Histeria nacionalista en Egipto con los medios de comunicación

Es un panfleto lanzado cerca de la sede de Al Jazeera en El Cairo. La combinación de sangre y la palabra mentiras no deja dudas sobre el mensaje. Varios periodistas de la cadena en Egipto han renunciado a sus puestos en protesta por la cobertura parcial de todo lo ocurrido allí desde antes del golpe.

Hay dos razones de peso para entender su actitud. Por un lado, tienen que estar muertos de miedo por la campaña en la calle contra Al Jazeera. Y también es verdad que la protesta se basa en una realidad. La cadena de Qatar ha manipulado en los últimos meses  la información de Egipto para favorecer al Gobierno de Morsi. Al igual que ha ocurrido en la guerra de Siria, Al Jazeera ha movido sus parabólicas en el sentido que deseaba el Gobierno de Qatar.

Pero lo que está ocurriendo en Egipto tiene que ver con todos los medios de comunicación. El odio a los medios extranjeros por llamar golpe al golpe ha alcanzado niveles que no se habían dado durante la rebelión contra Mubarak. Un objetivo predilecto ha sido CNN. A estas alturas, no nos vamos a sorprender de que la CNN haga una cobertura torpe, pero resulta que en Egipto tienen a un periodista, Ben Wedeman, que ha hecho un buen trabajo tanto en la pantalla como en Twitter. Ahora tiene que pensárselo dos veces antes de salir a la calle y en Twitter básicamente se limita a retuitear lo que escriben otros.

Y todo en buena parte porque en Atlanta se equivocaron y pusieron el rótulo de «manifestación proMursi» a una imagen de la concentración de Tahrir contra los islamistas. Claro, sólo puede ser una conspiración montada por la Casa Blanca.

En una rueda de prensa del Ejército del lunes, se produjo un hecho insólito. Un periodista egipcio empezó a gritar, y los demás le apoyaron, para que el equipo de Al Jazeera abandonara la sala, lo que así ocurrió. Sin pretender hacer ninguna broma, supongo, un general de la policía dijo inmediatamente después que Egipto es un país que respeta la libertad de expresión.

Los periodistas egipcios no hicieron ninguna pregunta que cuestionara la versión oficial sobre la matanza del lunes en la que murieron 51 seguidores de los Hermanos Musulmanes. Al final de la rueda de prensa, la mayoría de ellos se levantaron para aplaudir al representante del Ejército. Los periodistas aplauden a los militares, pero no, no es un golpe.

El trabajo para los periodistas extranjeros es cada vez más difícil. Varios medios egipcios no han informado del baño de sangre de ayer y lo han hecho sólo dando la versión del Ejército. Al otro lado, también prima la propaganda, aunque con menos efectividad porque los canales de TV propiedad de los islamistas han sido clausurados. Una página de los Hermanos Musulmanes ha llegado a publicar la imagen de dos niños muertos, como si fuera de hoy cuando era en realidad de Siria.

El Ejército no tardó mucho tiempo en aplicar una estrategia de propaganda para contrarrestar la imagen negativa que podía dar el golpe en el extranjero. Frente al exterior, se insistió en que la intervención estaba forzada por las circunstancias y en que pronto se convocarían elecciones (no tan pronto, como mínimo habrá que esperar seis meses).

Dentro del país, las tácticas empleadas recuerdan más a lo habitual en las intervenciones militares. Un portavoz militar ha dicho a Al Ahram que algunos medios extranjeros estaban «incitando a la sedición entre el pueblo y su Ejército». En la calle, la gente recibe el mensaje. Algunos periodistas han sido expulsados de Tahrir. Si todo se queda en esto último, habrá motivos para estar satisfechos.

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La estrategia del Ejército egipcio que desembocó en el golpe

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Tanto los políticos partidarios del golpe como muchas de las personas entrevistadas en la calle han insistido en que el derrocamiento de Morsi no ha sido la típica intervención militar, sino una revolución popular que obligó al final al Ejército a dar el paso definitivo. En la plaza Tahrir se proyectó con láser esa idea, que contrasta con la imagen de cazas y helicópteros sobrevolando los cielos de El Cairo un día tras otro (y con todo lo ocurrido en estos días).

