Sabíamos que la campaña de Madrid iba a ser no apta para menores de edad. Lo que no preveíamos es que los periodistas de sucesos y otros asuntos delictivos iban a tener que trabajar tanto. Primero, fueron balas. Ahora es una navaja con aspecto de estar manchada de sangre. La última destinataria es Reyes Maroto, la ministra de Industria. El remitente envió el sobre por correo antes de que se conocieran las amenazas a Pablo Iglesias, Fernando Grande-Marlaska y María Gámez. No se sabe qué es peor en estos casos, que esta violencia proceda de un grupo concreto de personas o que individuos sin relación entre sí piensen que hay que pasar de los ataques verbales al Gobierno a los hechos.
Con Maroto, no cabe hacer la reflexión que ha partido de algunos círculos de la derecha, interesados en achacar a Iglesias la responsabilidad de las amenazas contra él. Ahí destacó el alcalde de Madrid al unir el rechazo al envío de las balas con la acusación en la misma frase al líder de Unidas Podemos de ser un «hipócrita». Como si fuera él quien se lo había buscado. El PSOE anunció a Maroto como consejera de Economía en un posible Gobierno presidido por Ángel Gabilondo, pero su perfil público no es muy alto ni es agresivo su estilo de declaraciones políticas: «No soy una persona polémica que haya estado en el foco de la polémica, como pueden estar otros compañeros».
Las dudas se despejaron algo cuando se supo que el autor ya estaba identificado: una persona con antecedentes de problemas mentales que firmó como remitente con su propio nombre y dirección. Sería un error restar importancia a la amenaza por las características de su responsable. El clima de violencia verbal que rodea a la política madrileña puede provocar actos inimaginables en personas de todo tipo, no sólo simplemente por motivaciones políticas. Sigue leyendo










