La aportación de Francia a la guerra de Yemen

mistral

Esta semana tenemos otra noticia que deja patente la coherencia de los gobiernos europeos en su defensa de ciertos valores relacionados con la libertad y los derechos humanos (eso que en las declaraciones de los políticos aparece descrito como «valores europeos»). El Gobierno francés ha decidido vender a Egipto dos portahelicópteros Mistral, los mismos que se había comprometido a comprar Rusia, pero que París no podía entregar a causa de las sanciones de la UE.

El único escollo no era el hecho de que el Gobierno egipcio sea una dictadura originada en un golpe de Estado, sino el precio. Rusia iba a pagar 1.200 millones de euros y ya había adelantado casi todo el dinero. Después de ocho meses de negociaciones, Francia, que había roto el contrato, aceptó pagar 949 millones, es decir, devolver, porque era la misma cantidad que Moscú ya había abonado. Según una fuente del Ministerio de Defensa citada por Reuters, Egipto pagará ahora por los dos buques en torno a 950 millones.

Francia consigue así no perder mucho dinero en esta triple negociación. Egipto obtiene dos buques de guerra, uno de los cuales puede servir, según Reuters, «para futuras operaciones en Yemen como parte de la coalición dirigida por Arabia Saudí contra los rebeldes huzíes».

Es una significativa aportación de Francia a una guerra que hace meses los saudíes dieron por finalizada porque supuestamente habían alcanzado sus objetivos militares, pero que se ha convertido en una campaña indiscriminada contra zonas civiles, incluidos hospitales, mezquitas y mercados.

Anotemos esta venta para comentar el próximo discurso de François Hollande en favor de la paz en Oriente Medio.

Foto: uno de los dos buques Mistral (entonces llamado ‘Sebastopol’) en el astillero de Saint Nazaire en Francia en diciembre de 2014.

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Tsipras nombra viceministro a un ultra antisemita y homófobo

Las ideas más extremistas y racistas han encontrado cobijo en el Gobierno griego que preside Alexis Tsipras gracias a un nombramiento procedente de las filas de su socio de coalición, Anel.  Dimitris Kammenos ha sido elegido viceministro de Infraestructuras y Transportes y ha jurado el miércoles su cargo junto a los demás ministros de su Gabinete. Poco después, ha borrado su cuenta de Twitter cuando han empezado a circular sus mensajes de los últimos años. Algunos de ellos fueron conocidos en junio, como un post en Facebook con una imagen retocada de la entrada al campo de concentración de Auschwitz, lo que le obligó a pedir disculpas.

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Alexis, rey de Grecia

tsipras mitin

Al final, la imagen que valía era la de la plaza Syntagma llena en el último mitin de Syriza. Lo demás era secundario. Los sondeos afirmaban que los dos principales partidos estaban empatados y que el sprint final sería decisivo a causa de la prima de 50 escaños para el partido más votado. Los periódicos griegos destacaban que el líder de Nueva Democracia, Vangelis Meimarakis, era una de las pocas sorpresas de la campaña. De repente, un líder casi accidental de la derecha, un tipo no demasiado brillante, diputado desde 1989, aparecía como alguien nuevo que podía poner fin a nueve meses de confusión. Las crónicas hablaban del desencanto en las filas de Syriza, de la resignación de la mayoría de los votantes en la segunda convocatoria electoral este año ante la seguridad de que el resultado electoral era irrelevante. En el extranjero, se anotó que Varufakis había pedido el voto para Unidad Popular, los disidentes de Syriza, y el que el dirigente más sexy de la nueva izquierda europea diera ese paso tendría que tener consecuencias.

Una vez más, todo el mundo proyectó sobre los griegos su idea de lo que los griegos deberían hacer. No es la primera vez que no siguen el consejo.

El desencanto era real en el electorado. La participación ha estado en torno al 56%, muy por debajo del 63,6% de enero. Eso no quiere decir que los votantes quisieran que los algo más de siete meses de Gobierno de Syriza fueran un paréntesis antes de regresar al mismo sistema político griego que les llevó a la actual situación. No parece que quieran más Meimarakis.

