Sobre la NBA y el racismo

La NBA ha expulsado de la Liga a Donald Sterling, dueño de Los Angeles Clippers, por los comentarios racistas conocidos en los últimos días. Antes de nada, este es el texto de la carta que el comisionado de la NBA, Adam Silver, ha enviado por email a las personas que reciben por esa vía información sobre la Liga:

“Dear Fans,

This afternoon I announced that, following the completion of a thorough investigation into an audio recording obtained by TMZ, I banned Donald Sterling for life from any association with the Clippers or the NBA, effective immediately. Mr. Sterling may not attend any NBA games or practices, be present at any Clippers office or facility, or participate in any business or player personnel decisions involving the team. I also fined Mr. Sterling $2.5 million, the maximum amount allowed under the NBA Constitution. These funds will be donated to charitable organizations dedicated to anti-discrimination and tolerance efforts that will be jointly selected by the NBA and its Players Association.

The views expressed by Mr. Sterling are deeply offensive and hurtful. I am extremely proud of this great league’s diverse, respectful and inclusive culture, and we will not allow one individual’s intolerant views to define us. Let me be clear: Mr. Sterling’s views have no place in the NBA.

This has been a painful episode for all members of the NBA family. I very much appreciate your understanding during this process. I also want to express my thanks and admiration to Coach Doc Rivers, Chris Paul, and the entire Clippers organization for their professionalism throughout this matter, and to Chris and Mayor Kevin Johnson for their leadership and partnership on behalf of the Players Association.

And now I am eager to turn the spotlight back where it belongs: on the game we all love and on these thrilling playoffs, which have been some of the most exciting basketball I’ve seen in my 22 years with the league. I hope you enjoy the rest of the playoffs and The Finals.”

Más allá de la multa económica (que es espectacular, aunque supone una gota en la fortuna de Sterling, calculada en 1.900 millones de dólares), lo que llama la atención es la declaración tajante sobre el nivel de tolerancia que la Liga permite a cualquier manifestación (evidente) de racismo: cero. En primer lugar, hay que compararlo con las excusas que muchos clubes de fútbol europeos presentan cuando se producen hechos racistas en sus estadios. No digo que ante cualquier hecho así, haya que reaccionar como lo ha hecho la NBA. Cada caso y cada país es diferente. Pero hay una diferencia entre que esa primera reacción sea la condena o la excusa.

Tampoco hay que ofuscarse ante la contundente respuesta hasta el punto de olvidar el pasado. Las ideas racistas de Sterling eran conocidas desde hace tiempo. En el caso más conocido, aceptó pagar 2,7 millones de dólares en una demanda presentada en 2009 por el Departamento de Justicia por un caso de discriminación racista a los inquilinos de viviendas de su propiedad a los que pretendía expulsar. Pero no se trató de una condena, sino de un acuerdo fuera del tribunal con el fiscal que no le obligaba a declararse culpable.

Hay en todo esto una cierta paradoja. Un caso judicial que concluye con una admisión de facto de culpabilidad, pero sin condena, no provoca ninguna reacción. Una conversación particular grabada por su interlocutora (amiga, amante o lo que fuera) es suficiente para tomar una decisión.

(Sobre las razones de esa mujer para dar a conocer la grabación, en el caso de que sea así, parece haber un motivo: la esposa de Sterling le demandó no hace mucho para que devolviera los regalos que le hizo el marido. No hablamos de unas pocas joyas. Están valorados en 1,8 millones de dólares.)

La diferencia es el impacto público del hecho. En el caso de la demanda por las viviendas, no hubo escándalo y a los dueños de los clubes no les interesaba lo más mínimo que se tomaran medidas contra uno de los suyos por sus opiniones particulares, por despreciables que fueran, o por sus actividades profesionales. Sentaría un precedente del que algunos podrían temer sus consecuencias.

Esta vez fue diferente. Y además si las primeras frases conocidas de esa conversación ya eran malas, la grabación íntegra era peor. Hablaba de sus propios jugadores como si fuera el dueño de una plantación.

Por tanto, hay razones para criticar a la NBA por haber esperado tanto tiempo en tomar una decisión sobre este personaje. No es muy sorprendente. En algunos asuntos relacionados con cuestiones raciales, ha avanzado con la velocidad de un glaciar, como en el hecho de que durante décadas el número de entrenadores de raza negra era casi inexistente, lo que no ocurre ahora.

En este caso no se puede dudar de su determinación. Cuando ha llegado el momento decisivo han aplicado la máxima pena sin pestañear.

El negocio estaba en peligro. En medio de comentarios sobre si los jugadores del equipo iban o no a negarse a jugar los partidos restantes de los playoff, o declaraciones de condena incluso de gente como Michael Jordan (dueño ahora de un equipo) que nunca se ha molestado por cuestiones políticas o sociales, es posible que la NBA llegara a la conclusión de que el desenlace no podía ser un insulto a sus clientes. El 75% de sus jugadores son negros y muchos de sus seguidores en los grandes mercados urbanos que más interesan a la Liga son también de raza negra (no se puede decir lo mismo de los asistentes a los partidos porque eso depende del poder adquisitivo por el precio de las entradas).

La NBA se precia (y eso es una mezcla de mito y realidad) de que todos sus integrantes se comportan como si fueran un ejemplo para la comunidad a la que representan. Y sus directivos tienen buena memoria. No quieren regresar a esa época maldita de los años 70 cuando la Liga tenía una imagen penosa y, sobre todo, sufría de cuantiosas pérdidas económicas en la mayoría de sus clubes.

Última moraleja: el racismo es malo para el negocio. Esa es una conclusión que no sé si tienen tan clara en el fútbol europeo.

Foto: Sterling con su esposa en un partido de los Clippers en 2005.

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