculables sin que ningún extranjero cruce la frontera de tu país.

Foto: refugiados sirios rescatados este fin de semana por la Guardia Costera chipriota a su llegada a un centro de acogida cerca de Nicosia.

18.00

The Sun siempre se supera cuando piensas que no se puede caer más bajo a la hora de manipular los sentimientos. Pide bombardear Siria «por Aylan».

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Una familia siria en Hungría

Matthew Price, periodista de BBC, ha acompañado esta noche a los refugiados que emprendieron a pie el camino entre Budapest y la frontera con Austria. La familia de la que habla aquí está compuesta por una mujer y sus tres hijos. El padre está ya en Alemania.

Estos son algunos de los refugiados que caminaron por la noche bajo la lluvia hasta que el Gobierno húngaro aceptó trasladarlos en autobuses hasta la frontera.

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Víktor Orbán, el centinela ultra de Europa

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El Gobierno de Hungría está tratando a los refugiados como si fueran delincuentes. La mayoría de esas personas tienen poco interés en permanecer en ese país. Su intención es llegar hasta Alemania, el país más rico del continente. ¿Por qué entonces el ultraconservador Víktor Orbán quiere convertirse en el centinela de la UE? Él mismo lo ha explicado en un artículo publicado en el Frankfurter alemán (los párrafos en cursivas son de ese texto).

«Los hechos hablan por sí solos: casi 150.000 inmigrantes ilegales han cruzado las fronteras de Hungría sólo este año. Ese número es tres veces y media el total de 2014, y no hemos llegado al final del año. En Europa, el número total de inmigrantes en la primera mitad del año ha aumentado en más de un 70%. Más del 40% de esta gente procede del sur de Asia y Asia Central. Entre los inmigrantes ilegales que llegan a Hungría, ese es mismo porcentaje que ha llegado de Oriente Medio».

Orban siempre habla de «inmigrantes» o «inmigrantes ilegales». Ignora el fenómeno de los refugiados que huyen de las guerras y así los convierte en una invasión económica. El programa que le ha dado la victoria en las urnas con un alto porcentaje de votos es ultranacionalista y conservador. Su partido está integrado en el Partido Popular Europeo, pero su mensaje se parece mucho más al de Marine Le Pen que al de Angela Merkel. La UE lo ha tolerado sin aplicar al país el mismo aislamiento que sufrió Austria cuando un partido ultraderechista formó parte de un Gobierno de coalición.

«Para comprender lo que debemos hacer, necesitamos entender la auténtica naturaleza de la situación a la que nos enfrentamos. Europa no está ante un «problema de refugiados» o una «situación de refugiados», sino que el continente europeo está amenazado por una creciente ola de migración. El movimiento de personas está produciéndose a una escala inmensa y, desde una perspectiva europea, el número potencial de futuros inmigrantes parece ilimitado».

Una vez más, Orbán se niega a hablar de refugiados y repite la idea de que se acerca una invasión que procede de Oriente. Más adelante veremos a qué se refiere exactamente. Pero la clave es que la considera una «amenaza» al estilo de vida europeo, más allá de lo que eso signifique.

«Debemos reconocer que la equivocada política de inmigración de la UE es responsable de esta situación. La irresponsabilidad es el sello de todos los políticos europeos que mantienen la promesa de una vida mejor a los inmigrantes y les anima a dejarlo todo atrás y arriesgar sus vidas para instalarse en Europa. Si Europa no vuelve al sendero del sentido común, acabará intentando ocultarse en una batalla por su destino».

De nuevo, la metáfora militar –tras avisar de la invasión– con la palabra «batalla». Los extranjeros son el enemigo. Llama la atención de que critique directamente a la UE, gobernada en su mayoría por partidos conservadores. Forma parte de su teoría de la conspiración preventiva con la que se adelantó a las críticas que podía recibir desde las instituciones europeas por su política autoritaria y su restricción de las libertades públicas.

Orbán ha criticado la filosofía de la democracia liberal. Sus modelos favoritos son gobernantes conservadores, pero sobre todo nacionalistas y en malas relaciones con la UE, como Putin o Erdogan. Cree que la influencia extranjera es por definición negativa. «Copiar los modelos occidentales (en referencia al mantenimiento del Estado de bienestar) es un tipo de provincialismo que nos matará», dijo en 2014 en un discurso a militantes de su partido. Su idea de «democracia no liberal» le enfrenta a lo que en la UE se llama habitualmente «valores europeos».