No es extraño que si se repiten las elecciones en un país en menos de un año el resultado no sea muy diferente. Pero hay que recordar lo ocurrido en Grecia en 2015. Unas negociaciones dramáticas con la eurozona, un referéndum, la firma de un tercer rescate con más sacrificios sobre una economía destrozada por la crisis, y la escisión del partido en el poder. Después de todos esos acontecimientos, Syriza ha obtenido el 35,5% de los votos, sólo ocho décimas menos que en enero, y un número de escaños que le permite revalidar el Gobierno de coalición con Anel. Nada de gobiernos de gran coalición ni pactos con el Pasok o Potami.

En el camino ha quedado Unidad Popular y su proyecto de abandonar la eurozona. Sólo puede sorprender a los que negaban la realidad. El Gobierno de Syriza nunca tuvo un mandato popular para salir de la eurozona. No planteó en esos términos el referéndum, y por tanto el abrumador resultado de la consulta no podía interpretarse como un llamamiento para huir de la UE, a pesar de todas las penurias económicas sufridas por mandato de Bruselas.

Fuera de Grecia, por ejemplo en España, la firma del tercer rescate se interpretó por muchos como una traición. Desde luego que no fue una decisión que vaya a beneficiar a Grecia ni lo que había prometido Syriza antes de ganar las elecciones de enero. Cabía la duda de cómo responderían sus votantes a tal decepción. Ya lo sabemos. Por muy enfurecidos o desalentados que estén, prefieren que sea Syriza la que se ocupe de gobernar el país los próximos cuatro años a que lo hagan Nueva Democracia o el Pasok. Los comentaristas liberales que creían estar presenciando el fin de Syriza y el momento en que Grecia volviera a ser un país ‘normal’ a ojos de Bruselas han quedado decepcionados.

En épocas de emergencia nacional, los electorados tienden a confiar, a veces en exceso, en los líderes antes que en los partidos. Tsipras se había convertido en el único líder nacional de peso por incomparecencia del resto, y en ese sentido el resultado de las elecciones del domingo no es tan sorprendente.

La salida de la eurozona estaba en los planes de Schäuble, pero no en los de los griegos. Para entenderlo, hay que ir más allá de la crisis económica europea y pensar en la historia de Grecia y en su posición estratégica ante su gran rival, que no es otro que Turquía. Ni las élites ni el pueblo han dado muestras nunca de querer que el país se enfrente solo a su vecino. Todos pensamos en Atenas y Pericles cuando nos referimos a la historia antigua del país, pero los griegos tienen en mente una referencia histórica más reciente. Saben muy bien que el Estado moderno griego tuvo que esperar para existir a comienzos del XIX tras siglos de dominación otomana. Y en esa guerra contra los turcos, Grecia contó con la ayuda de otros imperios europeos.

En la época contemporánea, Grecia ha tenido claro que no puede estar sola. Su pertenencia a la UE le da una ventaja cualitativa sobre Turquía. Por la misma razón, los dirigentes de Syriza no han mostrado ningún interés en abandonar la OTAN. Les vale con mejorar sus relaciones con Rusia para mantener el equilibrio necesario. Grecia se ve como un país pequeño ante un gigante asiático en el que no puede confiar, y es seguro que la última deriva autoritaria y nacionalista de Erdogan confirma sus temores.

Esa es la premisa histórica bajo la que se mueve cualquier gobernante griego, aún más en el caso de Tsipras, que se ve obligado a asumir la gestión de un Estado en bancarrota. Quizá esta vez se decida con la legislatura por delante a afrontar el problema del fraude fiscal, que se concentra en las clases de profesionales autónomos. Según un estudio reciente, los ingresos reales de los autónomos griegos (abogados, médicos, arquitectos y otras profesiones) es entre un 75% y un 84% superior al que declaran a Hacienda. Eso es un problema grave en un país en el que la tercera parte de los contribuyentes trabaja de autónomos. El alto número de parlamentarios que tienen esas mismas profesiones no ha facilitado que los gobiernos se decidieran a poner coto a ese fraude institucionalizado. Sobre eso, Syriza no ha hecho mucho este año, y es una de las tareas más urgentes que tiene sobre la mesa.

