Sisi deja tirados a los periodistas de Al Jazeera

En las redacciones de BBC y Al Jazeera se han reunido hoy para protestar por la condena a tres periodistas de la cadena de Qatar en Egipto. Uno de ellos, Peter Greste, trabajó años atrás en BBC.

Había alguna esperanza en que el presidente Sisi diera a entender que estaría dispuesto a aprobar una medida de gracia cuando la sentencia sea firme (los condenados aún pueden recurrir), aunque sólo fuera por cuestiones de imagen. Muy al contrario. Sisi ha dicho que «no interferirá» en el veredicto y que «todos debemos respetar las decisiones judiciales y no criticarlas aunque otros no las comprendan».

Es difícil comprender una sentencia en la que las pruebas presentadas por la fiscalía son absurdas (como un reportaje sobre Somalia o imágenes que nada tienen que ver con Egipto). Desde el punto del vista del Gobierno, todo tiene un sentido. Los periodistas, no sólo egipcios, ahora también extranjeros, conocen ahora el precio de hacer una información que disguste a las autoridades que surgieron del golpe militar.

No es algo que pueda sorprender a los reporteros egipcios. Ya han recibido de distintas formas el mensaje desde el Gobierno o sus empresas: el que cuestione la versión oficial pagará las consecuencias. Mohamed Hegazy ha sido condenado a cinco años por informar de los conflictos sectarios, en su caso por tomar imágenes de las casas quemadas de familias coptas. Eso ha llevado no a la detención de los responsables de estos ataques, sino a su propia condena por incitar al odio sectario al revelar que los coptos sufren discriminación en Egipto.

Los medios egipcios, públicos o privados, han informado del veredicto de los periodistas de Al Jazeera sin ningún atisbo de crítica o apoyando el duro castigo. Ni siquiera consideran periodistas a los reporteros sentenciados.

El escritor Alaa Al Aswany ha anunciado que dejará de escribir su columna semanal en el diario Al-Masry Al-Youm porque ya no se permite la más mínima crítica. Al Aswany fue un crítico constante del Gobierno islamista de Morsi y apoyó el golpe que acabó con el poder de los Hermanos Musulmanes. De hecho, negaba escandalizado que se hubiera tratado de un golpe.

Ahora descubre la realidad que había ignorado en numerosas ocasiones.

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