Este fin de semana se han publicado varios artículos que desmienten esa teoría, aunque eso obviamente no puede llevar a pensar que la movilización popular fuera irrelevante. Sin embargo, los militares habían decidido antes de la gran manifestación del 30 de junio que la situación era insostenible. Llevaban varios meses preocupados por la incapacidad de Morsi de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas y por los problemas financieros del Estado.

Los acontecimientos clave se precipitaron a partir del 26 de junio. Ese día, los generales se reunieron con el presidente y le comunicaron los pasos que se debían dar y hasta lo que debía decir en un discurso televisado. «Le dijimos que tenía que ser un discurso corto, que respondiera a las demandas de la oposición para que se formara un Gobierno de coalición, se reformara la Constitución y se estableciera un calendario para esas dos medidas (según un alto cargo militar presente en la reunión que habló con Reuters). Sin embargo, salió con un largo discurso en el que no decía nada. Ahí fue cuando supimos que no tenía ninguna intención de solucionar la situación y que teníamos que prepararnos para el plan B».

Fue el discurso en que Morsi repitió de forma obsesiva la palabra legitimidad sin aportar ninguna idea nueva frente al descontento y las manifestaciones de los últimos meses. En una conversación posterior con el jefe del Ejército, Morsi se burló de esas manifestaciones, y eso que en otra reunión el general Al Sisi le enseñó imágenes grabadas por el Ejército. Morsi estaba aislado y se negaba a aceptar que tuviera que ofrecer algo a la oposición.

Reuters cuenta que las relaciones del presidente con los generales comenzaron a deteriorarse a los pocos meses de llegar al poder. Cita el ejemplo del alto el fuego negociado con la mediación egipcia entre Israel y Hamás en Gaza. Para Morsi, fue un gran éxito, pero los generales lo vieron con gran preocupación. El Ejército no tenía ningún interés en hacer de garante de un conflicto sin solución. Su problema más inmediato era la proliferación de grupos yihadistas en el Sinaí, ante los que no había sido particularmente efectivo.

El apoyo progresivo de Morsi a la oposición siria tampoco fue visto con buenos ojos por el Ejército. No es extraño que se haya hablado ya de que es probable que Egipto reanude sus relaciones diplomáticas con el Gobierno de Asad.

Un general retirado confirmó a BBC que la situación del Sinaí y de Gaza era uno de los principales motivos de fricción. Por sus propios motivos, el Ejército quería cerrar la frontera con Gaza. «Los militares pidieron al presidente muchas veces que les diera la orden (…) para cerrar los túneles con Gaza, pero el presidente alegaba que había muchas razones humanitarias» que justificaban permitir una vía de escape al bloqueo israelí de Gaza. 

El día después de la manifestación del día 30, el general Al Sisi volvió a reunirse con Morsi. Tenía las imágenes de la concentración masiva, pero no surtieron ningún efecto en el presidente. El Ejército ya había decidido jugar un papel decisivo en la crisis política. Le había dado a Morsi la opción de continuar al frente del país, aunque con un poder claramente disminuido por las concesiones a la oposición. Como recibieron un no tajante por respuesta, decidieron poner fin al poder islamista y negociaron con líderes políticos y religiosos para que dieran apoyo a la intervención.

En The Guardian citan a un diplomático occidental, de país no revelado, que dice que las embajadas llevaban meses intentando convencer a Morsi y a los Hermanos de que aceptaran la formación de un Gobierno de coalición. Frente a las teorías de la conspiración alentadas por la oposición según las cuales Obama estaba apoyando a Morsi, lo más probable es que Washington insistiera en la misma línea. No hay que hacer volar mucho la imaginación para pensar que el Ejército egipcio habría mostrado ya su preocupación a la embajada de EEUU. Cuando las cosas se pusieron peor, Al Sisi se puso en contacto con Chuck Hagel. Los mensajes a Morsi llegaban desde todos los lados.