Por este y otros muchos problemas, la posición de Tsipras no es nada atractiva. En uno o dos años es posible que pase a ser otro de los políticos que acabó con la paciencia de los griegos. Hasta entonces, él es la única esperanza de su país.

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Tsipras pide una segunda oportunidad

tsipras voto

Dijsselbloem estará contento. Si la idea es que las elecciones no puedan variar en la UE los principios generales de la política económica, los comicios de Grecia cumplen perfectamente esa condición. De ahí que la mayoría de los artículos sobre el ánimo de la opinión pública griega ante la segunda llamada a las urnas este año utilicen la palabra ‘resignación’. No importa lo que voten. La principal labor del futuro Gobierno será aplicar los términos del tercer rescate, el memorándum impuesto por la troika como única alternativa a la temida salida de la eurozona.

En esas condiciones, resulta difícil acusar a los griegos de haber tirado la toalla si se confirma un incremento de la abstención, que perjudicaría al partido más votado en enero, Syriza. Desde el principio de la campaña, se ha visto que los partidos de la oposición tenían movilizados a la mayoría de sus votantes, mientras que un alto porcentaje de los de Syriza se movían entre la abstención y el bloque de los indecisos. El resultado dependerá de la eficacia de la campaña de Tsipras en las últimas semanas para movilizar a sus votantes decepcionados.

El líder de la izquierda griega se ha presentado una vez más como el principal representante de lo nuevo frente a la vieja política que construyó un Estado clientelar y corrupto. Ese era el mensaje básico de su campaña de enero y está por ver si volverá a funcionar teniendo en cuenta todo lo ocurrido desde entonces.

Desde fuera, tendemos a analizar la política de Tsipras exclusivamente en función de sus negociaciones con la troika y su desenlace. Es lógico, pero eso deja fuera otras muchas cuestiones que también influyen en la decisión de votar. Desde la izquierda se acusa a Tsipras de no haber hecho casi nada para cambiar el injusto sistema fiscal del país que asfixia a los asalariados y permite grandes libertades a las corporaciones. Tampoco han visto grandes reformas en la educación y sanidad públicas, donde los años de austeridad han dejado un panorama de escasez crónica de fondos.

La mayoría de los sondeos ha arrojado un empate técnico entre Syriza y Nueva Democracia, estando ambos partidos muy lejos del 37%-38% que puede conceder la mayoría absoluta gracias a la prima de 50 escaños que se lleva el partido más votado. Alguna encuesta ha apreciado una ligera variación en los últimos días en favor de Syriza, pero es difícil saber si se habrá consolidado.

Los sondeos fracasaron en sus predicciones sobre el referéndum, pero tuvieron más éxito en las elecciones de enero, aunque anunciando una victoria de Syriza menor que la que se produjo. Por lo que pueda valer, hay que recordar que el mitin de cierre de campaña de Tsipras consiguió llenar la plaza Syntagma (los de ND escogieron una plaza mucho más pequeña).

En el comienzo del verano, Alexis Tsipras parecía la única figura política que estaba en condiciones de liderar el país en el futuro más inmediato. Si bien los periodistas suelen elogiar a los políticos que admiten un alto grado de democracia interna, lo cierto es que los votantes tienden a favorecer a los líderes fuertes en épocas de crisis, aunque tengan que cortar unas cuantas cabezas de los que disienten. Al menos según lo que dicen los sondeos, no parece que Tsipras se haya beneficiado de su decisión de convocar elecciones para obligar al sector crítico a formar su propio partido a la carrera, como así hicieron.

Grecia fue obligada por la troika a firmar lo que se llamó una «paz cartaginesa» con la esperanza de que además sirviera para acabar con el primer experimento de Gobierno de la izquierda rupturista en la UE. El tercer rescate y la posibilidad de que Syriza, aun siendo primera fuerza, tenga que pactar con partidos como Potami o el Pasok, hacen pensar que las instituciones europeas consiguieron su objetivo. Ahora les toca a los votantes griegos decidir si esa victoria de la troika es definitiva.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

A veces, los actores improvisan.