Orbán es otro de los gobernantes que, como el PP en España, no dejan de referirse al «efecto llamada». En su ficción, los inmigrantes se quedarían en su casa si no fuera por la supuesta presión de la UE para que se vengan a Europa asumiendo un grave peligro. Como de los refugiados no puede decir lo mismo si le preguntan por ellos, a menos que quiera hacer el ridículo, propone que se queden en Turquía –como ha hecho este jueves en Bruselas– aunque allí no tengan muy pocas posibilidades de empezar una nueva vida.

«Uno de los mayores logros de Europa ha sido la Zona Schengen. Para nosotros en Europa Central, la posibilidad del movimiento libre (de personas) dentro de Europa es experimentar la libertad, y eso es especialmente importante. Schengen sólo funciona, sin embargo, si los estados miembros cumplen sus obligaciones bajo el acuerdo de Schengen, es decir, la protección de las fronteras externas, que es la condición esencial para asegurar la posibilidad del movimiento libre dentro de Europa».

Orbán se presenta como el garante de Schengen con la intención de que los demás gobiernos europeos se vean obligados a aceptar su política hacia los refugiados, carente de toda compasión. Los gobiernos de Europa Occidental se encuentran en una situación muy diferente ante sus opiniones públicas.  Y nadie ha nombrado al primer ministro húngaro para que ejecute ese papel de centinela. Orbán sostiene que defender Schengen obliga a cerrar las fronteras exteriores. La posición alemana es muy diferente, tanto que Merkel ha llegado a advertir de que si otros países no asumen un número suficiente de refugiados, eso pondría en peligro el acuerdo de Schengen.

«El hecho de que nadie, aparte de Hungría y España, quiera defender las fronteras de Europa es bastante deprimente. Europa debe comprender que aquellos que se sienten arrollados no pueden ofrecer refugio (a los extranjeros). Lo que ocurre ahora es abrumador. Por eso, es importante la valla que los húngaros estamos construyendo. No lo hacemos por diversión, sino porque es necesaria. La valla es simplemente una línea de defensa: un activo físico que puede ser protegido».

Orbán hace un flaco favor a Rajoy presentándolo como su único aliado, pero no es extraño. Algunas de las posiciones sostenidas por el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, en las cumbres europeas, como llamar «goteras» a los refugiados, podrían ser defendidas por problemas por los ultraconservadores húngaros. Además, en ese párrafo Orbán insiste en los símiles bélicos: una línea de defensa ante una amenaza exterior cada día mayor.

«En Europa, la inmigración es también una cuestión de democracia, si no lo fuera, no seríamos europeos. Sobre todo, la democracia significa escuchar lo que quiere la gente, y por eso nosotros los húngaros iniciamos un proceso de consultas sobre inmigración. Un millón de un total de ocho millones de personas completó los cuestionarios, y un 85% de ellos dijo que la UE ha fracasado en su política de inmigración». 

Es indudable que la política xenófoba de Orbán tiene apoyos sólidos en su país. En las últimas elecciones consiguió 133 de los 199 escaños con un 44,5%. Varios años de mensajes antiUE y antiinmigración han surtido efecto en la opinión pública húngara. La reforma de la Constitución y del sistema electoral, además de sus ideas políticas expresadas con toda crudeza, le supuso un desgaste en las urnas en 2014 (tuvo ocho puntos menos que los comicios anteriores), pero aún continúa dominando la política húngara.

«No olvidemos, sin embargo, que aquellos que llegan fueron educados en otra religión y representan a una cultura radicalmente diferente. La mayoría de ellos no son cristianos, sino musulmanes. Eso es importante, porque Europa y la identidad europea tienen sus raíces en el cristianismo. ¿No es ya preocupante que el cristianismo europeo apenas pueda conseguir que Europa siga siendo cristiana? Si perdemos eso de vista, la idea de Europa podría ser sólo de interés para una minoría en su propio continente».

En el penúltimo párrafo, Orbán enseña sus cartas. Al igual que la ultraderecha francesa, holandesa o de otros países, cree que hay una invasión cultural (y en el caso de los refugiados, física) procedente del Islam. Que muchos de esos musulmanes huyan de una guerra atroz en la que el fundamentalismo islámico juega un papel básico es algo que no importa al húngaro. Todos esos sirios son musulmanes (se olvida convenientemente de los sirios cristianos) y por tanto son sospechosos. Orbán quiere reclutar a la UE en su guerra particular contra los extranjeros.