En el artículo, se comenta cómo en las últimas semanas de junio comenzaron los problemas de abastecimiento en las gasolineras. El suministro de combustible es uno de los negocios que están en buen parte controlados por empresas dirigidas por militares. Resulta muy conveniente para aumentar el malestar popular provocar una situación que origine largas colas de coches en mitad de un calor creciente. No hay, eso sí, pruebas de que se hiciera de forma deliberada.

En el NYT, se describe cómo Morsi, un hombre con no demasiada experiencia política anterior, asumió toda la capacidad de decisión dentro del Gobierno, ignorando incluso a otros dirigentes de los Hermanos Musulmanes. Durante mucho tiempo, se confió por el hecho de que él mismo había nombrado para el puesto al frente del Ejército al general Al Sisi, un musulmán devoto. Pensaba que no poner en peligro el control por el Ejército de muchas empresas egipcias –sus privilegios económicos– serviría para contentar a los uniformados. Fue un error evidente.

El 21 de junio, Al Sisi hizo unas declaraciones significativas. Dijo que el Ejército podría verse obligado a «intervenir» a causa de la creciente división en la sociedad. Cuando Morsi le pidió cuentas, el general se limitó a decir que lo había hecho para aplacar a sus subordinados, que querían un protagonismo mayor para el Ejército.

Para entonces, el Ejército ya había decidido que tenía que producirse un cambio radical en la vida política del país. Aparentemente, podría haber aceptado que Morsi continuara en el poder pero sólo con un nuevo Gobierno con la presencia de otros partidos. Sin embargo, en junio la oposición ya estaba pidiendo la cabeza del presidente e iba a resultar muy difícil que aceptara que Morsi conservara una posición de control.

Las manifestaciones masivas dieron al Ejército la cobertura política perfecta para poner fin al Gobierno islamista. La obcecación de Morsi por seguir en el cargo sin ceder ninguna parcela de poder selló su destino. Parece claro que los militares habrían puesto en marcha su «plan B», incluso si la manifestación del día 30 hubiera reunido a mucha menos gente.

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Cosas que hacer en sábado cuando no estás muerto

The Great Gatsby VFX from Chris Godfrey on Vimeo.

En el rodaje de ‘El gran Gatsby’ tuvieron que poner muchas pantallas verdes.

–El origen de la leyenda de ‘Centauros del desierto’.
–Cómo celebrar el 110º aniversario del nacimiento de George Orwell.
–«Mi amistad con Charles Manson».
Nixon: «Los últimos seis emperadores romanos eran maricas».
Angela Davis, icono de los 70.
–Grandes primeras frases de novelas.
–Fabricar cristal.
–Sobrevivir en Alaska.
–La niebla y San Francisco.
–¿Es necesario lavarse las manos durante 20 segundos?
–Lo que saben las hormigas.

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ElBaradei

Esto es lo que dijo Mohamed ElBaradei cuando renunció a presentarse a las elecciones presidenciales. Su «conciencia» no le permitía participar en un juego político viciado por la influencia del Ejército y las estructuras de poder de la dictadura aún presentes en el Egipto posterior a la caída de Mubarak.

En realidad, no tenía ninguna posibilidad de cumplir en las urnas las esperanzas de sus amigos de Occidente. Su distinguida carrera en la Agencia Internacional de Energía Atómica le había conferido mucho prestigio, excepto en Israel donde los gobiernos siempre lo consideraron  una ayuda inestimable para los planes nucleares iraníes.

Ahora los escrúpulos de ElBaradei se han difuminado y ha aceptado la oferta del Ejército de convertirse en el nuevo primer ministro. Cumplió lo que se esperaba de él cuando defendió el golpe en una entrevista en el NYT: «Yo sería el primero que gritaría alto y claro si apreciara cualquier signo de regresión en cuestiones democráticas».

El mismo día del golpe, ya se puso en contacto con John Kerry y Lady Ashton para tranquilizarles. Antes de que se conociera su nombramiento, pero cuando ya se daba como probable, se anunció que será entrevistado este domingo en el programa Meet the Press de la NBC. ElBaradei es la cara amable para EEUU y Europa que los militares egipcios necesitan ahora.