Guillermo del Toro sabe cómo decorar un centro de trabajo.
–En Hollywood, todos los personajes africanos tienen el mismo acento.
–Películas en las que rodaron un final alternativo.
–Un rodaje puede ser un lugar peligroso.
–Breve e inevitablemente confusa historia de los reyes ingleses y británicos.
Everything is a Remix, en una sola toma.
–En los videojuegos, el apocalipsis nunca es muy diferente.
–La Edad Media no estaba tan mal.
–Underground: un ensayo fotográfico sobre lo que ocurre bajo la superficie.
Gandhi y la foto de Margaret Bourke-White.

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Por qué los refugiados sirios vienen ahora a Europa

refugiados

Durante más de cuatro años, el peso de la acogida a las personas que huyen de la guerra de Siria ha recaído en los países vecinos, algo habitual en casi todos los conflictos bélicos. Según las cifras de ACNUR, Turquía cuenta con 1.938.999 refugiados, Líbano con 1.113.941, Jordania con 629.266, e Irak con 249.463.

En ese tiempo, la Unión Europea ha contemplado esa crisis desde la distancia, limitándose a aportar dinero al programa que dirige Naciones Unidas, fondos que en varias ocasiones han resultado insuficientes para financiar la asistencia humanitaria.

En el verano de 2015, esa ‘comodidad’ ha desaparecido y Europa se ve obligada a asumir su responsabilidad desde el momento en que los refugiados merecen una protección legal a causa de los acuerdos internacionales firmados por esos países.

La pregunta es legítima. ¿Por qué ahora? ¿Qué ha ocurrido en Siria y sus países vecinos para que lleguen tantas personas a Europa en los últimos meses? Hay razones que afectan a todos ellos y otras relacionadas con los países en que han vivido hasta ahora.

Inicialmente, el único objetivo de un refugiado es escapar. Su esperanza es que su salida del país sea temporal, que la guerra acabe pronto y pueda regresar a su hogar. Si la ciudad de la que procede sufre tanta destrucción como la que ha tenido Alepo, sabrá que eso no será posible. Quizá ni siquiera continúe en pie su casa. Si la guerra se prolonga durante años y no se vislumbra un final, el refugiado debe pensar en que su objetivo pasa a ser comenzar una nueva vida, y no fiarlo todo a una fantasía. El que decida hacerlo en el primer país que lo acogió o si deberá elegir un destino más lejano depende en primer lugar de la situación de ese país y de las posibilidades que se abren con un nuevo desplazamiento. En la práctica, muchos refugiados se sienten expulsados del primer país de acogida. Ellos son siempre la minoría que cuenta con menos derechos políticos y económicos.

¿Por qué abandonan Turquía?

El hecho de que Turquía sea el país que cuenta con más refugiados no quiere decir que no haya conflictos. La mayoría, en un 90%, viven fuera de campos de acogida, en hoteles, hostales o habitaciones alquiladas. El dinero termina agotándose, en especial cuando no hay muchas opciones de encontrar un trabajo decente.

Según una asociación de acogida a refugiados, «tienen que trabajar bajo condiciones de explotación durante largos horarios y por bajos salarios. Es muy habitual que no les paguen lo que les deben. Luchan para sobrevivir con ingresos por debajo del nivel de subsistencia».

Ha habido casos de enfrentamientos con la población local y ataques a los exiliados. Muchos les acusan del incremento del precio de alquileres o de que se vean obligados a trabajar por la mitad del salario habitual, lo que perjudica a los trabajadores locales.

La decisión del presidente turco Erdogan de iniciar una guerra contra el grupo armado del PKK y el endurecimiento de su discurso contra los kurdos suponen un aviso para los sirios, en especial para los de origen kurdo. En caso de guerra, los extranjeros terminan asumiendo el papel de chivo expiatorio con facilidad.

¿Por qué abandonan Líbano?

