¿Quién puede boicotear el acuerdo de EEUU e Irán?

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¿Quién puede hacer descarrilar el tren que ha salido del acuerdo entre Irán y los países occidentales? Lo que podríamos llamar los ultras de EEUU e Irán, que por razones diferentes nunca quisieron un acuerdo.

Entre ellos, el senador republicano Tom Cotton, convencido de que la mejor opción para controlar el programa nuclear iraní es destruirlo en una campaña de ataques aéreos. Cita el ejemplo de Bill Clinton que ordenó lo mismo contra Irak en 1997. Y viene a decir que sería más fácil que tener 100.000 soldados en Irak, como ocurría en 2006 cuando estaba destinado a esa guerra como teniente. Es tan fácil lanzar bombas desde el aire.

Parece que la experiencia militar no le ha permitido a Cotton informarse ni leer los artículos que dicen que una campaña de bombardeos podría retrasar un hipotético programa de armas nucleares, pero no acabar con él para siempre, o por ejemplo convencería a los iraníes de que su única alternativa sería emprenderlo a toda velocidad y hacerlo en lugares como Fordo, en unas instalaciones excavadas en una montaña casi inexpugnable.

Por eso, varios expertos coinciden en que el acuerdo es muy bueno o muy útil para conseguir el objetivo de que el programa iraní no sirva para fabricar armas nucleares (los iraníes siempre han dicho que ese no es su objetivo por razones estratégicas o religiosas; esto último, un aspecto importante en un país como Irán). Destacan que la mayoría de las concesiones las hace Irán: la imposibilidad de producir plutonio, el desmantelamiento de dos terceras partes de sus centrifugadoras, y la reducción del stock de uranio enriquecido de 10.000 kilos a 300 durante 15 años. A lo que hay que sumar las inspecciones internacionales con las que se verificará el cumplimiento del pacto.

Frank von Hippel comenta que le sorprende que Irán haya aceptado un nivel máximo de enriquecimiento de uranio del 3,67% (exigían un 5%). El 4% es un umbral clave en ese proceso. La razón se explica brevemente al final de este artículo.

Nada de esto interesa a Cotton y otros congresistas republicanos. Según Cotton, el acuerdo permitirá a Irán continuar con el supuesto proyecto de fabricar armas nucleares tanto si respeta sus puntos como si los viola, lo que revela una lógica difícil de seguir.

Los republicanos confían en que EEUU e Irán no se pongan de acuerdo ahora sobre el momento en que se levantarán las sanciones, algo que es más que la letra pequeña. Mientras tanto, intentarán imponer nuevas sanciones o aprobar una ley que obligue a Obama a enviar el texto del acuerdo al Congreso para su aprobación. La Casa Blanca sostiene que no está obligada a hacerlo al no ser un tratado internacional.

El gran premio para el Congreso sería una resolución aprobada por el Senado por una mayoría de 67 votos, lo que impediría un veto de Obama.

Algunas encuestas revelan que los norteamericanos apoyarían un acuerdo como el firmado, pero eso no es algo que preocupe mucho al Congreso. Tampoco la opinión pública tiene ningún interés en iniciar nueva guerra, y eso no impide que los republicanos como Cotton quieran que despeguen ya los aviones.

Hay pocas posibilidades de que el Congreso levante las sanciones a Irán, de ahí que EEUU insista en que su levantamiento sea por fases, que es algo que no convence a Teherán. Pero hay un castigo que ha perjudicado muchísimo a su economía, y la ventaja es que procede de Europa. Se trata de la prohibición a los bancos iraníes de operar con el sistema SWIFT, que conecta a 10.000 instituciones financieras de 210 países y territorios. Ese veto ha aislado a Irán del sistema financiero internacional, lo que le ha supuesto problemas considerables en la venta de petróleo a los países que aún se lo compran (el petróleo no se suele pagar en efectivo, en billetes pequeños y de numeración no correlativa), así como en la importación de bienes.

SWIFT, que tiene su sede en Bélgica, fue obligado a dejar de operar con bancos iraníes por las sanciones de la UE. Hay que suponer que la UE adoptará una actitud distinta a la del Congreso de EEUU, a menos que los franceses pongan los mismos obstáculos que han interpuesto en algunas fases de las negociaciones.

Los candidatos a bloquear el acuerdo no están sólo en EEUU. El más importante es Binyamín Netanyahu. El primer ministro israelí no se opone a este pacto, sino a cualquier pacto con Irán. Su tropa de asalto se compone de los congresistas republicanos y algunos demócratas, lo que nos lleva al apartado anterior. Obama cuenta con eso. No se puede sorprender a estas alturas.

Netanyahu ha dicho que el acuerdo definitivo debería incluir un compromiso iraní de reconocer la existencia del Estado de Israel. Parece que se le están acabando las ideas.

También en Irán hay grupos a los que les gustaría dinamitar el acuerdo. Ya antes del desenlace de las conversaciones de Lausana, los sectores ultraconservadores en Irán lo veían con bastante aprensión, cuando no un rechazo tajante. Hay que recordar que, aunque muy influyentes, no sabían más del ritmo de las conversaciones que los medios de comunicación. Y tenían que contenerse en sus críticas, porque sabían que el líder del país, el ayatolá Jamenei, había autorizado al Gobierno a iniciar la negociación y a buen seguro sí sabía exactamente hasta dónde debían llegar los representantes del presidente Rohani. La política de seguridad y defensa depende directamente de Jamenei, y Rohani no puede hacer nada en ese campo que no cuente previamente con el visto bueno de su superior.

Sólo unos días antes del acuerdo, Hossein Shariatmadari, director del periódico Kayhan y cercano a Jamenei, dejó claras varias de las discrepancias. Las que más les preocupan tienen que ver con las sanciones, que es además el principal activo de Rohani ante su opinión pública. Por motivos de orgullo nacional y reputación política del Gobierno, tiene que parecer que la reducción del programa nuclear y el fin de las sanciones van por caminos paralelos. Eso es lo que aún se tiene que pactar antes del 30 de junio.

En Irán, Rohani y su Gobierno alardearán de que el acuerdo no supone el cierre de ninguna instalación nuclear, aunque sus funciones queden fuertemente limitadas. Les resultará más fácil resistir la presión de los radicales si cuentan con el apoyo firme de Jamenei. El ayatolá no va a renunciar al eslogan «Muerte a América», pero quizá no tenga inconveniente en aceptar un pacto con el «Gran Satán» porque hay mucho dinero en juego para la economía de su país.

Foto: iraníes celebran la noticia del anuncio del acuerdo en las calles de Teherán en la noche del jueves.

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