Domingo

Las objeciones de los salafistas, a los que el Ejército quiere mantener dentro del nuevo consenso de la oposición, han hecho descarrilar la candidatura de ElBaradei. Se tendrá que conformar con ser vicepresidente.

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Egipto no está condenada a una guerra civil o una dictadura

Las imágenes de esta tarde han presentado muy pronto el peor de los escenarios posibles para Egipto. Los manifestantes de los Hermanos Musulmanes se presentan en el lugar en el que creen que está detenido el expresidente Morsi. Policías militares abren fuego a muy escasa distancia de la multitud y matan a tres personas.

¿Hay alguna consecuencia positiva que sacar del primer incidente sangriento? Sí, los manifestantes no se han ido y han improvisado un mitin. Las tropas no han continuado hasta el final la represión, y se ha impuesto una extraña coexistencia durante un tiempo, casi insólita, en el mismo lugar en el que se había derramado sangre unos minutos antes.

No es sólo que podía haber sido peor. Lo que ocurre es que las dos principales fuerzas del país, el Ejército y los Hermanos Musulmanes, saben que un enfrentamiento violento puede no ser la mejor solución para ninguno de los dos. El líder de los islamistas, Mohamed Badie, ha aparecido para hablar a los miles de partidarios que se están manifestando hoy en El Cairo. O bien no fue detenido ayer, como informaron medios egipcios y occidentales citando fuentes militares, o lo fue pero sólo para llevarlo a El Cairo para que se reuniera con la cúpula militar y luego fue puesto en libertad.

Del lenguaje de Badie no se puede deducir que un pacto de no agresión sea inminente o incluso posible. Pero esa opción sigue estando ahí. Los Hermanos nunca montarán un asalto violento al poder porque saben que perderán y porque además no está desde hace décadas en su mentalidad. Sin embargo, hay sectores radicales dentro del movimiento que podrían coger las armas en la zona sur del país. El Ejército puede imponer una dictadura militar o camuflada, pero es posible que eso no convenga a sus intereses.

El margen para la negociación existe si el Ejército no intenta inventar cargos contra Morsi o resucitar viejas acusaciones anteriores a la caída del régimen de Mubarak. Obviamente, cualquier acuerdo pasa por permitir la participación de los islamistas en las próximas elecciones y por convencer a estos de que su campaña no puede estar basada en ajustar cuentas con los sectores políticos y sociales que han apoyado el golpe.

El factor imprevisible son los posibles enfrentamientos en la calle, esta misma noche, entre partidarios de los Hermanos y sus rivales. Mucha gente en ambos lados va a pedir venganza y nadie sabe hasta dónde pueden llegar. Armas no les van a faltar.

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¿Qué tiene que ocurrir en un golpe de Estado para que se le pueda llamar golpe de Estado?

Esa fue la primera portada del Huffington norteamericano sobre el golpe en Egipto. Después, la cambiaron en lo que puede interpretarse como un signo de confusión o quizá de perverso sentido del humor (porque el titular y la foto cuentan en cada caso una historia muy diferente).

Las portadas de la prensa han destacado esa paradoja o sencillamente han elegido una de las vías de explicación. En The Guardian apostaron por la discutible idea de titular con «la segunda revolución» (en una línea parecida está Le Monde). El director andaba un poco despistado. Esa es una impresión que desde luego no se puede sacar después de leer el editorial del periódico que comienza así: «Si el Ejército egipcio quería ocultar el hecho de que lo que acababa de hacer era un golpe militar, no le salió muy bien».

The Economist sale hoy con una portada que define lo ocurrido como «una tragedia». El rostro del joven fotografiado no refleja en absoluto esa euforia expresada en la calle por los partidarios de la oposición. En Twitter esa imagen ha provocado un buen número de ataques de gente, supongo que la mayoría egipcios, indignados porque no se dé en la portada una imagen triunfal y positiva del fin del poder islamista en Egipto.