Si en Turquía, los sirios creen que no tienen mucho futuro allí, en Líbano, otro país con graves conflictos internos, la situación no es mucho mejor. Poco a poco, cerca de un millón de refugiados están llegando a la conclusión de que vivir marginados no es una opción a largo plazo. A principios de año, la policía comenzó a adoptar una actitud más agresiva hacia ellos. «Cualquier agente puede pararnos, interrogarnos y pedirnos los documentos (que no tienen). Nos dicen que estamos aquí ilegalmente y que tenemos que volvernos a Siria», explicó una joven refugiada a una periodista de NRP.

En esa entrevista, una mujer comenta que todos los hombres sirios que viven en su barrio se han ido. Ocurre con frecuencia que los maridos emprenden el largo viaje, casi siempre a través de Turquía desde donde pasan a Grecia, con la idea de trabajar para poder enviar dinero a la familia que ha quedado atrás y la esperanza de poder traérselos en el futuro.

Al igual que los que están en Turquía, estos refugiados reconocen que no pueden construir un futuro sobre una estancia temporal en un lugar en el que son vulnerables a los abusos y el acoso de las autoridades. Tienen que comenzar una vida nueva, y la mayor garantía sólo pueden encontrarla en estados que reúnen un mayor nivel de libertad y mayores posibilidades de encontrar un empleo. Es obvio que Alemania, por dar un ejemplo, resulta un destino mucho más conveniente que Turquía o Líbano.

En conversaciones con periodistas en varios países de Europa, algunos han comentado que aspiran a que sus hijos tengan un mejor futuro que ellos. En cualquier cultura, la idea de que un padre sepa que lo que va a entregar a sus hijos es básicamente una existencia miserable es aterradora. En Líbano o Turquía, sin papeles que certifiquen su existencia legal, las posibilidades de que los niños y jóvenes tengan acceso a educación en colegios y universidades son muy reducidas. Personas de clase media con estudios universitarios hará lo que sea para impedir que eso suceda.

¿Por qué abandonan Siria?

La pregunta es tan evidente que casi no merece la pena responderla, pero hay factores de los que no éramos conscientes hasta hace unos meses. Antes que nada, hay que recordar algo que conocen las personas que siguen lo que ocurre allí. Los refugiados que vienen de la provincia de Alepo huyen para salvar la vida.

El Gobierno castiga las zonas de la ciudad que no controla con las llamadas bombas de barril lanzadas desde helicópteros, ataques indiscriminados que causan un alto número de muertos entre los civiles. Los insurgentes no son más selectivos. Han colocado gigantescas cargas en el subsuelo que han volado manzanas enteras en zonas donde había edificios oficiales. Este martes, 38 personas han muerto, entre ellas 14 niños, en un bombardeo de los insurgentes con fuego de mortero y cohetes. Su única culpa era vivir en tres barrios controlados por el Gobierno.

Muchos refugiados proceden de zonas controladas por el Gobierno sirio. Son a fin de cuentas las más pobladas. Los jóvenes que hasta ahora no han sido reclutados por el Ejército saben que el tiempo se les acaba. Y si no es el Ejército, serán las milicias que lo apoyan (y lo mismo les ocurrirá a los que viven en zonas ocupadas por los insurgentes). Las fuerzas militares del régimen gozan de superioridad sobre los insurgentes en artillería, blindados y aviones. Pero les faltan hombres. No tienen capacidad para entablar dos grandes ofensivas al mismo tiempo, como se ha demostrado en la provincia de Idlib, en el norte, donde el Gobierno ha perdido casi todas sus posiciones al no poder enviar los refuerzos necesarios. La prioridad continúa siendo defender Damasco y la franja costera, donde se concentra la base social de apoyo al Gobierno.

En los últimos meses, el Ejército ha sufrido varios reveses en un frente que estaba hasta ahora en su mayor parte estabilizado. La posibilidad de una derrota existe, aunque está lejos de ser inminente. Las clases medias contemplan con terror el futuro de una Siria gobernada por grupos insurgentes de ideas fundamentalistas tan dispuestos a pelearse entre sí como a combatir al Gobierno.