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Refugiados, inmigrantes, personas

niña durmiendo

Hace unos días, preguntaron a la vicepresidenta del Gobierno en la rueda de prensa del viernes sobre la crisis de los refugiados en Europa. Sáenz de Santamaría, número dos de un Gobierno que redujo al mínimo la cuota de refugiados que quería asignarle la UE, procedió a propinar un largo parlamento a los periodistas sobre la experiencia de España, es decir, de sus gobiernos, en ocuparse de la inmigración que llega de fuera. Sí, de la inmigración.

Insistió en varias ocasiones en defender las virtudes de la «solución en origen». Eso consiste en «invertir en países de origen o tránsito». Para que se entienda mejor: sobornar a gobiernos extranjeros para que impidan la llegada de inmigrantes. Todo lo demás, dijo, son «soluciones conyunturales».

Es revelador que una licenciada en Derecho y abogada del Estado afirme que cumplir la ley –el derecho internacional, en este caso– es una solución «coyuntural».

La confusión entre refugiados e inmigrantes es algo más que un desliz de políticos o periodistas. Como en tantas otras ocasiones, el lenguaje no es inocente. Se presenta a todos juntos con la intención de que la opinión pública no exija a los Gobiernos una política más solidaria, o sencillamente que cumplan las obligaciones aceptadas por España.

Hace unos días, ACNUR se vio en la necesidad de publicar un texto que establece las diferencias:

«Los refugiados son personas que huyen de un conflicto armado o persecución. A finales de 2014, había 19,5 millones de ellos por todo el mundo. Su situación es a menudo tan peligrosa e intolerable que tienen que cruzar fronteras para buscar la seguridad en los países vecinos, y en ese caso se convierten en «refugiados» reconocidos internacionalmente, con acceso a ayuda de estados, ACNUR y otras organizaciones. Se les reconoce así precisamente porque para ellos es demasiado peligroso volver a casa, y necesitan un santuario en el exterior. Son gente a la que la negativa a conceder asilo supone consecuencias potencialmente mortales.»

Los refugiados están protegidos por el derecho internacional, continúa el texto de ACNUR, especialmente por la Convención sobre el Estatuto de Refugiados de 1951 y su protocolo de 1967. Definen quién es un refugiado y cuáles son sus derechos: «Uno de los principios más básicos en el derecho internacional es el que dice que los refugiados no deben ser expulsados o devueltos a situaciones donde su vida y libertad estén en peligro».

Por tanto, la existencia de refugiados presupone obligaciones para los gobiernos en los que se producen peticiones de asilo, al menos para los gobiernos que firmaron la convención de 1951. Si Rajoy dice que en España han aumentado las peticiones de asilo, no puede presentarlo como un gesto que otros países deberían valorar, sino como el cumplimiento de una obligación legal.

Rajoy y Santamaría no hacen más que recordar en todo tipo de asuntos que la obligación principal de un Gobierno es hacer cumplir la ley. A ellos hay que recordarles que también están obligados a cumplir los acuerdos internacionales firmados por España.

El texto de ACNUR prosigue con la definición de inmigrantes:

«Los inmigrantes deciden trasladarse no a causa de una amenaza directa de persecución o muerte, sino sobre todo para mejorar sus vidas y encontrar trabajo, o en algunos casos educación, la reunificación familiar u otras razones. A diferencia de los refugiados que no pueden regresar con seguridad a casa, los inmigrantes no afrontan tales problemas. Si deciden volver, continuarán recibiendo la protección de sus gobiernos».

ACNUR no dice que los inmigrantes deban ser expulsados, pero sí que su situación legal es diferente. Ahí son las leyes nacionales (o las normas comunitarias en el caso de la UE) las que rigen. Su tratamiento depende mucho de cuestiones nacionales, las necesidades económicas de los países receptores o lo que piense la opinión pública.

Los inmigrantes que llegan a un país extranjero por razones económicas no son siempre gente que busca un mejor destino económico sin más. Muchas veces se ven forzados por las circunstancias. No se trata de tener una vida mejor, sino de una más digna, como bien saben los españoles que emigraron durante décadas, al extranjero o dentro de las fronteras nacionales.

Al final, son también personas, una definición que no siempre se encuentra en las palabras de los políticos a los que les gusta llamarlos «ilegales», como si fueran delincuentes. O una plaga o un enjambre, como si fueran insectos. Los españoles que fueron desde los 50 a vivir a los países del norte y centro de Europa tampoco los eran.