Algunos denuncian la existencia de una conspiración internacional contra Egipto. Recordemos que fueron numerosos en Tahrir los gritos y pancartas contra EEUU con la acusación de que Washington era el principal apoyo del Gobierno islamista de Morsi, algo difícil de creer. Y eso a pesar del considerable despiste y ambigüedad de las declaraciones de EEUU, que ahora ni siquiera se atreve a utilizar la palabra golpe. De ello depende por razones legales la ayuda militar al Ejército egipcio y, por tanto, el tratado de paz con Israel. Si la paz o ausencia de guerra entre Israel y Egipto es una prioridad para EEUU, y lo es, el socio más viable a disposición de Washington es el Ejército.

Egipto siempre ha sido una tierra fértil para las teorías de la conspiración.

Es muy razonable la hipótesis de que el Ejército no se habría atrevido a dar este paso si no hubiera sido testigo de una movilización popular masiva contra los islamistas. Pero el golpe de Egipto no es el primero que goza de un considerable apoyo popular. Buena parte de la clase media argentina recibió con entusiasmo el fin de una democracia convulsa en 1976. En Pakistán, los partidos políticos han sido históricamente tal desastre plagado de corrupción e incompetencia que los golpes han sido acogidos con una nada disimulado alivio. Ese no es un factor que define por su ausencia a golpes y pronunciamientos militares.

Lo que no entiendo es que se niegue la evidencia en el caso de Egipto. ¿Destitución del presidente electo? Hecho. ¿Suspensión de la Constitución? Hecho. ¿Elección de un nuevo presidente a dedo? Hecho. ¿Elogios superlativos del Ejército como fuerza clave en la sociedad? Hecho. ¿Promesa vaga y sin fecha de nuevas elecciones? Hecho. ¿Blindados y soldados en las calles para mantener el orden? Hecho. ¿Detención de los líderes del partido en el poder? Hecho. ¿Cierre de los medios de comunicación contrarios al golpe? Hecho. Los militares han rellenado todas las casillas necesarias.

¿Puede hablarse de un golpe de Estado «democrático» o al menos de consecuencias favorables para la democracia? Suena un poco a inteligencia militar (muy apropiado en este caso), pero es cierto que es lícito reflexionar al respecto. En este artículo, citan un estudio que hizo precisamente eso y que se publicó en la revista de derecho internacional de Harvard en 2012. El autor establecía unos requisitos (destacados en cursiva). Veamos en qué medida pueden aplicarse a lo ocurrido en Egipto:

1. El golpe se produce contra un régimen totalitario o autoritario.

Es difícil llamar régimen al Gobierno egipcio de Morsi cuando sólo llevaba un año en el poder y no controlaba por completo todos los resortes del Estado (ni el Ejército ni los tribunales). Las tendencias autoritarias existen dentro de los Hermanos Musulmanes pero eso no ha convertido al país en una dictadura.

2. Los militares responden a una persistente oposición popular a ese régimen.

Esa oposición ha existido en Egipto y ha sido enorme. Ha incluido sectores reaccionarios e izquierdistas, liberales y conservadores. Es imposible saber qué hubiera ocurrido ahora en unas elecciones. Un hecho incuestionable es que los islamistas ganaron todas las elecciones celebradas desde la caída de Mubarak, y también que muchos de sus propios votantes estaban ya desencantados. Esto último por cierto ocurre también en Europa.

¿Son más populares los líderes de la oposición que se han enfrentado a Morsi? ElBaradei, al que el Ejército ha dado una relevancia especial en estos días, decidió no presentarse a las elecciones presidenciales, donde no tenía muchas posibilidades. Ideológicamente, el candidato que más se le acercaba aunque con menos prestigio en el establishment (políticos de ideas vagamente liberales y prooocidentales que tuvieron cargos de primer nivel en los años de Mubarak) era Amr Musa y obtuvo el 11% de los votos en la primera vuelta. Sí hay otros líderes antiMorsi que tuvieron más votos, como el izquierdista Sabahi con el 20,7% o el conservador Shafiq (23,6%).

3. El régimen totalitario o autoritario se niega a dejar el poder en respuesta a la revuelta popular.

Para responder a esto, hay que remitirse al punto 1. Además, como hemos visto en Turquía, un Gobierno no siempre se va a casa cuando hay manifestaciones masivas en su contra, con independencia de que sea dictatorial o democrático. A veces, por ejemplo en España en 2003 con las manifestaciones contra la invasión de Irak, ni siquiera cambia la política que provoca ese amplio rechazo popular.