«Mientras la oleada inicial de refugiados que salió de Siria al comenzar el conflicto se componía de aquellos que vivían en las zonas con combates o aquellos empobrecidos por el colapso inmediato de buena parte de la economía», explica una persona que vive en Alepo, «en la última oleada están los jóvenes que acaban de terminar la universidad, los profesionales, trabajadores cualificados y pequeños empresarios, muchos de los cuales vivían en zonas ‘relativamente’ seguras de Siria. El hecho de que lo estén vendiendo todo –casas, coches, negocios, incluso mascotas y muebles– para pagar el viaje demuestra que no tienen previsto volver y que se convertirán en una parte de la diáspora de este éxodo sirio de proporciones bíblicas».

Si los gobiernos extranjeros parecen haber renunciado a la idea de encontrar una solución a esta guerra, o se limitan a realizar campañas de ataques aéreos a ISIS, ¿cómo se puede culpar a los sirios que huyen de haber dejado atrás toda esperanza?

Nadie abandona todo lo que tiene para jugarse la vida en el Mediterráneo y comenzar un recorrido a pie por media Europa si no es esa su única opción. Venden lo que tienen (o malvenden) para reunir aunque sea 5.000, 10.000 dólares con los que financiar el viaje. Cualquier riesgo que los refugiados tengan que afrontar en el mar y en Europa no es nada comparado con vivir en Siria.

Lo único que nos debe extrañar es que hayan aguantado tanto tiempo en un país destruido por la guerra o en una existencia miserable en los países vecinos.

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Jeremy Corbyn y los medios de comunicación

Unos días antes de las primarias laboristas, el programa Panorama de BBC emitió este reportaje sobre Jeremy Corbyn, un análisis bastante completo de su trayectoria, con especial énfasis en los aspectos más polémicos, como suelen hacer con todos los políticos.

La campaña de Corbyn envió a BBC una queja por dos razones. En primer lugar, afirman que les engañaron. Les contaron que estaban haciendo un reportaje sobre las primarias, por tanto, con los cuatro candidatos, que al final resultó ser un perfil del que luego fue el vencedor. Lo otro es más serio. Afirman que Corbyn no asistió a una conferencia en El Cairo en 2003 donde se apoyó la resistencia armada contra la ocupación de Irak, lo que significaba promover ataques contra los soldados británicos que acompañaron a las fuerzas norteamericanas en la invasión. La posición de Corbyn es que precisamente estaba en contra de la ocupación, entre otras cosas, para que los soldados de su país no fueran puestos en peligro al servicio de una decisión ilegal e injusta.

corbyn spec1El programa incluye críticas duras a Corbyn procedentes de dirigentes laboristas moderados de los años de Blair en el Gobierno, los exministros Clarke y Blunkett, pero también testimonios de sus partidarios.

Panorama elige imágenes de desfiles de Hizbolá para arrancar la parte dedicada a sus ideas sobre política exterior. Podría haber escogido en ese punto ejemplos del desastre de la ocupación de Irak, el aspecto más definitorio de esas ideas de Corbyn en la última década, pero no lo hizo.

Si bien el reportaje provocó numerosas críticas en Twitter entre los partidarios del nuevo líder laborista –se emitió tres días antes del fin del plazo para votar–, no es en BBC donde Corbyn tendrá la cobertura más crítica. Sólo hay que ver los primeros artículos y reacciones en Twitter de los periodistas y comentaristas políticos más conocidos para comprobar que le espera una reacción completamente hostil. Sólo un puñado de comentaristas de The Guardian se pueden contar entre los que le apoyan o le conceden el beneficio de la duda. La prensa conservadora ya se ha lanzado contra él con todas las armas a su alcance.

En el estilo más informal de Twitter, algunos optan por el ataque personal, a poder ser insultante, como este columnista del Telegraph que era partidario de Cooper, una de las rivales de Corbyn en las primarias. Por lo demás, muchos seguidores del laborista han reaccionado en las redes con una agresividad inusitada contra diputados laboristas moderados.

Si tu proyecto político es una denuncia completa del establishment del que forman parte los medios de comunicación, no debe extrañarte que te ataquen con especial ferocidad. Corbyn ha denunciado todas las intervenciones militares británicas de los últimos 20 años, y esos medios las han refrendado con pasión. La versión oficial de los tories es que una victoria de Corbyn les beneficiaría porque, en una repetición de lo ocurrido en los 80, cuanto más a la izquierda se vayan los laboristas, más fácil lo tendrán ellos en las urnas. Eso no quiere decir que hayan recibido a su nuevo enemigo con una sonrisa condescendiente. Más bien al contrario.