Italia y Grecia son los países de la UE que están recibiendo la inmensa mayoría de los refugiados que proceden de países en guerra, como Siria, Afganistán, Eritrea o Sudán del Sur. Otros gobiernos podrían lavarse las manos y negarse a ayudar a italianos y griegos. Estos sólo tienen que responder abriendo sus fronteras para que, gracias a Schengen, esas personas se dirijan a países con más posibilidades de empleo. Es obvio que la UE necesita una política común, pero ese acuerdo no puede basarse en cuotas misérrimas de refugiados. Ni los 2.379 que ha aceptado España tras regatear a la baja, ni el doble, ni el triple suponen una aportación relevante ni solidaria con otros gobiernos europeos.

Lo que le ocurre a Europa es que se le ha pasado el tiempo de ver los espantosos efectos de la guerra de Siria desde la barrera. Durante cuatro años, los países limítrofes –en especial, Turquía y Líbano– han asumido el impacto de la llegada de refugiados. Por distintas circunstancias, ambos estados no son una garantía permanente para los que huyen de la guerra ni lugares donde se pueda empezar una nueva vida. Los sirios confían en que los gobiernos europeos se sientan más obligados a respetar sus obligaciones internacionales que los de Oriente Medio. Tras escuchar a Rajoy y Santamaría, quizá haya que pensar que son demasiado optimistas.

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Un niño de 12 años y un soldado israelí como símbolos de un conflicto

Anshel Pfeffer se pregunta si el Ejército israelí no ha aprendido nada desde la primera intifada. Se podría decir lo contrario. Los militares llevan décadas haciendo lo mismo. Como demuestra el comienzo de las imágenes, ven o creen ver a un niño lanzando piedras y van a por él (la familia ha negado que eso sea cierto). Lo que no esperan es que varias mujeres se defiendan abalanzándose sobre el militar. Entre ellas, están la madre, la hermana y una tía del detenido, Mohamad Tamimi.

No es una reacción histérica, sino perfectamente racional. El Ejército no tiene problemas en detener a menores. Una vez que entras en prisión, tu vida será diferente, y no cambiará a mejor, desde luego.

El niño se revuelve. Tiene 12 años y el brazo izquierdo escayolado. Grita para que alguien acuda en su ayuda. En ese momento, no quiere ser en lo que se ha convertido en los últimos días, un símbolo de los que se resisten a la ocupación. Sólo quiere que no se lo lleven.

Al final, el soldado renuncia a su caza y se va con un compañero.

Afortunadamente, el soldado no utiliza su fusil en ningún momento. Tiene dos manos, una para el arma, otra para el niño. Las órdenes le prohíben soltar el fusil. Y tampoco quiere soltar la presa. Cómo un soldado bien entrenado cree que llevarse detenido a un niño contribuye a la seguridad de su Estado es un misterio, a menos que se piense que la humillación es una parte fundamental de su trabajo.

El pueblo en el que tiene lugar esta escena es Nabi Saleh, donde ha habido numerosos incidentes en los últimos años. Los colonos judíos de la zona se apoderaron en 2009 de un pozo de agua cercano propiedad de los palestinos. El Ejército ha llegado a utilizar fuego real contra alguna de las manifestaciones.

Para los medios de comunicación israelíes, el soldado es la víctima. Por eso, la ministra de Cultura (sí, de Cultura) está indignada. Lo está porque el soldado no disparó a las mujeres que le atacaban: «Necesitamos decidir inmediatamente que un soldado que es atacado tiene permiso para abrir fuego. Punto. ¡Reclamo al ministro de Seguridad a que ponga fin a la humillación y cambie las normas sobre el uso de armas de fuego inmediatamente!

Disparar a la madre que intenta defender a su hijo. Es la idea que tiene Miri Regev del uso proporcional de la fuerza.

14.00
El editorial del periódico Haaretz afirma que estas imágenes son el retrato más obvio y desagradable de la ocupación: «Un Ejército que lucha contra niños y los persigue es un Ejército que ha perdido su conciencia».

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Clinton necesita sudar en las primarias para ganar después a los republicanos

clinton

La encuesta que publica el periódico más importante de Iowa hace pensar que las primarias demócratas no serán un desfile militar para Hillary Clinton. Su ventaja sobre el senador Bernie Sanders en ese Estado se ha reducido a siete puntos: 37%-30%. Es un dato llamativo, pero, como indica Nate Silver, ser el favorito no significa que vayas a ganar todas las primarias por goleada.

sondeo iowa

El sondeo también confirma que el escándalo de los emails de su época en el Departamento de Estado no tiene gran influencia entre los votantes demócratas. Sólo es relevante para los republicanos que ya piensan que Clinton es la reencarnación del Anticristo.