4. El golpe es obra de un Ejército que goza de un alto nivel de respeto en la sociedad, sobre todo porque se basa en el reclutamiento obligatorio.

Si definimos al Ejército egipcio como principal rival de los islamistas, es posible que haya una parte muy importante de la sociedad egipcia que esté dispuesto a defenderlo o a considerarlo un mal menor frente a los Hermanos. De hecho, lo mismo se puede decir del alto porcentaje de votos (48,2%) que recibió Ahmed Shafiq en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Shafiq era un genuino representante de la dictadura de Mubarak.

Muchos de los sectores liberales e izquierdistas que se han enfrentado a Morsi y que ahora apoyan el golpe desconfían del Ejército en el mejor de los casos o sencillamente lo desprecian porque saben que es el legado más sólido que ha dejado el Egipto de Mubarak. El hecho de que ahora muchos de ellos digan que están dispuestos también a salir a la calle para oponerse a las tentaciones autoritarias de los militares, y a su saqueo de una parte de la economía del país, sólo revela su ingenuidad. No lo tendrán tan fácil como contra Morsi, y lo saben.

5. Los militares llevan a cabo el golpe para derrocar al régimen autoritario o democrático.

La verdad es que no termino de entender esa idea como si fuera una razón. Más parece una consecuencia de los puntos anteriores.

6. Los militares permiten la celebración de elecciones libres en un plazo corto de tiempo.

Es lo que han prometido (siempre se promete algo así en la mayoría de los golpes) y aún no sabemos si lo cumplirán. Sobre todo, habría que saber cómo de libres serán esos comicios. Si los Hermanos Musulmanes (51% en las elecciones legislativas) son ilegalizados o se impide con medidas legales ad hoc que se presenten ante las urnas, difícilmente pueden considerarse unas elecciones democráticas, con independencia de la opinión que cada uno tenga de sus ideas.

7. El golpe termina con la transferencia del poder a los líderes elegidos democráticos.

Es consecuencia del punto anterior, y por tanto aún no sabemos si se producirá.

En definitiva, un golpe forma parte de un proceso político de final incierto. No todas las incógnitas han quedado resueltas. Pero los hechos acontecidos hasta ahora dejan poco margen para la duds. Es cierto que las urnas son condición necesaria pero no suficiente para consolidar una democracia (no fue eso lo que se dijo tras las primeras elecciones en Irak y Afganistán, por cierto). Lo que sí es seguro es que derrocar por la fuerza a un Gobierno elegido en las urnas sólo un año después de su llegada al poder es el ingrediente fundamental de un golpe de Estado.

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Golpe de Estado en Egipto: en proceso

Unas horas después de cumplirse el ultimátum, el general Al-Sisi ha bajado el telón del primer año de democracia en Egipto. El ministro de Defensa y jefe del Ejército ha anunciado por televisión la suspensión de la Constitución, el nombramiento del presidente del Tribunal Constitucional, Adly Mahmoud, de 68 años, como presidente en funciones y la futura convocatoria (sin fecha) de elecciones presidenciales.

Le acompañaba en el acto la cúpula militar, el jeque de la mezquita de Al-Azhar, el líder espiritual de los coptos, ElBaradei (no se sabe si en representación de los partidos de la oposición o de sí mismo) y un joven representante del movimiento Tamarod, que convocó las manifestaciones contra Morsi.

La noticia ha sido recibida con júbilo y fuegos artificiales en la plaza de Tahrir. En otras zonas de El Cairo, se encuentran congregados en un número inferior los partidarios de los Hermanos Musulmanes. Varios de estos grupos están rodeados por fuerzas militares que no dejan a nadie acercarse, supuestamente con la intención de que no se produzcan enfrentamientos.

Tres televisiones propiedad de los islamistas o cercanas a ellos han sido clausuradas por los militares y han dejado de emitir.