 

 

En su mensaje, los conservadores manipulan la frase de Corbyn, que dijo que la muerte de Osama bin Laden era una tragedia porque debería haber sido llevado ante un tribunal para ser juzgado, no eliminado en una operación de comando.

El problema de partida de Corbyn es el de cualquier líder que inicia su carrera política o que asume un nuevo cargo. Si no defines con claridad quién eres y cuáles son tu programa, y lo haces con frecuencia, también en los medios de comunicación, otros lo harán por ti, y con peores intenciones. Ese es el tipo de política que no interesa mucho al diputado de Islington Norte y en el que es posible que no tenga un apoyo muy entusiasta y efectivo de los diputados laboristas que no coinciden con sus ideas ni votaron por él. Para empezar, el vicelíder del partido también elegido en primarias, Tom Watson, no comparte su oposición al programa nuclear Trident, la OTAN y la UE. Se sabe que Corbyn votó en contra de continuar en la Comunidad Económica Europea en el referéndum de 1975, pero no si ahora volvería a hacerlo.

 

La política actual no te deja tiempo para tomarte tu tiempo.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

‘Hijos de los hombres’, de Cuarón, y la importancia de la composición del plano.

Indiana Jones 4 no era, ejem, muy original.
–‘Seven’ y lo que había dentro de la caja.
–Algunos de los mejores malos del cine.
–Si Joffrey fuera el héroe.
‘Born to Run’, Springsteen y el sueño americano roto.
–Puestos a jurar, Salma Hayek prefiere la palabra ‘cabrón’.
Aprende a insultar en varios idiomas.
¿Cuántos árboles hay en el mundo?
–Otra intriga relacionada con Thomas Pynchon.
–El turismo de guerra de Bernard-Henri Levy.
–Donald Trump analiza ‘Ciudadano Kane’.
Ron Galella y los secretos del paparazzi.

 

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El primer discurso de Jeremy Corbyn

Discurso de Jeremy Corbyn momentos después de ser elegido líder del Partido Laborista.

Sky News recopila algunas imágenes antiguas de Corbyn. Hay otra imagen, la de Corbyn detenido en una manifestación contra el apartheid surafricano, que circula ahora por Twitter, colocada junto a otra muy diferente de David Cameron de los 80.

La foto de Cameron, muy conocida en el Reino Unido, es el símbolo de su época más pija, cuando estudiaba en Oxford. Con ser muy revelador el contraste, no hay que olvidar que ese pijo consiguió 11 millones de votos en las últimas elecciones.

La victoria de Corbyn entierra al Nuevo Laborismo de Tony Blair.

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La victoria de Corbyn entierra al Nuevo Laborismo de Tony Blair

La izquierda británica ha puesto fin a 15 años en los que el Partido Laborista se ha movido al ritmo de las ideas de Tony Blair, muy efectivas en las urnas pero a veces indistinguibles en política económica del mensaje liberal de los tories. La rotunda victoria de Jeremy Corbyn, diputado desde 1983, supone un giro a la izquierda que parecía imposible hace seis meses. Lo viejo y lo nuevo se juntan en un líder accidental que entró en las primarias para elegir al sucesor de Ed Miliband en el último momento y sin muchas posibilidades de éxito.

Corbyn, de 66 años, es en muchos aspectos el antiBlair. Su ataque a la era de la austeridad no se queda en generalidades, como era el caso de sus adversarios en esta pelea. Está a favor de aumentar los impuestos a los ricos, de incrementar el gasto público para reducir las desigualdades  –mucho más acusadas en el Reino Unido que en el resto de la UE–, de renacionalizar los ferrocarriles y las grandes empresas de energía, de eliminar las matrículas universitarias, y en contra de modernizar el sistema de armamento nuclear Trident y de las intervenciones militares en Oriente Medio que caracterizaron a los años de Blair.

Continúa en eldiario.es.

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