Los números de la encuesta no son necesariamente una mala noticia para Clinton e incluso puede ser positivos de cara al duelo final con los republicanos. Si las primarias demócratas son irrelevantes, la atención de los medios estará centrada en los republicanos –muchísimo más divertidos–, y lo que interese a los periodistas sobre la campaña de la exsecretaria de Estado tendrá poco que ver con «policy» (las ideas de la candidata), y mucho con «politics» (si sus números bajan o suben, si despierta la confianza suficiente en ciertos sectores sociales, si recauda mucho o poco dinero, etc.)

Las primarias en EEUU son una especie de lucha darwiniana en la que los candidatos evolucionan, encajan golpes, ajustan su estrategia y ofrecen una versión mejorada de sí mismos al final del proceso. O eso intentan. Si los medios tienen trapos sucios sobre ti, es mejor que los saquen un año y medio antes de las elecciones que dos meses antes (y los sacarán porque a Bill y Hillary siempre les ha encantado acumular dinero). Si fallan en las etapas intermedias, lo pagarán siendo derrotados en las primarias e incluso si salen victoriosos, pueden sufrir las consecuencias de esos errores anteriores en la batalla final.

Entre otras muchas cosas, es lo que le pasó a Clinton en 2008. Nunca tuvo un plan B y su plan A era bastante mediocre.

Preparada para una carrera fácil ante adversarios con mucho menos dinero y apoyo en el aparato del partido, subestimó a un poco conocido senador de Illinois, derrochó el dinero en una campaña en la que los viejos asesores de la familia Clinton cobraban unas facturas astronómicas (y luego se quedó sin fondos cuando más los necesitaba), y olvidó que las primarias consisten en sumar delegados. Cuando se quiso dar cuenta, la campaña de Obama había cogido una distancia considerable que no podía enjugar en los estados que le eran más favorables.

Clinton no es muy buena en campaña. Las dos que ganó en el Estado de Nueva York fueron competiciones sencillas ante rivales de medio pelo. No soporta a los periodistas y estos le devuelven el cumplido con una agresividad excesiva. Como política, nunca ha sido alguien que despierte excesivas pasiones. No es una candidata que tenga una visión (concepto que la prensa de EEUU ha convertido en un lugar común de tanto usarlo) sobre cómo quiere que sea su país en el futuro. Todo el mundo sabe que sus relaciones con Wall Street han sido rentables en ambos sentidos. Nadie puede esperar de ella ideas reformistas sobre el poder del sector financiero de EEUU. Por otro lado, en 2008 demostró que tiene algunas opciones de ganar apoyos entre los blancos de clase trabajadora, un sector que tiende a los republicanos en algunos estados o a quedarse en casa el día de las votaciones.

Competir contra Sanders, un senador de Vermont que se declara socialista con independencia de lo que eso signifique en EEUU, le obligará a posicionarse ideológicamente y quizá orientarse a posiciones más progresistas, partiendo de la base de que en las primarias debes ilusionar al núcleo duro de tus simpatizantes para luego abrirte a otros sectores del electorado tras ganar la nominación.

Y evidentemente su gran baza es la esperanza de que los republicanos terminen eligiendo a un sociópata que provoque terror entre mujeres, latinos y miembros de otras minorías. Pero en política no es muy inteligente apostarlo todo a la estupidez de tus enemigos.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

Like tears in the rain. Al final de la escena, falta la odiada voz en off de Harrison Ford que sólo cuando vimos el montaje del director (sin ella) vimos que no estaba tan mal. En su momento, la unanimidad era total. Ridley Scott la odiaba, Harrison Ford la odiaba y los guionistas la odiaban. Años después, uno de los guionistas admitió que no estaba tan mal.

Aquí una versión final del guión de Hampton Fancher y David Peoples (no confundir con el guión que se rodó en la película).

–Los hermanos Coen y la cámara subjetiva.
–Todo aquello en que se ha inspirado Tarantino.
–Cosas que no sabías de ‘Regreso al futuro’.
–Los secretos de la cuarta pared.
–Esos pequeños errores que se cuelan en el montaje.
–En ‘Karate Kid’ el malo era el protagonista.
–De oruga a mariposa.
La NASA prueba en serio el aterrizaje de naves y sondas.
–El FBI contra Ray Bradbury.
–En 1815 una erupción volcánica en Indonesia cambió el mundo.
–Cuando Gran Bretaña era una isla.
No uses el móvil antes de ir a dormir.
–Beber ocho vasos de agua al día sólo sirve para ir más al baño.

Esta restauración en Turquía no tiene nada que envidiar al Ecce Homo español.

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