No se conoce el paradero de Morsi. Ha hecho a través de las cuentas de Twitter y Facebook de la presidencia egipcia un llamamiento a sus seguidores para que se resistan pacíficamente contra el golpe, pero ha podido ser otra persona en su nombre.

El general Al-Sisi ha dicho que el Ejército intentó promover la «reconciliación» entre todas las fuerzas políticas y sociales, pero que Morsi se negó, probablemente porque la intervención militar exigía de entrada su dimisión.

El partido Nour, ultraconservador, también islamista y la segunda fuerza política del país, ha anunciado que apoya la nueva transición promovida por el Ejército.

El Ejército egipcio anunció el ultimátum con un comunicado colgado en su página de Facebook. Morsi respondió con un mensaje en Twitter. Hoy los militares han vuelto a la normalidad del manual de los golpes de Estado: ocuparon la sede central de la televisión pública poco antes de que se cumpliera el ultimátum.

Pero a esta hora (18.40), aún no ha habido una declaración pública sobre los pasos que dará el Ejército. La única información confirmada es que el alto mando militar está reunido con representantes de los partidos políticos y confesiones religiosas, menos con los Hermanos Musulmanes, que no han querido presentarse para certificar su defunción. Se supone que cuando acabe esa reunión el Ejército dará a conocer su veredicto.

Pocos dudan de que derrocará al presidente Morsi y que nombrará algún tipo de Gobierno, de transición o permanente, formado por personalidades independientes cercanas al Ejército o con presencia de los partidos de la oposición. A los militares les conviene poner un muro de separación entre la jefatura del Gobierno y ellos mismos. Van a controlar los destinos del país, pero no querrán que les hagan responsables de los errores de la Administración.

Hay muchas informaciones no confirmadas y rumores. Se ha dicho que Morsi estaba en arresto domiliario (falso) y también que ha perdido el control del Gobierno (más probable porque el portavoz de los Hermanos Musulmanes ha dicho que no consigue ponerse en contacto con él).

Hay imágenes de blindados militares desplegados en algunas zonas de El Cairo, por ejemplo en la universidad, cerca de lugares donde están concentrados partidarios de Morsi (en un número inferior a los de la oposición en Tahrir).

El consejero de Seguridad Nacional de Morsi ha querido poner fin a la ambigüedad o las interpretaciones. «Llamemos a lo que está ocurriendo por su verdadero nombre: un golpe militar». En el texto, con el que defiende al presidente y critica a la oposición por negarse a negociar una salida acorde con la Constitución, dice:

«Hay aún mucha gente que cree en el derecho democrático a decidir. Centenares de miles de ellos se han manifestado en favor de la democracia y el presidente. Y no se echarán atrás. Para moverlos de allí, tendrá que haber violencia. Vendrá del Ejército, la Policía o mercenarios. De cualquiera de las maneras, habrá un baño de sangre. Y el mensaje se extenderá por todo el mundo musulmán alto y claro: la democracia no es para los musulmanes».

Al ser un asesor directo de Morsi, no es extraño que ignore los numerosos errores cometidos por el presidente. Su discurso de anoche fue uno de los más notorios. No hizo más que repetir la palabra «legitimidad» una y otra vez sin hacer a la oposición ofertas concretas de colaboración.

Pero al final no le falta razón cuando cuestiona las credenciales democráticas de aquellos que exigen la dimisión de Morsi o que reclaman al Ejército su derrocamiento.

La frase final de ese párrafo da bastante miedo. A corto plazo, es poco probable que los seguidores de los Hermanos puedan presentar resistencia al Ejército. Más adelante, cualquier cosa puede ocurrir.

La idea de que los islamistas son ya historia tras el fracaso de su primer año en el Gobierno es ridícula. Los Hermanos han soportado décadas de represión a manos de Nasser, Sadat y Mubarak, con breves intervalos de tolerancia oficial, y no han cedido. Como ocurrió en los 90, algunos de los sectores más radicales de los conservadores pueden llegar a la conclusión de que sólo la violencia les permitirá alcanzar, y conservar, el poder.

Y acaba el texto así:

«Muchos han querido en los últimos meses darnos lecciones sobre cómo la democracia es algo más que las urnas. Quizá sea cierto. Pero lo que desde luego es cierto es que no hay democracia sin las urnas».

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La última arma secreta de los talibanes

Ahora que se inician en las artes de la diplomacia es cuando pueden ser más peligrosos. Sólo tienen que observar las eternas negociaciones de paz entre israelíes y palestinos para ponerse al día.

Viñeta de Matt Bors.

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Los gobiernos, incluido el de Ecuador, dejan solo a Edward Snowden.

Publicada el por Iñigo Sáenz de Ugarte | Deja un comentario

El golpe de Egipto ya tiene fecha

¿Quién dijo que todos los golpes de Estado deben comenzar con una larga columna de tanques que ocupan los centros neurálgicos de la ciudad? En el Egipto actual, sólo es necesario con que el jefe del alto mando militar haga una declaración televisada (colgar el comunicado en Facebook también ayuda) y anuncie que se pondrá en práctica en 48 horas.

Como se apuntaba este domingo, el éxito de las manifestaciones masivas (propiciadas también por los errores del Gobierno) han concedido toda la iniciativa al Ejército. Lo que llama la atención es que haya tardado tan poco tiempo en mover ficha. Su ultimátum de 48 horas está dirigido a todas las fuerzas políticas, pero en realidad su principal destinatario es el Gobierno.

El Ejército dice que no tiene ningún interés en ocuparse de la gobernación del país. Le será más sencillo decidir quién tiene que hacerlo. Una opción más moderada sería formar un Gobierno de transición y convocar elecciones cuanto antes.

La oposición sólo tiene que dejar que pase el tiempo y negarse a cualquier negociación con los Hermanos Musulmanes. Es muy posible que haya grupos en la oposición que no estén nada satisfechos con la idea de deshacerse de Morsi a través de las bayonetas e incluso teman lo que el Ejército tiene preparado para poner fin a la crisis política. ¿Qué opciones tienen ahora? No demasiadas.

Conviene recordar que la movilización que culminó este domingo no fue promovida inicialmente por partidos políticos, sino por un grupo reducido de ciudadanos de a pie y un periodista que acababa de ser despedido de su empresa. Pero gracias al éxito de las manifestaciones, el Ejército se refiere en su comunicado a «las demandas del pueblo». ¿Quién interpretará cuáles son esas demandas? La cúpula militar, desde luego.

Cuatro ministros del Gobierno, a los que llaman tecnócratas, han presentado la dimisión. Los que no forman parte del núcleo duro de los islamistas se desmarcan para que los uniformados no los confundan con los otros.

Al conocerse la declaración militar, un alto número de personas se ha dirigido a plaza Tahrir, que vuelve a estar llena. Poco después, han aparecido otra vez helicópteros militares (vídeo), decorados con banderas egipcias, para recibir el aplauso de la multitud. A estas alturas, ya no es necesario disimular. El golpe está en marcha. Lo único que falta es saber si habrá que ponerle antes el adjetivo ‘blando’ o ‘duro’.

La imagen, que circula en Twitter entre los egipcios, revela que algunos no han perdido el sentido del humor.

22.30

La crisis egipcia no deja de sorprendernos. Pocas horas después del comunicado, los militares han hecho público otro para decir: no, esto no es un golpe de Estado. Sólo queremos convencer a todas las fuerzas políticas para que encuentren rápidamente una solución. ¿Qué habrá pasado entre un comunicado y otro? Sabemos que el general Al-Sisi, ministro de Defensa y jefe del Ejército, se ha reunido con el presidente Morsi y podemos suponer que Washington se ha tomado la molestia de llamar a El Cairo.

No nos engañemos. A pesar de que muchos de los manifestantes de Tahrir acusan a EEUU de haber apoyado al Gobierno islamista y hasta meten a Israel en la fantasmal conspiración, es el Ejército quien está realmente en deuda con los norteamericanos. EEUU ha continuado la ayuda militar a Egipto, siempre condicionada, como cabía esperar, a la continuación de la paz (fría) con Israel.

Más allá de estos posibles contactos, la plaza Tahrir sigue siendo esta noche un mar de gente.

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